Owners of the night 16

Fic TOLL de Lett_Kltz

Capítulo 16

By Tom

Estoy llorando la perdida de algo que nunca he tenido. Que ridículo…

Me sorbí los mocos y limpie las lágrimas que caían por mis mejillas con el dorso de mi mano con exageración, dejando que la música que sonaba de fondo hiciera esto más melancólico y terminará por destruir mi noche, mi día, mi mes, mi año, mi puta vida y ajá, todo ese rollo.

—Una cerveza… puede ayudar a que salgas de mi cabeza… —solté un hipido, acomodarme mejor en sillón— No, no puede, maldita sea. Maldito fantasma, tu nombre hace eco en mi cabeza.

Cerré con fuerza los ojos, inhalando a fondo.

—Ya lo perdimos… —le susurró Georg a Han.

Ambos miraban como me ahogaba en alcohol y hablaba conmigo mismo como un loquito. Estaban aguantando todo esto desde la tarde (porque me había puesto a llorar como una nena cuando me subí a mi auto y, en ese momento, sobrio, estaba mucho, mucho peor). Agradecía tenerlos aquí en contra de su voluntad.

—Pobrecito, si le afectó mucho, al menos ya no esta tan sensible como hace unas horas —agregó.

Han le dió la razón, sin dejar de mirarme.

—Oigan… —dije despacio después de darle un sorbo largo a mi cerveza.

—¿Eh? —respondieron al unísono.

—¿Es buena idea que vaya a su casa, me corte en cuello frente a él y… así me dé una oportunidad por lastima? —balbuceé.

—No, porque estarías muerto, idiota —respondió Han, rodando los ojos mientras le daba caricias suaves a la cabecita de Loki.

—Ah… cierto —murmure con pesar, descartando la idea de mi cabeza, tenía razón— Uhg… todo esto es culpa de Barney por hacerme creer que si yo lo quiero, él me va a querer a mí, ¡Estúpido dinosaurio mentiroso!

—Tom, acéptalo, no le interesas. Es mejor cuando lo asimilas. Es duro… pero con el tiempo lo vas a aceptar —Georg intentó animarme, dándome una sonrisa empática.

Pero solo logró que le diera un sorbo más grande a mi bebida con despecho.

—Ya… —me relamí los labios— Ya se que no le intereso, que le valgo mierda, pero… ¿que tal si mañana se levanta y piensa diferente, eh? ¿Dime qué pasa?

—Pasa que eso solo esta en tu imaginación —interrumpió Han, dejando al cachorro de lado, cruzándose de brazos y mirándome con esa expresión de papá serio que quiere hacer entrar en razón a su hijo— Ánimo, hombre… no puedes perder el control solo por eso.

Me quedé callado, ignorando sus palabras, esos no eran los consejos que quería escuchar. Por favor, endúlcenme el oído, díganme: “Si, Bill te va a hacer caso.”, “Ánimo, Tom, no todo está perdido.», “Acósalo si es necesario.»

¡No! Ellos me decían todo lo contrario… y se hacen llamar mis amigos.

—¡Ahgg!… No, no es lo que quiero escuchar —me quejé, frunciendo las cejas y negando repetidas veces.

—Pues yo no te voy a mentir, y si es necesario decirte las cosas tal y como son, sabes que lo hago —dijo Han, con voz severa. Sabía lo directo que podía llegar a ser a veces, sin pelos en la lengua.

Maldito, él había cortado mi llamada con Bill, y por si fuera poco, me quitó el celular para que ya no insistiera. Ahora mismo tenía una jodidas ganas de mirar las fotos y videos que tenía de mi fantasma en mi celular, pero sabía que no lo iba a poder recuperar tan fácil.

—Tom, ya tomaste mucho, bájale dos rayitas.

Negué.

Ellos que carajos sabían lo que era mirar al chico que te gustaba estar con otro, y todavía peor, verlo besarse con ese. Mi pobre corazón parecía pan seco, todo roto y triturado. No sé que más me faltaba, ¿Que tenía él que yo no? ¿es porque él tiene el cabello negro? ¿es eso? Tal vez si me tiño el cabello así… logre gustarle a Bill. Quien sabe y tiene un gusto raro por los pelinegros, porque se viste de negro, se maquilla los ojos con sombras negras…

Pero a la vez me rehusaba a dejar mis rastas, aunque la duda ya me la había dejado cuando me dijo que estás me hacían ver ridículo, lo admito; todas las mañanas me veía al espejo tratando de encontrarles algo malo, ver si sí me hacían lucir cómo un idiota…

Mhm…

—Tom, carajo, ya suelta esa botella, te vas a morir por intoxicación.

—Lo más probable es que le dé diarrea por tanto líquido —se burló Georg— ¿Recuerdas que a nosotros nos pasó lo mismo después de estar tomando tres días seguidos?

Seguí en lo mío, ignorando sus comentarios. Mejor, me concentré en la cerveza en mi mano y la música, dejando que calara hondo en mí, y está en especial era perfecta. Definía muy bien lo que sentía:

—¡ÚLTIMAMENTE TE MIRÁS MÁS BUENO… ME GUSTAS MAS AHORA QUE ERES AJENO, AHORITA TRAIGO UNA ASQUEROSA, MALDITA Y ESTÚPIDA BORRACHERA! ¿PERO SABES QUE? ¡TE TRAIGO GANAS, AQUÍ ESTOY AFUERA! —canté a todo pulmón como nunca, con el alcohol dándome más valentía. Estando sobrio ni lo haría, pero se sentía jodidamente bien gritarle al aire, aunque no era ni la mitad de todo lo que quería liberar— ¡PUTO KENJI, IMBÉCIL DE MIERDA! ¿Cómo se atrevió a besarlo mientras me miraba a los ojos? ¡CABRÓN IDIOTA!

Tomar, hundirme en alcohol hasta perder el conocimiento era lo mejor que podía hacer ahora. Y las voces de mi cabeza decían: emborráchate, emborráchate, emborráchate.

O le rompería la cara a Kenji, estaba seguro. Las ganas no me faltaban, pero sabía que Han impediría que cometiera una locura, o eso creó.

A mí lado, el sofá se hundió, entreabrí los ojos, mirando a Georg, que tenía una cara entre sería y divertida.

—¿Para que guardarle odio u rencor a una persona, eh? ¿Para qué insultarlo? Quémale la casa y ya, o atropellado accidentalmente —sonrió, dándome un apretón en el hombro con complicidad.

—¡GEORG! —exclamo el pelirrojo desde el otro lado, dándole una mirada severa— ¿Que clase de consejos son esos? Tom está borracho, se lo va a tomar literal.

—¿Y qué? Prefiero ver sangre que seguir escuchando como llora y canta, parece la Llorona…

Me quedé pensativo otra vez, Georg por fin había dicho algo sensato. Tal vez si lo atropello… no, no, Bill me iba a odiar el triple. Aunque quemar su casa no era mala idea, pero eso requería un plan más elaborado, y yo quería venganza ya.

Quizás… quemarle el coche por pasarse de listo sea una buena idea.

—Ya déjate de tonterías, Tom —soltó Han, rodando los ojos mientras caminaba hacia nosotros y se tiró hacia atrás en el sillón— Sabes perfectamente que un clavo saca a otro clavo. Sal el próximo fin de semana, búscate a alguien más, métete con un par de chicas o lo que sea y santo remedio. Así te lo vas a terminar quitando de la cabeza.

Lo miré muy mal, clavándole una mirada cargada de puro odio. ¿Cómo carajos pretende que haga eso? ¡No!

—Esa mierda es solo una rima estúpida de la gente, Han… —mascullé con la voz arrastrada— No hay herramienta en este mundo que saque lo que siento por ese maldito fantasma. Ningún clavo saca a Bill. Bill es como un tornillo oxidado y enterrado en mi estómago, ¿entiendes? Si lo saco, me desangro.

Georg y Han se miraron en silencio por tres segundos.

—Poético, pero patético —murmuró Georg.

—Definitivamente perdimos a Tom —suspiró Han, llevándose una mano a la frente.

Me quedé mirando fijamente al techo mientras el alcohol me hacía flotar el cerebro. De repente, mi mente se dividió en dos. Literalmente sentía que tenía un diablito y un angelito parados en mis hombros, peleando a grito pelado por el control de mis decisiones.

—Oye, Tom… —susurró el diablito, con una sonrisa malévola y cuernos rojos— Georg tiene toda la razón. Vamos a buscar gasolina y le quemamos el auto a Kenji hoy mismo. Ese coche se vería hermoso en llamas.

—¡Ni se te ocurra, Tom! —intervino de inmediato el angelito, flotando con una túnica blanca y cara de pánico— ¡Eso es un delito! Quemar un auto te va a mandar directo a la cárcel. Además, las cosas no se resuelven así. Eso no está bien.

—¡Cállate, santurrón de mierda! —reclamó el diablito, dándole un empujón al ángel— ¡Ese Kenji se robó a nuestro chico! ¡Tú mismo lo viste en las fotos y en los videos que nos mostró Han! Tom y Bill se estaban besando. ¡Eso es un robo! ¡Bill nos pertenece!

Oh, eso… cierto. Recordé las imágenes que Han me había mostrado en el club, pero cuando fui a enseñárselas a Bill para joderlo, solo encontré la escena que hacía que me quiera arrancar los ojos con un fierro…

—A ver, ubícate, demonio —contraatacó el angelito, cruzándose de brazos con firmeza— Esto es simple karma a pagar. ¿Ya se te olvidó que Tom se metió con la novia de Kenji en el pasado? Estás pagando tus deudas, Tom. Acepta tu derrota con dignidad.

—¡Por favor! —se burló el diablito, soltando una carcajada perversa— ¡Kenji ni siquiera quiere a Bill! ¿Acaso no viste cómo miró a Tom a los ojos justo antes de plantarle el beso? Él no está enamorado, solo hizo esa jugada sucia para molestarnos la existencia, para marcar territorio y demostrarnos que nos ganó. ¿Te vas a quedar cruzado de brazos mientras ese tonto usa a Bill como un trofeo de venganza?

Me erguí de golpe en el sillón, con la respiración agitada y los ojos bien abiertos. El diablito tenía toda la maldita razón. Kenji no quería a Bill… solo quería destruirme a mí.

—No voy a dejar que se salga con la suya —murmuré entre dientes, apretando la botella de cerveza con fuerza.

—¿De qué hablas ahora? —preguntó Georg, mirándome con desconfianza.

—Le voy a quemar el coche a Kenji —anuncié, sonriendo lentamente, poniéndome de pie a duras penas, tambaleándome por la borrachera— Hoy mismo…

Han se puso de pie de un salto, interponiéndose en mi camino con los brazos abiertos.

—De aquí no sales a ningún lado, Tom —habló con voz firme— Te me sientas ya mismo antes de que te meta un puñetazo para dormirte.

—¡Apártate, Han! —le grité, intentando empujarlo, pero mis brazos parecían de gelatina.

—A ver, a ver, no exageres, Han —intervino Georg con una sonrisa maliciosa, cruzándose de brazos— Tampoco es para tanto… Ah, Tom, por cierto, en el estacionamiento de Mikel hay un garrafón de gasolina lleno. Solo digo… está ahí sin usar.

—¡GEORG, HIJO DE PUTA! —gritó Han volteándose a verlo con cara de querer asesinarlo— ¡¿Para qué carajos le dices eso?! ¡Está borracho, le estás dando las armas para que cometa el crimen!

—¡Solo estoy dando opciones útiles! —se defendió, encogiéndose de hombros.

Aproveché el momento de distracción para dar un paso al frente y poner mis dos manos sobre los hombros de Han. Lo miré fijamente a los ojos con la mirada más trágica y sentimental que pude fabricar en mi estado de ebriedad.

—Han… mírame —dije con la voz grave y arrastrada, apretándole los hombros— Si de verdad me quieres, si de verdad eres mi hermano… me vas a apoyar en esto. No me puedes dejar solo en mi momento de mayor necesidad.

—Tom, no me vengas con esa mierda…

—¡Además! —lo interrumpí, alzando la voz con indignación— ¡Bill es MÍO! ¡Tú mismo me mostraste las fotos! ¡Nosotros nos besamos PRIMERO! Él me besó a mí antes de que ese infeliz de Kenji apareciera a arruinarlo todo. Tengo derechos de propiedad, Han. ¡Bill tiene un tatuaje que lo respalda!

Han se me quedó viendo por tres segundos eternos, suspirando con una pesadez que le salió desde lo más profundo de su alma.

—Está bien… maldita sea la hora en que los conocí —cedió, rodando los ojos con pura resignación— Pero se los juro: si la policía nos atrapa y terminamos en la cárcel, les voy a cortar los huevos a los dos. A Georg por darte la idea y a ti, Tom, por seguirle el juego como un demente.

—Trato hecho —sonrió Georg, levantándose del sofá como si nada.

—Toma a Loki, no lo vamos a dejar solo —le ordené a Han.

Él agarró al cachorrito que caminaba libremente y lo metió con cuidado dentro de su chaqueta de mezclilla, dejándole solo la cabecita afuera.

Bajamos las escaleras de los departamentos haciendo un esfuerzo sobrehumano por no caernos de rodillas, soltando risitas ahogadas y susurrando los detalles de nuestra «operación».

Salimos al aire fresco de la noche y subimos al auto. Obviamente yo no estaba en condiciones de tocar un volante si no quería terminar incrustado en un poste, así que Han se puso en el asiento del conductor.

El trayecto hasta el estacionamiento no tomó más de cinco minutos y en cuanto nos detuvimos, bajamos atropelladamente. Fuimos directo con Mikel, le pedimos prestado la gasolina con la excusa de que se nos había quedado el auto de Han sin combustible a unas cuadras, y el muy confiado nos lo entregó sin hacer preguntas.

Ahí estábamos los tres: Georg sonriendo como un desquiciado mientras llevaba el bote, Han cargando a Loki en el pecho, y yo, listo para ir a quemarle el coche. Mi auto lo habíamos dejado unas cuadras más lejos por precaución, y mientras más pasos daba, más inquieto me ponía.

Llegamos a la casa de Kenji. Yo conocía perfectamente la dirección (no me pregunten cómo).

Solo las luces de la planta de arriba estaban encendidas, lo que significaba que el imbécil probablemente ya estaba cómodo en su cama. El vecindario estaba tranquilo, con algunas casas a oscuras y otras apenas iluminadas, dándonos el ambiente perfecto para actuar.

Y ahí estaba. Estacionado justo en la banqueta, el deportivo coche de Kenji.

Los tres nos acercamos a pasos sigilosos, agachándonos cada tanto.

—Rápido, muévanse… —susurré entre dientes, mirando a todos lados.

—Oigan, esto es una pésima idea —murmuró Han, ya no tan convencido como antes, ajustando a Loki dentro de su chaqueta mientras el enano solo sacaba la nariz con curiosidad— Si nos atrapan, les juro que voy a decir que me secuestraron.

—Cállate, Han —le contestó Georg en un susurro entusiasmado— Tom, actúa ya antes de que salgan los vecinos.

—Dame eso —le pedí la gasolina.

Él me entregó el bote sin problema. Destapé el contenedor y empecé a rociar el líquido sobre el auto. Me aseguré de no dejar ni un solo rincón libre: el cofre, el parabrisas, las llantas, el techo, las puertas… Todo quedó bañado en gasolina. El olor penetrante nos envolvió al instante, haciendo que arrugáramos la nariz.

Me metí la mano al bolsillo y saqué mi encendedor metálico.

—Prende eso y salimos corriendo —me advirtió Han mirando a ambos lados.

Georg y yo asentimos con la cabeza.

Les di la espalda para mirar el coche. Raspé la ruedita y una pequeña llama brillante cobró vida. Contemplé el fuego por un segundo mientras mi mente se deshacía en un festival de insultos dirigidos al dueño del vehículo:

«Toma tu maldito regalo de noviazgo, Kenji de mierda… A ver si tu cochecito deportivo te sirve de algo cuando sea un montón de cenizas. ¡Eso te pasa por meterte con lo que me pertenece, imbécil, idiota, cara de perro, ojalá te guste el espectáculo desde tu ventana!»

Sin pensarlo dos veces, dejé caer el encendedor prendido sobre el cofre empapado.

El fuego se expandió al instante, iluminando toda la calle de naranja.

Sonreí victorioso, me di la vuelta para decirles «vámonos», pero para cuando miré hacia atrás… Han y Georg ya estaban como a tres diez metros de distancia, corriendo a toda velocidad.

—Mierda… —susurré al ver que me habían dejado tirado.

Me eché a correr detrás de ellos lo más rápido que mis piernas me daban, pero la borrachera me tenía el equilibrio destruido. Para colmo de males, mis pantalones empezaron a pesarme como si trajera dos bultos de cemento encima, entorpeciendo cada paso que daba. Tropezaba con mi propio dobladillo mientras intentaba no irme de cara contra el pavimento.

—¡ESPEREN, MALDITOS TRAIDORES! —les grite una vez que estábamos lo suficientemente lejos, tambaleándome.

Han y Georg voltearon un segundo hacia atrás. Me vieron corriendo como un pingüino defectuoso y, en lugar de detenerse a esperarme, Georg agarró a Han de la mano y los dos se echaron a correr todavía MÁS RÁPIDO, soltando carcajadas mientras desaparecían por la esquina.

—¡GEORG! ¡HAN! ¡SI ME ATRAPAN LE VOY A DECIR A LA POLICÍA QUE FUE IDEA DE USTEDES! —grité con voz ahogada por la falta de aire, corriendo por mi vida

Seguí corriendo durante unos diez minutos eternos, hasta llegar a un lote baldío medio a oscuras y vi dos siluetas tiradas panza arriba sobre el pasto.

Eran Han y Georg, completamente destruidos.

Llegué tropezando con mis propios pies y me dejé caer de espaldas junto a ellos, soltando un jadeo de agonía pura. Los tres nos quedamos ahí tirados, mirando hacia el cielo nocturno, intentando desesperadamente recuperar el aliento.

—Tom… —habló Han, con la voz entrecortada, llevándose una mano al pecho agitado— Ya… no… tienes que… volver a hacer esto… jamás… ¿Okey?

—Sí… —apoyó Georg con un hilo de voz, ahogándose en su propia saliva— Ya no más… Carajo… quiero agua…

Yo solo asentí levemente con la cabeza, mirando a la nada. Obviamente no les iba a prometer un carajo. Si Kenji se volvía a pasar de listo, la próxima vez le quemaba la casa entera con él adentro.

De repente, un hociquito húmedo empezó a darme empujoncitos en la mejilla, seguido de una lengua áspera que me lamió toda la cara. Era Loki, que había salido ileso de la chaqueta de Han.

—Hola, enano… —murmuré con una sonrisa.

Agarré al cachorrito y lo levanté en el aire, sosteniéndolo justo arriba de mi cara mientras lo miraba fijamente a los ojos. Loki solo movía la colita de un lado a otro, feliz de la vida.

—A ver, Loki… tú que eres sabio —hablé en voz alta, dirigiéndome al perro— ¿Qué opina la mente maestra sobre lo que acaba de pasar?

Entonces, fingí la voz del enano, haciendo un tono agudo para responder por él:

—“Pues yo opino, mi estimado Tom, que eres un completo genio” —interpreté a Loki, moviendo sus patitas en el aire— “A ese infeliz de Kenji le hacía falta un poquito de fuego en su vida.”

—¿Verdad que sí, Loki? —le respondí con mi voz normal, sonriendo con orgullo— Sabía que tú sí me ibas a entender. No como estos dos traidores que me dejaron tirado.

—“Obvio, Tom” —volví a hacer la vocecita— “Pero oye… pasando a cosas más importantes… ¿qué vas a hacer con Bill? Digo, porque ahora es el “novio” de uno de los muchos que te odian.”

—Uh, buena pregunta, Loki. ¿Tú qué me recomiendas hacer?

—“Yo te recomiendo que se lo quites, papá” —dijo la vocecita— “Róbatelo. Al fin y al cabo es el hermano de tu rival y el novio del tipo que le caes mal. Acuérdate de la regla de oro: entre más prohibida esté la fruta, ¡Más sabrosa y deseada es!”

Solté una carcajada.

—¡Me lees la mente, perrito malvado! —le dije, dándole un beso en la cabeza— Si Kenji piensa que un papelito de «novios» me va a detener, está muy equivocado. Se lo voy a quitar solo para ver la cara de imbécil que pone cuando Bill se dé cuenta de que yo soy diez mil veces mejor.

—“¡Eso! ¡Rompe ese noviazgo, quémale otra cosa si es necesario y hazlo tu perra!” —chilló la vocecita de Loki.

A nuestro lado, Han y Georg nos miraban en absoluto silencio. Georg se rió, y Han se frotó las sienes, negando con la cabeza..

—Dios mío… —susurró Han, mirando al cielo como pidiéndole perdón al creador— El alcohol ya le perforó lo poco que le quedaba de cerebro. Ahora habla con el perro y el perro le da consejos.

—Lo peor no es que hable con el perro, Han —agregó Georg, sentándose en la tierra— Lo peor es que el perro tiene razón. La fruta prohibida es más sabrosa.

—Tú te me callas, Georg… —le dijo Han, dándole un golpecito en la cabeza— No alimentes aún más su locura.

Ignoré sus peleas de gatas. Volví a pegar a Loki a mi pecho, abrazándolo mientras cerraba los ojos.

Bill Wieger podía tener novio ahora mismo… pero yo me iba a encargar personalmente de que ese noviazgo no durara ni un puto mes.

&

Estaba recargado contra la puerta de mi auto, dando una calada profunda a mi cigarrillo mientras sacaba el humo despacio. Eché una mirada rápida hacia adentro por la ventana entornada. En el asiento trasero, hecho una bolita sobre una mantita suave, Loki dormía profundamente, totalmente ajeno al escándalo de las carreras. Hoy no se lo había podido dejar a Georg porque tenía asuntos que atender y sus hermanas tampoco estaban disponibles, así que no me había quedado de otra más que traerlo conmigo.

Seguí dando rondas con la mirada entre la multitud, buscando entre la gente a ver si veía a mi fantasma, pero nada. Solo alcancé a divisar a Dax a lo lejos hablando con unos mecánicos.

De repente, divisé a Kenji caminando entre la multitud de gente. En cuanto lo vi, una sonrisa se me dibujó en los labios al recordar cómo le habíamos dejado el coche hecho un volcán en llamas.

Me hubiera encantado ver la cara que puso cuando salió a ver su deportivo convertido en un montón de chatarra.

Decidí ir a buscar un trago más lejos para despejarme, pero justo al dar la vuelta, me topé de frente con él.

Sin pensarlo dos veces, le corté el paso de inmediato.

—No sé qué carajos pretendes… —le solté a quemarropa, encarándolo a unos centímetros.

Él se detuvo en seco y me miró de arriba abajo con absoluto desprecio.

—¿De qué hablas, Tom? —preguntó, arqueando una ceja.

—Sabes perfectamente a qué me refiero —apreté los dientes, dando un paso más hacia él— Me refiero a Bill.

—Ah… ¿mi novio? —soltó, dibujando una sonrisita burlona y descarada en sus labios— ¿Por qué tanto interés, Tom? ¿Te molesta?

Resoplé con pura rabia, sintiendo cómo se me acaloraba la sangre.

—Escúchame bien… —lo amenacé en voz baja, pero peligrosa— Sé exactamente el tipo de juego que estás jugando. Si solo estás usando a Bill para joderme a mí, te juro por mi vida que te voy a romper la cara. No te atrevas a meterlo en tus porquerías.

La sonrisa de Kenji se borró de golpe y se puso a la defensiva, clavándome una mirada fría también.

—Eso a ti no te importa —respondió con tono seco y cortante— No te metas en lo que no te incumbe y deja de buscar a Bill. Que no te diga nada no significa que no me haya dado cuenta de cómo lo persigues… ¿Quieres un consejo, Tom? No le sigas insistiendo a alguien que ya está enamorado de mí.

Sentí la vena del cuello a punto de reventarme. Cerré el puño con tanta fuerza que los nudillos me quedaron blancos, a medio segundo de soltarle un puñetazo en toda la mandíbula.

Pero antes de que pudiera moverme, Kenji dio un paso al frente y soltó:

—Además… Bill no sabe lo que hiciste en el pasado, ¿verdad? Si se enterara de la clase de basura que eres… te odiaría el triple de lo que crees.

Sentí un golpe seco en el pecho…

Cerré los ojos con fuerza por un segundo, negando con la cabeza mientras apretaba la mandíbula.

—No tienes por qué involucrarlo en eso… —murmuré entre dientes, tratando de mantener la voz firme.

—Si yo, como su novio, voy y se lo cuento… Bill me va a creer a mí, no a ti —atacó sin piedad, inclinándose hacia mí para rematarme— Fue tu culpa, Tom. Nunca lo olvides… él murió por tu culpa.

El silencio que siguió entre los dos se volvió sofocante, ahogado entre el ruido lejano de los motores y voces. Kenji se dio media vuelta y se alejó entre la multitud, dejándome completamente parado en mi lugar.

Me quedé helado, atrapado en una tormenta pesada de rabia, impotencia y una culpa que me aplastaba el pecho.

Y de pronto… volví a ese día. Y como siempre: el remordimiento volvió a pesarme.

Continúa… 

Imagen 100 por ciento real de Tom en la escena del crimen:

por Lett_Kltz

Escritora del Fandom

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