«Razones en contra, instintos a favor» Fic original de Little Muse
Traducción de LaDamaDeLaOscuridad
Capítulo 17: El fuerte
—¿Estás despierto?
Las palabras han sido dichas con voz tan baja que Tom no está seguro de haberlas entendido sino fuera porque los labios de Bill están contra los suyos, rozando su boca con cada palabra. No contesta a propósito y siente que su hermano se mueve, rodando sobre un costado en su dirección. A pesar de que Bill quita el brazo que está sirviéndole de almohada y el que está encima de su cintura, Tom se mantiene lo más quieto posible.
—¿Tomi?
Como puede contiene la sonrisa que amenaza con aparecer en sus labios, intentando mantener el ritmo tranquilo de su respiración. Sin embargo, siente que Bill sonríe justo por debajo de su nariz.
—Farsante.
Ahora sí Tom no contiene una sonrisa. Sin abrir los ojos, cierra una mano en torno a la cadera de Bill, atrayéndolo a su cuerpo. En respuesta, su gemelo pone un brazo encima de su hombro de tal modo que termina abrazado a su torso.
—¿Por qué preguntas si estoy despierto si ya sabes la respuesta de antemano? —cuestiona abriendo un ojo. Y en ese momento, además de sentir la sonrisa, es capaz de verla.
—No lo sé.
Con su dedo índice, Bill enrosca una de sus rastas, dándole vueltas hasta que está envuelto por completo y entonces rotándolo en la dirección contraria, justo antes de hacer el mismo proceso. La sonrisa de sus labios se desvanece viendo el movimiento de su mano.
Tom pasa saliva mirando con fijeza el rostro distraído, preguntándose en dónde exactamente está la mente de su hermano y esperando que no esté centrada en Andreas. Porque ha pasado ya buen rato que él se halla pensando en Andreas.
—Hey —llama. Estira una mano y agarra la de Bill, haciendo que éste le mire—. ¿Qué pasa?
Bill desvía los ojos a sus manos que están entrelazadas entre sus pechos antes de volver a fijar su vista en él.
—¿Por qué lo hiciste?
Tom se tensa.
Quiere fingir que no sabe a qué se está refiriendo, sin embargo, Bill lo sabría. A pesar de que se encuentra aliviado de que aún no hablen de Andi, tampoco quiere tratar ese tema.
—Bill —suspira recorriendo con una mano el cuello ajeno y enterrando los dedos el su cabello, sujetando la cabeza—, ya hemos hablado de esto, y más de una vez.
—Sí, pero… —Bill se aproxima un poco más, estrechando sus manos de nuevo—. Todas las razones que me dijiste… me las habías dicho desde el inicio. Y un día simplemente te rendiste.
Tom baja la mirada.
No hay ningún lugar en el mundo que preferiría a estar en los brazos de su hermano, pero ahora mismo, preferiría estar en cualquier otro sitio.
—Tomi —Bill frota su nariz contra la suya suavemente—, por favor.
Libera un suspiro tembloroso y se fuerza a respirar de forma regular. Bill acaricia sus nudillos con uno de sus pulgares, aguardando con más paciencia de lo que Tom está acostumbrado a esperar de él.
—Tú, uh… —aclara su garganta—, ¿te acuerdas la fiesta de navidad de la disquera?
—Sí. —Bill está sonriendo de nuevo—. Fue a finales de noviembre porque no se podía en otro momento. Mamá estaba molesta por tener que acortar nuestro descanso, y vaya que Georg se puso tan ebrio…
—Tú tampoco personificabas la sobriedad —fastidia Tom sin poder sonreír.
—Barra abierta —señala en respuesta como si fuera ridículo de su parte no aprovecharse totalmente de la situación. Frunce el ceño—. ¿Qué tiene que ver todo eso?
Tom duda.
Odia pensar en aquella noche, recordar cómo se sintió, y compartirlo con Bill es peor que simplemente rememorarlo.
—Había una chica… una bonita de cabello oscuro. Creo que era una de las pasantes de la disquera o algo así. Ella y tú hablaron gran parte de la noche.
—Tom, eso…
—Lo sé —interrumpe antes de que su hermano puede terminar con un no significó nada.
No necesita esa clase de palabras, no les tiene ningún uso, ya que no había estado precisamente celoso y ese no es el punto.
—No hablo de eso, sino que… —No sabe si es capaz de explicarle a Bill con claridad—. Esa noche estabas feliz. Conversaste con esa chica y te estabas divirtiendo.
—Soy feliz contigo.
Tom sonríe, acariciando la nuca de su gemelo.
—Ya lo sé —asegura—. En realidad, no es por ella, pudo ser con cualquiera. Supe que algún momento necesitarías de alguien como ella. —Bill está a punto de preguntar por qué, pero continúa—. No puedo brindarte normalidad. Desde el comienzo, a algún nivel, lo he sabido pero nunca de esa forma. Esa noche supe que algún día ibas a necesitar normalidad.
Bill luce abatido y Tom odia ser el motivo por el cual tiene esa expresión.
—¿Y crees que algún día te abandonaría en busca de normalidad? —se fuerza a preguntar Bill.
Tom le regala una pequeña y melancólica sonrisa.
—No, sabía que no lo harías —ve cómo el entendimiento riega los ojos de Bill—, así que yo lo hice por ti.
El rostro de su hermano finalmente se contrae con un sollozo ahogado, moviéndose para abrazarle, poniendo su nariz en su cuello, juntando sus pechos. Besa su hombro.
Tom también quiere llorar, pero dejará que Bill lo haga por ahora.
Continúa…
Gracias por la visita.