
«…cuz we are twins» Fic de PixieGirl. Traducción de Loves
Capítulo 10: De sonrisas a lágrimas
Diciembre 24 del 2006.
Tom sabía, en algún lugar de su mente, que estaba haciendo este día aun más difícil para sus padres al quedarse en la habitación. Pero no podía ver la cara de sus abuelos y tratar de parecer feliz. Sentía como si solo fuese la mitad de persona que una vez había sido. No tenia apetito, no lo había tenido por un mes. Nada tenía buen sabor… y todo era tan falto de significado.
Tom se preguntó si Bill estaría sentado en el comedor, rodeado por una familia que no recordaba. También se preguntaba si el «menor» había recibido su carta. No habían escuchado hablar del otro desde que Bill había sido llevado lejos, así que Tom no tenía manera de saber si Anne y Jorg habían encontrado su carta.
Había aprendido a no esperar una llamada de Bill. En el momento en que Anne le había dicho que Bill recibiría un nuevo teléfono, había sabido que sería imposible para el otro contactarlo. Odiaba el hecho de que su corazón saltara cada vez que el teléfono sonaba. Sabía que no era Bill. ¡Claro que lo sabía!
—¿Tom? —el chico volteó a mirar a la puerta cuando escuchó la voz de Gordon —. Por favor hijo. Baja. No has comido en todo el día. Es navidad-
—Lo sé —murmuró Tom, aunque Gordon no lo escuchó.
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Bill a duras penas había tocado su comida. Estaba tratando de recordar los nombres de los primos que acababa de conocer; estaba tratando de recordar como lucia la madre de Anne antes de que él desapareciera. El padre de Anne había muerto cinco años antes y le habían dicho que los padres de Jorg habían muerto años antes de que él hubiese desaparecido.
Sentía que no tenía corazón por no sentirse triste. Lo lamentaba por la vieja y agradable mujer que lo había abrazado por cinco minutos, pero no podía hacer duelo por alguien que en verdad no recordaba.
La novia de Georg, o más bien su prometida, también había ido a la cena. Era bonita, tal vez un poco quisquillosa pero de todos modos bien educada. Podía entender porque Georg se había enamorado de ella. No era el tipo de persona para Bill, pero tenía que admitir que Lisa, ¿ese era su nombre?, tenía una sonrisa que quitaba el aliento.
El chico suspiró. Su nuevo e inútil celular estaba en su bolsillo. Había aprendido a hablar con normalidad cuando Anne o Jorg llamaban. Nadie más lo hacía, ya que no se molestaba en hacer amigos en su nuevo colegio. Se comportaba bien, hacia su tarea y se las había arreglado para sacar buenas notas en sus últimos exámenes antes del receso de Navidad. Ser como cualquier estudiante lo mantenía invisible.
—¿Bill? —el chico volteó un poco y vio a Gustav parado detrás de él —. Ven, quiero darte tu regalo.
Bill frunció el ceño. —No tenias porque-
—Confía en mí, querrás este. Vamos —dijo Gustav. Mandando una sonrisa a su madre que había alzado una ceja al final de la mesa —. No tomara mucho tiempo —le aseguró y dejó la sala comedor con Bill detrás de él.
Cuando llegaron a la seguridad de la antigua habitación de Gustav, el mayor le dio el teléfono a Bill. — Habla bajo y no te tomes mucho tiempo —dijo en voz baja. Mantuvo sus ojos en la puerta, asegurándose de que nadie los sorprendiera —. Sé que no es mucho pero al menos es algo-
Bill llevó sus brazos alrededor del cuello de Gustav antes de que el chico pudiera terminar. Gustav parecía un poco confundido pero igual le devolvió el abrazo al menor.
—¡Muchísimas gracias! —dijo Bill mientras marcaba el numero.
—Solo hazla corta —fue todo lo que dijo Gustav antes de darle privacidad al otro.
El pelinegro puso el teléfono en su oreja. —Contesta. Por favor, Tomi. Contesta…
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Tom escuchó su teléfono sonar. Su corazón saltaba un poco cada vez que eso pasaba, pero Tom no tenía intención de contestarlo.
«Podría ser él, lo sabes…», le dijo una vocecita en la cabeza «… es navidad, ¡el día de los milagros!»
Tom se sentó. No lo mataría si respondía el teléfono. Tomó el celular de su mesa de noche y miró al identificador para ver un número que no conocía.
—¿Hola?
—Tom…
El corazón de Tom no solo se aceleró, explotó. —¿Bill?
—No tengo mucho tiempo, Gustav me prestó su celular —explicó el chico —. Recibí tu carta —dijo y Tom casi lo pudo ver sonrojarse —, yo también te amo.
—¿Regresaras a mi? —preguntó Tom su voz tan débil que era embarazoso.
—¿Tienes que preguntarlo? —preguntó Bill —. Tú eres mi vida, Tomi.
—No se siente como Navidad sin ti —dijo el «mayor».
—Ni me lo digas. Anne invitó a toda la familia y no los recuerdo. Todos se están comportando como si nunca me hubiese ido. Lo detesto, Tom.
—Bueno, si necesitas sonreír solo acuérdate de la Navidad pasada —dijo Tom con una sonrisa genuina. Se sentía como la cosa más difícil que su cara hubiese hecho, como si sus músculos no supiesen hacerlo.
—Oh Dios… —dijo Bill y Tom podía escuchar en su voz como estaba sonriendo— ¿Qué estábamos pensando?
—Yo sé en que estaba pensando —dijo Tom.
—¿Qué?
—Tú.
Bill rió y Tom sintió como se relajaba por primera vez en un mes. Todavía eran Bill y Tom, todavía eran «nosotros». Lo que tenían era tan fuerte que la distancia no lo podía romper.
—Me alegra escuchar eso —dijo Bill —. Porque yo también estaba pensando en ti.
—Lo sé, no parabas de decir mi nombre.
—Todavía pienso que debimos ser más cuidadosos.
—Ah ¡Vamos! ¡No estaban en la casa!
—Si, pero hacerlo en la cama de nuestros padres es un riesgo grandísimo.
Tom rió sorprendiéndose. —Como sea —dijo —. Ya lo saben.
—Pero igual no quiero que nos atrapen. Piensa en el trauma- —Bill hizo una pausa.
—¿Bill?
—Mierda, tengo que irme. Te amo Tom. Te amo mucho ¡Muchísimo!
—Yo también te amo, Bill —dijo Tom, tratando de poner toda la calidez y cariño en esa frase —. ¿Podre escucharte más?
—No… no lo sé. Si, ¡voy! Lo tratare, lo prometo.
—Vale, ¿y Bill?
—¿Si?
—Feliz Navidad.
—Feliz Navidad, Tomi.
La línea murió. Tom tragó el nudo que se formó en su garganta, tratando de aguantarse las lágrimas. No podía pensar en un mejor regalo. Y ahora que lo pensaba en verdad, estaba siendo un poco egoísta…
Se paró de la cama y dejó la habitación. Lentamente bajó las escaleras, escuchando la conversación que estaba tomando lugar en la habitación. Los tres abuelos que todavía tenían estaban ahí, junto a Simone y Gordon que valientemente mantenían sus caras normales.
—¡Miren quien ha decidió aparecer! —dijo el papa de Gordon, el más viejo de los tres, sonriendo ampliamente —. ¿Ven?, les dije que el hambre nos lo traería.
—No tengo hambre —dijo el chico sentándose al lado de sus padres. Tenía una pequeña sonrisa jugando en su cara —. Solo sabía que la Navidad no estaría completa sin mi —su voz era solo un poco arrogante, haciéndola sonar normal.
—¿Entonces estás diciendo que no quieres de la torta que hay en la mesa?
—¿Hay torta? —preguntó Tom, haciendo reír a los cinco adultos en la habitación.
&
Agosto 3 del 2007
Anne estaba feliz. Ah si, Jorg había recibido el traslado que esperaban y en un mes estarían moviéndose a Chicago. Solo había un problema.
Bill no vendría con ellos. A duras penas había reaccionado cuando había escuchado la noticia y Anne y Jorg sabían que eso era porque estaba planeando en regresar con Tom. Por lo que ellos sabían, el chico no había hablado con Tom en más de siete meses y actuaba como un robot. De vez en cuando, Georg y Gustav venían a visitar y cuando lo hacían Bill actuaba más normal.
Eso enfurecía a Anne.
Así que ella tenía que hacer algo y aunque se sentía mal mantenía recordándose que tenía el derecho de hacerlo. Había perdido a su hijo, no lo dejaría ir. Si todo pasaba como ella quería que sucediera, Bill estaría más que deseoso de irse con ellos. No querría quedarse en Alemania.
—¿Bill? —llamó Anne cuando atravesó la puerta. Trató de poner cara de tristeza, como seria la indicada en esa situación.
—¿Qué?
—¿Podrías venir acá por un segundo?
Anne escuchó una puerta cerrarse y en unos pocos segundos Bill apareció en la puerta. —¿Si?
—Cariño, lo siento tanto-
—¿Qué? —preguntó Bill. Podía pensar muchas cosas de las que Anne podría sentir pesar pero sabía que la mujer no las aceptaría.
—Esto, esto apareció en el periódico esta mañana. Lo corté para ti, en verdad lo lamento.
Bill frunció el ceño y tomó el pedazo de periódico que Anne sostenía.
Su corazón paró.
Su sangre se congeló.
Sus pulmones pararon de trabajar.
«Tom Trumper
1.9.1989 – 27.7.2007
Dejó atrás a una familia en duelo
Gracias por tu cariño»
—¡Esto- esto no es verdad!, ¡no lo es! —gritó Bill —. ¡No lo creo!, ¡me habrían llamado!
—Ha pasado tanto tiempo cariño. Lo siento, ellos tal vez-
—¡NO! ¡Lo sentiría si el estuviese muerto! ¡No puede estarlo! ¡ Él no está muerto! ¡ÉL NO ESTA MUERTO!
—Yo- yo investigué un poco —dijo la mujer, ignorando los gritos de Bill —. Él solo estaba en el lugar y momento equivocados.
—Lo sentiría —dijo Bill sin esperanzas. Pero cuando lo dijo, otro pensamiento apareció en su mente. Él y Tom no habían hablado desde navidad. Bill solo había estado esperando hasta Septiembre, sin que le importara algo más.
¿Y si durante este tiempo, la conexión entre ambos se había roto?
Cada sentimiento abandonó el cuerpo de Bill cuando el chico se sentó en las escaleras y comenzó a llorar.
Continúa…
Gracias por leer