

Fic de WifesKaulitz. Temporada I
Capítulo 20
Lentamente me puse de pie y lo miré con los ojos entrecerrados. Podría decir con certeza que se puso nervioso. Contestó la llamada mientras me daba la espalda, iba a insistir hasta que BeKa me contestara pero el timbre sonó.
Tiré el móvil al sofá y caminé hasta la puerta mientras me arreglaba porque sabía bien que él me miraba sin disimulo. Al momento de abrir le sonreí y saludamos de beso en la mejilla.
— Hola, Tom. — tomé las cosas que traía y las metí a la casa hasta la mesita de centro. — ¿Cómo estás?
— Cansado de mi cabello, ¿y tú?
— Uff. — se tiró al sofá con suma confianza y suspiró. — No sabes la cantidad de halagos que recibí por lo que pasó ayer.
— No me habrás desmentido, ¿verdad?
— ¡Claro que no! — exclamó con una sonrisa. — Me dicen que debo ser afortunada de ser la novia de Tom Kaulitz porque es un hombre atento, detallista y probablemente bueno en la cama. Y yo les dije que sí, ¡que eras una maquina de sexo! Joder.
— ¿Es broma?
— Para nada. — arquee las cejas. — Creo que puedo aceptar ser tu novia de broma para que tu ex deje de molestar. Al final ya no nos volveremos a ver porque ya nos graduamos y pues cada quien, ¿no?
La risotada de Bill se escuchó hasta la sala, a mi parecer estaba escuchando todo.
— ¿Y eso? — Hannah también comenzó a reirse con moderación mientras comía. — Su risa es graciosa. — me encogí de hombros y revisé las piezas para el proyecto. Las piezas que trajo eran para montar una mini montaña rusa, traía un tren, un motor para abastecer, batería y todas esas cosas necesarias para elaborar.
— Dame un momento.
Fui hasta las gradas para subir a mi habitación, al llegar saqué la laptop y de paso las llaves del auto para devolverlo a su verdadero dueño.
Unos cuantos pasos más y estaba parado en la habitación de mi gemelo que recogía su ropa en una maleta.
— ¿Te vas?
— En la noche. — la molestia fue reemplazada por un sentimiento de abandono. — Tengo un viaje importante y no creo volver en un tiempo.
— Ah… — quedé parado en la puerta, en completo silencio aun mirando.
— ¿Qué haces ahí? Vete.
— No tienes un viaje de trabajo, ¿no es así? Te vas por mí, porque no quieres verme.
— Tom, no empieces ahora. No estoy de humor.
— Bueno. — lancé las llaves del auto a la cama y salí de su habitación. Bajé las escaleras hasta llegar a donde estaba mi compañera. Le entregué la laptop para que ella hiciera el informe mientras que yo hacía el proyecto.
Me frustré cuando lo vi salir con las llaves del auto e irse azotando la puerta de la casa.
— ¿Todo bien?
— Sí… — levanté la mirada fingiendo, ella analizaba mi rostro detenidamente y arqueó una ceja.
— Mientes. — acertó. Sonreí en silencio y seguí en los mío, estaba un poco complicado unir las piezas del juego.
Más complicado que entender a Bill.
— Ese es el chico que estaba vestido de cura en la fiesta, vi como te bailaba así de seductor. — comenzó a imitar los pasos que hacía mi gemelo, haciendo que recordara esa noche donde se puso celoso de ella. — Tú lo mirabas de la misma forma, por poquito y se comen con los ojos…
— Si me sentí seducido, lo admito.
— ¿Quién es, eh? — estoy seguro que el rostro se me tiñó de un ligero tono rosadito que traté de ocultar. — ¡Ya te caché, Tom Kaulitz! — peligrosa se acercó a mi y comenzó a hacerme cosquillas, estallé de la risa tratando de separarla de mi pero imposible porque cada que intentaba me ganaban las carcajadas. — ¡Dime!
— ¡Ya! — gritaba sin poder. — ¡Bill! ¡Se llama Bill! ¡AAAHHH!
— ¿Tu novio? — su tono de voz era de picardía. Respiré profundamente, volviendo a sentarme bien y negué. — Según tú, ¡si se besaron en la fiesta! ¡No hagas que use mis manos para hacerte cosquillas!
— Bill es mi hermano gemelo, — su cara ahora era de desconcierto, como si no entendiera lo que le dije. — Vacilamos y ya.
— Vaya… eso si que no me lo esperaba.
— Pido absoluta discreción ante semejante confesión que le acabé de hacer, señorita.
— Lo prometo, joven. — reimos a carcajadas cuando nos vimos a la cara. — No, ya. En serio, ¿cómo que te gusta tu hermano gemelo?
— ¿Me creerías si te digo que ya cogimos?
— ¡Oh, dios! ¡Tom! — exclamó mientras se sentaba a mi lado. — ¿Qué sentiste cuando lo hiciste? ¿Eres gay o solo esos chicos que experimentan?
— En mi sincera opinión, hacerlo con él fue muy especial como si fuera mi primera vez, no voy a profundizar más en explicarte porque me excito y la segunda pregunta no voy a responder porque ni yo mismo sé.
— Yo creo que eres Bisexual.
— Oye. — reí recordando lo que Georg me había dicho. — Un amigo me llamó de la misma forma pero con el nombre de mi gemelo.
— ¿Billsexual?
— Sí…
— ¡Dios! Ya no quiero que me vean como tu novia, quiero que tú y tu gemelo me adopten.
Nos miramos con una sonrisa y hablé:
— Se me ocurrió una maravillosa idea y tú vas a ayudarme.
.
By BILL
El motivo de mi viaje importante de negocios, entre comillas, es porque me decidí a acabar con la farsa de Jörg de una vez por todas.
Descubrí por accidente uno de sus correos que llegaron a la casa. Era la factura de dos boletos de avión con destino a Múnich.
Estaba en la agencia de viajes, esperando el turno para poder comprar mi pasaje junto con el de Laila e ir directo, sin hacer escalas y junto con el, un hotel para poder hospedarnos. El número de mi ticket marcaba «PD- 356», me fijé en la pantalla y solo estaba a un turno.
Para ser sinceros yo si tenía miedo de lo que pueda pasar en ese viaje. Con el si tenía que tener un poco de cuidado porque estoy tentando a mi suerte aunque ansiaba ver el rostro de decepción de Simone.
El ruido de la pantalla interrumpió mis pensamientos indicando que mi turno ya había llegado.
— Buenas tardes, necesito dos vuelo para Múnich junto con una reserva de hotel a nombre de Bill Kaulitz.
— Tenemos para las diez y media de la noche, ¿está bien? — asentí buscando en mi billetera la tarjeta. — El mejor hotel, mhmm, ¿le parece el Munich Marriott Hotel City West?
— No sé cual es, pero si. — la chica me miró por unos segundos con una sonrisa y tecleó un par de cosas. Reí de vuelta al mismo tiempo que le daba mi tarjeta. Estaba enojado aún.
— Que tengas un buen viaje, Bill Kaulitz. — en un sobre amarillo me entregó los pasajes junto con el ticket de reserva. La tarjeta la puse en su lugar y me despedí de la señorita para irme de una vez.
Me fijé en la pantalla de mi celular la hora y eran las cinco y cincuenta. Aproveché para entrar en una cafetería y comer algo, tenía el estómago vacío desde que salí de la casa y no he hecho nada más que renegar.
Compré un mocaccino junto con unos muffins de vainilla y salí por las mismas hasta la casa de Tom para recoger la maleta y que al momento de irme no sea tan incómodo.
Estaba decidido a no volver a verlo nunca más.
Caminé hasta donde estaba estacionado el auto y me subí, lo puse a andar como una bestia mientras que en cada semaforo comía y bebía.
Al llegar me bajé asegurando el auto, entré a la casa pero no cerré la puerta para que al salir con la maleta no se me dificulte tanto.
Corrí hasta mi habitación, cogí la maleta junto con algunas cosas más y por las mismas bajé. Estaba a punto de salir pero la figura de Andreas empujándome dentro de la casa me dió miedo. Le puso seguro a la puerta sin dejar de mirarme, por poco y me orino.
Retrocedimos unos cuantos pasos hasta que choqué con el sillón. Su rostro parecía el de un maldito psicópata salido de una película de terror.
— Mira que pequeño es el mundo, Angel. — arquee la ceja, ¿aun seguía pensando que mi nombre es Angel? Buah. — …o mejor dicho Bill Kaulitz.
— Ah, si soy yo ¿qué quieres?
— ¡Shh! — calló poniendo su sucio y asqueroso dedo índice sobre mi boca, el mismo que aparté de un manotazo. — ¡No! ¡Espera! Esta me gusta más… mhmm, ¿cómo era? — chasqueba sus dedos haciendo memoria. — ¡BeKa! ¿Te suena?
Estoy seguro que me puse pálido y empecé a sudar como puerco.
¿Cómo Andreas supo que soy BeKa? ¡Él era quien menos tenía que enterarse!
— ¿Qué? ¿Tom te comió la lengua? — empezó a burlarse de mí. — Este mundo es muy diminuto. — cada vez se pegaba.
Me sentía ansioso.
— El día de la gran fiesta de tu amiga Laila, conocí a Angela. Me dijo muy descaradamente lo que hizo con tu ex: Lucas.
— Esa perra. — murmuré con el último aliento que tenía.
— Esa misma perra también me contó que llevaste a tu gemelo a México y que le hiciste creer a todo el mundo que era tu novio, ¡wow! — aplaudía con fuerza. — Que genio.
Molesto, le di un empujón que le hizo retroceder unos pasos. Eso le enojó y se lanzó contra mí, ambos cayendo al sofá. Tener su rostro cerca del mío me daba un poco de náuseas.
— ¿¡Qué es lo que quieres, imbécil!?
— Te quiero a ti, Billy. — me desesperé mucho. Su boca estaba besando mi cuello. — Entrégate a mi, Bill. Y no le diré a Tom que eres un actor pornográfico que anda con uno y con otro grabándose mientras cogen. Te aseguro que conmigo tampoco vas a tener problema porque eres un prostituto en pocas palabras.
Estaba forzando su agarre en mis muñecas, hizo que chillara adolorido.
— ¿Cuanto cobras, eh? Tengo ciento ochenta euros en efectivo. — aproveché que se alejó de mi para darle una patada en el pecho que le hizo caer y huí hacia la cocina. — ¡Ven aquí, puta!
No alcancé a agarrar algo para seguir defendiéndome, me puso zancadilla para hacerme caer y volver a subirme. Golpeó mi pecho dejándome sin oxigeno.
Lanzó los billetes a mi rostro y tomó un cuchillo, en ese momento supe que no podía hacer nada más que sentirme un maldito miserable.
— Si no te molestó ser la puta de tu hermano, tampoco te molestará ser la mía.
— No, por favor… — balbuceé conteniendo las ganas de llorar. — Por favor.
— Tienes un rostro angelical que desee desde el primer momento en el que lo ví. — tocaba mis piernas con desespero. — ¿Por qué con Tom y conmigo no?
— No me toques…
— A BeKa le encanta tomarse su leche como una gatita, ¡haz eso con la mía!
— No te das cuenta que estás tocando a una persona que es famosa y que con todo el maldito dinero que tengo te puedo refundir en la cárcel.
— Me iría con la satisfacción de que te cogí. — sus sucios labios se restregaban sobre los míos, Andreas soltaba mucha saliva en mi rostro que no soporté y le mordí el labio hasta el punto de hacerle sangrar.
Traté de darle una patada en la zona baja, pero no pasó gracias al doloroso golpe que me dió en el pómulo. Me quedé quieto ya.
Que lo haga de una vez.
— No hagas que te lastime ese rostro de porcelana, por favor… — ya no escuché que más decía, mi vista de centró en el techo de la cocina.
El sonido de la tela de mi camisa siendo rota también pude oirlo, estaba acabado y no había nadie que me ayude en este momento.
Andreas estaba a punto de arruinar mi vida más de lo que ya está.
— Eres hermoso, me encantas. — tragué saliva y esta vez si lloré como nunca, sin reprimirme nada. Sacando lo que he aguantado por tanto tiempo. — Te dije que esto no se iba a quedar así y te burlaste de mi, no sabes cuanto disfruto verte llorar, Bill Kaulitz.
— Dios, no. — bajaba su sucia boca, lamiendo mis pezones…
— ¿Qué mierda?
— ¡Tom!
Continúa…
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