

«…cuz we are twins» Fic de PixieGirl. Traducción de Loves
Capítulo 9: Amor y Enemigos
La última cosa que vio Bill antes de que la puerta se cerrara fue a Tom desmayándose. Sintió su corazón parar, sus gritos murieron en su garganta y sus extremidades dejaron de luchar. Todo lo que pudo hacer fue dejar que se lo llevaran, todo lo que podía pensar era que regresaría con Tom.
Muy rápido estaba en el carro y lo estaban llevando lejos. Bill no registró la gente a su alrededor, en el momento no podía recordar sus nombres o porque estaba con ellos. Sus pensamientos estaban con Tom, cada célula en su cuerpo estaba gritándole que regresara donde el otro.
Pero no podía hacerlo.
No solo estaba en un carro en movimiento, si no que su cuerpo no trabajaba como él quería que lo hiciese. Quería llorar y gritar y maldecir y forzar su salida de la situación. Y a duras penas su cuerpo le permitía pensar con claridad.
Tom no había hecho algo malo. ¿Qué había de mal en estar enamorado? Si en verdad no eran hermanos biológicos, ¿Cuál era el problema?
Sin ser capaz de tener una respuesta satisfactoria, Bill comenzó a culparse. Tal vez no era bueno para Tom. Tal vez era algo bueno que lo hubiesen alejado del otro. Tal vez podría olvidar y tratar de superar la situación.
Pero mientras Bill se permitió caer dormido, sabía que él nunca, nunca, olvidaría.
&
Bill…
Bill.
¡Bill!
¡BILL!
La primer cosa que Tom notó es que no estaba en casa.
No.
Estaba acostado en una banca no conocida y había alguien sosteniéndole la muñeca. Alguien que no conocía.
Tom hizo lo primero que su instinto le dijo y apartó su mano del extraño, tratando de sentarse. Gran error…
El mundo entero daba vueltas ante sus ojos y podía sentir como el desayuno hacia su camino hacia su boca. Podía escuchar a alguien hablarle no muy lejos de donde estaba pero no podía entender las palabras. Sostuvo su cabeza, tratando de darle sentido a todo, tratando de recordar porque se estaba sintiendo tan mal.
Y todo regresó.
— ¿Bill?
A duras penas podía escuchar su propia voz pero si escuchó que tan rota y desconocida sonaba. Las bromas se habían ido, su mente estaba en blanco y él no era lo suficientemente fuerte para sentir algo más que… culpa…
—Tom, gracias a Dios… —de repente dos pares de brazos lo estaban rodeando. Por su culpa no podía ver la razón por la que alguien lo quisiese abrazar. Y de todos modos se sentía tan bien… se acercó y dejó que su frente descansara en el hombro de Simone, que tenía ese olor familiar —… nos asustaste cariño, el doctor culpo el shock —dijo su madre y Tom sintió como era alejado.
No.
No, no quería que lo separaran…
—No, mami… —murmuró Tom y presionó su frente otra vez en el hombro de la mujer. Dejó salir un chillido ahogado, tratando de no soltar las lágrimas —. Se ha ido —dijo —. Se ha ido… dios mío, se ha ido…
—Shhh, cariño. Está bien, todo va a estar bien. No llores, querido —dijo Simone, sin creer sus propias palabras. Miró a Gordon, desesperadamente pidiendo ayuda.
—Tom… hijo, mírame —dijo Gordon suavemente. Tom sorbió su nariz y lentamente se volteó. El adulto sintió como su corazón se rompía en mas pedazos cuando vio la mirada rota de su hijo. No había luz en esos ojos, parecía como si nunca fuese a reír de nuevo —. Créele a tu madre, todo va a estar bien.
—¿Cómo? —preguntó el chico, parecía tan joven y triste.
—Yo —dijo Gordon, sin poder mentir —. No lo sé.
Tom tragó. Vio que tan devastados estaban sus padres y se sentía responsable por el dolor de ellos.
Era el que había besado la primera vez.
Era el que le había dicho a Bill que estaba enamorado.
Había sido su idea el beso en publico.
—Lo- lo siento —se las arregló para decir.
—Cariño…
—Todo es mi culpa… quería besarlo afuera, donde cualquiera nos pudiera ver. Si yo nunca… si yo nunca le hubiese dicho-
— ¡Tom! —Simone lo cortó, haciendo que la mirara —. No te culpamos.
Tom frunció el ceño. —Pero no es culpa de Bill.
—Lo sabemos —Gordon y Simone dijeron a la vez —. No los culpamos, nada de esto es su culpa —continuó Gordon.
—Es extraño —admitió Simone —. Y debieron habernos dicho. Pero si eso los hace felices, nosotros podemos vivir con eso.
Tom miró a los adultos. Estaba teniendo dificultad el tratar de creerles —. ¿Ustedes… ustedes lo dicen en serio? —ambos asintieron. Estaban sonriendo, ninguno podía reír en ese momento, pero sus ojos eran honestos —. Pero no importa. No tengo permitido estar cerca de él…
—Incluso nosotros sabemos que va a regresar cuando cumpla dieciocho —dijo Simone —. Solo espera cariño. Va a regresar a ti, lo sabes.
Una fría y horrible duda atenazó el estomago de Tom. ¿Seria, al final de todo, tan simple?, ¿solo tendría que esperar nueve meses?
¿Por qué no podía creer eso?
&
—Esta es tu habitación —le explicó Anne —. Mañana traeremos todas tus cosas… —Bill volteó a verla y el brillo de esperanza no pasó desapercibido por la mujer —… mientras tu estas en el colegio. Ya les hablamos de que entraras ahí, estoy segura de que la amaras. Tanto Georg como Gustav fueron a ese colegio.
Bill no respondió. Miró alrededor de su habitación. Las paredes eran blancas, solo había una cama y un escritorio. Era todo, no muy agradable.
—Vamos a ir a comprarte cosas nuevas después de que te acomodes —le prometió Anne —. La cena es en una hora —añadió antes de dejar a Bill solo.
Bill nunca se había sentido tan solo o más confundido en toda su vida. Caminó por toda la habitación para sentarse en la cama. A pesar del hecho de que era suave, no se sentía bienvenido y olía extraño. No tenía el olor de Tom.
Bill deseó no haber dejado su teléfono en casa cuando se habían ido. ¡Ni siquiera podía llamar a Tom! Y mañana se suponía que tenía que ir a una nueva escuela donde lo más seguro es que lo molestaran por su apariencia. ¿Qué sabia Anne de su vida? ¿Cómo podía decir que a Bill le encantaría el nuevo colegio? ¡Ella no lo sabía!
Algo pesado y frio cayó en el estomago de Bill cuando pensó en lo que debía estar pasando Tom con Simone y Gordon. Tendría que explicar todo sin la ayuda de Bill… tendría que enfrentar sus caras llenas de enojo, decepción y tristeza.
Alguien podría decir que Bill era el afortunado, por escapar todo. Pero a Bill no le parecía. Sentía como si estuviese traicionando a Tom, al dejarlo solo con todo eso.
—Lo siento, Tomi…
&
Extraño era una palabra absolutamente errada para lo que Bill sintió a la siguiente mañana en el camino al colegio. Tanto Gustav como Georg se habían quedado esa noche después de la muy silenciosa «cena familiar» y Jorg había sugerido que ellos podrían llevar a Bill al colegio mientras iban a su casa. Así que ahí estaban, como si todo fuese normal. Bill estaba sentado en el asiento trasero, mirando a la ventana, sin saber que decir. No estaba seguro de cómo se sentirían los otros dos. ¿Debería culparlos? En verdad quería estar enojado con el mundo y todos en el pero al mismo tiempo sabía que era inútil.
Al menos tendría su celular en la tarde. Tal vez Jorg y Anne se rendirían con él cuando viesen la factura del teléfono.
—Acá es.
Bill miró el edificio. Se veía mejor, incluso un poco más moderna que su antiguo colegio. También era mucho más grande, lo que significaba más gente, y eso significaba que desaparecería en la masa. Solo tenía que mantener un perfil bajo. Si. Eso era.
— ¿Nervioso? —Bill volteó a mirar a los otros dos. Alzó los hombros, bajando la vista —. Mira, nosotros sabemos que tú no quieres esto —dijo Georg —, y lo sentimos. En serio.
—Si, estábamos felices de saber que estabas bien y feliz. Pero sabíamos que no nos recordarías. No es tu culpa —continuó Gustav —. Y creemos que papá y mamá han manejado esto de la forma incorrecta. Solo han hecho que los odies.
—Yo no.
—Esta bien, nosotros los odiamos por ti en este momento.
—Ustedes… ustedes no tienen porque hacerlo. Son sus padres —murmuró Bill, no estaba listo para manejar ese tipo de bienvenida tan agradable. Georg y Gustav estaban actuando como si ÉL les importara y no como si estuviesen pensando en lo que conseguirían.
—Se supone que los padres deben hacer felices a sus hijos —dijo Gustav, removiéndose en el asiento —, ¿estás feliz?
—No.
—¿Ves?, ahí tienes. Pero pienso esto, en solo nueve meses serás capaz de regresar donde ellos —dijo Gustav y sonrió.
—Si me quieren de vuelta —murmuró Bill —. Metí las patas.
&
Tom estaba acostado en su cama. Había dicho que tenia dolor de estomago y Simone y Gordon no habían tenido el corazón para hacerlo ir a la escuela, no discutieron con él. La casa estaba muy callada, sus padres se habían ido a trabajar y Tom estaba solo en casa.
El dolor de estomago había sido una mentira completa. Si se sentía horrible, pero el dolor no estaba solo en su estomago si no en todo lado. Irradiaba desde su estomago hasta sus pies y de ahí a su cabeza.
Habría llorado pero no tenía la fuerza para hacerlo. Estaba sosteniendo el teléfono de Bill en su mano, apretándolo como si fuese su última conexión con el otro chico. ¿Quién era el que le había dicho que no necesitaba su celular? Bueno, quien fuese que lo hubiese hecho, no podría estar más equivocado.
El timbre sonó. Tom gruñó. Probablemente era uno de sus vecinos a los que Simone les había pedido que lo cuidaran. No necesitaba una maldita niñera, necesitaba-
Necesitaba a Bill.
El timbre sonó de nuevo. Tom se levantó de la cama, sabiendo que si no lo hacía en quince minutos tendría que tranquilizar a una Simone muerta del pánico. Y no podía hacerlo en este momento.
—¿Qué diablos están haciendo acá? —dijo Tom tan pronto como abrió la puerta. No eran sus vecinos. No. En la entrada de su casa estaban las dos personas que más odiaba en el mundo.
— ¿No eres encantador? —dijo Anne. Su sonrisa con marca registrada se había ido y su voz era de hielo —. Vinimos a recoger las cosas de Bill.
—¿Por qué no vino él? —preguntó Tom, aunque sabía que en verdad no era necesario.
—Tenia que ir al colegio —dijo Jorg simplemente.
Tom sintió como se le caía la mandíbula. ¿Bill había ido al colegio? ¿No estaba en su cama, deprimido y con el corazón roto como él-?
—Es bueno que mantenga la distancia de ti. Es claro que no puedes ser bueno para él —dijo la mujer —, ¿dónde está su habitación?
—Arriba, la primera puerta a la izquierda —dijo Tom a través de sus dientes apretados. ¿No era bueno para Bill? ¿él que lo conocía mejor que nadie en el mundo?
Mientras Anne y Jorg subían por las escaleras, Tom tomó un pedazo de papel y un lapicero. Comenzó a escribir rápido, tratando de poner todo lo que quería decir en la carta que estaba escribiendo. Sintió como el dolor mermaba con cada palabra que escribía.
Sabía que Bill entendería todo. Incluso las cosas que no había tenido tiempo para escribir.
—Bueno, creo que tenemos todo lo que él necesita —dijo Anne mientras ella y Jorg bajaban por las escaleras —. Nos vamos yendo entonces…
—¡Esperen! —dijo Tom, saltando del colchón en el que estaba sentado —. ¿Podría, por favor, darle esto? —estaba sosteniendo su gorra frente a Jorg —. Es mi forma de decir adiós —dijo tratando de usar la voz más triste que podía —. Y acá esta su celular.
—Ah, no lo necesitara. Vamos a comprarle uno nuevo —dijo Anne.
—Pero le daremos la gorra —agregó Jorg, a pesar de la mirada que su mujer le dio. Tom sonrió con agradecimiento y puso la gorra en la pila de cosas de Bill. Cuando Anne y Jorg se fueron sin otra palabra, Tom solo pudo esperar que no miraran el sombrero más de cerca.
&
Bill tiró la puerta. ¿Un nuevo celular? ¿Qué demonios haría con un nuevo celular? ¿Qué pensaban que lograrían al darle una nueva cosa para hablar? ¿Creían que no se sabía el número de Tom de memoria? ¿Esperaban que Bill se rindiera?
Murmurando cada maldición que se sabía, Bill marcó el teléfono de Tom. La sensación familiar y tibia se abrió paso por su cuerpo cuando el pensamiento de hablar con Tom fue procesado por su cerebro.
«El número que está tratando de llamar ha sido bloqueado».
La calidez desapareció tan rápido como llegó. El chico miró el teléfono, incapaz de creer lo que había escuchado.
«El número que está tratando de llamar ha sido bloqueado».
—Ah, ¡vamos! —gritó Bill —. ¡No me hagan esto!
«El número que está tratando de llamar ha sido bloqueado».
Bill tuvo que luchar contra la urgencia de tirar el teléfono contra la pared mientras caía en su cama. ¿Cómo le podían hacer esto? ¿Cómo pudieron? ¿No se daban cuenta que solo hacían a Bill más miserable?
Cuando volteó su cabeza se dio cuenta de la existencia de una caja con sus cosas viejas en una esquina en la habitación.
Y vio la gorra.
No le tomó más que un parpadeo de un ojo tener el objeto en sus manos. Olía como Tom, se sentía como Tom. Tom se la había dado, Tom estaba tratando de alegrarlo…
Bill iba a poner la gorra en su cabeza cuando notó la hoja doblada pegada en el lado equivocado. Arrugó el ceño. Su hermano era tan cuidadoso con sus gorras; nunca las violaría de esa manera.
Todo desapareció de la cabeza de Bill cuando abrió el papel. Todos sus pensamientos desaparecieron cuando la voz de Tom llenó su cabeza como si le estuviese leyendo la carta a Bill.
Mi Bill…
Dios, espero que estés bien. Yo no lo estoy, no puedo decirlo. Imagino que ya lo sabes… no estoy tratando de hacerte sentir culpable o algo así si estás bien. Solo estoy diciendo las cosas de la forma que son.
Quiero que sepas que sin importar que, siempre serás, lo repito, siempre, serás mi hermano. Y mucho más que eso. Probablemente te estarás preguntando como mama y papa reaccionaron. Estaban un poco impactados, un poco… pero lo tomaron con calma, ¿no es increíble? ¡Dijeron que no nos culpan! Están bien con la situación.
Te amo Bill. Sabes eso, ¿cierto? Siento no haber luchado… solo me atonte. Podía escucharte gritar y todo lo que quería era hacerte sentir bien pero no podía moverme. Lo siento… por favor, ¡créeme!
Ya te extraño. Es tan tranquilo, ¡todo está mal!, ¡te quiero de regreso! Solo… regresa. No puedo vivir sin ti y no estoy demasiado orgulloso de decir eso. Eres mi otra mitad, mi alma gemela, ¡mi todo! Por siempre.
Recuerda eso.
Estaré esperándote.
No me importa cuánto tiempo te tome.
Te amo demasiado.
Tu Tom.
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El aire tenía que luchar para entrar en los pulmones de Bill. Cada respiración que tomaba salía como un lamento.
— ¡Por supuesto que regresare, Tomi! —dijo a la habitación vacía —. Te amo… Dios, te amo…
De repente todos los pensamientos de que Tom estaba mejor sin él desaparecieron.
Continúa…
Gracias por leer