

Fic de WifesKaulitz. Temporada I
Capítulo 28
Nos encontrábamos acostados en la cama luego de la ducha «en donde hicimos de todo menos asearnos», ambos repartiendo caricias en la espalda mientras nos besábamos con ganas y mucho deseo. Su mano tibia subía de a poco hasta posarse en mi cuello y obligarme a subirme sobre él. Tocaba mis piernas, los muslos hasta llegar a mi trasero desnudo.
— Se siente bien tenerte aquí conmigo. — no pude responder porque de nuevo su boca atrapaba la mía. Quería que me lo haga de nuevo, no me cansaría nunca de sentirlo en mi interior. — Eres perfecto. — sonreí y me alejé un poco para verlo a los ojos, tomé sus manos para dar un beso suave en ellas.
— También lo eres.
— Ya quiero tener dinero para poder llevarte a pasear, comer, una fiesta, al cine, comprarte detalles y cosas así. Quiero que se note lo mucho que me importas.
— No es necesario, yo…
— No. — interrumpió. — No quiero ser un grosero usando el dinero que tu te ganaste con tu esfuerzo.
— Ya te dije que no me importa compartirlo contigo. — crucé mis brazos y arquee una ceja, tal vez un poco enojado.— Igual el auto sigue esperando por ti, ¿me vas a seguir rechazando? — Tom reía mientras me acariciaba la mejilla, me doblegué ante su caricia y suspiré cerrando los ojos.
— Aceptaré solo porque vamos en serio.
— Una cosa si te advierto, Tom, no quiero que subas a ninguna puta al auto porque te quemo vivo junto con el.
— Ajá. — sonrió de lado. — ¿A cuantas ya subiste tú?
— A tu madre. — respondí seguro, serio y sin que suene a broma, hice con el propósito de tal vez decirle de una vez la verdad. La sonrisa de mi novio se borró al instante, me empujó a un lado y se puso de pie para dirigirse al cajón y buscar unos boxers limpios, miré con atención como se los ponía mientras me cubría el cuerpo con una de sus cobijas.
— ¿Le sigues odiando?
— Tengo mis razones, Tom.
— ¡Pero es tu madre! — me gritó. — Ya me tienes contigo, no va a volver a separarnos porque ya estamos grandes y sabemos lo que estamos haciendo, ¡trata de olvidar eso y vive el presente conmigo!
— Ash. — rodee los ojos y me levanté también. — No me acordaba de eso hasta que me hiciste acuerdo, amorcito.
— ¿Entonces? — entre los dos hubo un silencio grande y no me importó, estaba con toda la maldad. Me di el tiempo de buscar en lo más profundo sus camisas grandes, saqué y me puse una verde. Creo que mi silencio le ponía cada vez más curioso y me divertía. — ¿Entonces? — volvió a repetir en un tono amenazador y un poco sensual, ¿cómo espera que me tome en serio nuestra primera discusión si estaba semidesnudo? Caminé de forma sexy hacia él y le di un beso en los labios.
— Que lindo te ves. — jalé su mano para guiarlo hacia la cama, primero me acosté yo y luego él sobre mí. — Hazme el amor. — susurré entre besos y caricias en la espalda.
— En serio creí que las cosas entre mamá y tú ya se habían arreglado un poco.
— Ay, Tom. — rodee los ojos y miré al techo. — Ya te dije que tu madre es una hipócrita doble cara.
— Ya lo sé. — exhalé con fuerza, tomé el valor de alejarme.
«Hablar de Simone cuando estoy a punto de tener sexo no me excita.»
— Hay que descansar. — sugerí metiéndome debajo de las cobijas. — Estoy muy agotado, no dormí en toda la noche.
— ¿Por qué? ¿Mucho trabajo?
— Sí, en parte.
— Bueno, dormiremos. — asentí cerrando mis ojos por completo y lo último que sentí fueron sus labios en mi mejilla junto con sus brazos rodear mi cintura.
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By TOM
Estaba teniendo un plácido sueño con Bill en mi cama hasta que los golpes estresantes de la puerta me levantaron de golpe. Eso me puso alerta y lo primero que pensé fue en que era mamá, ni siquiera me di el lujo de ponerme algo más y solo abrí la puerta de una vez.
— ¿Te crees vampiro o qué?
— Hannah. — respiré aliviado, jalé su mano y la obligué a entrar a mi habitación. — Pensé que eras mi madre.
— Seguro. — burló prendiendo las luces de mi habitación, casi le da algo cuando me vió desnudo y a Bill en mi cama. — Ese es… Bill. — susurró. — ¡Carajo ese es Bill!
— ¡Shh! — sisee poniendo mi dedo índice en su boca. — Lo vas a despertar.
— ¡Dios! — me dió un manotazo en la mano y caminó hasta sentarse junto a Bill, quien dormía seco. — ¡Mis papis ya volvieron!
— Esta vez de verdad. — aclaré con altanería.
— Genial, vamos a festejar un poco por ustedes. Le diré a Gustav a Laila, Georg… — negué con la cabeza mientras me ponía el primer pantalón, me incomodaba estar así frente a ella. — Ah, claro que no quieres porque ya festejaron los dos haciendo el coito, eh. Pícaro.
— ¿Qué pasa, Hannah?
— Necesitamos repasar de una vez para la presentación, ¡mañana ya nos graduamos!
— ¿Te gustaría ir a la sala? No quiero interrumpir el sueño de Bill. — propuse una vez ya vestido. Hannah no dijo nada y solo salió de la habitación, yo me acerqué a Bill para darle un beso suave en la mejilla e irme.
Aún no me acostumbraba a la enorme sala y a las escaleras gigantes, en mi antigua casa solo con unos pasos ya estaba abajo, en esta era diferente. A decir verdad si me gustaba, no me molestaba para nada porque descubrí que tenía una piscina de agua caliente.
—Sabes, me da mucho gusto que ustedes dos hayan dejado fluir sus sentimientos y que no le hayan hecho mucho caso a la desquiciada de su media hermana.
¿Media hermana?
Fruncí el ceño y me senté en el sofá con las piernas puestas en la mesita de centro.
— Bien decía yo desde la fiesta que esa Angela es una loca, gracias a dios en Múnich le dí unos cuantos golpes y ¡no me quedé satisfecha! ¿¡Pero sabes qué!? No me sentí conforme porque tu papá la defendió a morir e incluso chantajeó a Bill para que le diera los lujos a tu madre, esta casa es el ejemplo de su chantaje. Te juro que si la vuelvo a ver le voy a partir la cara del golpe con mucha satisfacción y espero que tu no la defiendas.
— Hannah. — traté de interrumpirla para que me diera una maldita explicación de lo que me estaba diciendo, ¿acaso hay más secretos que Bill me está ocultando? porque si es así no voy a hablarle.
«A si me de besitos en el pene.»
— Oye. — la mujer estaba inspirada aún hablando.
— También quiero golpear al Andreas por ser un idiota. Realmente te compadezco por tener de hermana a una mujer cabeza hueca y a un cuñado que se le antoja a su otro cuñado…
— ¡HANNAH!
— ¿¡QUÉ!? — nos miramos a los ojos por unos segundos y respirábamos agitados. — Metí la pata, ¿verdad?
— ¿De qué hermana hablas? ¿Por qué mencionaste a mi padre? ¿Qué tiene que ver Angela en esto? Y tengo muchas preguntas más que hacerte pero primero quiero que respondas esas.
— ¿Yo dije que tenías una hermana? — afirmé con la cabeza. — ¿Mencioné a tu padre?
— Sí.
— ¿A tu perro? Oh, que tonta soy, no tienes perro. — tomó una actitud nerviosa bastante dudosa para ser la Hannah que conocía, tan segura y directa. — No sé quién es Angela y tampoco dije que era tu hermana aunque si lo es pero no lo dije… creo.
— Explícate, Hannah.
— Ay. — me puse de pie lentamente y me acerqué a ella de una forma amenazadora, en sus ojos veía un poco de arrepentimiento. Mientras me ponía a atar cabos me di cuenta que papá y Bill estaban en Múnich, luego Hannah desapareció junto a Gustav.
Luego Hannah me dice que pegó a Angela y que mi papá se metió, la defendió de ella y que chantajeó a Bill con ¿qué?
— Hannah, dime la verdad.
— No… yo… n-no… no me corresponde.
— Hazlo. — obligué. Quería saber la verdad. — ¿Todo esto se trata de Bill?
— ¡No! ¡No culpes a tu hermano de las estupideces que hacen tus padres, por dios! ¡Bill compró la casa pensando en su bienestar!
— A ver, tranquila. Respira. — veía a Hannah perder el control y me daba un poco de miedo que reaccione conmigo. — Cuéntame lo que pasó en Múnich.
— No puedo.
— Dile. — regresé a ver al dueño de esa voz somnolienta parado en las escaleras, con mi camisa y el cabello un poco revuelto. — Dile a Tom lo que viste y te enteraste en Múnich, Hannah. Dile toda la verdad a mi novio.
— Me voy. — ella vió la oportunidad para poder escapar, tomó todas sus cosas y corrió a la puerta. — Nos vemos mañana en la universidad, te pones guapo y bien perfumado. — ni me dió tiempo para nada, solo se fue y ya.
— Por dios. — susurró Bill, quizás estresado. — El viaje de mi suegro a Múnich jamás fue de negocios, fue un viaje para festejar los veintidos años de su pequeña Angela, ¿ahora lo entiendes? Jörg Kaulitz en este momento está vacacionando con su otra familia.
— ¿Qué?
— No existe tal trabajo, no tienen dinero porque todo le da a la señora Lucha y su única explicación fue que ya no amaba a Simone. — mi corazón bombeaba como un loco sin creer lo que Bill estaba diciéndome.
— ¿Desde cuando nos han mentido? — balbucee, no pude evitar que los ojos se llenaran de lagrimas. Yo sé bien que no somos la familia perfecta pero no es justo que jueguen con nuestros sentimientos de esa manera, quizás a Bill le de igual pero a mi no, a mi si me gustaba la familia que tenía porque a pensar de todo siempre fuimos unidos.
— Desde siempre. — suspiró. — Tom y Bill Kaulitz son los hijos bastardos que tuvo Jörg con su amante: Simone. — se acercó a mi y me acariciaba las mejillas. — No llores por las mierdas que hicieron esos dos, no tuvimos la culpa.
— Joder.
— Por favor. — suplicó dándome un beso en la mejilla. — Odio verte llorar, en serio no me gusta.
— Yo me mataba trabajando para poder ayudarlos con el dinero, solía emproblemarme con Chantelle cuando no había para la comida y pedía el sueldo adelantado… peleábamos hasta tal punto de que llegaba a agredirme, todo por no tener dinero. — me recosté un poco en el sofá, alcé un poco la camisa de pijama que tenía y le mostré los rasguños en el pecho.
El rostro de mi gemelo se puso de un rojo intenso, yo lo abracé para que no dijera nada más o hiciera algo malo.
No sabía lo que estaba pensando en este instante y me aterrorizaba eso.
— Vámonos lejos, Tom. — propuso en un susurro. — Le dejo la casa a Simone, lo material no me importa solo tu bien.
— Lo mejor es enfrentar a nuestros padres, que nos digan la verdad y…
— No seas idiota, a Jörg no le importamos y a Simone estoy seguro que por la emoción de la casa ni siquiera se acuerda de que tiene un par de hijos.
— Mamá si nos quiere.
— Ajá… me levanté gracias a la llamada de Ricardo diciéndome que no encontró a tu madre en el trabajo, si no saliendo de la casa de una de sus amigas bien borracha.
— No. — insistí. — ¡Merecemos saber!
— De mi parte no, me dan igual.
— ¿Por qué eres tan frío? Nada te importa y solo piensas en ti.
— También en ti. — respondió con tanta naturalidad, yo seguía en un trance, anonado por su actitud. — No me mires así, ellos me obligaron a ser la mierda tan hermosa que soy ahora.
— Ya…
— Mejor cambiemos de tema, ¡mañana te gradúas! ¿A donde quieres ir de viaje o como lo quieres festejar? — sin querer sonreí y lo obligué a sentarse sobre mis piernas. Planté un beso en sus labios mientras le acariciaba con suavidad en la espalda.
— ¿Qué tal una cena en donde fingimos ser una buena familia, eh? Invitamos a nuestros conocidos y luego tenemos sexo en una de las habitaciones.
— Me parece una idea perfecta. — volvíamos a acercarnos para besarnos pero el sonido de la puerta hizo que nos separemos de golpe.
— ¿Qué hacen?
— Nada, mamá.
Continúa…
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