
Fic de WifesKaulitz. Temporada I
Capítulo 5
La sonrisa de Bill se extendió como nunca en su rostro y su pene comenzaba a segregar líquido pre-seminal a montones mojando su boxer. La idea de tocarse con Tom «su hermano» a través de una pantalla lo hizo sentirse más cercano a él para poder tener un encuentro sexual.
Sólo tenía que maquinar bien el plan para que no lo descubra.
— ¿BeKa? — llamaba Tom un poco con nervios de lo que este pueda pensar. — ¿Pasa algo? Te quedaste mudo.
— Solo me diste una buena idea para mi siguiente video.
— ¿Puedo saber cuál es?
— Cometer incesto en mis videos me generaría mucho más de lo que gano.
— No me molestaría actuar como tu hermano.
«Claro que no te molestaría porque realmente somos hermanos»
— Quisiera que vengas aquí y me toques, no sabes cuanto te pensé desde mi primera videollamada contigo.
— Iré cuando quieras, no importa la hora. Sólo iría y te lo haría una y otra vez. — gracias a esas palabras Bill llegó al orgasmo, fue uno explosivo que lo dejó debilitado y ni siquiera se tocó.
Tom traía una sonrisa floja al ver como su mano se llenaba de su escencia.
Se sentía conectado con BeKa aun sin conocerlo en persona.
— Estaremos hablando, Beka. — esta vez fue Tom quien dió por finalizada la llamada, dejando a Bill ansioso de más.
— ¡Laila! — envolvió una toalla en su cintura y salió corriendo hasta su habitación. — ¡El tipo anónimo de nombre Tom me llamó otra vez!
— Ajá y de seguro ya pensaste que es tu hermano. Ya supéralo, Bill.
— ¡En serio es mi hermano!
— Creo que la ida a la casa de tu familia te tornó la mente.
— ¡No! Es en serio. Es Tom, mierda.
— ¿Pruebas?
— Ese Tom me dijo que su hermano lo besó hace un momento y que le causó una maldita erección, y ¿sabes quién más besó a su hermano hace un momento atrás?
— Tú.
— ¡Exacto!
— Agh, solo… cógetelo de una vez, Bill. Se notan las ganas que se tienen, en serio.
— Cómo sea. — suspiraba sentándose en la cama. — O sea, ¿te das cuenta que si quiero cogermelo solo tengo que decirle la ubicación y ya?
— Ajá.
— ¡Ya quiero follar con Tom, Laila!
— Dios. No sé quien está peor, si tu mamá o tú.
— Claramente es Simone, no hace falta que lo digas. — la castaña soltó una risotada estruendosa y contagiosa que también hizo reir a su amigo. — No, ya. Hablando en serio…
— Tiene novia. — interrumpió su amiga con la ceja arqueada. — Que no se te olvide.
Bill frunció el ceño de manera exagerada al oír eso. Chantelle no era un impedimento para él.
— Si yo quiero con Tom, no con su novia.
— Agh.
— Ajá, a ver. Te sigo contando. — Bill se notaba bastante contento con la idea e imaginarlo lo ansiaba más. — Siento que si voy a la casa y lo provoco por un buen tiempo, va a caer fácilmente ¡y ya, Laila!
— Pero si te dije que yo quería cogermelo primero, Bill.
— Quizás esto que te voy a decir suene grosero, magic Laila, pero… a sus ojos no existes. — eufórico se levantó de la cama dispuesto a hacer sus maletas. — Adiós.
— Muerete. — la castaña le sacó el dedo corazón con una sonrisa ladina.
— Ojalá y sea con el pene de mi hermano, amén.
— Amén. — terminó Laila con una risa burlona.
.
By TOM
— ¡Tom! — entre sueños oía la voz de mi madre llamándome a lo lejos. — ¡Tom, despierta! — esa voz se acercaba cada vez más hasta mi y…
— ¡Au, mamá! — Simone me levantó de la cama mediante un jalón de orejas. Que mala manera de empezar el día.
— Tom Kaulitz te estoy llamando desde hace rato.
— ¿Qué pasa?
— Alistate, ya vamos tarde a la iglesia. — con los ojos entrecerrados tomé mi teléfono para ver la hora.
— Mamá.
— ¿Qué?
— Son las seis y media de la mañana y la misa siempre empieza a las ocho, joder.
— ¿Y qué? Siempre hay que estar con anticipación, Tom.
— Uhm, ya.
— Y sobre todo porque esas serpientes que tienes en la cabeza no secan rápido.
¿¡Cómo se atreve a llamar serpientes a mis bebés!?
— Agh.
— Apresúrate.
Rodee los ojos con estrés mientras miraba a mi madre salir de la habitación, me saqué la pantaloneta para quedar como dios me trajo al mundo, envolví la toalla en mi cintura y me dirigió al baño.
Me sentía de mal humor.
Toda la noche estaba maldiciendo por no pedirle el número a Bill para comunicarme. No sabía si este llegó a la casa a dormir o no.
Al entrar al baño le puse seguro a la puerta. Me quité la toalla y la colgué en el perchero. La cara me quemó al ver a Bill deslizar la puerta de la ducha completamente desnudo.
— Y- yo… ¡perdón! — fue lo único que me apresuré a decir para justificarme.
— Idiota, sólo pásame una toalla. — estaba tieso en mi lugar, no me movía para nada. — Rápido. — di un salto con susto y tomé su toalla para pasarle. El contacto de su mano con la mía me erizó la piel.
— Okay, yo… voy a esperar afuera.
— ¿Por qué? — me preguntó con una voz inocente y yo solo quería que la tierra me tragara. — ¿Acaso te da pena verme así?
— Mucha. — susurré.
— Oh, si nos bañábamos juntos hasta los doce, Tom.
— Ahora es… diferente.
Agradecí que mi hermano no dijera nada más y se saliera de la ducha. Sólo espero que ninguno de nuestros familiares lo viera salir de aquí.
No quiero jugar con fuego.
Suspiró con tranquilidad cuando estuve completamente solo. Abrí el grifo lo suficiente para que el agua fría cayera y me bajara lo que tenía entre las piernas.
Pero…
No funcionaba.
— ¿Por qué? — la única calma que tenía era mi mano y ahora mismo la usaría. Me daba apretones como regaño por excitarse mirando la desnudez de mi hermano. — Y eso que ni siquiera lo vi todo. — murmuré. — Solo sus pectorales pálidos. De seguro y son suaves. — mi derecha no paraba de moverse sin control. — Mi lengua recorriendo tu piel, uhm…
Con la mano libre apreté los testículos, incitando a correrme de una vez.
— Me estoy haciendo una puta película y es incestuosa en mi cabeza pero me encanta… mucho más si es Bill.
— Tom.
— Ahora estoy hasta imaginando su voz.
— Tom.
— Sigue, que voy a acabar.
— Tom.
— Sí… — mordí mi labio inferior mirando como todo ese líquido blanco salía y se mezclaba con el agua. — Ay…
— Tom, — repitió una cuarta vez, haciendo que me de cuenta que no la imaginé. — Te estamos esperando para desayunar. Tus padres dicen que llevas un largo rato en la ducha, eh. ¿Qué haces, pillin?
— Ya salgo.
Ahora si pude bañarme con más normalidad al no escuchar nada más.
Luego de la ducha me puse ropa cómoda, envolví mi cabello en la toalla y bajé a desayunar a lo que ahora si llamaría «familia».
— ¿Por qué has tardado en la ducha?
— No importa el por qué. — Simone comenzó a servir el desayuno para todos. — Lo importante es que está aquí.
— Seguramente se estaba haciendo un mañanero. — mi tía y mis padres miraron a Bill con molestia.
— Bill. — el viejo se aclaró la garganta, alistandose para darle un regaño. — No decimos esas suciedades aquí en la mesa.
— Y yo estoy segura que Tom no hace eso.
Ay, mamá.
Pero que equivocada estás.
&
El trayecto a la iglesia se hizo más corto ya que Bill se ofreció a llevarnos en su auto ya que mi padre decidió llevarse el suyo al trabajo.
La misa se hizo eterna para mí, creía que era un poco aburrida y más si la daba un viejo canoso de unos sesenta años. La mayoría de los curas que tienen esa edad hacen de las misas aburridas con su voz.
— …nos iremos con la bendición del padre, del hijo y del espíritu santo.
— Amén.
— Pueden ir en paz.
— Mierda. — murmuró Bill siguiéndome detrás. Los dos dirigiéndonos a la salida seguido de las demás personas. — ¿No te aburres cada que vienes aquí?
— Te acostumbras. — respondí de forma seca. ¿Cómo podía hablarme tan normal luego de lo que pasó en el baño?
Lo vi rodear los ojos de soslayo mientras se cruzaba de brazos. Una vez que estuvimos fuera de la iglesia, mi madre recibía saludos de todas las personas como si fuera muy conocida ahí.
— ¡Hermana Simone, que gusto verte!
— Hola, Luchita.
— ¡Hermana Sara, a los tiempos que le veo! Está como que más gruesita.
— ¿Y esta quién es? — burló Bill al ver el maravilloso atuendo de la mujer que abraza a nuestra madre y tía. — Que gracioso se visten las señoras hoy en día.
Me reprimí una risa solo para no llamar la atención y evitar un regaño. En realidad si, ¿por qué las señoras evangelistas se visten así?
— Mira, Luchita. Ellos son mis hijos: Tom a quien ya lo conoces y Bill, mi hijo recién…
— Llegado de España. — interrumpió el mencionado extendiendo su mano a la mujer. Luchita miró a Bill fingiendo sorpresa y una sonrisa de alegría mientras tomaba su mano.
— Que grandote y guapote.
— ¿Verdad? — cuestionó Bill con altanería. — Me lo dicen siempre, gracias.
— Oh, Simone. Yo creo que tu hijo haría una linda pareja con mi sobrina Naty.
¿Qué es eso que estoy sintiendo, eh?
¿Acaso son celos?
— Claro, Lucha. — comentó la tía Sara mientras abrazaba a Bill de la cintura. — Tú lo dijiste, haría… entre comillas, en tiempo de nunca pasar.
— ¿Por qué?
— ¿A ti que te importa, Lucha? — entonces mi hermano no aguantó más la risa y explotó sin control en la cara de la señora, haciendo que se sienta seguramente… mal.
— Ay, solo trataba de enterarme las cositas, eh.
— Lucha, mejor anda y búscate un marido para que dejes la chismosería. Vámonos, niños.
Esta vez fui yo quien acompañó a Bill con la risa. Pero yo me reía al ver la cara roja de la molestia de mi mamá.
— ¿Así son siempre?
— No sabes, mijo. Aqui la gente quiere enterarse hasta de cuando vas al baño.
— ¡Sara! — exclamó mi mamá en un tono de molestia. — Cuida tus palabras.
— Ay, sólo trato de ser la tía buena onda.
— No lo eres.
— Sí lo soy.
— Tom. — escenas sádicas de la ducha recorrieron mi mente al oír a Bill llamarme. Con cierto recelo voltee a verlo a los ojos y solté todo el aire acumulado en mis pulmones. — ¿Tienes planes para hoy?
— Eh, sí… — aclaré mi garganta. — Voy a salir con mi novia.
— Ah… — Bill arqueó las cejas a modo de sorpresa fingida.
Yo, en realidad no tenía planes con Chantelle pero tampoco quería salir con él. Seguía sintiéndome incómodo.
— Sí…
— Hermanos mejores que chicas, ¿te acuerdas?
Oh, no.
¿Ahora vas a usar eso para hacerme cambiar de opinión?
Wow.
— Claro que me acuerdo, Bill.
— Entonces estoy seguro que vas a llevarme a tu salida con tu novia, no me importa ser el mal tercio.
— No creo que a…
— No me importa lo que ella crea o no Tom, ella te tuvo todo el tiempo que desaparecí a si que…
— Si, claro. — volví a suspirar en modo de derrota. — Si quieres puedes llevar a Laila.
— ¿No oíste lo que dije? — por el tono en el que lo dijo sabía que empezaba a molestarse.
— Uhm, si…
— ¿Nos vamos, chicos? — agradecí mucho internamente a mi tía que haya interrumpido la incómoda conversación.
Bill solo me dió una última mirada para luego subirse al auto. Dios… me resulta tan complicado socializar nuevamente con él si tengo un pensamiento sucio en la mente.
— Oí que van a salir. — comentó mi tía con una sonrisa. — Me parece bien que vayan a recuperar su tiempo entre hermanos.
— No es así. — respondió Bill. — Tom prefiere salir primero con su novia y no conmigo que soy su hermano.
— ¿Quién te entiende? — estaba empezando a hiperventilar. Me sentía acosado. — Sal con Bill, acércate más, conversa y cuéntale tus cosas. Siempre rogabas por tu hermano, ¿y ahora qué?
Joder.
¿Mi madre estaba apoyando eso?
Tiene que ser una maldita locura.
— Tu mami tiene razón, mijo.
— Exacto, Tommy. Hazlo, porque no sabes en que momento Simone pueda volver a separarnos.
Continúa…
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