

Fic de WifesKaulitz. Temporada I
Capítulo 26
Tom Kaulitz es la fruta prohibida que desde niño quería saborear y ahora lo estaba haciendo. Caminamos a pasos torpes para cerrar la puerta y continuar con los besos fogosos que estábamos dándonos. Desprendió mi chaqueta junto con la camisa y besaba mis hombros desnudos, la piel se erizó gracias al contacto de la fría puerta.
— Hay algo que tengo que decirte. — susurré acariciando sus trenzas, me encantaba como se le veía; muy apuesto y ardiente como siempre.
— Habla mientras exploro tu cuerpo.
Tomé mucho aire, la erección se me bajó de golpe y ya casi no sentía placenteros los besos que me brindaba en los pezones.
«Tenía mucho miedo.»
— Tom, yo soy BeKa. — mi gemelo con lentitud se apartó de mi cuerpo para verme a los ojos, tenía una sonrisa que al instante se borró por ver mi rostro de seriedad.
— ¿Es una broma? — negué con la cabeza y me dejé caer al suelo arrimado aun a la puerta. — Carajo, Bill. — apreté los ojos esperando a que me diera un regaño. — O sea que desde el primer momento eras tú, siempre me acosté contigo y te contaba a ti sobre… ti. — afirmé con la cabeza. — ¡Fuiste mi primera vez, Bill! — susurró/gritó mientras se hincaba en frente de mí. — Mierda, te juro que eso no me lo esperaba.
— ¿No estás molesto?
— Sí, un poco. — sonrió acariciándome el cabello.
— ¿Entonces por qué sonríes?
— Porque estoy feliz de que hayas sido mi primera vez con un chico. — ya me sentía más tranquilo por como lo tomó.
— Déjame contarte todo, por favor. — Tom se acomodó a mi lado y me abrazó, no podía creerlo… era increible para mí.
— No es necesario. — suspiró. — Lo que hayas echo antes de reencontrarte conmigo no me importa, me importa el presente y estás aquí.
— Al menos déjame explicarte lo que viste en la cocina, con Andreas… — me daba escalofríos pronunciar su nombre.
Mi hermano calló, de refilón vi como su mandíbula se tensaba y una vena sobresalía de su frente. — Andreas y Angela se conocieron en la fiesta de Laila, ella le contó a él sobre nosotros, que eramos hermanos y el trabajo sucio que yo hacía para ganar dinero… también la perra esa le contó lo que hicimos en México y tu amigo quería usarlo en mi contra para chantajearme, me dijo que si no me acostaba con él… te iba a decir quién era yo.
— Hannah tenía razón. — murmuró mirando a la nada.
— Ese día quería abusar de mí y a tiempo llegaste tú… en serio que si no llegaban, no sé que hubiera sido de mí. — no me di cuenta de las lagrimas que salían de mis ojos, creo que era porque sentí una carga menos en mi conciencia.
— Vamos a denunciarlo, ahora mismo. — no permití que se levante de mi lado, quería que me abrace lo suficiente hasta creer todo esto. — Ay, me siento un idiota de verdad.
— Solo, no creas nada de lo que dice Andreas, te lo suplico. — Tom asintió tomando mis manos para besar en el dorso, no iba a sentirme confiado pero si seguro de lo que iba a pasar después.
— ¿Qué va a pasar entre los dos, Bill?
— No me vengas con eso ahora. — quité mis manos de las suyas, tomé impulso y me levanté de su lado para irme, no quería responder a eso.
— ¿Por qué? — Tom imitó mi acción y evitó que abriera la puerta. — Ya sé la verdad, ¿qué es lo que te impide continuar conmigo?
— Somos hermanos, Tom, por dios.
— ¿Y qué? Si nos amamos, Bill. — cerré los ojos tratando de encontrar la excusa perfecta para que le quede claro de una vez.
— Sí, Tom. Me amas tanto que te acuestas con la primera que se te encuentra en el camino, ¡por dios! ¡No digas que me amas si ya eres igual que el resto!
— No quiero justificarme pero me volví así creyendo que realmente te acostabas con Andreas… — me atreví a soltarle un puñetazo en el rostro para que recapacite. Su mirada indiferente me dolió, no podría soportarlo más a si que simplemente me fuí y azoté la puerta.
¿Desde cuando los planes se me voltearon?
Suspiré y decidí dejarlo atrás. Mi propósito esta vez era ir en contra de Andreas. Ese idiota tenía que devolverle el trabajo a Tom y quitarle la mala fama que le dió.
Empezaría por pedirle el número telefónico a Gustav si es que lo encontraba en la casa a si que me apresuré en ir. Me sentí aliviado al verlo sentado junto a Hannah en la enorme sala.
— Gustav, ¿puedes venir un momento? — el dejó su bebida en la mesita de centro y corrió hasta acercarse a mí. Nos dirigíamos hacia el jardín trasero para luego sentarnos en la silla que tenía la forma de un columpio.
— ¿Todo está bien?
— Eh, sí. — me rasqué la cabeza mientras lo miraba. — Necesito un favor.
— ¿Cuál?
— Necesito el número de Andreas, ¿me lo das? Tengo cosas pendientes con él.
— No me digas que… — su expresión cambió a una molesta, rápido negué con la cabeza y le regalé una sonrisa.
— Tom ya sabe la verdad.
— Me siento muy aliviado, en serio. — hablaba mientras sacaba su teléfono. — Espero que después de esto ya no sucedan más cosas que los alejen.
— Seguro. — respondí no muy convencido. Gustav me mostraba la pantalla de su móvil, en el se veía el número de Andreas y comencé a anotarlo. — Espero que nuestra relación de hermanos funcione como siempre debió ser.
La risotada de Gustav me hizo arder el rostro, las orejas y calor en el cuerpo. Está claro que se burla de lo que acabo de decir y ni siquiera se tomó la molestia de disimular. Quería verme enojado con él pero no podía porque ni yo mismo sabía si podía cumplir con el «somos hermanos».
— Lo que estoy diciendo es verdad. — traté de justificarme. — Comienzo a verlo como mi hermano.
— No me mientas, estoy seguro que a la primera que lo veas con alguien más te vas a morir de celos y vas a querer asesinarlo.
«Sí.»
— No. — su risa aumentó más. Me aseguré de tener el número de Andreas bien copeado en mi móvil y salí huyendo a mi habitación.
¿Quién se creía Gustav para hacerme sentir así de… rabioso?
— ¡Agh! — le dí un puñete fuerte a la pared, corrí para tumbarme a la cama, pataleaba y me daba almohadazos en el rostro «probablemente manchándolo de maquillaje» pero daba igual.
Tom tiene la culpa.
— Eres un idiota, Tom Kaulitz. ¡Te odio, te odio, TE ODIO! — la pobre almohada ahogaba mis gritos histericos. — ¿Por qué tuve que decirle que yo era su hermano? Maldita sea la hora en la que volviste a mi vida, ¡AAHH!
— Bill, ¿estás bien? — escuchar la voz de Simone me puso peor, no quería escucharla. Odio que me pregunten que si estoy bien cuando en realidad no lo estoy y peor si me lo pregunta ella.
— También te odio a ti, Simone. — murmuré aventando la almohada lejos de mi y suspirando levemente.
— ¿Dijiste algo?
— Dije que estoy bien, — rodee los ojos levantándome para abrir la puerta. — ¿Qué pasa?
— Tu esposa dijo que no la esperes para cenar porque tenía unas cosas pendientes que hacer.
— ¿Mi esposa? — fruncí el ceño al igual que la boca. — ¿Cuál?
— Uhm, la chica que me presentaste y que espera un hijo tuyo…
— Ah. — sonreí. — Laila, sí. Está bien, no pasa nada.
— Deberías tener más cuidado con esa muchacha, está esperando un mini Kaulitz y quiero que nazca dentro del matrimonio, no como un…
— Cállate, ¿quieres? — bufé mientras me recargaba en el marco de la puerta. — No hables así de mi bebé, por favor.
«Mencionar la palabra bebé me daban unos escalofríos.»
— Es que esa Laila mira raro a Hannah, como si tuviera otras intenciones, ¿entiendes?
— No.
— ¡No quiero que tu hijo tenga una madre lesbiana!
— Me estás haciendo enojar, mamá. — eso lo dije con una voz muy seria, demandante y hasta un poco grosera. — Mejor cambiemos de tema. — me apresuré a decir antes de que suelte otra babosada más. — Conseguí trabajo para ti, de tiempo completo en un restaurante. Lo hice pensando en que te gusta ayudar y bueno, vas a ayudar en ese restaurante, te vas a ganar dinero para tus lujos y pagarás el sueldo de los empleados, ¿está bien?
— ¡No! — chilló fingiendo desmayarse. La dejé ahí hasta que se le pasara el drama y reí un poco.
— Empiezas desde mañana, ¿sí? El chofer ya conoce dónde debes ir a trabajar, la hora y todo eso… no te preocupes.
— Esto es obra de tu padre, ¿¡verdad!?
— También de Tom y mía.
— ¡Dios mío!
— ¿En serio te vas a poner a llorar por que vas a trabajar?
— ¡Sí! — mi sonrisa aumentó más cuando las lagrimas abandonaban sus ojos. Cuanto drama, joder. — La gran señora Kaulitz va a trabajar de ayudante en un restaurante, ¡mierda!
— Procesa lo que te he dicho y mañana hablamos, te dejo. — cerré la puerta de golpe y comencé a reirme como un desquiciado mientras me tapaba la boca.
Ahora si a lo que iba.
Agarré mi móvil, vi el número de ese ser y lo llamé con cierto recelo. Me daba asco hasta tener su número en mi teléfono. De una cosa también me aseguré, de llamarlo desde el número de BeKa y cuando lo tenga, bloquearlo.
— ¿Hola?
— Andy, que bueno oirte.
— O sea si soy Andy, pero, ¿con quién tengo el gusto de hablar? — el cuerpo me temblaba.
«Quiero vomitar.»
— Bill. — susurré.
— Que bueno que me hablas, Billy, ayer fui a buscarte y Tom me dijo que no estabas… creo que al fin nos estamos entendiendo.
— Eh, sí. Tom me dijo y por eso te llamaba. — mentí. — ¿Podemos vernos?
— Cuando quieras, cachorro.
«Andreas es un tipo repulsivo y nauseabundo.»
— Hoy a las diez en el Hotel Atlas, dices el código «BeKa826». Te van a dar un par de instrucciones y con ello entras, me gusta la puntualidad. Adiós. — eufórico colgué la llamada y me mordí el labio inferior para ocultar la sonrisa que tenía.
En esta ocasión necesitaría la ayuda de mi gran amigo Mattew y todo estaría listo.
&
Estábamos en el hotel, Mattew llegó justo a tiempo y me informó que aquel hombre de rubio ya se encontraba recibiendo la instrucciones para poder subir a mi habitación.
Mi amigo y yo teníamos casi el mismo estilo, no había a donde confundirse, era delgado igual que yo y alto. Le compartí la lencería que según yo iba a usar con Andreas y le puse mi perfume para que el imbécil no sospeche nada.
Mattew no tuvo problema en aceptar la propuesta gracias a los centavos que estuvieron de por medio en el trato, me aseguré de su total confianza y bueno, a esperar que llegue el rubio.
— ¿Hola? — ambos nos alarmamos, mandé a mi amigo a su lugar y yo me acosté en la cama en una pose sensual. Las luces estaban prendidas y al verme una sonrisa se extendió en su rostro. — Que hermoso eres. — se acercaba a mi y comenzó a tocar mis piernas. — Dios, tu piel es tan perfecta, quiero recorrer con mi lengua cada rincon de tu cuerpo sin excepción.
— Ujum… — actué como un idiota, sí, pero es que me daba miedo porque escenas de esa noche venían a mí de golpe.
— Que lindo…
— Espera. — detuve sus manoseos en mis piernas y me levanté, le di un empujón para que se acueste en la cama, empecé a amarrarlo: primero la manos y al final las piernas. — Me gusta jugar, me excita eso.
— Pícaro, me encanta.
— ¿Cuanto? — sonreí.
— Mucho si se trata de ti. — me acerqué hasta estar a centímetros de su boca y me alejé dejándole con ganas. — Ay, que rico.
— Quiero hacer un trato contigo.
— Dime. — gimoteó quizás excitado. — Haré lo que sea, joder. Soy capaz de olvidar tu sucio secreto con tal de una y mil noches más contigo, no sabes cuantas veces ya vi tus videos y cuantas me corrí con ellos.
Que asco, que asco, que asco.
Iugh, iugh, ¡IUGH!
«TENGO QUE ACABAR DE UNA VEZ CON ESTO.»
— Haz que le devuelvan su trabajo a Tom y seré tuyo las veces que quieras, lo prometo.
Continúa…
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