«Razones en contra, instintos a favor» Fic original de Little Muse

Traducción de LaDamaDeLaOscuridad

Capítulo 2: Las trampas de la insonorización

Tom despertó después de unas horas de sueño por unos suaves besos que, probablemente, no debió permitir pero saboreó de todos modos. Y a pesar de que sabía que tal vez se arrepentiría luego o que Bill se lo echaría en cara, esa mañana lo folló lentamente y a conciencia, asegurándose de disfrutar de lo que (pensaba) nunca más experimentaría. Porque en lo que a él respectaba, así sería.

Puso a Bill en su regazo, necesitando estar lo más dentro posible, lo más cerca que pudiera, sentirlo aferrándose como si también lo necesitara. Una última vez. No importaba que su hermano no supiera que así era, sería lo mejor. Bill siempre extrañaba más las cosas una vez que sabía que tenía que dejarlas, mucho más que cuando realmente las dejaba atrás.

Le dejaba lo dulce. Él cargaría con la parte amarga.

Y cuando Bill se corrió, se cercioró de verlo, de sentirlo, de memorizarse todo: desde los largos dedos tirando de sus rastas hasta el entrecortado Tomi jadeado contra sus labios. Cuando instantes después, Tom mismo llegó al clímax, se cercioró de enterrar su cara en el cuello del otro chico para ocultar las lágrimas que amenazaban con desbordarse, porque no había verdaderamente llorado desde que eran pequeños y lo último que quería era poner al corriente a Bill de que algo sucedía y arruinar el momento.

En el bus evitó a su gemelo todo el día, llegando a un punto de buscar conversación con David solo para esquivarlo. Esperaba que Bill olvidara su promesa de decirle ese día y asumiera que estaba disgustado por dejar el hotel y, por extensión, la privacidad. No quería hablar hasta que estuvieran de nuevo en intimidad. Había demasiada gente en el bus para tener esa clase de conversación.

Así que cuando Bill se le acercó al comienzo de “Schrei” durante el concierto de esa noche y se le pegó, en una obvia tentativa de que participara, de relajarlo, Tom le sonrió e intentó actuar normal. A los pocos minutos, su hermano fue a bailar al lado de Georg, luciendo satisfecho, sin embargo, estuvo lanzándole miradas raras el resto del show.

Y ahora, apenas se sorprende cuando Bill le arrincona, prácticamente empujándole a la sala multimedia e ignorando las protestas de sus compañeros de banda porque, al parecer, “¿Qué mierda? Íbamos a ver una película, hombre”, como exclama Georg.

—¡Véanla en sus literas! —dice Bill antes de cerrarle la puerta en la cara al bajista. Se gira para enfrentarle, cruzando sus delgados brazos sobre su pecho, y Tom sabe que debe ir en serio ya que ni se ha quitado el maquillaje—. ¿Qué pasa contigo?

—Nada —contesta, a pesar de saber no va a funcionar.

Y a pesar de que, incuestionablemente, le está mintiendo, Bill no parece molesto como lo está cuando le oculta la verdad. Luce preocupado.

—Has estado así por semanas, más callado que siempre y distante.

Tom suspira y se acomoda bien la gorra, incómodo y evitando mirar a su hermano. Quiere negarlo todo, recordarle a Bill que han follado esa mañana, pero sabe que no es lo mejor.

—No quiero hacer esto ahora.

Sabe que está logrando que se ponga nervioso. Bill está al tanto de que cada vez que se pone con esa actitud no significan cosas buenas, pero tiene que aplaudirle por tener las suficientes agallas de preguntar: —¿Por qué?

Porque no quiero que todo el mundo escuche esta pelea. No quiero que todo el mundo me pregunte por qué estás llorando, piensa Tom.

—No podemos hablar en el bus —responde en vez—, ya sabes eso.

Bill golpea sus nudillos con la pared más próxima, escuchándose tres golpes sordos.

—Es a prueba de sonidos —le recuerda con ironía, lo cual significa que su ira está creciendo, y esa es la última cosa que necesita. Cuando Bill se molesta, se vuelve insistente.

En silencio maldice a David por instar que el bus tenga un lugar adecuado para las prácticas.

—Hablo en serio —dice y duda antes de añadir—: confía en mí, tampoco quieres hacer esto ahora.

La expresión de Bill no cambia, pero sí sus ojos, sus pupilas se dilatan ligeramente. Ahora no es preocupación o molestia, es miedo.

—Dime —pide al cabo de un corto silencio.

Tom traga duro y se sienta en un banco cercano, permitiendo que su cabeza caiga hacia delante y que sus manos apoyadas en sus piernas oscilen.

—¿Estás seguro?

Espera que Georg no esté tentando a Gustav de tomar unos tragos en el baño, donde David no vería, ahora que están en el bus y no pueden salir, porque quizá podría sentirse muy enfermo dentro de poco.

Bill se sienta a su lado con las manos tensas en sus piernas como si no estuviera seguro de ser bienvenido, y eso solo le hace doler.

—Dime —insiste.

—Si te digo —empieza Tom—, si te digo no quiero que discutas conmigo, a pesar de que vas a querer hacerlo.

No está enfrentando a Bill pero le siente hacer una pausa y entonces asentir: —De acuerdo.

Se sorprende por eso, que su hermano ni siquiera pregunte por qué va a querer discutir, que no le haga explicarle qué cuánto y qué tanto tiempo ha reflexionado. En serio debe sentir curiosidad.

—Bien.

Considera no ser un cobarde, considera mirarle a la cara a Bill cuando lo diga, pero no puede, no porque sea un imbécil, sino porque, sinceramente si lo hace, no acabará diciéndoselo.

Suspira de nuevo.

—No puedo… —se ahoga un poco y siente que Bill se ha tensado a su costado—, no podemos —se corrige—, no podemos seguir con esto.

Deja que sus palabras floten, deja que su gemelo las asimile… y no dice más. No sabe cómo continuar.

Hay silencio por largo tiempo. Largo tiempo.

—¿Estás esperando que yo diga algo? —pregunta finalmente el menor de los Kaulitz en voz baja.

Por fin, Tom le mira, pero Bill tiene los ojos puestos en algún punto perdido.

—Yo… —No acaba con un “no lo sé”, sino que mueve la cabeza, alza ligeramente los hombros y deja caer la cabeza otra vez.

Nuevamente no hay palabras, y Tom casi desea que Bill le grite, que le diga hijo de puta, que le diga que le odia. Es más fácil afrontar la furia. Es más fácil lidiar con el odio.

—Quiero saber por qué —es todo lo que dice.

Y Tom no debería tener que responder eso, porque mierda, Bill sabe por qué, y había aceptado no hacerle protestas.

—Dijiste que no ibas a discutirme —le recuerda, y debido a lo silenciosa que ha sido su conversación, nada le prepara para lo rápido que Bill se pone de pie y lo alto que repentinamente comienza a gritar.

— ¡Que te jodan, porque no es sobre eso! —clama y Tom se encoge en su lugar, esperando a que los materiales de la insonorización sean de buena calidad.

Levanta la vista y se encuentra a su gemelo furibundo con el pecho subiendo y bajando a cada respiración. Bill toma aire lentamente, intentando calmarse al notar que está siendo observado.

—Quiero saber la razón —dice con los dientes apretados—. Me debes eso.

Tom le ve intentando permanecer lo menos alterado posible.

El luto que quede para la intimidad de su litera, ahora debe ser el más fuerte… aunque está cansado de tener que ser el fuerte.

—No sé qué es lo quieres que te diga —contesta con franqueza—. Tú sabes la razón. —Se remueve en su asiento, encorvándose—. Vamos, no puedes decirme sinceramente que pensabas que íbamos a durar.

—No me trates como si fuera estúpido —grita Bill cruzando sus brazos de nuevo y manteniendo su cabeza volteada hacia su derecha.

—Entonces no actúes como si lo fueras —replica dejando traslucir un matiz de frustración en su voz—. Que te mienta afirmándote que todo está bien… no va volverlo realidad.

—Que digas que está bien lo vuelve realidad para mí —insiste Bill implorante.

Tom puede afirmar que está haciendo lo mejor que puede para no llorar, y si antes no se sentía como una mierda, ahora sí lo hace

—Si me importara una mierda lo que la gente pensara, nunca hubiera podido con la escuela. Que tú lo digas, que me ames… eso fue todo lo que siempre necesitaré.

Observa a su hermano tan fijamente como puede. Esta es la parte en la que realmente es un hijo de puta…

Tom puede acordarse de cada vez que le ha hecho daño a Bill. Y está a punto de hacerlo de nuevo.

—Supongo que esa es la diferencia entre nosotros.

Bill le devuelve la mirada, y Tom sabe que no estaba esperando una respuesta tan cruel. Una lágrima se escapa al fin y desciende por su mejilla dejando un sendero negro.

Pero es entonces cuando la mandíbula de Bill se encaja y se fuerza a decir un “Supongo que es así” antes de salir de la habitación.

Tom cree que ni siquiera tiene derecho a llorar.

Continúa… 

Gracias por la visita.

por LaDamaDeLaOscuridad

Traductora del Fandom

Un comentario en «Razones en contra 2»

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