

Fic de WifesKaulitz. Temporada I
Capítulo 8
By BILL
Me bajé de mi auto una vez que estuvo estacionado fuera del taller donde trabajaba Tom. Realmente estaba hecho una furia e iba a pedirle explicaciones sobre quién era BeKa.
Tal vez me vea un poco patético pero es que me siento celoso y necesito una razón para no estarlo.
— ¡Tú! — señalé a un hombre de estatura mediana que estaba en la entradita de la puerta.
— Buenos días, ¿en qué le puedo ayudar?
— Vengo a buscar a Tom, ¿dónde está?
— Tom ya no trabaja aquí. — mi ceño se arrugó de manera exagerada, mi corazón empezó a bombear rápido y la boca se me secó.
Me iba a dar algo.
— ¿Por qué? — me atreví a preguntar aun sabiendo las posibilidades de la respuesta que me iba a dar.
— Creo que…
— Renunció. — giré a ver al rubio que se acercaba a pasos lentos a mí, tenía una sonrisa burlona que solo me provocaba.
Apreté mis puños a modo de descargar las ganas de romperle la boca otra vez.
— No creo que Tom haya renunciado.
— Pues lo hizo, seguramente porque no puede cargar con la culpa de saber que traicionó a su amigo. Su conciencia debió haberlo matado.
— Mentira. — no me atrevo a creer lo que este idiota está diciendo. — A Tom le gusta su trabajo. Dime algo más creible.
— ¿Qué está sucediendo aquí? — un hombre más o menos de la edad de mi padre caminaba en mi dirección junto con el chico que le hice la pregunta. Ignoré completamente a la persona que me provocaba y le di toda mi atención. — ¿Por qué tanto alboroto?
— Buenos días, necesito saber el motivo de la renuncia de mi…
— Amante. — cortó metiendo sus narices donde no le importan.
— ¿Hablas de Tom?
— Él mismo. — crucé mis brazos y miré al hombre con altanería.
— En realidad… Tom fue despedido porque Andreas me comentó que el otro día vino una clienta con el neumático mal puesto o algo así y no me agradan los trabajos mal hechos.
En eso todo el recuerdo de Laila diciéndome que iría a su taller con la puta excusa del neumático mal compuesto llegó a mi de golpe.
Maldita Laila.
— Creame que no es la culpa de Tom. — rendido bajé mis brazos y lo observé suplicante. — Dele una oportunidad, por favor.
— No niego que Tom es un trabajador excelente y que es la primera vez que le pasa esto pero, ¿y si vuelve a pasar? Voy a quedar mal yo y el taller.
— Carajo, en serio que no fue la culpa de Tom. Fui yo la persona que vino a hacer arreglar el neumático y lo hizo bien, sólo… — inhalé profundo para volver a hablar. — Cuando lo conocí me encantó, le invité a salir y me rechazó. A si que a modo de chantaje yo mismo ponché mi neumático, vine a que él me atendiera, le pedí una cita otra vez.., la cual me aceptó solo para que yo no le dijera nada a usted y en esa puta cita ¡estaba él! — con todo el drama del mundo apunté el rostro furioso del rubio.
— ¿Andreas?
— Sí. — respondí con inocencia. — Creo que su hijo está un poco interesado en mí. — rasqué mi mentón mientras miraba a cualquier lado del taller. — Incluso ayer llegó a golpear a Tom, eh. ¿Cómo es posible que usted permita que sus trabajadores acosen a los clientes?
— Carajo…
— ¿Se imagina si yo voy y me quejo a la policía? ¡Exacto! Su taller puede irse a la ruina.
— ¡Está mintiendo, papá! — Andreas quería negar lo evidente, ¿en serio?
— En la casa hay cámaras, ¿quieres que te las muestre?
— Le creo. — susurró el papá de Andreas, enojado. Ese quería ponerse a Bill Kaulitz de enemigo, ¡pues que aguante!
— Y si despidió a Tom, ¡también despidalo a él! — amaba ver como el señor miraba a su hijo con un rostro de decepción total. Quería reirme en su cara pero eso arruinaría el momento tan serio.
— Estás despedido tú también. — con esa última aclaración el señor nos dió la espalda para retirarse a no se donde. Me aseguré bien de que todos ya no nos esten observando para reirme en la cara de este.
Creo que estaba a punto de comerme vivo a si que decidí salir del lugar aun riéndome. Me subí a mi auto y lo encendí.
Pegué un brinco cuando Andreas golpeó la ventana de la parte del chofer e intentaba abrir la puerta. Agradecí por haber puesto los seguros a tiempo porque si no…
¿Que iba a ser de mi?
— ¡Esto no se va a quedar así! — mi única respuesta fue sacarle el dedo corazón e irme riendo nuevamente.
Joder,
¿cuál es mi próximo destino?
Ah, sí.
Matar a Laila.
.
By TOM
Esa respuesta fue la muerte para Chantelle. Lo hice porque en serio no estoy de humor para aguantar sus caprichos de niña mimada.
Aunque casi me cuesta la relación.
Agh.
22:58 p.m.
Lancé mi móvil a la cama y me senté frente al escritorio. Encendí la laptop y comencé a navegar en onlyfans.
— Mierda. — la maldita página estaba en mantenimiento y me deprimí. No vería los videos de BeKa por no se cuanto tiempo. Sin sus videos mi vida no tiene sentido.
«Estás exagerando, Tom»
En fin, me eché a la cama porque no hay mucho que hacer en esta aburrida y apestosa vida. Empiezo a sentirme cansado hasta de mi mismo.
Exhalé excesivamente cuando mi móvil comenzó a sonar debajo de mi cuerpo, asi que solo lo ignoré. Me causaba cosquillas la vibración que hacía pero no lo atendería.
No tenía ánimos para nada.
Ni siquiera para Bill.
Me originó mucha duda cuando mi móvil volvió a vibrar. Esta vez si decidí atenderlo ya que nadie me llama con tanta insistencia a menos que sea mi novia (casi ex).
— ¿Hola?
— Hola, Tom. Buenas noches.
— Bill, ¿por qué llamas de otro número?
— ¿Bill? — la risa tan sensual que hizo la persona al otro lado de la línea me puso los bellos del pene de punta. — ¿Quién es Bill? No sé quien es él, tontito.
— ¿Quién eres?
— ¿En serio no reconoces mi voz? — por más que hice memoria sólo llegaba Bill a mi cabeza.
— No.
— Te voy a dar una pequeña pista y espero que la adivines, anónimo. — la noche se me acomodó al instante, sonreí como bobo cuando pude darme cuenta. Mi corazón golpeaba en mi pecho con felicidad pero… aun así, me hice el tonto.
— No logro entender la pista.
— A ver otra… mhmm… ¿only?
— ¿Only? — fruncí el ceño manteniendo la sonrisa en mi boca. — Joder, que difícil. — de nuevo su risa sensual inundó en mis oidos.
— Soy BeKa.
— Beka, que gusto que me llamas… te extrañé
— No sabes lo celoso que me he puesto cuando me has llamado Bill.
— Oh. — reí mientras tragaba salida. — Lo lamento, te confundí con mi… Agh, ¿qué importa?
— Te extrañé igual… sólo un poco.
— No sabes lo triste que me puse cuando vi la página en mantenimiento.
— Por eso te llamaba, para que anotes mi número y esperes mis llamadas hasta que podamos volver a hablar por la página.
— ¿Y ya? — vaya… eso si que me ha desanimado un poco.
— Y ya… — ambos nos quedamos en silencio luego de eso, hasta que él lo rompió. — Debo irme.
— ¡No! espera.
— ¿Qué sucede? ¿te sientes bien?
— Necesito hablar.
— ¿Quieres que hablemos mientras nos tocamos un poco?
— Dios. — gemí en voz baja sacando todo el aire de mis pulmones. Ya me había excitado sólo con eso. — Sí, así quiero hablar.
— Entonces habla, Tommy. Dime lo que quieres contarme.
Yo ya ni siquiera me acordé lo que quería contarle, me sumergí en mi propio placer. Escuchando su respiración agitada tan delicada al otro lado.
— Me contuve tantos días de no tocarme, luego llegas tú con una sola llamada y haces que rompa mi abstinencia. Diablos.
— Y tú… — desconocía a mi mano derecha. Se movía de forma anormal en mi pene y los espasmos en mi cuerpo ya se sentían cercanos. — Harás que me corra pronto.
— Imagina que me lo das en el rostro.
Mi mente hizo lo suyo. Me imaginaba a BeKa de rodillas frente a mí, su lengua húmeda afuera solo esperando a que le de mi leche. Me masturbaba de la misma forma en la que lo hago este momento.
— Eso hago ahora mismo, BeKa. Imagino que tu rostro debe ser angelical y tan tierno que me sentiré un puto pervertido luego de darte mi semen.
— Seguro que cuando me veas te voy a encantar y vas a querer darmela siempre… ya sabes… crema facial.
— No soporto más… tengo que cogerte. — dejé de oír su respiración en la llamada. Alejé el teléfono de mi oreja y ahí supe que me había colgado. — Lo intenté…
Un mensaje en mi pantalla apareció y…
— ¡Carajo!
Me puse ropa nueva, una cantidad exagerada de perfume. Tomé las llaves de mi casa y salí como un alma que lleva el diablo hacia el hotel en un taxi.
Iba pensando en cuál sería su reacción al verme o yo al verlo. Joder.
Me temblaban las piernas y las manos me sudaban, ¿por qué me ponía así si no era mi primera vez?
Agh.
¿Y si no se me para el pene cuando estemos a punto de hacer el acto?
Dios mío.
— Ya llegamos. — el taxista interrumpió mis pensamientos
— ¿Tan rápido?
— Pues si, joven.
— ¿Cuanto le debo?
— Diez. — saqué mi billetera y de ella la cantidad para poder pagar. Agradecí al taxista por su servicio y empecé a entrar al gran hotel. Me acerqué hasta la recepcionista a paso lento.
— Buenas noches, ¿en qué te puedo ayudar?
— Mhmm… vengo a ver a… BeKa.
— Claro, ¿me puedes dar el código, por favor? — saqué mi móvil con manos temblorosas para ver el código, me di un golpe mentalmente porque ya se había apagado y no podría darle el código.
— Lo tenía en el móvil y… no lo recuerdo.
— Okay, déjame ver si puedo hacer algo por ti.
— Se lo agradecería infinitamente. — ella solo me sonrió y se dedicó a teclear un par de cosas en la computadora. Hasta eso me di el lujo de mirar bien el hotel. Tenía pinta de ser un hotel de cinco estrellas y super costoso.
¿Cómo iba a poder pagar yo uno así?
— ¿Me puedes dar tu identificación? — volví a sacar mi billetera y saqué mi carnet.
«Al menos eso no lo había olvidado»
— Okay, Tom Kaulitz. El número de código es «BeKa826» la cual corresponde al número de la habitación en la que se encuentra. — me extendió una hoja para que anotara mis datos. — Sería el piso ocho en la habitación veintiséis, ¿de acuerdo?
— Sí.
— BeKa me dió indicaciones de que al momento de que tu llegaras te diera un antifaz. — rebuscó en su cajón y me dió uno que tenía algunas estrellitas adornadas en su tela. Luego la tarjeta. — Y para nada enciendas la luz, ¿sí?
— ¿Por qué? — me atreví a preguntar.
— Porque es muy misterioso. — no dije nada más porque para mí eso tenía sentido. — Ahora ve con él, no lo hagas esperar más.
Uno de los trabajadores me hizo una seña para que lo siguiera hasta el ascensor.
La cosa que más odiaba era la sensación de cuando el aparato sube. Siento que me dan muchas nauseas y no las puedo controlar.
¿O me estoy alterando mucho?
De vuelta tuve las piernas temblorosas, las manos sudaban y me sofocaba mucho con la ropa.
— Que tengas una buena noche. — las puertas del elevador se abrieron directamente en la puerta «826». Casi me infarto cuando quedé solo. Deslicé la tarjeta con cautela y entré a la habitación.
Todo a oscuras.
Caminé lo suficiente hasta que sentí lo que debía ser una cama para sentarme. Saqué mi gorra, luego la bandana y finalmente me puse el antifaz para esperar pacientemente.
El tipo era un completo misterioso que solo me provocaba un poco de miedo.
Podría jurar que esta mierda parecía una película de suspenso.
Me sobresalté al sentir como un peso a mi lado se acercaba y un suave olor a vainilla que me volvió loco.
— Hola, Tom.
Continúa…
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