Owners of the night 7

Fic TOLL de Lett_Kltz

Capítulo 7

By Bill

Respiré hondo, tratando de despejar mi mente entre tanto ruido mezclado: las risas, alguna que otra canción que sonaba por el campus y los murmullos. Todo se juntaba y no dejaba que me concentrará en lo que realmente me importaba ahora: estudiar para mí examen, que, por desgracia mía iba a ser dentro de media hora. Se suponía que tenía que haber estudiado toda la tarde y noche ayer, pero cierto idiota rastudo me secuestro para ir a comer. Y no conforme con eso, me llevó de paseo por toda la cuidad, no me quejaba, bueno; un poquito y, tal vez pude haberle dado un pequeño repaso en la noche, pero estaba muy cansado incluso para levantarme de la cama al llegar a casa. Y por mi pequeña flojera y cierto nombre que empezaba con “N”, ahora estaba aquí, estudiando como un desgraciado a último momento, intentando que mi mente se memorizara lo más importante, tratando de compensar todas las horas que pude haber tenido ayer en menos de treinta minutos. 

—Entonces esto… —hable para mí, fruncí el ceño mientras agarraba otro cuaderno con más apuntes y me acomodaba mejor en la banca, por alguna razón, hacía frío, aunque había un sol jodidamente radiante en el cielo, con apenas nubes sobre el azul— Oh, claro, cierto… —asentí, mordiendo la otra punta de mi bolígrafo inconscientemente, cosa que, por cierto, tenía que dejar de hacer ya que muchas veces la tinta se me ha desparramado en la boca, como si fuera un vampiro de bolígrafos. Esto me ha dejado con un mal sabor de boca casi imposible de borrar y, sin bolígrafos— Carajo, no voy a alcanzar a memorizar todo… 

Deseaba que mi cerebro fuera uno de esos fotográficos, me haría la vida más fácil y no tan absurdamente engorrosa. Entre el bullicio de mi cabeza y de los alrededores, no noté la presencia de alguien atrás mío hasta que su sombra me cubrió. 

—¡Bill! —escuche la ya conocida voz de  Félix completamente animada. Suspiré, cerrando los libros por un segundo para darle mi completa atención— Justo a tí te buscaba. 

—Hola… —murmure, mirando hacia atrás. Él estaba ahí, con esa sonrisa tan suya despreocupada, con una mano en mi hombro, suspiró, y se sentó a mi lado— ¿Tan rápido volviste de tu viaje? —pregunte, pensé que estaría ausente más tiempo… aunque no me quejaba de tenerlo aquí de nuevo. 

Él se encogió de hombros. 

—Ah, si, eso… bueno. Mi abuelita ya está mucho mejor, mis padres dijeron que era mejor volver y no perder el hilo con la universidad —soltó, acomodándose a mí lado en la banca como si fuera su sala de estar. Literalmente, abrió las piernas y las puso sobre encima, ya hasta pensé que se iba a dormir ahí. 

—Me alegra escuchar que ella está bien —solté con sinceridad, jugando con los bordes de los cuadernos, recordando que por ese motivo había tenido que pedir permiso a la universidad para estar ausente unos días. Para ser específicos, tres días antes de que Alyssa me llevará a las carreras clandestinas. 

Él chasqueó la lengua, pasándose una mano por la cara. Cambiando un poco esa actitud para dar paso a una sonrisita. 

—Pero cuéntame, ¿Alguna novedad? —pregunto, entre curioso y cauteloso mientras se acomodaba ese cabello rubio en una coleta media con algunos mechones cayendo en su frente. 

Lo miré de reojo. 

—¿Novedad de que, Felix? —fruncí levemente el ceño, apretando los labios en una fina línea. Él siempre había sido de esos cotilla que se enteraba hasta cuántas veces respiraba cada persona en esta universidad. 

—Ya sabes, Billiflan —bufó, rascándose la nariz— ¿No pasó nada interesante en mi preciada ausencia? No sé… algo tuvo que suceder. 

—Nop… —negué con la cabeza y era verdad, todo había estado tan aburrido y monótono como siempre. Sin contar las escapadas “locas” que nos dimos Alyssa y yo a las carreras clandestinas. 

—Mhm… no me perdí de nada entonces. Es bueno saberlo, imagina que haya habido un gran escándalo aquí, y yo en Múnich sin haber visto nada —se enderezó y me quitó los apuntes, dándole unas ojeadas rápidas— ¿Y dónde diablos está la loca de Alyssa? Siempre está pegada a tí como un chicle, es raro verte sin ella. 

Aah… claro, Alyssa, lo había olvidado casi por completo. Me aclaré la garganta, relamiendo mis labios. 

—En la cárcel —dije tan normal, pero mi normalidad no pasó desapercibida por él, que me miró sorprendido, con la boca abierta en una “o” perfecta. 

—¿Qué? ¿Por qué, ya mato a alguien? —me golpeó el hombro, más inquieto por saber lo que realmente había pasado. Lo conocía demasiado bien, haría lo posible para sacarme la información de una u otra manera: irritándome, repitiendo lo mismo todo el tiempo, mandando miles de mensajes o todo junto si hacía falta. 

De pronto, me vinieron todos los recuerdos de ese día a la cabeza: yo había tenido suerte al tener a Nick ahí, pero Alyssa… a ella si la agarraron. Fui a la comisaría esa misma noche cuando recibí una llamada de un número extraño. Al llegar, la vi ahí, detrás de unas rejas junto a otras chicas, no parecía preocupada por estar en la cárcel, pero lo que la tenía con verdadero terror era que sus padres supieran que estaba ahí metida. Así que, llegamos a un acuerdo: yo le diría a sus papás que ella se estaba quedando conmigo hasta que saliera. Cómo había dicho Nick, solo serían tres días. No fue fácil convencerlos, pero para suerte de ambos, aceptaron que ella se “quedará” en mi casa. Ahora solo había que esperar hasta mañana y ella estaría tan libre como un pez en el mar.  

—Tierra llamando a Bill —hablo como un robot, pasando su mano por mi cara para que reaccionara. Me costó unos segundos, pero asentí lentamente mientras guardaba todas mis cosas, quitándole mis cuadernos a Félix y revisando que nada se me haya caído al suelo— ¿Me vas a contar? ¡Anda, ya abriste la boca, no hay marcha atrás! 

—Es… algo larga. Te prometo que te contaré en… —la campana resonando con insistencia a lo lejos, indicando el inicio de clases corto mi voz. Me puse de pie del asiento y lo miré una última vez antes de encogerme de hombros con una sonrisita, mientras caminaba en retrospectiva— ¡Te contaré en el descanso, lo juro! —le grité una última vez antes de darme vuelta y echar a correr a mi clase, dejándolo con la duda. 

Por suerte (o mala) había llegado justo a tiempo. El maestro entró justo detrás de mí, el ambiente ya se sentía tensó, con diferentes caras de preocupación y una que otra confiada. Casi todos ahí estaban con los libros abiertos, y cuando el maestro dejó las pesadas hojas de los exámenes sobre la mesa con un estruendo y cara de pocos amigos, todos guardaron silencio y cerraron sus apuntes. Me apresure a ir a mi asiento, dejando mi mochila en el suelo, sacando lo necesario. 

Veamos cómo me iba sin haber estudiado casi nada. Alguien apiádese de esta alma joven e iluminen mi camino…

El tiempo pasó, y con eso, casi dos horas de clases dadas por finalizadas, por fin. El timbre de descanso nos dejó menos tensos a todos, mientras guardábamos nuestras cosas con movimiento mecánicos. No tenía prisa, siendo casi de los últimos en salir del salón, ajustándome la mochila al hombro mientras la suave brisa ondeaba mi cabello. Arrastraba los pies mientras caminaba por los pasillos, dejando que mi mente vagara a las respuestas correctas del examen. Por suerte, no había estado tan pesado como pensé, el profesor pareció tener compasión por nosotros, aun así, no podía confiarme y estar cien por ciento seguro hasta ver mi calificación. 

Tenía que buscar a Félix ya que él muy maldito me había mandado como veinte mensajes a mitad de clases y por poco me anulan el examen. El profesor pensó que estaba copiando por las insistentes notificaciones que me llegaban cada dos segundos y hasta tuve que mostrarle los mensajes para que se quedará más tranquilo. Aunque me miró un poco raro al leer uno de los mensajes: 

Ya dime, ¿Porqué está en la cárcel, ya mato a su ex, verdad?”.  

Seguí caminando, mirando entre los pasillos, pero no encontraba esa cabellera rubia que tan bien conocía, bueno, ¿pero donde estaba metido? Incluso llegué a pensar que estaría afuera de mi salón, esperándome como un buitre, implorando que le contará… pero no. Algo raro si consideramos que el es un chismoso y no se perdería de los detalles que saldrían de mis boca, menos cuando lo deje con la intriga. 

Ladee los labios hacia un lado, entrecerrando los ojos, mirando una última vez por todo el lugar, pero solo habían caras desconocidas que pasaban de mí. Bueno, no iba a desaprovechar mi preciado descanso buscándolo, después de todo, él es quien tiene que buscarme a mí ¿no?, No soy yo quien quiere la información completa, sino Félix. Di vuelta y me encamine hasta la cafetería para llevarme algo al estómago. Cuando llegué, el ambiente no me recibió de otra manera: mismos grupitos hablando a todo volumen, mismos idiotas que ya conocía a la perfección y otros individuos, pero todos, absolutamente todos comiendo como animales. 

—¡Bill! 

Escuché mi nombre, pero como el lugar estaba tan abarrotado no pude identificar quien me llamaba. Giré de un lado a otro, hasta que en el fondo, muy en fondo en una de las mesas más escondidas ví a Félix, levantando una mano para que lo ubicará mejor. 

Con que aquí había estado metido. 

Me acerqué a él, dándole una mirada de pocos amigos y cuando estuve cara a cara frente a él, me senté en la silla de mala gana. Él arqueó una ceja, pero prefirió no decir nada y morderse el labio, sabía que cuando me ponía así de serio era porque tenía algo importante que decir o iba a desquitarme hasta con las piedras. 

—Félix —le apunte con el dedo— Te juro que si no hubiera tanta gente alrededor ahora mismo, te estaría estrangulando con mis propias manos. 

El abrió los ojos con sorpresa, aunque no pudo reprimir una pequeña sonrisa. 

—¿Y yo qué hice ahora? —se defendió, dándole un sorbito pequeño por la pajita de plástico a su bebida. 

—Qué no hiciste —puse mi mochila en el suelo, sin quitar la vista de su cara. Él miró a todos lados, antes de mirarme a mí con esa cara de mosca muerta. Bufé, poniendo mi espalda en el respaldo de la silla— Casi me anulan el puto examen por tus malditos mensajes.

Él abrió la boca como si entendiera, asintiendo lentamente con su dedo índice apoyado en su barbilla. 

—Ups… 

—¿”Ups”? —refunfuñe— ¿Es lo único que vas a decir? 

—Bueno, ya… perdón, Billiflan —bajo la cabeza como regañado. Sonreí orgullosamente, asintiendo dos veces con la cabeza.  

—Ya, ya… te perdono, pero solo por esta vez ¿Me oyes? —me crucé de brazos— Y si vuelves a decirme “Billiflan” otra vez, juro que te tiró del segundo piso.

Él negó, rodando los ojos con una sonrisa ladeada apenas visible, pero ahí estaba. 

—Está bien, está bien… ¿Ahora sí me vas a contar por qué Alyssa está en la cárcel? ¿Qué hicieron en mi ausencia, eh? —se inclinó hacia adelante, interesado. 

—Tan cotilla como siempre… —suspiré, sacando todo el aire de mis pulmones con exageración. Me pase la lengua por los dientes antes de iniciar, iba a ser algo largo, esperaba que entendiera y no repetirlo más de tres veces— Tres días después de irte, Alyssa me dijo que teníamos que ir a unas carreras clandestinas. 

—¿Carteras clandestinas? —interrumpió y frunció el ceño— ¿Fueron a las carreras clandestinas? —soltó con incredulidad. 

—¿Tú sabías de esos lugares? — pregunté, ahora genuinamente curioso como él. 

Félix asintió, como si recordará algo. 

—Es de lo que todo el mundo habla aquí. He ido una sola vez, hace dos meses. Esos lugares son una locura.

Bueno, en eso sí le daba la razón, eran una locura. 

—Si, lo son… 

—Ese no es el caso, tú continúa —me ánimo, dando un golpecito a la mesa. 

—En esa escapada… Ella se alejó, y yo, pues… —me mordí el labio, tamborileando el pie debajo de la mesa— Estaba con otras personas que conocí en ese lugar. Luego sonaron las patrullas de la policía y ella no aparecía… hasta que —hice una pausa, tragando saliva y recordando como el auto de Nick había parado justo a mí lado— Un conocido apareció y me salvó el trasero. 

—¿”Un conocido”? —hizo una mueca, levantando una ceja— Ajá… No me vengas con eso, Bill. Tú no conoces a nadie más que Alyssa, tu hermano y yo en esta ciudad. ¿Quién es, eh? 

¿Me estaba diciendo antisocial directamente? 

Me enderece del asiento de golpe, quitándole su jugo y dándole un pequeñísimo trago. Félix trató de arrebatarlo de mis manos, pero ya era muy tarde, me lo había acabado todo. Al menos estaba bueno, el de naranja no era mi favorito, pero estaba rico. 

—Solo… un idiota que casi me atropello una noche —dije, limpiándome de lo que había quedado del jugo en la comisura de mis labios con la manga de mi chaqueta. 

Él me miró, nada convencido de mi respuesta.

—¿Y ya? Sabes que ese no es motivo suficiente para que alguien te ayude en esos momentos, ¿verdad? —seguía con esa expresión de querer sacarme la verdad a punta de miraditas de juicio. 

—¡Bueno, ya! Estamos hablando de Alyssa, no de mí. La cosa es que esa misma noche recibí una llamada y era ella. Fui, la visite en la cárcel, pero me dijo que sus padres no podían enterarse que estaba ahí metida… así que les mentí, diciéndoles que se iba a quedar conmigo en mi casa. 

Félix, a cada palabra que soltaba, abría más los ojos y se inclinaba tanto hacia mi que casi parecía querer treparse encima de la mesa para confirmar si lo que decía era verdad o no. Al final, suspiró y se volvió a dejar caer en su asiento como un costal de papas. 

—¿Qué? —le pregunté. 

—Nunca pensé que irías a un lugar de esos… ¡Ni siquiera cuando yo te invité la primera vez que fui! 

—¿Me invitaste? 

—Si, pero nunca aceptaste. Es más, ni me escuchaste cuando te lo propuse. 

A decir verdad… no recordaba que Félix me lo haya dicho. Seguro estaba demasiado absorto en otra cosa en ese momento como para pensar en ir a un lugar tan descarriado como ese. 

—Lo siento… —solté una risita corta, rascándome la nuca con pena— ¡En mi defensa, Alyssa me ofreció comprarme una sombra de ojos si la acompañaba! —aunque eso había sido la segunda vez, pero él no lo tenía que saber, esa era mi coartada para que no andará con sus aires de indignación por semanas.

Félix achino los ojos, pero lo dejo pasar por el bien de nuestra conversación. 

—Mhm… ya —se movió inquieto en su silla, mordiéndose las uñas o algo así— Y… ¿Piensas volver a ir a esos lugares? 

—Si… quiero ver a alguien —solté en un hilo de voz tan bajito que no sé si pudo escucharme. Sonreí al recordarlo de nuevo y bajé la mirada a mis manos mientras jugueteaba con estas. 

Félix me miró otra vez con atención, interesado nuevamente, pero con una sonrisa pícara en la cara. 

—¿Ah sí? ¿A quién? ¿Lo conociste en las carreras? ¿Cómo? ¿Te gustó en cuanto lo viste? ¿Es el chico que te salvó? 

Estaba tan embobado con una sonrisa que hasta parecía anuncio de Colgate, como un niño enamorado mientras me mordía los labios para ocultar mi sonrisa, pero era imposible. A cada pregunta que soltaba, más me acojonaba, pero cuando pregunto lo último, la sonrisa se me fue por la barranca. Fruncí el ceño y todo mi ensimismamiento se me fue de volada. Negué varias veces, con una cara de insatisfacción que lo hizo carcajear. 

—No… no es él —¿Nick? Por favor, claro que no. No dejaba de caerme un poquito mal, yo he dicho que las primeras impresiones cuentan y la suya fue una basura. Admito que estoy agradecido, me salvó de ir a la cárcel, pero hasta ahí y ya. Era alguien totalmente diferente, que el solo hecho de pensarlo, me hacía soltar un suspiro embobado, no sé porqué, pero así funciona mi tonto corazón— Se llama Kenji… y sí, lo conocí en las famosas carreras esas, todo… fue instantáneo, nos llevamos bien desde el momento uno. Es guapo, mucho. 

—Considerando que tú te enamoras de todo lo que ves en la calle cuando salimos, supongo que tienes razón… —murmuro bajito para que no lo escuchara, pero lo hice. Aún así decidí ignorarlo. 

—Voy a ir este sábado —dije con convicción— Pero no quiero ir solo, así que…  —escuchándome decir eso, solo me hizo pensar que ya hasta parecía Alyssa— ¿Quieres acompañarme, si o no? 

—¿Qué? —soltó incrédulo, mirando a todos en la cafetería tan divertidos en lo suyo, y después a mí— ¿Y si nos arrestan como a Alyssa? 

—Ahggg… solo quiero verlo otra vez… ven conmigo ¿Si? Porfavorcito, te prometo que no nos va a llevar la policía y, si aparecen yo seré la carnada mientras tú escapas —junte ambas manos, rogándole con una expresión de cachorro, esperando que acepte porque ni loco iría yo solo. Ya me sabía algo de las mañas de esos lugares. 

Mejor acompañado que solo, porque solo significaba una cosa: ser el blanco fresco para la infinidad de personas que albergaban esos lugares. Quién sabe con lo que uno puede encontrarse y, además, aunque me joda admitirlo, la advertencia de Nick aún estaba en mi cabeza: aquí no importa cuánto sepas pelear, ni qué tan rápido corras. Aquí importa con quién corres… y contra quién.

Uy… solo pensarlo más de tres veces hacía que tragara saliva y se me pusiera la piel de gallina. 

—No lo sé… es ilegal y ¡Hagámoslo, siempre quise probar la comida de la cárcel! —su sonrisa se amplió, vociferando tan alto y rápido que no me dió tiempo de procesar sus palabras. 

—¿Qué? —parpadee, aturdido. 

—¡Hombre, no necesitas ser la carnada de nadie! —rió, llevándose una mano al estómago hasta calmarse un poco y continuar:— Si la policía nos agarra, pues… será una bonita experiencia para contar en unos años ¿No creés? 

—Supongo que sí… —balbuceé, encogiéndome de hombros. No creó que sea una “bonita” experiencia que contar en una cena familiar, pero si eso me aseguraba que vería a Kenji de nuevo, valdría la pena pasar tres días en las oscuras y frías cuatro paredes de la cárcel— ¿Nos vemos el sábado a las siete entonces…? 

Él asintió sin problemas, parándose de la silla, flexionando su cuerpo y bostezando largo y pesado. Yo hice lo mismo, estar sentado había hecho que el trasero se me ponga algo plano y cuadrado, las malditas sillas eran de madera y ni siquiera de algodón para asegurar nuestra comodidad, pero bueno. En algún momento tendrían que cambiarlas, ya muchos se han quejado de eso. 

Cuando salimos de la cafetería y del campus en sí, nos despedimos con un gesto de manos, tomando rumbos diferentes. A Félix lo esperaba un hombre elegante en traje; su chófer. Él era un niño pijo, pero uno agradable, no me malentiendas, era uno de los pocos que habían mostrado humildad en este lugar, a su manera, pero lo hace. 

Yo, en cambio, tenía que ir a pie, no hay nada peor que caminar como tres kilómetros en botas con algo de plataforma, un calvario y más con este calor del infierno que está presente prácticamente todos los días. Les aseguro que ni África está tan caliente como Los Ángeles, me iba a derretir vivo como una paletita de helado. 

No sé cómo, pero llegué a casa de milagro, abrí la puerta, dejé mi mochila por ahí tirada y me encamine directo a la cocina por un vaso de agua fría. Saque un vaso de los estantes en la pared, abrí el refrigerador y saque una jarra con agua fresca. El frío del líquido bajo por todo mi cuerpo, podía sentirlo de lo helada que estaba, pero mucho mejor, era refrescante y reconfortante. 

—¿Bill? 

Giré la cabeza con el vaso en mis labios, encontrándome a mi hermano ahí, apenas y podía mantenerse parado de lo somnoliento que estaba, con cara de muerto. 

—¿Trabajaste hasta tarde? —pregunte, dejando el vaso vacío en la encimera. 

—Toda la noche —respondió, bostezando y caminando hasta dejarse caer en el sillón— Estuvo pesado… 

—Uhm… —asentí con una pequeña mueca— ¿Quieres algo que comer? Puedo hacer algo rápido. 

Lo conociste tan bien, que sabía que no se había parado de su cama al llegar a casa, cayendo como una roca al colchón. Después de todo, estar toda la noche en vela debía ser agotador para él, así que cocinarle y hacer el aseo de esta casa era lo menos que podía hacer. Aunque he intentado decirle que puedo ayudarlo con los gastos de la casa trabajando medio tiempo, él se ha negado rotundamente. 

Tú solo estudia y saca buenas calificaciones. No te preocupes por el dinero, no hace falta que trabajes, tonto.” Decía y lo sigue manteniendo. 

No me quejaba, nunca faltaba nada en la casa y el refrigerador y los estantes siempre se mantenían llenos, siempre me había dado todo lo que quería o incluso en exceso. No tengo ni idea en lo que trabaja y, por lo que veo, gana bastante bien. Pero aun así me siento en deuda con él, mucha. Quisiera aportar al menos un poco, pero sé que sería imposible. 

—Sería maravilloso… —soltó con voz adormilada, ya cayendo en los brazos de Morfeo ahí en el sillón de nuevo. 

Me até el cabello en una coleta alta asegurando no dejar ni un solo mechón fuera y volví a la cocina. Bien, haría algo de magia por acá. Me arremangue las mangas antes de darme ánimos internos. Sería fácil, no iba a incendiar la cocina otra vez, espero… saque todo lo necesario para hacer algo rápido; ollas, vegetales. A mí pesar, a él le haría algo que llevará carné, desgraciadamente mi hermano no era vegetariano como yo, era un amante de la carne y muchas veces me ha hecho burlas por no comerlas, burlas buenas, por supuesto; ese tipo de comentarios que haría cualquier hermano mayor por joder un ratito. 

Estuve peleando con el cuchillo varias veces, y con la carne ni se diga. Cuando el olor de esta me llegó a las fosas nasales, casi dejo todo y voy al baño a vomitar, pero supe controlarlo, más o menos. Tuve que colocarme un gancho en la nariz, el olor era desagradable. Al terminar, le serví y se lo deje en la mesa. Dax, un poco más despierto, empezó a comer y halagar mi buen “sazón”. Yo me hice otra cosa, claro está. Degustamos todo en conversaciones triviales; los vecinos, cosas que quería comprar y bufas. 

—Uf… —gruñó, llevándose una mano a la barriga y sobándosela de lo abultada que estaba— Estuvo rico. Pediría un cuarto plato, pero mi estómago explotaría. 

Me reí, picoteando una zanahoria entre el tenedor y llevándola a mi boca. 

—Si, pareces una embarazada —me burlé, tragando lo que tenía en la boca. 

—Bueno, embarazada o no, ya me tengo que ir a trabajar —me siguió el juego, levantándose de la mesa arrastrando su plato vacío con él, dejándolo en el lavado— Tendrían que pagarme más por ir en estado de gestación, ¿No crees? 

—Ajá… —volví a reír imitando su acción. Yo también estaba más que lleno. 

Dax sonrió antes de desaparecer por el pasillo y entrar a su habitación. Yo me fui a la mía, desplomándome en la cama como una pluma y cerrando los ojos, comer siempre me traía sueño. No sé cuánto tiempo estuve medio dormido, hasta que la puerta se abrió y me senté como un resorte. 

—¿Eh? —trate de enfocar la vista. 

—Ya me voy. Cuídate, Bibs —dijo Dax, asomando la cabeza por el marco de la puerta. 

—Cuídate tú también —respondí como pude, frotándome los ojos— ¡Y me traes algo! —él volcó los ojos con diversión antes de cerrar la puerta— ¡Jugo de frutilla! —le grite lo suficientemente alto como para que escuchará. 

Escuché un “Está bien” antes de que el sonido de la puerta principal siendo cerrada llenará la casa. Exhale pesadamente, mirando mi habitación como si buscará algo, pero solo quería despertar un poco más. Todo estaba sucio y eso no me gustaba, siempre había sido demasiado estricto con la limpieza, algo que de vez en cuando a Dax le fastidiaba porque él era un flojo que no recogía ni su habitación, así qué ¿A quien le tocaba hacerlo? A mí. No me quejaba, de vez en cuando me encontraba dinero y me lo autoregalaba por mi buen servicio. 

Me pare de la cama. Había mucho trabajo que hacer…

&

El sábado había llegado más rápido de lo esperado. 

Me encontraba frente a mi espejo de cuerpo completo, ajustando cada detalle de mi ropa para que quedara impecable y dar una mejor impresión que la primera vez. Me puse mis accesorios y arreglé mi cabello con un poco de laca y, por último pero no menos importante: perfume, uno con olor suave a vainilla. 

Solo me quedaba esperar el mensaje de Félix diciendo que ya estaba afuera e irnos. Por lo que nos comentó Alyssa, (que había salido de la cárcel el martes en la noche) ella iría también, así que iríamos los tres juntos como los tres mosqueteros. Sin duda, ella no había aprendido la lección al estar ahí metida tres días, incluso estaba más terca en querer ir y “conocer personalmente a Tom” no quise decir nada, ella es la que toma sus propias decisiones, y yo, como buen amigo debía apoyarla. 

El reloj en mi mesita de noche ya marcaba las siete y quince, Félix era muy impuntual y me regañaba el no haberlo citado a una hora antes para que estuviera a la hora. Me giré en mi habitación, arreglando los pequeños adornos en mi habitación en forma de distracción, pero pasaban los segundos y mi celular nunca recibía una maldita notificación. Suspiré, pasándome una mano por la cara y el cabello con frustración, pero eso no serviría de nada. Después de lo que parecieron siglos, mi teléfono en la cama se encendió con ese sonidito que le había puesto. Fui y abrí el mensaje: 

-Ya estoy afuera, sal Billiflan.

Por fin. Sonreí y me miré una última vez en el espejo antes de agarrar mis cosas y meterlas en mis bolsillos traseros. El idiota de Nick aún no me había devuelto mi billetera, con la excusa de vernos otra vez, ¿por qué? Si yo ya no quería volver a verlo, era insufrible. Tuve que quitarle mi identificación, pero se quedó con lo demás, tal vez pueda comprarme otra billetera y ya está, pero ese había sido un regalo de mi madre, así que la próxima vez que Nick apareciera, le quitaría mis cosas y adiós. 

Salí de casa sin problemas, Dax casi nunca estaba los fines de semana y pasaba de preguntarle a dónde se iba esos dos días. Supongo que con alguna novia o tenía otras cosas que hacer, ni idea. 

—Alguien se esmeró en su atuendo… —dijo Félix, después de saludarme agitando la mano. 

—Hola para tí también, anti-modales —le saludé, volcando los ojos rápidamente, cayendo fijos en él— ¿Y Alyssa? —miré a los dos lados de la calle, pero solo estábamos Félix y yo. 

Él rubio se alzó de hombros, negando, pero justo en ese momento ví su figura aparecer por una esquina, corriendo a toda prisa hasta llegar a nosotros. 

—Perdón — respiraba agitada, abanicándose con las manos para darse más aire. Seguro había venido corriendo todo el camino, estaba roja— Se me hizo algo tarde, pero ya… ya está, vámonos. 

No agregamos nada, la plática fue a otras cosas menos importantes mientras caminábamos por la calles hasta la avenida principal y tomábamos un taxi. El carro nos llevó hasta las afueras de una carretera. Pagamos y salimos, caminamos guiándonos de los gritos y música que venían de más adelante. 

—Wow… —murmuró Félix con la boca abierta cuando llegamos. 

Sonreí de lado, dándole un golpecito amistoso en el hombro para que saliera de su burbuja. 

—No lo recordaba así, las cosas se ponen mejores, definitivamente —salió de su pequeño trance, caminando a nuestro lado mientras pasaba una mano por mi hombro. 

—¿Verdad que sí? —chillo Alyssa, con el mismo brillo en los ojos cada vez que venía a estos lugares— Este lugar grita que bebamos hasta perder el control. 

—No después de que Bill haya hecho el ridículo la última vez. A Billiflan hay que cuidarlo, es pequeño e inofensivo, como un gatito —le recordó el rubio, palmeándome la espalda con fuerza bruta, haciendo que me vaya dos pasos hacia adelante y casi cayendo al suelo. 

—¡Casi me tiras! —le grité para que pudiera escucharme entre tanto ruido junto. 

—¿En serio? Casi no me doy cuenta. 

—Idiota —refunfuñe, pero él volvió a pasar un brazo por mi espalda, dándome pequeños ánimos. 

Y entre todo ese pequeño descuido nuestro, Alyssa, como siempre que habíamos venido antes, desapareció entre la multitud y los autos estacionados. 

—¿Es normal que desaparezca así de la nada? —dijo Félix a mi lado. 

—Completamente —me abracé a mi mismo, hacía frío, ese frío que te hiela hasta los huesos. 

Él asintió, dándole vistazos cortos a los autos y las personas que pasaban por nuestro lado. 

—¿Y dónde está tu galán, ya lo viste? 

Observé a todos lados, pero no había rastro de él, ni su auto, ni nada.

—No… —dije con decepción— Seguro está oculto entre la multitud —murmuré, tratando de convencerme a mí mismo. 

—Mhm… —dijo él achinando los ojos, pero no agregó nada. 

Fuimos a parar a un lugar más tranquilo, lejos del ruido y de los empujones que la gente nos propinaba. Al menos había una mesa con varios tragos los cuales no nos preocupamos en ignorar. Yo agarré de lo primero que encontré, el líquido dulce, frío y burbujeante bajando por mi garganta y manchando la comisura de mis labios. 

—No sé que diablos sea, pero está bueno —al menos me ayuda a bajar mis nervios y entrar un poco en calor, ni idea cómo, pero lo hacía. 

—Solo no tomes demasiado o… 

—O voy a terminar haciendo una estupidez como la última vez —le interrumpí, volcando los ojos mientras me servía un poquito más. No necesitaba que me lo recordara a cada segundo— Si, ya lo sé, solo fue un inofensivo vaso. 

A lo lejos, los impresionantes autos de carrera seguían llegando, y el ambiente era cada vez más repleto. Hasta que hubo más gritos eufóricos y cuerpos corriendo a una misma dirección, alabando el mismo nombre: 

—”¡Tom, Tom, Tom!”. 

—¿Oye, esa no es Alyssa? —Félix me toqueteó el hombro insistentemente, tratando que mirara a dónde apuntaba sutilmente con su dedo. 

Giré a ver a donde apuntaba y, efectivamente; era ella, pero no estaba sola. Hablaba con un chico muy guapo, pelirrojo y con una sonrisa muy mona. Estaban a metros de nosotros, mientras ese tipo le señalaba otro lugar. 

Fruncí el entrecejo, ¿Sería ese el famosillo “Tom”? 

—Parece que alguien se la va a pasar muy bien está noche —rió, sin quitar la vista de Alyssa y su misterioso acompañante— Tú también, pero tu príncipe azul aún no da señales de vida. Solo falto yo, ¿Debería buscarme a alguien? 

Lo miró de reojo y volteó a mirar de nuevo al frente, negando. 

—Púdrete…

Continúa…

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por Lett_Kltz

Escritora del Fandom

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