Fic de WifesKaulitz. Temporada I

Capítulo 6

— ¿Te diste cuenta lo que dijiste, Bill? — me sentía completamente molesto por las palabras tan frías que soltó Bill. Sabía y entendía su resentimiento pero creo que pudo guardarselo por un momeno. — ¡Mamá se quedó llorando!

— ¡Pues si no hubiera echo mierdas tú y yo seguiríamos bien! Además yo no le creo sus lagrimas de cocodrilo. Tu madre es la persona más hipócrita que puede existir.

— Agh. — di un golpe en el asiento con estrés y dando finalizada la estúpida discución que estabamos teniendo porque en parte tenía un poquito de razón.

Sólo un poquito.

Luego de dejar a las dos mujeres mayores que nos acompañaban, decidimos… no. Bill decidió que era una buena idea ir al cine con Chantelle. Ya estabamos afuera de su casa pero no salía.

— Llámale.

— ¿A quién?

— ¡A tu novia, idiota! — cerré los ojos con fuerza cuando me gritó.

— Cálmate o te someto. — mi gemelo y yo hicimos contacto visual, este sonrió de forma ladina y solo volví a ponerme rojo de la vergüenza.

— ¿Me vas a someter, eh? — no respondí y me dediqué a buscar el número de mi novia. — A ver, quiero ver que me sometas.

— No quiero.

— Someteme.

— ¿Tom? — agradecí a todos los santos porque mi novia haya contestado, no quería seguir con esa boba conversa. — ¿Con quién estás y por qué te dijo que lo sometas?

— Cariño, ¿cómo estás? — me apresuré a preguntar con el único objetivo de cambiar la conversación.

— Bien.

— Que bueno…

— Ahora responde.

— Estoy fuera de tu casa, ¿qué tal si sales, eh? — ella ni siquera me respondió  y sólo dió por terminada la llamada. Cinco segundos después la vi salir toda molesta.

— Alguien está de mal humor, eh. — él se reía de una forma burlona y yo quería que la tierra me trague.

— Ah, ya entiendo.

— Subete rápido. — le dijo mi gemelo. — Te queremos llevar al cine.

— ¿Qué te hace pensar que quiero ir contigo?

— Uhm, ¿quieres que empieze a enumerar razones? Bien, la primera: Tom y yo a solas en el cine. La segunda: Tom y yo…

— Bill, ya. — la rubia suspiró con fuerza mientras se subía al auto cerrando la puerta con fuerza. Vi a Bill tragar saliva quizás tratando de controlarse y no decirle cosas hirientes mientras ponía el auto a correr.

Este era un nuevo Bill. Uno que yo ni siquiera conozco.

— Al menos un buenas tardes, ¿no?

— Si quieres me bajo.

— Chicos ya. — intervine un poco irritado. — ¿Pueden llevarse bien al menos por mi?

— ¡No! — respondieron al mimo tiempo.

— Agh.

Después de unos quince minutos por fin nos adentrabamos al cine, veríamos la nueva película de Saw. Bill fue el encargado de comprar los boletos de los asientos y yo la mejor parte: las palomitas, algunos nachos, coca cola y un dulce que se lo daría a mi novia para que se alegre la vida.

Mientras tanto con Bill:

— Mira. — caminé acercandome hasta la novia de Tom con una sonrisa burlona. — He comprado tres asientos y… ¿adivina quien va a ir en el medio? Exacto, yo. El favorito de tu novio. Ojo que la idea de que tú te sientes a mi lado no me agrada pero… ¿que más da? Así es la vida.

— Mira, Bill marica. — la voz de esta sonaba intimidante y un poco amenazante. Levante mi rostro mientras la miraba aun con esa expresión de burla. — ¿Para que carajos regresaste?, ¡Tom estaba bien sin ti!

— ¿Segura?

— Sí, segura.

— Mentira. — respondí con seguridad.

— No sé quién te hizo subir en esa puta nube en la que andas pero estoy segura que te vas a bajar muy pronto de ella cuando te des cuenta que sobretodo tu hermano siempre me va a elegir a mi.

— Calma, Chantillí o ¿cómo te llamabas? Ah, tu nombre es lo de menos… sólo… vuelve a repetir eso último. — con ganas acerqué mi oído a su boca para escucharlo más cerca. — Repítelo, Chanti.

— Chantelle Paige para ti.

— Anda, sabes que no es eso lo que quiero escuchar.

— Dije que…

— Ya tengo nuestras palomitas. — maldito seas Tom precioso Kaulitz. ¿Cómo te atreves a interrumpir la magestuosa charla que estoy teniendo con mi cuñada favorita?

Agh.

— ¿De que hablaban?

— Mi amor, le contaba a Bill lo mucho que me amas y lo bien que va nuestra relación.

— En realidad no fue así pero bueno. — con lentitud me acerqué hasta mi hermano para darle el boleto de su asiento, luego se lo dí a la intrusa.

Empezamos a caminar hacia la sala luego de mostrar nuestros boletos. Amaba sentarme en las partes altas de la sala porque se veía mucho mejor sin interrupciones y lo mejor de todo es que Tom estaría a mi lado.

La idea del cine ocurrió de imprevisto, realmente ibamos a quedarnos en casa encerrados mientras la veíamos comodamente pero él no quería.

Siempre era Chantelle esto, Chantelle lo otro y me molestaba.

¿No podía estar solo conmigo y ya?

La cara de mi cuñada estaba como para sacarle una foto y publicarla en redes. Estaba molesta.

¿Por qué?

Simple, porque Tom no dijo nada y tampoco se quejó sobre los asientos. Es más, pienso que la idea si le había gustado pero le costaba admitirlo.

Y, finalmente la película empezó emocionandonos a todos.

— Tom. — susurré llamando su atención.

— ¿Mhmm?

— ¿Me abrazas?

— Si lo hago mi novia se molestará.

— Pero solo será un abrazo de hermanos, Tom. — oí como suspiraba y pronto su mano rodeaba mis hombros.

&

Posteriormente de lo que acabo la película ya nos dirigiamos a nuestros respectivos hogares. A regañadientes Chantelle se quedó en su casa SOLA.

Remarco esa palabra porque intentó hacer que Tom se quedara con ella con excusas y mi tonto hermano solo dijo un «estoy cansado, tengo sueño.»

En este instante ambos nos escontrabamos bajando del coche, listos para entrar a la casa. Tom estaba buscandose la llaves en sus anchos pantalones mientras yo me dedicaba a sacar un cigarro para fumar.

Me desesperaba esperar.

— ¿Ya? — pregunté dandole una calada profunda a mi cigarro.

— No, tal vez se me cayeron en tu auto.

— ¿Te ayudo a buscar? — Tom negó mientras me arrebataba el cigarro. — ¿Desde cuando fumas, eh?

— Desde que mi gemelo lo hace. — los dos nos reimos de forma suave.

— ¿Crees que mamá está en casa?

— No. — me apresuré a decir. — Esta mañana le dijo a tu papá que iría a cenar con su grupo de la iglesia y que quizás llegue tarde, luego él se ofreció a acompañarlas y supongo que estan ahí junto con Sara.

— Mierda, nos quedaremos aquí chupando frío.

— ¿Por qué no nos chupamos otra cosa?

— Bill, ¿es en serio?

— Agh, por favor. — rodee los ojos y me pegué a su cuerpo muy pero muy cerca. Mi gemelo solo me abrazó apoyando su frente en la mía. — ¿Por qué…

— ¿Bill? — Tom me separó de él casi haciendome caer cuando esa voz masculina que me resultó familiar mencionó mi nombre. — ¡Tú eres Bill, carajo! ¡Ahora entiendo todo!

— ¿Y tú eres..? — entrecerré los ojos mirando su rostro con la intención de que me dijera su nombre.

— Bill él es Gustav.

— El mejor amigo de Tom.

— Ah, no logro recordarte.

— No importa, solo… bienvenido otra vez. Me alegra que Tom te haya encontrado.

— Nuestro encuentro no fue tan agradable que digamos.

Yo solo me reí recordando el día en que casi me quedo viudo.

— ¿Qué hacen aquí afuera?

— Solo charlabamos.

Saqué de mi bolsillo la llave de mi auto y lo rodee para abrir la puerta del copiloto. En efecto las llaves estaban caídas ahí y lo agradecí eternamente. No quería seguir hablando con ese Gustav.

— Tom encontré las llaves, voy a entrar, ¿está bien? Adiós, Gustav. Que… gusto conocerte. — no esperé más y me metí a la casa dejando la puerta entreabierta para que Tom ingresara.

Mientras tanto con Tom:

— ¡Tienes que contarme todo! — susurró/ gritó mi amigo con felicidad. — ¿Ya hiciste eso como bienvenida?

— ¿Qué cosa? — rodee los ojos con disgusto. Si sabía bien a lo que se refería.

— Eso.

— ¿Eso qué?

— ¡Coger!

— ¡Shhh! — alarmado puse ambas manos en su boca. — No grites así, te pueden oír. — con lentitud quité mis manos y las metí a mi bolsillo.

— Ash, ni que fuera un secreto que se gustan.

— ¿Podemos ir a tu casa y lo hablamos mejor?

Mi amigo asintió y caminamos hasta su casa. Al entrar salude a sus padres con un «Buenas tardes» y subí junto con él hasta su habitación. Como había la suficiente confianza me tiré en su cama mientras miraba el techo.

— Te escucho.

— Uhm, tengo miedo primero que nada.

— ¿Por qué?

— Es que este Bill que conozco es diferente, uno un poco más descarado y grosero.

— ¿Quieres que te recuerde la razón?

— No, gracias.

— Mejor ve, acurrucalo en tus brazos, bésalo y dile que no sea así. Listo.

— Ja, ja, ja. Que gracioso.

— ¡Si yo vi que estaban a punto de besarse!

— Mentira. — me levanté de su cama con el móvil en manos, miré la hora y me alisté para huir de sus preguntas. — Sólo estabamos hablando.

— Ajá y yo soy spider-man.

— ¿Ves la hora? — le mostré la pantalla de mi móvil. — Es hora de irme. — salí de su cuarto casi corriendo mientras oía las risotadas de mi amigo a mi detrás.

Ni siquiera logré despedirme ya de sus padres y solo entré a mi casa sin cerrar la puerta a mi detrás. Entré como si hubiera logrado escapar de una persecución.

— Te hablo luego, Laila. Cuídate. — caminé un poco más y me tiré al sofá con los brazos abiertos. — ¿Todo bien?

— No.

— ¿Qué pasa? — me senté en el sofá haciéndolo asustar un poco.

«Es ahora o nunca.» — pensé.

— Bill, ven aquí. — palmee mi muslo derecho para que se siente en él. En pausa se acercaba a mi y se sentó mientras me miraba con el ceño fruncido.

— Estás actuando como. un completo idiota, ¿sabes?

— Bill.

— ¿Qué?

— Yo sé que me dije a mi mismo que no iba a jugar con fuego.

— ¿Y qué?

— Pero el fuego que me quema… vuelve a gustarme tanto.

— ¿Qué tengo que ver yo en todo esto, Tom? — el silencio abundaba en la sala, nuestra respiración se oía mucho más que todo. — ¿Mhmm?

— Me gustas. — con el propósito de no dejarlo hablar me lo besé.

El corazón me latía de forma acelerada y quizás el suyo también. Enterré mis dedos entre sus rastas para apegarlo mucho más a mi. Su lengua jugueteaba con la mía de forma experta que me sentí un novato.

Su mano se deslizaba por mi espalda, sentía sus uñas prenderse en ella, arrancándome gemidos placenteros contra su boca.

Mientras me dejaba llevar terminamos acostados en el sofá, él encima de mi y yo con la polla dura apretándose en su culo.

— También me gustas, Tom.

El rostro de Bill estaba un poco sonrosado por la calor, sus labios eran un poco más rosaditos y solo me provocaron más.

Asi que volví a unir nuestros labios, provocando sonidos de chasqueo. Mis manos apretaban sus nalgas con fuerza para hacer que se friccione contra mi pene.

Sus gemidos eran muy dulces para mis oidos, joder.

— Bill, ¿me dejas pasar?

El cuerpo de mi hermano se tensó, no iba a preocuparme ahora en saber el por qué… sólo quería tomarlo y hacerlo mío de una vez por todas.

— ¿Tan pronto? — sonrió contra mis labios con picardía. — Al menos invítame a tomar un café, ¿no crees?

— Te invito galletas muu, de esas que siempre te gustaban de pequeño.

— Que galán.

— ¿Eso es un sí?

— No comas ansias.

Mordí mi labio inferior cuando su mano delgada se coló entre mis pantalones para tocarme.

«Me sentía igual de excitado que cuando veo los videos de BeKa»

— Siento que me provocas tanto, Bill.

— No lo hago con intención.

— Yo siento que si, Billy.

— Uh. — volteamos para yo quedar encima de él. Miré sus labios resecos y con ganas deslicé mi lengua para mojarlos. — Tom.

— ¿Sí?

— Pero que mierda. — Bill y yo nos separamos de ipso facto. Como pude me puse de pie y miré a Andreas parado en la puerta de mi casa. — ¿Interrumpí algo?

— Sí. — respondió Bill irritado. — Estaba a punto de… — mi hermano ni siquiera acabó de decir porque Andreas me soltó un puño tan fuerte en la mandíbula. — ¿¡Qué te pasa, imbécil!?

— Carajo. — murmuré adolorido. — ¿Eso por qué?

— ¡Sabías muy bien mi intenciones con él, buen amigo!

Mierda.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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