

«Razones en contra, instintos a favor» Fic original de Little Muse
Traducción de LaDamaDeLaOscuridad
Capítulo 12: Tres son multitud
Bill le sigue evitando y pasando la mayor parte de su tiempo con Andreas, sin embargo, ya no es hostil. Si están forzados a estar juntos, hay cierta tranquilidad que no ha estado presente desde que todo empezó. Tal vez, incluso desde antes, si quiere ser sincero consigo mismo.
Cuando el fin de semana llega, Tom se siente normal, lo suficiente para darse cuenta de que sus celos por la relación entre su Andreas y su hermano, eran perfectamente infundados. Quizá una persona externa pudiera interpretarlo de otra manera, pero Bill y Andi siempre habían actuado de esa forma (justo por encima de lo platónico).
Se ríe un poco de sí mismo mientras lanza su bolso al asiento trasero de su Escalade. Probablemente le debe una disculpa a Andi.
Bill ni siquiera es gay.
—¿Estás listo? —cuestiona Saki, retrocediendo un paso y poniendo una mano en su hombro y aprovechando para acomodar lo que reconoce como el neceser de maquillaje de Bill.
Saki había insistido en acompañarlos. Tom había insistido en conducir. Cree que es un intercambio justo.
—Sí —confirma mirando alrededor para constatar no haber olvidado nada y revisando sus bolsillos por encima. Teléfono, billetera, llaves, púa de repuesto. Todo está ahí.
—En serio te marchas sin despedirte, ¿eh, Kaulitz?
Tom gira para encontrarse con un Andreas expectante y portando una sonrisa en los labios que responde a la que él está dirigiéndole, porque, de nuevo, siente las ganas de sonreírle.
—Si guardar de manera apropiada tus gorras es más importante, ¿puedo ayudarte?
—Ven aquí, imbécil. —Andreas le rodea con sus brazos y él lo abraza de vuelta, palmeando su espalda.
—Nos visitarás antes de que nos vayamos, ¿no?
—Por supuesto —Andreas se aparta todavía sonriendo—, no hay supervisión de adultos.
—Sí —asiente, pensando en la despedida de su madre y Gordon antes de que se marcharan al trabajo. La supervisión de sus padres a veces no era tan mala—. Solo tenemos a Dave, Peter, y cualquiera de seguridad que esté cerca. Ellos no son peores.
—De cualquier modo, esas son tus figuras de autoridad, no las mías.
Tom ríe, estando de acuerdo antes de levantar la cabeza y aclararse la garganta.
—Amigo, escucha —empieza—, lamento si toda la semana fui un idiota. Es solo que… uh… —Aun si quisiera decir la verdad, no se halla seguro de cómo podría plasmarlo—. Mucha mierda está pasando.
—Supongo que sí fuiste un poco idiota en ocasiones —consiente Andi—, pero la verdad es que no noté mucho el cambio.
Tom le da un pequeño golpe en la cabeza con un “jódete” dicho con buen humor y, con curiosidad, vira sobre sus talones al escuchar su nombre. Bill ha asomado la cabeza por la ventana del copiloto con sus lentes de sol, gorra e impaciente ceño fruncido firmemente en su sitio.
Si supiera que su hermano no ha tomado nada de cafeína, se sentiría ofendido.
—Vámonos —insiste.
—¿Nos vemos esta semana? —pregunta Tom a Andreas a la vez que camino alrededor del auto para alcanzar la puerta.
Escucha algún tipo de respuesta afirmativa antes de tomar asiento.
La cabeza de Bill todavía se halla asomada por la ventana, hablando con Andreas en voz baja. No puede escuchar las palabras, sin embargo, ve cómo su amigo rubio se inclina para lo que juraría que es un beso que no es capaz de confirmar por la caída del cabello de su hermano.
Ha sido un beso en la mejilla, asume cuando Bill se acomoda en su asiento subiendo la ventana mientras Andi les hace adiós con la mano.
A pesar de que David ha programado en encuentro con el reportero de una revista que llegará de Berlín esa tarde, cuando arriban al departamento, todo lo que Tom quiere hacer es caer sobre su cama y dormir hasta que alguien lo despierte por ser necesario.
Gustav ya está ahí, y se las arregla de gruñirle un saludo en la cocina antes de irse a su habitación.
En sí, no se acuerda el haberse quedado dormido, pero sí recuerda ser despertado.
—Hey —dice Bill son suavidad, zarandeándolo.
Su gemelo está sentado al filo de su cama. Pestañea, sin poder evitar pensar que es como una reminiscencia de aquella noche, casi una semana atrás, cuando había ido a verlo a su cuarto. Se encuentra lejos de querer darle vueltas a ese recuerdo y rueda sobre su espalda, esperando a que Bill diga lo que quiere, porque presiente que hay algo que está preparando para contarle.
—Casi es hora de irnos —escucha.
Digiere la oración, sintiéndose un poco atolondrado. Su cabeza se siente de algodón y la mitad de él se pregunta si está soñando.
—¿Me has oído? —le pregunta Bill.
Asiente.
No era lo que estaba anticipando que dijera, no con la mirada incómoda que lleva, pero tampoco es que tenga idea de qué puede ser.
Bill está siendo persistente, lo que le hace cuestionarse si tiene razón al creer que hay algo más, o si quizá su hermano solo quiere asegurarse de que no se haga tarde, que no caiga dormido de nuevo. Y siente que sí podría caer dormido porque a pesar del pequeño tiempo libre, se encuentra más exhausto que si estuvieran de gira. Sus movimientos todavía son perezosos, incluso el parpadear necesita ser pensado a medias.
Sabe que Bill le sacudirá si cierra los ojos, así que los mantiene enfocados en él, estudiándolo para mantener su mente ocupada. Piensa que si probablemente cerró sus ojos, es una de esas ocasiones extrañas en las que ha despertado del estado REM, y puede regresar al sueño que tenía, cualquiera que hubiera sido.
Nota que el cabello de Bill ya está en su lugar, no todo puntiagudo como suele llevarlo, pero sí bien peinado; también tiene puesto el maquillaje y ha cambiado su ropa de la mañana por algo más acorde a él que a su “personalidad”. Sin embargo, sigue siendo Bill, y Tom siente que una sonrisa aletargada tira de sus labios.
—Eres tan… —murmura involuntariamente y deteniéndose a tiempo. Eres tan hermoso había estado a punto de verbalizar, y la sola realización de aquello basta para salir un poco más efectivamente del estado etéreo en el que se halla, entre estar dormido y despierto.
Las cejas de Bill se unen en desconcierto.
—¿Qué?
Niega con la cabeza.
—Nada.
Con los ojos de Bill encima, se incorpora ligeramente, inclinándose sobre un lado de la cama y alcanzando la gorra que temprano había desechado. De ahí saca su teléfono, parpadeando ante la brillante pantalla en la habitación que se encuentra a oscuras.
—Todavía tenemos tiempo —dice antes de lanzar su teléfono lejos y dejarse caer de nuevo en las almohadas.
—Sí, lo sé, pero… —Lo dubitativo que está Bill hace que alce la cabeza nuevamente, pero no su cuerpo—. Quiero hablarte de algo.
Y está tan nervioso que la señal de alarma se enciende como primer instinto.
—Bill… —Su hermano sostiene su mirada.
—No es sobre eso —le asegura—. La otra noche me dejaste muy en claro la situación.
Bien. Porque si Bill quisiera hablar del tema otra vez, no está totalmente seguro de si tendría la fuerza suficiente para rechazarlo por el estado en el que se encuentra.
—Quería… decirte algo antes de que te enteres de otra forma.
Tom vuelve a abrir los ojos, ya que, aparentemente, los había cerrado de nueva cuenta. Tiene el presentimiento de que no le va a gustar lo que Bill va a decirle. Si fuera algo bueno o sin importancia, su gemelo no tendría la necesidad de contárselo él mismo.
—¿Ah, sí? —dice evasivamente.
—Sí. Creo… —La pausa que hace Bill dura por un tiempo, al punto de que antes de que finalmente continúe, está por pedirle que suelte lo que quiere de una buena vez—. Creo que Andi y yo vamos a intentar… ya sabes, vamos a intentar estar juntos.
Muy parecido a cuando cayó dormido, Tom no recuerda el haber dejado de respirar hasta que empieza hacerlo de nuevo.
—¿Qué?
—Juntos —repite su última palabra—. Ya sabes, voy salir con él, vamos a tener citas… o lo que sea.
—¿Estás jugándome una puta broma? —se encuentra preguntando, enderezándose por completo.
Bill pestañea sus grandes ojos de cordero.
—No.
Y pensar que solo esa mañana ha estado convenciéndose de cuán ridícula había sido su inseguridad.
—¿Quieres eso? —Su gemelo encoge sus hombros y asiente.
—Creo que quiero intentarlo, sí.
Tom acomoda una rodilla y apoya un codo en ella, masajeándose la cara y cerrando los ojos. No está completamente seguro de si sigue soñando o ha malentendido a Bill.
—¿Estás hablando en serio? —busca confirmar, aún incrédulo.
—Sí.
Sigue masajeándose la frente, incierto de si el dolor proviene por algo que ha estado intentando resolver o algo que ha causado. Tan claras como había puesto las cosas antes, y tan desconfiado como había estado, no puede creer que haya pasado esto.
Bill no tiene derecho. Ningún derecho.
Debía de haber estado consciente de qué tan mal le iba a sentar, qué tanto le iba a herir.
—¿Tom?
—Solo… —levanta una mano—, solo dame un minuto.
Siente cómo Bill se aparta luego de haberse inclinado un poco hacia él, y espera.
Tom menea la cabeza y abre los ojos, dejando que su mano oscile.
—¿De dónde proviene todo esto?
—De ningún lado, más o menos. Esta semana… me dijo que le gustaría que habláramos del asunto.
Resopla una risa de pura burla. Andi calcula muy bien el tiempo, intentando hacer resultar todo antes de que la banda vuelva a dejar el país.
—Así que creo que conversaremos antes de irnos.
Nuevamente, gira la cabeza para observar a Bill.
—¿Por qué estás contándomelo?
Bill lo mira y Tom, de repente, se siente muy expuesto. Su hermano es el único que alguna vez podría allanarlo con una sola mirada.
—Sabes por qué.
Tom aparta los ojos a propósito.
—No soy tu dueño —le recuerda—. Haz lo que quieras.
Se quedan sentados. Bill contemplándolo mientras él tiene la vista pegada a su cobertor.
Por más que su gemelo esté esperando a que añada algo más, Tom no puede, así que espera a que se dé cuenta, dejando que el silencio se alargue hasta que Bill se levanta con lentitud.
—Deberías cambiarte —instruye antes de voltearse y abandonar el cuarto.
Tom se queda inmóvil con los ojos desenfocados.
Entonces, en un arranque de ira, frustración y dolor, levanta su mano haciéndola un puño y golpea la pared con fuerza. Por su ataque, se abren satisfactorias grietas en el yeso y sus dedos se hunden un poco. Retira su mano, estirándola tentativamente y viendo los pequeños hilos de sangre brotándole de los nudillos
Va a ser difícil explicarle a David.
Continúa…
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