
Fic de WifesKaulitz. Temporada I
Capítulo 25
Yo no estaba seguro de que le hayan dado un sueldo adelantado a mi padre para una nueva casa si tan solo tiene alrededor de dos días de trabajar en ese lugar y que casualmente se haya encontrado con Bill en Múnich. Se me vino a la mente que quizás mi hermano fue a disfrutar un momento de padre a hijo con él y si era así, yo también quera tener ese momento pero con Bill, no con mi padre.
A él lo veía todo el tiempo.
También pensaba que Bill pudo patrocinar ese viaje y… la casa.
— ¿¡Ya terminaste!? — justo le estaba dando los ultimos arreglos a las cajas donde estaban mis cosas y sonreí con satisfacción. Solo espero que en esa nueva casa mi habitación sea más grande y alcance todas las gorras y zapatos que tengo.
— ¡Sí! — respondí caminando hasta las gradas.
— Perfecto, tu padre me llamó para decirme que Bill ya estaba a unos minutos de llegar y junto con él las personas que se van a llevar las cosas a nuestra otra casa.
Sigo pensando que todo esto es muy raro.
— ¿Crees que hasta que llegue me de un baño rápido? Es que no puedo más con mi olor, mamá.
— Espera hasta que llegues a la otra casa, no te desesperes. — bufé recostando mi espalda ahora desnuda en el pasamanos de metal. Metí la mano a mi bolsillo delantero del jean y saqué una caja de cigarros junto con la fosforera para fumar uno. — Tom, guarda eso.
— Uhm, no. Me siento ansioso. — y no por la idea de cambiarme de casa, si no porque Bill estaba a punto de llegar y me daba un poco de miedo verle a los ojos.
— ¡Ahhh! — mamá pegó un grito que por poco y me deja sordo cuando escuchó el timbre sonar. Se arregló un poco y corrió a abrir la puerta. Casi me desmayo al verlo parado ahí, guapo, muy bien arreglado con esas características prendas negras, el maquillaje y sus rastas preciosas.
«Que calor.»
— Hola.
— Billy. — abrazó a mamá y luego le dió un beso en la mejilla izquierda. Esa mujer se puso peor que una niña al ver que mi gemelo les dió ordenes a los chicos que ayudan a trasladar las cosas hasta la nueva casa. Yo veía como entraban y salían mientras llevaban las cosas pero la mayoría de mi atención se la llevaba él.
Era imposible no verlo.
— ¿La casa es grande? — oí desde donde yo estaba. Bill asentía con la cabeza. — ¡Ya quiero ver!
— Que bueno.
— ¿La puso a mi nombre? — mi gemelo regresó a ver a mi mamá con una sonrisa que no supe descifrar, era nueva, nunca antes vista.
— Sí, mami. — rodeó con su brazo los hombros de mi madre y le apegó más a él. — Los papeles salen en unos días porque el dueño tiene que hacer los tramites y sabes que eso lleva tiempo, así que no te preocupes por eso, yo mismo me encargué de que sea a tu nombre.
— ¡Ay, te amo! — le daba besos por todas partes a Bill.
Insisto.
Que raro.
Estaba tan concentrado en mirar a mi gemelo que ni siquiera me di cuenta de que ya se habían llevado todo y que solo teníamos que seguir en el auto de papá a los grandes camiones que se llevaban nuestras cosas.
Mientras caminaba en dirección al auto, busqué las llaves en mi bolsillo, vi a mamá subirse en el otro auto junto con Bill dejandome solo.
Suspiré y me subí en el viejo de mi papá, lo encendí y empecé a seguirlos al mismo paso que iban ellos. Fumé otro cigarro, a penas llegue a esa casa hablaría con él de una vez y arreglaríamos las cosas.
También iba a pedir que su habitación estuviera junto a la mía, porque… siempre debe ser así.
La boca casi se me cae al suelo al ver la enorme casa de un estilo moderno en donde los camiones estaban entrando. Ahí pude ver a Laila, Hannah y a Gustav junto con cuatro personas más que supongo que eran de servicio.
Esta casa era tres veces más grande que la que teníamos, muy poco creible para una familia de bajos recursos como la mía.
«Mansión Kaulitz»
— Dios mío. — me bajé del auto con lentitud. Esto no puede pagar mi padre ni con su vida, me costaba creerlo. — Se supone que era una casa.
— Bienvenida a tu nuevo hogar, mami. — ella por poco y se cae el suelo, nunca en nuestra vida nos podíamos imaginar viviendo en una de esas. — Tienes personas de servicio a tu disposición: Laura, Sofía y Zoe. También a Ricardo, como tu chofer.
¿De dónde iba a sacar dinero para pagar a las personas de servicio?
— ¡Dios mío, Billy! ¡Te amo! — yo tenía una muy mala impresión de todo esto. — El fin de semana invitaré a todas mis amigas para que conozcan mi nueva casa, ¡ay!
— Ve a revisar. — alentó Bill con una hermosa sonrisa. — Yo veré que bajen todas las cosas. — ella corrió como una niña dentro de la casa para ver lo que había. Sus gritos se escuchaban desde aquí. Estaba seguro que esta vez si me vería obligado a trabajar para ayudarles a trabajar.
.
By BILL
Observaba por el rabillo del ojo como Tom me miraba pero no se atrevía a acercarse a mí. Estaba rogando por que no me dirija la palabra y me obligue a contarle la verdad.
Con respecto a la casa, me ví metido en un gran problema gracias al problema que causó Hannah.
&
Jörg llegó esta mañana para decirme que su amada hija iba a levantar una denuncia en contra de ambos. Hannah se puso a temblar de miedo porque no quería que sus padres se enteren de ello y porque quiere mantener su imagen de niña buena frente a sus padres.
— Para evitar que Angela ponga una denuncia te pido algo a cambio. — entrecerré los ojos y esperé a que hablara. — Dale los lujos que Simone quiere y haz que se olvide de mí por un tiempo.
— ¡Ja! — burlé escuchando la estúpida propuesta que me hacía. — ¿Qué tiene que ver tu amante en todo esto?
— No la amo, pero le dije que alquilaría una casa más grande, haz que se cumpla y Angela no pondrá una denuncia.
— A tu hija le encantaría hacerlo para ganar más fama, ¿por qué debo acceder a lo que me pides?
— Porque si no lo haces tu rostro saldrá en todas las redes, te van a tachar de agresor y posiblemente tu fama de chico pornográfico caiga al suelo junto con todo tu dinero.
No, yo no quería eso.
— ¿No te das cuenta que puedo abrir la boca y tu matrimonio con Simone se va al suelo?
— Me harías un favor.
— También con la señora Guadalupe, ¿qué pasa si le digo que sigues viviendo con Simone y que no te separaste de ella como lo prometiste? Te recuerdo que escuché todo lo que hablaste con ella antes de que viajaras.
— Tú igual tienes las de perder con tu hermano Tom, ¿qué pasa si le digo las cochinadas que haces?
Maldita sea.
Quedé en silencio mientras lo miraba a los ojos con mucha rabia.
— Si no fueras mi padre te rompería la cara ahora mismo. — con rabia le jalé del brazo y lo saqué de mi habitación del hotel.
Me puse a pensar en toda esta mierda, claro que me compraría una casa pero a mi nombre y le haría creer que es de su esposa hasta que yo tenga el valor de decirle a Tom la verdad.
Una vez dicho ya nada me importaría.
&
Y ahora estaban aquí, frente a la gran mansión de Bill Kaulitz, comprada al mejor postor en un precio bastante considerable para mí y mi bolsillo.
Laila viviría conmigo, finalmente dejamos el lugar donde vivíamos por uno mejor. Los gastos nos dividimos entre los dos y todo andaba bien.
Por puro gusto obligaría a Simone a trabajar en un puesto como ayudante de un restaurante un poco lejos de aquí para que sepa lo que es ganarse unos centavos a punta de sudor.
Primero quería que se emocione mirando la casa, la sienta suya y finalmente bajarle de un sopletón con la noticia de que tendría que trabajar.
— Listo. — miré todas las cosas que ya estaban arregladas en su respectivo lugar y les sonreí. Saqué mi móvil e hice el resto del pago junto con un monto extra por ayudar a arreglar.
— Ya pagué. — les mostré mi pantalla y ahí se fueron satisfechos. Caminé lo suficiente hasta llegar al segundo piso, las cosas de Tom seguían en el pasillo. Me atreví a acercarme y quitarle el cigarrillo que tenía en la boca para fumarlo yo. — ¿Por qué tus cosas están en el pasillo?
— No sé cual es mi habitación.
— Tu habitación siempre tiene que ser junto a la mía. — expulsé el humo de mi boca y jalé otra vez. — Eso no va a cambiar, a si estemos molestos o separados.
El rostro de mi gemelo se iluminó un poco. La verdad es que solo quería su habitación cerca de la mía para poder escuchar lo que hace o habla.
Comencé a ayudarle a jalar las cosas hasta la habitación de al lado de la mía y el también. Tom le puso mucho empeño en meter sus cosas y arreglarlas para que queden listas, yo miraba con atención con los brazos cruzados y una expresión que denotaba mucha seriedad.
— ¿Estabas en Múnich, eh?
— Sí. — murmuré sin darle importancia.
— ¿Cómo está papá?
— Mejor que nunca, te lo aseguro. — y tampoco estaba mintiendo, el estaba pasando genial las vacaciones con su otra familia por allá.
— Es raro que se hayan encontrado por ahí. — comentó con la voz un poco cansada. — Se supone que el iba a trabajar y…
— Su jefe es el papá de Laila. — mentí mirandome las uñas porque cuando me veían a los ojos me ponía nerviosa y se daban cuenta que estaba mintiendo, a veces me cuesta mucho mantener la mentira. — A si que ya debes saber…
— ¿Podrías hablar con el padre de Laila y decirle que le de trabajo a mamá o a mi? No sé como vamos a mantener esta casa gigante, ni siquiera se cuanta luz o agua consume, pero barato no debe ser.
Por un momento Tom me dió mucha ternura, quería abrazarle y decirle de una vez las cosas pero seguía sin poder. No después de saber que se acuesta con cualquiera.
— A mamá le tengo un sorpresa que no le va a guatar. — sonreí un poco. — Le va a dar algo cuando se entere de que va a trabajar de ayudante en un restaurante.
— Me gusta la idea. — Tom también sonreía. — Gracias por ayudarla, de verdad.
— No pasa nada…
— Bueno, solamente me queda buscar trabajo para mí y todo está solucionado.
— ¿De qué te gustaría trabajar, Tom? — me acerqué un poco a él, coloqué las manos en mi cintura y lo miraba fijamente.
— Ahorita todo trabajo es bienvenido, Bill.
Esta vez si sentí que era el momento indicado para confesarle la verdad y saber de una vez que es lo que pensaba de mí.
— Tom. — susurré mirando sus labios con un poco de deseo, si quiero besarlos, me muero por hacerlo y caer rendido entre sus brazos.
— ¿Mhmm?
Carajo.
Sus fuertes brazos rodean mi cintura, apretandome a su cuerpo sudoroso y mal oliente. Esto es un poco excitante y arriesgado porque la puerta está abierta, su madre puede vernos así.
— ¿Qué pasa, Bill? — siento temblar todo mi cuerpo, la respiración se acelera mucho más de lo normal y nuestros rostros se acercan hasta el punto de rozar las narices.
— Yo… — rodee mis brazos en su cuello apegandolo a mi y lo besé ganoso, perdón pero no pude resistirme contra él, contra sus labios, ese torso desnudo y bien formado.
— ¿Tú qué, Billy?
Entre mis piernas alguien más se unió a la fiesta, yo estaba muy excitado con un simple beso y la unica justificación que voy a darle a eso es porque es:
Tom Kaulitz.
Continúa…
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