

Fic de WifesKaulitz. Temporada I
Capítulo 30
Estábamos en la estación de policías sentados frente al escritorio del comandante que iba a tomar mi denuncia. Estaba nervioso pero no podía seguir ocultando más lo que ese tipo quería hacerme.
— ¿Te sientes cómodo con tu hermano aquí o prefieres que salga? — miré a Tom de soslayo y negué, quería que se quede conmigo para sentirme seguro. — Bien, puedes hablar.
Sin reservarme dije toda la verdad sin agregar o disminuir, estaba decidido a hundir a Andreas en el fango y esta era mi oportunidad, no más chantajes o intentos de violación.
Mientras hablaba, mi pareja sostenía mi mano y le agradecía mucho porque recordar eso me daba mucho sentimiento.
— Muy bien, Bill. Actuaremos de inmediato porque personas como Andreas merecen estar tras las rejas. Es más, debiste acudir a nosotros ese mismo momento para proceder de una vez.
Agaché la cabeza sintiéndome un completo idiota. Me puse de pie a la par de Tom, ambos estrechamos las manos con el comisario y pronto estábamos abandonando el lugar.
— No me dijiste que le jugaste una broma a Andreas haciéndole creer que eras tú.
— ¿Era necesario decirlo? — quedamos en silencio mientras nos subíamos al auto.
— Sí… quiero que entre los dos haya confianza y mucha comunicación, ¿es mucho pedir?
— No. — sonreí de lado y toqué su pierna con delicadeza. Amaba que le ponga empeño a nuestra relación, no me quedaría atrás y haría lo mismo.
Puso a andar el auto nuevamente en silencio.
— ¿Cuanto duró? — estallé a carcajadas recordando lo que me dijo Mattew al entrar al baño esa noche.
— Siete minutos y que la tiene pequeña. — ambos nos burlábamos sin contener las carcajadas. — ¿Y sabes que es lo peor?
— ¿Qué?
— Hizo que le meta un dedo por el culo, Tom. — mi enamorado regresó a verme asustado mientras reía esta vez con moderación. — Pobre de mi amigo.
— Bill.
— ¿Qué?
— Nunca me metas el dedo por ahí.
— No te preocupes. — sonreí con inocencia. — No me gusta dar.
— Genial.
&
-Horas más tarde-
— Te luciste con la casa, Bill. — susurró Jörg a mi lado mientras tomaba una copa de vino servida por Laura. Me encogí de hombros e hice lo mismo. — No está demás pedirte un nuevo auto para mí.
— ¿Qué más se te antoja, papi? — le di un primer trago a copa. — ¿Que te diga que dejes de trabajar para mantenerte? ¿Que ponga la casa a tu nombre? ¿Que te de un sueldo por chantajearme cada mes?
— Eh, no estaría mal. — sonrió de lado. — Quizás si hablo con Tom…
— Vamos. — propuse mientras comenzaba a caminar. — Hablemos los dos con Tom, papá.
Él se quedó tieso en su lugar, mirándome de arriba hacia abajo quizas sin saber que hacer o decir.
— Bill, no hagas un escandalo.
— ¡Tom! — llamé a mi novio mientras lo veía bajar las escaleras, él se acerco a mí con una sonrisa y me abrazó.
— Hola, ¿todo bien?
— Eh, papá quiere hablar contigo. — Tom y yo lo miramos esperando a que hablara.
— ¿Ya nos vas a contar sobre…
— ¡BILL! — fruncí el ceño regresando a ver al lugar donde provenía esa voz. — ¿¡DÓNDE CARAJO ESTÁS, BILL!? — vi a Laila acercarse a mi un poco agitada, se remango el vestido y se recogió el cabello en una coleta.
No entendía lo que pasaba.
— Es Angela. — murmuró. — Esta vez seré yo la que la saque a trompadas de mi puta casa.
— ¡AHÍ ESTÁS, HIJO DE PERRA! — por poco y se lanza hacia mi si no fuera porque Jörg y Tom la detuvieron. Laila estaba a mi lado listísima. — ¡SUELTAME! ¡AGH!
— ¿¡Qué pasa!? — preguntaba Jörg con angustia.
— ¡EL PERRO DE TU HIJO MANDÓ A MI NOVIO A LA CÁRCEL! ¡LO ACUSÓ DE VIOLACIÓN, JODER!
— Ah, eso. — murmuré. — Uhm, sí. Trató de violarme por tu culpa a si que tú también deberías estar con él en la cárcel, los dos agarraditos de la mano.
— ¡AAAAAAHHHH! ¡TE MATO! — estaba haciendo un show grande en la cena de mi novio y eso no se lo iba a permitir.
— Vete, Angela. Consíguele un buen abogado porque si que lo necesitará.
— Bill, ya. — me quedé callado como un perrito regañado cuando Tom me dijo eso, me abracé a mi mismo y suspiré.
— ¡LE VOY A CONTAR A TODOS LA VERDAD Y TE VAS A QUEDAR SIN TU ADORADO HERMANO GEMELO!
— ¡Hazlo! — incitó Laila acercándose lentamente. — Y vas a ver como te parto la cara de puta que tienes.
Tomé otro poco de vino.
— ¡Bill Kaulitz tiene una página donde crea contenido pornográfico! — sonreí de manera cínica cuando los invitados hicieron «Oh» de disgusto. — ¡También está enamorado de su hermano y lo llevó a un viaje haciéndolo pasar por…
— Ya fue suficiente. — regañó su padre.
— ¡No! ¡Que todos se enteren!
— Ya que estamos diciendo la verdad…
— No hagas, Bill.
— Ash. — mi novio me tomó del brazo para sacarme del lugar. Sólo oí un «Ya fue suficiente» por parte de mi amiga, entonces de soslayo vi como se lanzó como una gata y no se como le agarro del cabello y se quedó armando un problema mayor.
Él me guiaba hacia mi habitación y nos encerramos los dos, caminé hasta la cama para sentarme un poco indignado.
¿Cómo me va a sacar de esa pelea? Si a mi me gusta ponerle más leña al fuego.
— Esa chica te dejó en mal frente a todos ¡y tú solo sonríes!
— ¿Y qué? Me interesa que tú sepas la verdad, los demás me valen mierda.
— Mamá va estar muy decepcionada de mí, Bill. ¿Entiendes lo que significa eso? ¡Nos van a votar!
— Te recuerdo esta es mi casa y se va tener que aguantar si es que quiere quedarse. — el suspiró sentándose junto a mi, me abrazó y plantó un beso en mi mejilla.
— De lo que si estoy seguro, Bill. Es que nadie nos va a separar, esto te lo prometo. — se sentía bien que me lo diga porque así me convencía cada vez más que vamos en serio. Me incliné un poco hacia arriba para besarlo, para ese entonces me había ganado el sentimiento.
La puerta de mi habitación sonó y ambos nos separamos con nervios. Tom me miró, después caminó hasta la puerta, la abrió y ahí estaba Simone con el rostro rojo. Desvié la mirada de ella algo incómodo.
— Necesitamos hablar los tres, ahora.
— Neh. — me levanté de mi cama para dirigirme al baño. — Pierdes tu tiempo.
— Bill. — me detuve al escuchar la voz de Tom, cerré los ojos y apreté los dientes.
«No hagas que me quede a escucharla, por favor Tom.» — pensé.
— Ven y siéntate.
«Mierda.»
Suspiré y di media vuelta, me senté en la cama con molestia y me crucé de brazos mientras miraba al suelo. Sentí como Tom se sentaba a mi lado, luego ella arrastró la silla de mi peinadora para ponerse frente a nosotros.
— Zoe los vió. — empezó en medio de un balbuceo. — Yo no quise creerlo pero… dios, ¿por qué? ¿Qué hice mal para que ustedes dos… — se tapó la boca mientras sollozaba. — Es que ni siquiera puedo decirlo.
— Amo a Bill, mamá. — respondió Tom con una voz suave, coloqué mi mano sobre la suya y entrelazamos nuestros dedos. Ella lloró más. — Tal vez no de la forma en la que esperas…
— ¡No! — gritó rabiosa. — ¡Está mal! ¡Los dos están mal! ¡Eso no puede y nunca podrá ser!
— Está pasando, Simone. — murmuré. — Tom y yo sabemos que no es correcto pero ¿qué se hace si lo que sentimos nos ganó?
— No lo creo. — colocó la palma de su mano en la frente y cerró los ojos. Estaba empezando a tener miedo de que gracias a los lloriqueos de ella… Tom diga algo parecido a «Está bien, mamita. No llores, dejaré a Bill y me buscaré a una mujer que no sea mi hermana». — ¿Tienen idea de como toda esa gente los va a ver ahora?
— No nos importa. — aclaré. — Total, no respiro gente.
— Eso de ti ya lo sé, — uh, menos mal. — ¿y tú, Tom? ¡Te eduqué de la mejor manera ¿y me pagas así?! — regresé a verlo con seriedad.
«Tom es tan sentimental que me daba ganas de premiarlo con un besito para que no llore más.»
— Mamá… perdóname pero hagas lo que hagas o digas lo que digas, no me hará cambiar de opinión ¿oiste? — suspiró. — Se que está mal, en serio pero nunca lo vi como mi hermano y jamás lo veré. Actualmente Bill es mi… — se me subió la sangre al rostro, le di un apretón en la mano para que se calle pero no fue así, siguió hablando. — … mi pareja y se que también me ama.
«Me muero de ternura.»
Todo ese sentimiento murió cuando esa mujer le plantó un golpe a mano cerrada a Tom en el rostro, el líquido carmesí descendió por sus labios, pasando por su mentón hasta manchar la camisa verde.
Esa acción me hizo hervir la sangre y me levanté dispuesto a devolverle el golpe de la misma forma.
— ¡Bill! — me agarró la mano y evitó que le soltara un golpe. Yo respiraba sin control mientras la miraba. — Tranquilo, todo está bien.
— ¿¡Por qué no nos hablas de tu maldita aventura con Jörg, Simone!? ¿¡Por qué no nos dijeron la estupidez que hicieron!? — más lagrimas caían de sus ojos, negaba con la cabeza alejándose de nosotros hasta sentarse en el sofá. — ¿¡NO!? ¿¡ESO ES LO ÚNICO QUE PUEDES DECIR!?
— ¡PERDÓN! — chilló. — ¡NO SOY LA MUJER PERFECTA! ¡TENGO MIS ERRORES!
— Ja, si claro. — ironicé.
— Jörg me dijo que me amaba, que no estaba con ella y que me elegía mil veces. — podía sentir unos pasos acercándose hasta la habitación, rogaba porque fuera Jörg a si que me apresuré a hablar.
— Pues te mintió y lo sigue haciendo, el jamás se fue a Múnich a trabajar.
— ¿Entonces?
— ¡A verse con su amante!
Entonces la puerta se abrió dejando ver al gran señor Kaulitz con una expresión desconcertada. Lentamente se adentró en la habitación mientras nos miraba a todos.
— Ella sabía muy bien a donde yo me dirigía, ¿no es así? — Tom y yo fruncimos el ceño sin comprender el silencio de mamá. — Solo sabes una parte de la historia, Bill. — sonrió. — Simone es tan ambiciosa que no le importó saber que me iba a festejar la fiesta de mi primera hija con tal de que regrese con dinero.
— A ver, no estoy entendiendo… — suspiré fuerte.
— Es tan ambiciosa que mandó a Bill al internado solo para que la abuela Piedad le deje de herencia su dinero porque la única condición era tener un hijo varón, ¿entiendes? ¡Solo uno!
«Maldición.»
— Y que mejor opción que dejar al varonil en casa y sacar al marica fuera.
Ya me perdí completamente de la mierda que está diciendo ese hombre.
— Ustedes solo le dieron rienda suelta a ella con su mariconería.
— ¡Cállate!
— ¡No! — siguió. — A ella no le importaba que tu seas gay o que ames a Tom, mejor agradéceme porque esa mujer pensaba matarte y ¡yo la convencí de que te mande allá! — tenía la mente en blanco y no me sentía bien. — Ahora nuevamente debe tener miedo porque regresaste y le quites la fortuna que le pertenece a Tom.
Tom seguramente está igual que yo.
— Eso fue hace tiempo. — murmuró. — Te juro hijito que no me interesa el dinero que te dejó tu abuelita. — se lanzó a abrazar a Tom pero este lo evitó haciéndose hacia atrás. Simone cayó al suelo llorando más.
— Vámonos. — musitó Tom jalándome del brazo. — No quiero estar ni un segundo más frente a ella.
— ¡No, Tom! — abrazó la pierna de Tom para evitar que se vaya pero en un agarre hizo que lo suelte y salimos de la casa. Volveríamos cuando Tom se sienta mejor.
Bajamos corriendo las escaleras hacia el garage, quitó el seguro al auto y subimos. Lo encendió, abrió la puerta para sacar el auto y nos fuimos de ahí.
— ¿Estás bien? — me atreví a preguntar, el negó con la cabeza y yo solo suspiré como respuesta. — ¿Qué te parece si vamos a un lugar alejado de todo y de todos?
— Un lugar donde nadie nos encuentre, dime que sí. — sonreí de lado y asentí.
Le mostré la dirección, aceleró yendo a la ruta hasta llegar luego de dos horas. El lugar era un hotel con cabañas independientes y nos hospedamos ahí.
Tom se recostó en la cama, yo aprovecharía para alistar mi cama y hacerlo distraer un momento por lo que pasó hace unos momentos.
— ¿Todo bien? — me sacaba la ropa mientras me sentaba a su lado.
— Sí, ¿qué tal tú?
— Estoy igual. — sonreí. — ¿Qué tal si grabamos un poco de contenido?
Continúa…
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