

Fic de WifesKaulitz. Temporada I
Capítulo 32
Me encontraba en la habitación de Tom en pijama, esperaba a que llegue desde hace como ocho horas. Lo llamaba y me rechazaba todas las llamadas y nada. Ya debo parecer un jodido mapache con los ojos hinchados. Sentía mi cuerpo débil.
Laila había venido como cuatro veces con el desayuno, haciendo que intente comer y a la cansada le recibí. Se quedó esperando a que terminara de comer para irse, al final terminé vomitándolo todo hasta sentir mi estómago vacío.
Mi rostro quizás se iluminó un poquito cuando la puerta se abrió dejando ver a la persona que esperaba con ansias. Corrí a abrazarlo y me correspondió de la misma manera. Estaba aliviado, creí que se molestaría conmigo.
— ¿Cómo está? — le pregunté.
— Igual. — suspiró. — Vine por dos cosas: la primera es que necesitamos un abogado para el juicio en contra de Andreas urgentemente, me llamó el comandante a decirme que están apelando para que salga con fianza y no hay que permitirlo. La segunda para pedirte una explicación por lo sucedido hace unas horas en el hospital.
Exhalé, alejé su cuerpo del mío para darle la espalda. Crucé los brazos pensando en qué decirle.
— Papá piensa que lo odias, Bill.
— Y no te mintió. — murmuré. — Lo odio porque estoy seguro que el tiene algo que ver en todo esto y…
— Yo también lo pensé y si no me equivoco siento que esta casa está detrás de todo esto. — intervino seguro y convencido de lo que decía. — Hay que colocar algunas cámaras de seguridad, Bill.
— Si hay, lo grabaron todo.
— ¿Las viste? — afirmé con lentitud. — ¿Él la empujó?
— No fue él. — solté mis brazos para luego voltear a encararlo. — Fue Angela, Tom. Piensa vender la casa si muere Simone y por eso no tienes que permitir que se muera. Yo me encargo del resto.
— ¿Angela?
— Sí, quiere el dinero de la casa y ¿sabes qué es lo peor? ¡Que la puta casa es mía y no de tu mamá! — el rostro de Tom se tiñó de rojo intenso, está furioso, puedo sentirlo. — Relájate, solo no dejes morir a Simone.
&
Ingresaba al hospital yo solo, en manos tenía un par de tulipanes. Esas le gustaban mucho a Simone desde que me acuerdo. En la entrada me topé con Gordon quien igual venía a verla a si que para aprovechar y hacer una sola el entraría conmigo. También creí que era el momento para disculparme de mi mala conducta la primera vez que lo vi.
Lo sorprendente de todo es que lo aceptó y empezamos a congeniar muy bien, como la relación de padre a hijo que siempre quise con mi verdadero progenitor. Teníamos muchas cosas en común, el tipo realmente me agradaba.
Al entrar a la habitación donde se encontraba Simone lo primero que hice fue darle un beso en la frente.
— Oye, vieja. — dejé las flores a un lado y tomé su mano. — Hay alguien que vino a verte y ¿sabes qué? Nos llevamos muy bien. — entonces Gordon se acercó a ella con una sonrisa.
— Hola, mi mujer bella.
— Estaré fuera, ¿sí? — él asintió. Salí de la habitación hasta la sala de espera, tenía que recibir una llamada por parte de Tom y no llegaba hasta el momento.
Me desesperaba no tener una noticia, a si que le llamé yo. Repicó dos veces para que me contestara.
— Hola, precioso. —me ruboricé enteramente al escuchar esas palabras. — Te tengo buenísimas noticias, ya estoy yendo junto con Hannah y el abogado hacia el hospital. — sin decir más colgué, me senté a esperar con la pierna cruzada.
«»Precioso»»
— Ay, me dijo precioso. — mordí mi labio inferior evitando esconder una sonrisa pero es imposible, me emocionaba más la idea de que Tom me diga precioso que cualquier otra cosa.
Por poco y saltaba de la felicidad.
— Bill. — me levanté de un salto para recibir a Tom con un beso en la boca, no pude controlarme nada.
— ¿Que no eran hermanos? — oí susurrar al hombre de smoking gris confundido.
— Ah, así son los hermanovios. — excuso la castaña. — ¿Acaso no los has visto? Se besan, se abrazan y así se demuestran su amor ese par de cavernícolas. — reí al escuchar eso último cuando me separé de Tom, recién ahí me digné a saludarla de un abrazo asfixiante y al abogado con un estrechon de mano.
— ¿Y bien?
— Es el hermano mayor de Hannah, Jacobs.
— Mucho gusto. — estrechamos nuestras manos y sonreímos al mismo tiempo. — Soy Bill Kaulitz.
— El gusto es mío. — Jacobs me miraba de una forma un poco intensa, no voy a negar que se ve atractivo y que si no estuviera con Tom y fuera más alto le haría de todo pero no estoy soltero y tampoco me gustan los chicos bajitos.
Los detesto.
— Con la declaración de Hannah fue suficiente. — empezó diciendo. — El acusado tampoco lo negó y dijo en frente de todos que si se diera la oportunidad lo volvería a hacer. Le dieron una condena de catorce años en prisión y pronto lo trasladaran a la prisión en Berlín.
Me dió un poco de escalofríos escuchar eso, al menos me deshice de uno.
— Lo rabiosa que estaba Angela, ¡armó todo un show!
«Si Dios quiere ella también se va a hacerle compañía en la cárcel de mujeres» — pensé.
— Ya puedes estar más tranquilo, cariño.
— Sí… — sonreí. Mi móvil comenzó a sonar, lo saqué y vi el nombre de Laila en la pantalla. — Con permiso. — caminé hasta alejarme de ellos y atendí. — Amiga, hola.
— ¿Cuál hola, perra? Ven rápido a Einslive, te quieren entrevistar con respecto a lo de Andreas y Angela, ¡es hora de facturar!
— Uhm, no puedo. Estoy en el hospital con Tom y…
— Un ratito. — suplicó.
— ¿Puedes decirles que tal vez para mañana, sí? Explícales el por qué y que a las tres iré.
— Al menos ven y hazte presencia, un ratito. — bufé estresado por su insistencia.
— Bien, iré.
Mientras tanto con Hannah:
Entrecerré los ojos mirando a mi hermano mayor, actuó como un completo imbécil cuando miró a Bill y estrechó su mano. No quiero pensar mal pero cualquier persona con tres dedos de frente diría que fue su amor a primera vista.
— ¿Tom? — preguntó Bill acercándose a nosotros, vi de soslayo como se acaloraba el muy idiota.
— Entró a ver a su mamá.
— ¿Puedes decirle que nos veremos en casa para el almuerzo?
— Sí, pero ¿a donde vas tú?
— Iré a Einslive a hacerme presencia. — asentí con lentitud. — Y otra vez gracias por tus servicios, Jacobs.
— No es nada.
— Uhm. — me despedí de un ademán de manos y lo vi irse. — Jaco. — llamé su atención. — ¿Por qué miras tanto a Bill?
— Y-yo… — aclaró su garganta, se acomodó la corbata y aspiró. — Estoy suscrito a su canal de Onlyfans, Hannah.
¡Pero yo no sabía! Me enteré cuando vi el escandalo en su casa, todo salió por tv.
— Ajá.
— Es muy atractivo, Hannah.
— Mejor te digo de una cosa, no intentes nada con él porque sería muy poco profesional de tu parte que quieras bajarle el novio a tu cliente porque te recuerdo que Tom también es tu cliente y aparte Bill no se metería contigo.
— Yo no dije que…
— ¡Pero lo pensaste! — interrumpí histérica. — No sabes lo que esos dos pasaron para estar juntos y no va a llegar ningún pelagato a arruinar su felicidad, ¡por ellos estoy dispuesta hasta morir, Jacobs!
— Sí, claro. — bufó recostándose más en el asiento. — Algún día van a terminar y para ese entonces estaré yo.
— No creo que Bill se fije en ti, imbécil.
— ¿Por qué no?
— Bill es como alcanzar una estrella y alcanzar una es imposible, ¿ahora ves?
— Bueno, solo estaba bromeando. Tranquila. — ya se me subió la presión y las ganas de pelear, ¿por qué siempre tiene que ser así?
— ¡Ni siquiera de broma! — chillé. — Confórmate con ver su contenido y amarlo en secreto, fin del tema.
.
By TOM
— Bill es un chico de sentimientos preciosos, Tom. Cuando estaba viniendo lo encontré, se disculpó conmigo de manera muy sincera y mientras hablábamos descubrí que compartiamos cosas en común, de padre a hijo. Si tan solo tu madre me diera la oportunidad de estar con ella yo sería un buen padre y amigo para ustedes, en esta etapa es donde más lo necesitan. — sonrió. — Conozco a Simone desde hace mucho y perdóname que te lo diga pero no me ha querido aceptar por miedo a que ustedes me rechacen.
— Es increíble que Bill haya hablado contigo después de su primer encuentro en la casa. — dejé de mirar la ventana que daba hacia el estacionamiento del hospital para verlo. — Uhm, con respecto a lo de mamá pues… me interesa que sea feliz, más que nada.
Mientras paseaba por la habitación vi unos tulipanes, eran frescos y lindos como le gustaban a ella.
— ¿Las flores trajiste tú?
— No, fue tu hermano.
— ¿Bill? — pregunté extrañado. Vi a Gordon asentir. — No puedo creerlo. — musité.
— ¿Por qué no? Es su madre y quizás le hizo bonito traerle un detalle.
— La relación de mi madre y la de Bill no es tan buena, no se llevan bien por eso se me hace extraño que el las haya traído.
— Bill tendrá sus razones, Tom. Pienso que eso es el comienzo de una buena relación entre los dos y puede que esté tomando el primer paso.
— Me cuesta creerlo.
— El propio Bill puede aclararlo.
Suspiré y asentí, salí de la habitación de mi mamá luego de despedirme de él con un ademán de mano. Primero que nada quería saber que le estaba pasando por la mente a mi chico.
A veces se le ocurren cosas que no pueden medir las consecuencias de sus actos.
— ¿Dónde está? — le pregunté a Hannah sentándome a su lado.
— Tiene trabajo.
— Eso es bueno. — sonreí, más tarde hablaría con él en casa.
— Dijo que se verán en casa para el almuerzo, anda rápido, quizás te está esperando en una bonita lencería roja. Nos vemos.
Me quemó el rostro un poco de vergüenza porque luego de decir eso se fue riendo con ganas. Dejando de lado eso si me imaginé a mi Bill con una bonita lencería y en mi cama…
Seguramente se vería seductor, encantador y matador con ese carácter atrevido.
Dios.
Me levanté de las butacas y corrí hasta el parqueadero ganándome miradas de molestia por parte de las personas que estaban ahí. Conduje el auto hasta llegar a casa, subí a mi habitación con la esperanza de encontrármelo como lo dijo Hannah pero no estaba. Estaba muy ilusionado yo solito.
Salí de mi habitación a pasos lentos. Bill recién entraba a la casa hablando por teléfono con no sé quien.
— …necesito tus servicios todo el tiempo para cuidar a mi mamá en el hospital, ¿puedo confiar en ti?… perfecto, tendrás un pago todos los días hasta que despierte, una enorme suma. Lo único que tienes que tener es lealtad en todo momento… bien… sí… cuídate.
— ¿Con quién hablabas? — me acerqué lo suficiente a él y lo tomé de la cintura. — Te extrañé.
— Contraté una enfermera que cuide a tu mamá cuando nosotros no estemos. — se inclinó un poco para darme un par de picos. — Tengo la esperanza de que si va a despertar de ahí y va a acabar ella misma con tu padre.
— A veces se te ocurren unas cosas.
— Pues sí y si no las hago dejaría de ser yo.
— Por eso me encantas, precioso. — lo vi sonrojarse de una manera encantadora, no tardé mucho para llenarle el rostro de besos ensalivados que le provocaban risa.
Una muy linda.
— Comienza a encantarme eso de que me digas precioso, Tom.
— Puedo decirte muchas cosas más, bebé. — jalé su mano hacia el sillón, él se sentó y luego recosté mi cabeza en sus piernas. — No te las he dicho por pena pero ahora que estoy seguro de mi mismo te diré todas las que te mereces, guapo.
«Nuevamente lo vi sonrojarse.»
— Te amo mucho, en serio. — sonreí de lado, le agarré con fuerza de la nuca para besarlo.
— Te amo mucho más.
— No, yo te amo más. — fruncí el ceño haciéndome el enojado.
— ¡Te amo más, Bill Kaulitz!
Así continuamos jugando a lo tonto mientras nos dábamos besos muy enamorados.
Continúa…
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