
Fic de WifesKaulitz. Temporada I
Capítulo 13
Me quemaba la cara, de seguro me veía como un tomate «pero uno tierno» de la vergüenza que tenía. Tom se puso de pie y se acercó hasta mí, su perfume inundó mis fosas nasales. Olía a todo un macho de verdad.
— ¿No dices nada? — tenía una sonrisa ladina. Mis ojos miraban todo su rostro, deleitandose ante su perfección. — Mhmm… hace rato gritabas como loco, ¿y ahora?
— Lo del sueño humedo fue una mentira, Tom. Sólo para d-desquitar mi enojo… — entrecerró los ojos tratando de encontrar algún rastro que pudiera delatarme.
— No me mientas. — susurró muy cerca de mi oído. Como si fuera automático, mi pene se volvió a despertar, por poco y se sale de la toalla.
No me preocupé en ocultarlo porque ya lo había visto, a si que, le di la espalda para secarme y vestirme de una vez.
— Te traje el desayuno aquí, estamos solos, porque… salieron a la playa y en cuanto termines de comer iremos también.
— Gracias.
— Bueno.
Me puse un bañador negro junto con una franelilla del mismo color, sequé mis chanclas de baño y me puse ya que al momento de caminar por la arena se sienten muy cómodas.
Tom me pasó el desayuno y comí bajo su mirada, podría decir hasta que se me olvidó como se tragaba.
Me ponía nervioso.
— Ya no tengo hambre.
— Ay, Bill. Deberías comer otro poco, solo le has dado una mordida a tu tostada.
— Es que no es integral. — mentí.
— Entonces come fruta, ¿sí? — asentí mirando mi plato. — Voy a ponerme cómodo porque si salgo con esto voy a parecer un Tom asado. — ambos nos reimos por lo bajo.
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Tenía a Tom poniéndome bloqueador solar en la espalda. Gracias a ello descubrí que mi hermano tenía dotes de masajista profesional.
— Listo. — me senté correctamente y me miré al espejo, por lo pálido que era casi ni se notaba que traía puesto protección.
— Tienes unas manos mágicas, Tom.
— Siempre que Chantelle llegaba cansada le hacía masajes y gracias a ello aprendí.
«Wow, Tom. Que gran dato tan curioso me has dado.»
— Ah, pero que preguntón estoy.
— Sólo te estaba contando, Billy. — rodee los ojos y me acosté en mi silla, ¿por qué tenía que mencionar a la estúpida de su ex novia?
Agh.
— ¿Planes para la noche? — preguntó Laila mientras traía cuatro piñas para los que estabamos ahí.
— Iremos a una discoteca de por aquí cerca, beberemos hasta el amanecer y volveremos a nuestro país con una resaca que da miedo.
— Ana, eres una genio. — sonreí. — Ya es hora de que me pegue una borrachera de esas que casi no puedo ni levantarme.
— Agradecida porque al fin tienes a alguien que te cuide.
— ¿Tú tomas, Tom? — él se quedó en silencio, miré su rostro y estaba algo sonrosado.
— Sí.
— Genial. — todos nos callamos, no hablamos ni decíamos nada hasta que llegó Lucas con su maldita insolencia a acostarse entre Tom y yo. Tom soltó un supiro de molestia mientras se alejaba un poco de mi ex.
— Esta mañana oí como le gritabas a Laila que tuviste un sueño humedo. — ahora se volteó para ver a Tom. — ¿Qué se siente que tu pareja tenga sueños humedos con su gemelo?
El increible ser de rastas preciosas no dijo nada.
— No, mejor dime. ¿Sabías que Bill tiene un hermano gemelo?
— Que maldita mala manera de molestar tienes, Lucas. — Ana ya cabreada se levantó de su asiento y lo jaloneó para que se alejara pero este ponía resistencia.
Yo ya ni siquiera quería hablar, estaba harto de él.
— Cuando Bill era mi novio me contó que le gustaba su gemelo y yo luché contra sus sentimientos por él pero no pude, ¿sabes? ¿Qué te hace pensar que tu vas a poder con eso?
— Te estás pasando. — murmuré molesto. Donde diga una estupidez más le rompo la cara.
— Estoy seguro de lo que Bill siente por mí. — contestó Tom levantandose de su silla. — Su hermano no será obstaculo para nuestra relación, ¿entiendes? ¿o te explico con manzanas?
Odiaba cuando Lucas soltaba esa risa tan sarcástica que hacía sentir mal a los demás. Pensé que mi hermano iba a quedarse con eso y a irse de vuelta a casa pero no fue así.
Él le borró la sonrisa a Lucas del solo puñetazo que le hizo caer al suelo. Me levanté asustado hasta Tom para impedir una pelea.
— Pegas duro, princeso.
— ¡Tom! — le chillé cuando empezó a forcejear conmigo, sabía que Tom era fuerte pero no tanto como para tumbar a Lucas. — ¡Basta!
— ¡Y tu también! ¡Cálmate! ¡Bill no te ama! ¡Ya es feliz con Tom, carajo!
— Por favor. — insistí logrando empujar a Tom hacia atrás, lejos de todo el escándalo. No quería llamar la atención gracias a los celos de Lucas.
— Ya, estoy tranquilo. — me percaté que en donde estabamos no había nadie, sólo nosotros dos. — Disculpame, casi no suelo hacer shows pero ese tipo me tiene cansado.
— No pasa nada.
— ¿Quién se cree para venir a burlarse de mis sentimientos hacia ti, Bill? ¡Soy yo ahora tu novio y que se aguante! — pateaba la arena mientras soltaba quejidos, seguro sacando su enojo y no lo culpaba.
— Lucas piensa que tú eres uno más de todos los novios que conseguí para molestarlo.
— ¿Cómo? — se quedó estatico cuando le confesé eso, pero merecía saber la verdad ya que lo metí en esto.
— Lucas me fue infiel con una modelo méxicana de nombre Angela y la muy perra según era mi amiga. — me senté en la arena mientras enterraba mis pies en ella. — Los descubrí teniendo relaciones sexuales en mi propia casa, en mi cama… y le perdoné.
No le podía contar las cosas más a detalle porque esto implica toda la mierda de onlyfans y agh, una mierda completa.
— Luego terminamos y volvimos varias veces, en todas esas veces que estuve libre siempre me conseguía uno diferente considerando la mierda de «un clavo saca a otro clavo» hasta que no funcionó y lo único que me quedó fue volver a Alemania, sabiendo que en cualquier momento podríamos encontrarnos y así pasó, ni bien llegué ya te vi en ese taller. — Tom repitió la misma acción que hice hace un momento, pero en frente de mi. — Se me removió todo cuando te vi y supe que no te había olvidado nunca, que lo que sentía por ti estaba intacto.
— Yo ese día no te reconocí gracias a los lentes gigantes que tenías puesto.
— Oh. — carcajee con timidez.
— Yo solía salirme del colegio para ir a buscarte y me ponían fuga, tenía malas notas e incluso llegaba a embriagarme hasta no poder más… te extrañaba demasiado, Bill. — estaba en silencio y con la cabeza baja, escuchando. — Hasta hace unos días discutí con mis padres para que me dejen buscarte hasta por debajo de las piedras pero no cedían…
— No me sorprende.
— ¿Puedo saber qué les dijiste para que nos hayan separado? Todavía no lo sé con exactitud y me atormenta cada vez que te pienso.
Suspiré.
— No creo que sea el momento para hablar de eso.
— Es el momento perfecto, por favor. — nos miramos fijamente a los ojos.
— Cuando te hiciste pareja de la rubia yo me puse muy mal, tanto que le confesé a tu madre que gustaban los hombres y que tú fuiste el primer chico del que me enamoré…
— Yo le propuse a Chantelle que sea mi novia porque quería alejarte de mí, lo que estabamos haciendo no estaba bien y ambos lo sabíamos.
— Sí…
— Luego mi madre solo me contó que decidieron internarte para que reflexiones porque le habias dicho que eras homosexual.
— Para mi fue una maldita bendición, porque conocí a Laila y como era un internado mixto vi muchas pollas de varios tamaños y colores.
— ¡Bill! — chilló mi hermano sonrosado y solo pude reirme de su rostro.
— ¿¡Qué!?
— ¡No me cuentes eso!
— ¡Ya! — mi risa no calmaba. —¡Perdón! — reí aún más cuando él también empezó a reirse.
— Eres un caso.
— Sólo hagamos esto de una vez, no dejes que Lucas acabe con tu paciencia, ¿sí? Mañana ya es domingo y ten en cuenta que ahí muere todo.
— Sí, está bien. — en silencio me puse de pie, limpié mi trasero para que se salga la arena y le brindé mi mano para ayudarlo a ponerse de pie.
— Vamos. — empecé a caminar con lentitud. — ¿Tom?
Él vino corriendo hasta mi y con mucha fuerza me alzó para luego ir corriendo hasta el mar. Yo pataleaba para que no lo haga porque empezaba a soplar un viento que me dió un poco de frío.
— ¡Tom, no!
Ya fue tarde.
Los dos caimos al agua, logré soltarme de su agarre para poder salir hasta la superficie. Quité los cabellos de mi rostro para poder ver bien.
— ¡Eso no fue gracioso! ¡Me muero de frío! — nadé hasta que mis pies tocaron la arena y me tiré en ella por lo calientita que estaba. — ¡Si llego a enfermarme tú vas a cuidarte! ¿¡oíste!? — no me respondió. — ¿¡OISTE!? — grité más fuerte pero aun así no obtuve respuesta. — ¿Tom?
Ya me levanté demasiado preocupado por el, caminé un poco más para ver si estaba por ahí pero no.
— ¡Tom! — obligado me metí a nadar para poder buscarlo, llegué a estar tan lejos que cuando traté de pararme casi me ahogo. No tenía mucha resistencia para nadar y aparte el poco miedo que le tenía al mar.
Agh.
— ¡Auxilio! — grité cuando algo me tocó el pie y ese algo salió a darme la cara mientras se reía de mi. — ¡Idiota! — le di un golpe en el hombro y seguí mi camino hasta salir.
— ¡No te enojes!
— ¡Con eso no se juega, Tom!
— ¡Perdóname, Billy! — me molestaba más que siga riendose cuando en realidad sí me preocupé.
— Eres un imbécil. — nuevamente me tiré en la arena pero esta vez con los brazos abiertos. — Me da un poco de miedo el mar y me haces tus bromas pesadas.
— Oww, perdón… — se tiró a mi lado y respiró fuerte. — No lo sabía.
— Pirdín, ni li sibíi. — volvió a partirse de la risa y yo junto con él. Nos reíamos como dos locos anormales por un largo rato.
— Bill. — de pronto la risa se acabo y se puso serio.
— ¿Qué?
ALERTA‼️— me gritó mi cerebro al ver a Tom subirse sobre mí. Sus rastas cayeron al lado de mi rostro mojandome un poquito. Me puse nervioso ante tal cercanía.
— ¿Sabías que va a ser difícil sacar la arena del cabello? — comenté para que no se me noten los nervios.
— Sí, ya lo sé.
— Ah, que bueno.
— Bill. — volvió a llamarme, yo cerré los ojos esperando a que hablara. — Quiero besarte. — a eso se sumó mi corazón golpeandome el pecho con fuerza. — ¿Me dejas?
— Sí…
¡Tom me estaba besando y no estabamos actuando!
¡Me estaba besando sin que nadie nos vea!
¡Oh, dios mío!
Abracé su cintura con mis piernas y le seguí el beso, dejé que todas mis emociones salieran y en ningún momento me contuve. Puse mis manos en su espalda para acariciarlo.
Me encantaba tocar su espalda y su torno desnudo, me emocionaba hasta en puntos incontrolables.
Dejó de besarme para poder quitarme la franelilla y lanzarla a un lado. Me daba besos en el cuello creando una erección rápida.
— Te deseo. — susurré. — Hazme tuyo de una vez.
— ¿Aquí? — susurró de vuelta con la voz un poco pastoza y afirmé con la cabeza.
Yo mismo me coloqué en cuatro y me bajé el bañador dejando expuesto mi trasero ante su mirada y, muy pronto, estaba sintiendo mi entrada ser lubricada con su lengua.
En serio estaba a punto de tener sexo con él.
«Otra vez.»
— ¡Ah! — agarré mi pene para masturbarme y liberar mi excitación. — ¡Mhmm, Tom! — se sentía bien porque podía gemir con libertad.
— También te deseo, Billy. — ahora la punta de su pene jugueteaba en la humedad que creó. — Siempre lo hice, desde que me tocaste por primera vez.
— ¡Tom! — gemí al sentir como su miembro se adentraba en mi interior. Pequeñas gotas de semen que salían de mi pene caían sobre la arena.
— Hoy al fin eres mío.
Continúa…
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