«Razones en contra, instintos a favor» Fic original de Little Muse
Traducción de LaDamaDeLaOscuridad
Capítulo 16: La belleza de la sumisión
—Así que Bill te ha dicho.
Andreas despega los ojos de la piedra que ha estado pateando continuamente y levanta la vista hacia a Tom mientras se acomoda la mochila en el hombro.
—¿Sobre la gira? Sí.
Continúan caminando con lentitud sin realmente mirarse uno al otro. Andreas está concentrado en sus pies y Tom por dónde va. Antes de darse cuenta, se hallan a una cuadra de la casa de Andi
—Van a irse por buen tiempo —dice Andreas finalmente. Como ha perdido su piedra en algún drenaje, ahora patea el cemento con la punta de sus zapatillas por el simple hecho de patear algo. Es catártico y le da un motivo para observar el suelo.
—Son un par de meses, sí —asiente Tom.
Está empezando a pensar que probablemente todo el asunto “decirle a Andi” debía de afrontarlo con Bill, juntos de la misma forma en la que hacen todo lo demás. Se sentiría con más confianza si su gemelo estuviera a su lado. Además, si hay tres personas, nunca sientes que es tu culpa si es que la conversación se torna silenciosa.
—Como que tenemos que hacerlo algo. Estamos en apogeo o alguna mierda así. —Tom está bastante seguro de que esa fue la palabra que David había empleado—. Cuestión de promoción.
—Sí —responde Andreas ausentemente.
—Puedes venir a visitarnos —sugiere—, incluso podrías venir con nosotros la próxima vez.
Sabe que ahora Andi necesita mejores palabras de consuelo que las que está diciendo, pero Dios, él no es bueno en esto. Los sentimientos pertenecen a la división de Bill.
—Escuela —le recuerda Andreas.
—Oh… —Tom está sorprendido de no haber considerado eso estando al tanto de toda la gestión de mierda que su madre había tenido que hacer con la escuela para que vayan con la banda, y se siente como un imbécil.
Caminan un poco más y cuando nota la casa de Andi inminente y no tan lejos, suspira y gira hacia el otro chico.
—Vamos a regresar, sabes eso. —Andi se detiene y le mira por primera vez desde que mencionó el tema de la gira—. Todavía eres nuestro mejor amigo.
Andreas tose un poco.
—Sí, por ahora.
—No, para siempre.
No tiene en cuenta si ha sido cursi. Conocen a Andreas desde que puede recordar, y no puede imaginarse una vida sin su presencia. No quiere hacerlo. Si irse de gira jodería su amistad, está seguro que no se iría, al igual que Bill.
—¿Lo prometes?
—Sí —contesta con resolución; no ve ninguna razón por la cual podría romper la promesa—. Mejores amigos —repite y Andi le sonríe—. No voy a olvidar lo que esas palabras significan, te lo prometo.
Tom aún tiene miedo, tanto miedo como nunca lo ha tenido antes, pero Bill está pidiéndole algo y nunca ha sido capaz de decirle “no” a su hermano cuando ha sido realmente importante para él.
Cuando tenía cinco años le había dado a Bill su peluche favorito de conejo simplemente porque le había suplicado que lo haga. En realidad, a su gemelo ni siquiera le costó mucho convencerlo, solo bastó con que se lo pidiera. La última vez que puede recordar haber visto el peluche fue debajo del sillón no mucho después de que conocieran a Georg y Gustav, y puede estar seguro de que pereció por la succión de la aspiradora en medio del polvo.
El piercing en su labio había sido idea de Bill. Su hermano se había perforado la lengua y, aunque estaba orgulloso, no había querido embarcarse solo en la aventura (en especial si es que se trataba de revelárselo a su madre). Cuando Tom alegó que sus respectivos estilos difícilmente estaban para que coincidieran así fuera en un piercing, Bill había decidido, bueno, pero ¿qué tal si te pones uno en el labio?, y Tom había pensado, sí, ¿qué tal si me pongo uno en el labio?
La primera vez que follaron fue porque Bill le pidió que lo hicieran. Nunca habían intentado más que masturbarse y una sesión de sexo oral dejada a medias (un resultado de, en un inicio, reflejo sensible al vómito que tenía Bill). Pero esa noche se habían tumbado en su cama, desnudos y moviéndose perezosamente uno contra el otro cuando Bill había posicionado su sexo contra su entrada, sus muslos subidos hasta sus caderas y había murmurado un simple por favor. Tom no necesitó que se lo repitiera.
Y no puede seguir apartando a Bill cuando éste le ruega que no lo haga. No lleva dentro de su sistema hacerlo, por más que le gustaría.
—Tomi… —jadea Bill cuando le penetra por primera vez en meses.
El cabello negro de Bill está esparcido en la almohada como alguna clase de aureola blasfema, una ligera capa de sudor en su frente. Repentinamente, Tom se halla confundido por haber olvidado qué tan hermoso es su hermano. Fascinado, mira cómo Bill arquea la espalda produciendo que se entierre más en su cuerpo.
Se mantiene quieto, sus rastas formando un capullo alrededor de ellos. Lo observa hasta que los ojos de Bill se abren de nuevo tensando sus piernas y apretando su trasero deliciosamente. Y antes de que se dé cuenta de que ha decidido moverse, arremete con suavidad.
Bill siempre ha sabido cómo obtener la reacción deseada de él incluso desde la primera vez. Nunca ha entendido cómo, pero tampoco ha preguntado… y no es que esté quejándose.
—Más —implora Bill.
En respuesta, entra tanto como puede, sin saber a qué se refiere, porque lo que sí sabe es que él también quiere más. Nunca es suficientemente cerca.
Tom empieza a mover sus caderas con más rapidez, deleitándose con la manera en la que Bill gimotea con cada empujón. Su hermano está gimiendo justo en sus labios y apenas capta el justo ahí dicho sin aliento, sin embargo, cuando lo hace, se asegura de moverse de la misma forma contra Bill, dentro de Bill…
Mira que su gemelo levanta la mano y atrapa la suya que está siendo presionada en algún lugar de la almohada y las enlaza, apretando. Y todo es tan cálido e intenso y abstraído que Tom cierra los ojos contra el cuello de su hermano, jadeando desde lo más profundo de su garganta, casi sin tomar aire.
Aparte de su dificultad para respirar, es rápido y descontrolado, silencioso por el temor a ser descubiertos, y sigue así hasta que Bill llega al orgasmo antes de que pueda pensar en tocarlo apropiadamente, exhalando una letanía de te amo junto a su nombre.
Es demasiado. Es demasiado y aún así, Tom quiere más, quiere más, quiere estar más cerca, siempre más cerca, pero llegar al clímax dentro de Bill es lo más cercano a lo que puede llegar.
Se corre con fuerza jadeando un roto Bill e intentando recuperar el control de su respiración con la boca pegada al cuello de su gemelo. Unas uñas le rasguñan con cuidado de arriba abajo la espalda y hay otra mano en su cabello.
Tom no quiere moverse nunca más. Desliza una mano debajo de los brazos de Bill, debajo de sus hombros y lo acomoda, su cabeza apoyada en la del otro chico, su nariz justo por debajo de su mandíbula. No se molesta en deshacer su unión a pesar de que probablemente se arrepienta cuando esté más laxo.
No tiene la necesidad de hablar y por primera vez en mucho tiempo, esto está bien. Y sabe que su hermano está pensando lo mismo.
No es hasta que Bill se mueve cuando cae en cuenta de que ha roto una promesa por primera vez en su vida.
Continúa…
Gracias por la visita.