Fic de WifesKaulitz. Temporada I

Capítulo 24

— Déjala. — detuve a Gustav que tenía la intención de meterse para evitar una pelea. Hannah le daba manotazos y rasguños en la cara, yo estaba tratando de no reírme porque estábamos en una situación seria, entre comillas.

— ¿¡Qué está pasando aquí!? — rodee los ojos con irritación, Jörg siempre interrumpiendo los momentos buenos.

— ¡Por dios! — hice una seña a Gustav para que agarre a Hannah y la separe. La señora Lucha palideció al verme. Yo no la culpaba de lo estúpida que es su hija, esa lloraba peor que una niña pequeña.

Joder.

Que humillación.

— ¡Esa salvaje me atacó, papá! — señaló a Hannah con cierto temor. Me sorprendió mucho la forma tan cínica en la que se le rió limpiándose la saliva.

Nota mental: «Con Hannah había que andarse con cuidado.»

— Vámonos. — apuré a mis invitados para terminar de una vez con este show, estaba cansado. Nuevamente me dirigía al elevador, con Hannah y Gustav a mi detrás. Antes de que las puertas se cierren terminé por sacarles el dedo de en medio junto con una risa malvada.

— ¿Es tu hermana? — cuestionó Hannah con los brazos cruzados, negué con la cabeza y rodee los ojos. — Es que le dijo papá a tu papá.

— Media hermana. — susurré. — Creo que también le gusta Tom.

— El nuevo Tom si se la cogería, ¡au, Hannah! — la mencionada le dió un codazo en el abdomen al rubio y yo regresé a verlos con lentitud, ¿qué está pasando aquí? ¿por qué Gustav dijo eso? — Perdón.

El ascensor abrió sus puertas, salimos de el y nos encaminamos hacia mi habitación. Dejé que pasaran ellos primero y finalmente yo. Estaba satisfecho de haber encontrado las dos botellas de vino ahí y a mi amiga sentada en el sofá que estaba en el balcón.

— ¿Ahora si puedes decirme para que has venido, Hannah?

— ¿Hannah? — Laila de inmediato se levantó al oír su nombre. Corrió a abrazarla y besarla en el rostro reiteradas veces. — Tengo que darte las gracias por ser el angel de Bill en el momento que necesitaba ayuda, te juro que voy a estar muy agradecida toda mi vida.

— A eso es a lo que vengo. — caminé un poco más para servirme una copa llena de vino y tomar todo como si de agua se tratara, me sentó bien porque estaba frío. — Quiero ayudarte, Bill.

— ¿Para qué? — serví otro poco más y me lo tomé.

— Dime la verdad, ¿qué realmente pasó esa noche que te vimos con el rubio cabeza de pollo albino?

Golpe bajo.

— ¿Qué pasó para que terminara así? — me quedé callado, nervioso y en medio de un colapso. No quería hablar de eso en mis vacaciones de espía.

— Nada. — murmuré. — Ibamos a coger.

Hablar de ese tema sería explicarle quien era yo y mi miedo de que mi gemelo me descubra.

Maldición.

— ¡Mentira! — chilló Hannah sobresaltandonos a los tres. — ¡Quiero ayudarte! ¿No me oyes? ¡Los violadores como Andreas tienen que ir a prisión!

— Hannah. — susurró Gustav con susto. — Dijiste violadores.

— ¿Dije violadores?

— Sí, lo dijiste.

— Ay, no. — mordió su puño asustada y yo quería burlarme por su reacción junto con la del rubio. — Joder, Gustav. ¡No me distraigas!

— Hazlo, Bill. — apoyó Laila tomando mis manos y besándome en la cabeza.

— Ya lo dije.

— Te juro que si no hablas, hablo yo. — rodee los ojos y me solté de su agarre, le di la espalda completamente y cogí toda la botella para empezar a tomar y tener las fuerzas para hablar.

— Yo… primero quiero que sepan que lo que hago no está mal, no quiero que me juzguen… solo que me entiendan.

— Somos tus amigos, Bill. No vamos a juzgarte o algo como por el estilo.

Suspiré antes de volver a hablar: — Soy un creador de contenido pornográfico en una pagina llamada onlyfans. — tomé otro poco de vino y seguí. — En esa página me llamo BeKa.

— ¿¡Qué!? — chilló Gustav quizás impresionado por lo que oía.

— ¡Cállate! — regañó Hannah. — Sigue.

— No puedo, porque Tom tiene una página y el sigue a un tal BeKa, incluso hacían llamadas y se tocaban…

— Sí. — confirmé en un susurro. — Por ahí conocí a Tom… él no sabe que soy Bill. — mis ojos se tornaron un poco acuosos. — Andreas me chantajea con eso… quiere decirle a Tom quien soy si no me acuesto con él y eso fue lo que viste.

Ya lloré.

— Estuve a punto de ser violado e incluso amenazado y no puedo hacer nada porque no quiero que Tom se entere, les juro que va a odiarme más.

— Sería menos doloroso para Tom si le dices. — recomendó Hannah tocándome el hombro. Yo negué con la cabeza y limpié mis lagrimas. — Si le explicas…

— ¡No! — exploté lanzando la botella contra la pared, esta se hizo añicos y regó el poco de líquido que le quedaba.
Laila corrió a abrazarme para calmarme pero no me dejé. — ¡Tengo miedo! ¡No quiero que me odie más! ¡Yo… yo amo a Tom, joder!

— Tom también te ama. — susurró Laila abrazándome a la fuerza.

— Te ama tanto que para no sentir más dolor se anda cogiendo a quien se le cruza por en frente.

— ¡Gustav!

Regresé a ver al susodicho con una mirada bastante asesina. Él se hizo bolita detrás de Hannah tratando de esconderse bajo sus faldas, Laila me agarró fuerte para que no reaccionara a golpes y ¿por qué debería? Gustav no tiene la culpa de eso.

— Creo que pensé en voz alta.

— ¿Saben qué? — limpié mis lagrimas y caminé hasta donde estaba la otra botella, la destapé y la tomé en exceso. — En cuanto acabe con Jörg viajaremos a Leipzig, le diré toda la mierda a Tom y me desaparezco, fin.

.

By TOM

Estaba regresando a casa un poco pasado de copas, sólo y con el corazón destrozado. Coger con dos mujeres a la misma vez no llena ese vacío que Bill provocó. Quiero buscarlo, quiero que me ame y se deje amar, lo necesito conmigo sin importar que haya hecho con el estúpido de mi ex mejor amigo.
Solo Bill puede llenar ese vacío, solo él y nadie más. Estoy sintiendo ahora mismo un asco hacia mi persona por dejarlo ir.

En serio, lo extraño…

Saqué las llaves de mi casa una vez que estuve frente a la puerta e ingresé. Lo más raro de esto es que la puerta no quería cerrar, parecía que estaba atrancada con algo.

— Cierra hija de puta. — ya estaba cabreado con ese pedazo de madera tan insolente. La abrí de nuevo para revisar y di un brinco al ver a Andreas parado ahí con una sonrisa.

— ¿Tu hermano? — con toda la confianza del mundo entró a mi casa y se sentó en el sofá. Traté de pararme bien para poder enfrentarlo pero es que todo me daba vueltas, me mareaba. — Dile que ya estoy aquí, que vengo por lo que quedamos sin terminar.

— Bill no está.

— No te sientas celoso, Tom. Anda, llámale.

— En serio, no está. Salió de viaje y no sé cuando volverá. — Andreas regresó a verme con el rostro más rojo que nunca por la molestia.

— ¡Tiene que estar!

— Oye, no grites en mi casa, tu voz me estresa. — este se levantó y me miró tan serio, casi me orino del miedo.

— Dile a Bill que se comunique conmigo lo más pronto posible.

— Si no te ha dicho nada es por algo, Andy. — crucé mis brazos y le sonreí. — ¿Acaso no te dijo que se iba?

— No. — murmuró con fastidio.

— Uhm, que raro.

— Solo… dile que se comunique conmigo en cuanto antes y si es hoy, mucho mejor. A él le conviene que su secreto no sea descubierto. — se fue dejándome con la gran duda, me tiré en el sofá con la cabeza llena de pensamientos, las emociones revueltas y un poco de inseguridad.

— Secreto… — murmuré mirando al techo y luego al bolsillo donde estaba mi teléfono, ¿le llamo o no le llamo? — Que complicado eres, Bill. — saqué el móvil y marqué su número, repicó varias veces pero no me contestó. Tan estúpido soy por creer que si me iba a contestar.
Me levanté y encaminé mis piernas hacia la cocina, saqué un six pack de cervezas enlatadas y las subí a mi habitación. Cerré la puerta con seguro, coloqué un poco de música a un volumen considerable y empecé a beber.

Volví a marcar el número de Bill y mi corazón comenzó a latir cuando escuché su voz.

— ¿Hola?

— Bill, soy Tom.

— ¡Déja tu mensaje de voz y espera a que lo escuche! ¡Adioooooooós!

— Que mierda. — colgué el estúpido buzón de voz y me tiré a la cama. Para no insistir solo decidí llamar al número de Gustav, quizás el sí me conteste y venga a acompañarme en mi momento.

— Hola, ¿ya estás mejor?

— Ven a mi casa, te invito unas cervezas.

— No estoy en la ciudad. — quedé en silencio mirando al suelo.

— ¿Dónde estás?

— Mhmm, muy lejos… pero no te preocupes, mañana mismo ya regreso y me invitas.

— Mañana ya no. — di por finalizada la llamada. Suspiré rendido, cansado y harto del giro tan grande que dió mi vida desde que él apareció.
No iba a negar que si me hacía mucha falta su sonrisa y esos ojos rodeados con pintura negra que lo hacen ver tan lindo, tierno…

Joder.

¿Desde cuando?
Agh.

Marqué su número otra vez, no quiero darme por vencido con él. Estoy seguro que habrá una maldita solución para esto.

— Tom.

— Dime que si eres tú y que no es el buzón de voz. — mi gemelo se aclaró la garganta y suspiró. — ¿Bill?

— No, no soy el buzón. — su voz parecía como si igual hubiera estado tomando. — ¿Qué sucede? — me quedé en silencio oyendo su respiración un poco agitada, mi cuerpo se erizó por completo y solté un suspiro. — ¿Tom?

— Te extraño, Bill. — dije sin aguantarme las ganas de llorar. — Necesito de ti, en serio. — no quería verme ridículo por estarle llorando a mi hermano a través del móvil pero sucedió, ya le lloré. — Dime, ¿dónde estás? y yo iré a buscarte, te lo juro.

— No. — mierda, las lagrimas ahora no calmaban, salían con más abundancia. — Te buscaré yo… necesitamos hablar de algo que tienes que saber si o sí, ¿está bien?

— ¿Cuando? — sollocé y tomé otra lata de cerveza.

— No estoy seguro…

— Que sea pronto, Billy.

— Sí y ya no tomes más, por favor. — así dió por finalizada la llamada. Él en serio estaba demasiado molesto y ahí iba yo tu necio, a querer insistirle como un perro.

«A la mierda.»

&

Quedé seco en la cama, muriendo de frío, el olor a cerveza en mi habitación me causaba nauseas y yo olía a todo menos a limpio. Los golpes en la puerta por parte de mi madre retumbaron en mi cabeza, que mala manera tenía cuando golpeaba la puerta, siempre tan exagerada.

Dios…

Obligué a mis piernas a que me obedecieran y se encaminaran hasta la puerta para abrir, si no, la iba a tumbar.

— Buenos dí… pff, ¿qué es ese olor? — se tapó la nariz, me empujó a un lado para entrar a mi habitación y mirar el desastre que estaba hecho. — ¿Tomaste?

— Sí. — susurré rascándome el abdomen. — ¿Qué quieres?

— Nada. — hoy Simone se veía más feliz de lo normal. Eso es muy raro en ella. — Te disculpo por haber tomado, ¿sí?

— Ajá.

— Quiero que recojas todas tus cosas. — me alarmé mucho, estaba feliz porque me va a sacar de la casa… ya se me hacía raro ya.

— Mamá, no hice nada. — me apresuré a decir caminando hasta ella. — Tomar no está mal para la edad que tengo y…

— Tommy, cariño. — interrumpió poniendo sus manos tibias en mis mejillas. — Jamás dije que te iba a sacar de la casa.

— Ah, que alivio.

— Obedece que Bill está por llegar.

— ¿Bill? — cuestioné con el ceño fruncido, él me dijo que no volvería en un buen tiempo. — Pero…

— Sí, hijo. Bill nos llevará a la nueva casa que compró tu padre con el sueldo adelantado que le dieron, casualmente ambos se encontraron en Múnich y tu hermano le ayudó a encontrar una casa enorme para nosotros, por eso quiero que recojas tus cosas.

¿Sueldo adelantado?

¿Tan rápido?

Que extraño, mamá.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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