

Fic de WifesKaulitz. Temporada II
Capítulo 9
By BILL
Por voluntad propia espero que me diga la verdad de lo que ví porque le va a costar. Seré comprensivo, no me voy a exaltar. La comunicación ante todo, la confianza…
Es lo que me vengo repitiendo en mi cabeza una y otra vez.
Salí para ir a darle una sorpresa a su trabajo (un almuerzo juntos a solas) pero me encontré con la desagradable sorpresa de esa Frida besando a Tom.
Me mira en silencio como camino hacia él, le doy un beso en la mejilla y voy hacia la cocina para preparar un buen batido. Sigue mis pasos atrás lentamente. Saco los bananos de la funda, agarro un cuchillo y los parto en pedazos de una manera exagerada.
Levanto y dejo caer la lámina sobre la fruta, hace un sonido cuando choca con la tabla de picar.
— ¿Por qué no solo lo rompes con la mano…?
— ¿No puedo hacerlo así? — arqueo una ceja lanzando las cáscaras a un lado. Tomo el vaso de la licuadora, pongo los trozos y lo licuo haciendo puré.
Ojalá entienda la indirecta que le estoy dando.
— Me estás asustando…
— Pásame la leche. — obedece al instante. Pongo una buena cantidad para dos vasos y dejo que se mezcle.
Odio que queden los pedazos al final.
Le doy el resto que quedó para que la vuelva en su lugar.
Alisto dos vasos para poner la bebida y servirla. — ¿Todo bien? — le extiendo uno para que tome mientras lo veo.
— Bill, ¿quieres dejar el cuchillo de lado? Me pone nervioso… — con una buena puntería lo dejo en el fregadero y me dispongo a tomar el batido. — Es una locura…
¿Cuál?
¿El que te hayas dejado besar de esa asquerosa y que hasta ahora no me digas nada?
— Hoy iré con Nahiara al spa, no sé a qué hora llegue.
— ¿Quieres que te vaya a ver al final?
— No, gracias. Preferiría caminar para conocer… ya sabes… — asiente un poco en duda. Se acerca para darme un beso en la mejilla de despedida porque ya tenía que volver.
A penas sale de la casa soy una maldita furia.
Doy un contra el suelo el vaso que nada tiene que ver y muerdo mi mano.
Me las va a pagar.
Lo juro.
Al instante me comunico con Nahiara, esta no se va a quedar así.
— Cariño, estoy a tus órdenes…
— Tom sale de trabajar a las siete, ¿me acompañarás?
— Sabes que si…
&
A penas ví el auto irse del taller corrí a meterme dentro dónde se supone que estaba esa machorra.
Para su desgracia nos topamos cara a cara, yo entrando y ella saliendo.
Nahra estaba un poco lejos de mi pero atenta a mi porque yo iba decidido a darme de a golpes.
Esta vez actuaría BeKa porque es de calle y no Bill, un marica tímido que se refugia bajo estas palabras: «una persona tan importante como yo no va a rebajarse con alguien tan poca cosa como tú…»
¡Hoy no!
— Tom ya se fue, ¿qué haces aquí? No creo que estos sean tus lugares. — levanto la mano y la estrello en su mejilla con fuerza. Frida cae al suelo pero rápido se levanta. — Hijo de perra…
Creo que le hice ver las estrellas del manazo.
— ¡Hey! — un rubio corre a detenerla y Nahra también súper altanera.
— ¡A ver! ¿¡qué pasa con mi amigo, ah!?
— ¡Te voy a matar, güero desabrido!
— ¡Aquí estoy! ¡hazlo! ¡no me va a pesar la mano para darte otro! — esa perra intenta forcejear con la fuerza de el rubio pero no logra hacerlo.
Estoy de pie en mi lugar si hacer nada. — ¡Regalada buscona!
— ¡John!
— ¡Dónde que te vea una vez más besando a mi marido, no sabes la que te espera!
Comienza a reír a carcajadas.
Nahra y yo nos miramos al mismo tiempo y luego a ella.
— Ah, ¿nos viste? pobre perro, ¡no es la primera vez que nos besamos! — até bien mi cabello en una coleta y me tiré por encima del rubio a seguirle dando golpes como vaya.
Nahra también se mete pero para que el rubio suelte a la tipa y me deje hacerle mierda.
Recibí un par de rasguños de su parte y un puño que me rompió la boca.
— ¡John! ¡Llama a Tom!
— ¡Eso hago!
— ¡Eso, Bill! ¡No te dejes! — su apoyo me daba más soltura.
— ¡Tom, jalate ahorita pa’l trabajo! ¡Un tipo se está matando con Frida por ti!
No tanto, solo nos teníamos de los pelos mientras con la mano libre jalamos rasguños y puñetes a lo tonto.
— ¡Ya! — ese tal John me jaló de manera sobre natural y caigo encima de él, rendido.
Ahora siento unas putas ganas de llorar…
Tom me fue infiel, maldición…
Hijo de puta, nunca cambio y tampoco cambiará.
— Bill. — Nahra me ayuda a levantarme mientras me revisa el rostro. — Solo es cuestión de ponerte hielo en la boca y ya, no te hizo casi nada.
— ¡Pregúntale a Tom las veces que nos besamos, estúpido cara de mi buena ve…
— ¿Cuántas veces, Frida? — se me tensa todo el cuerpo. Dejo a un lado a mi amiga para dirigirme a él y le doy un mal golpe en el abdomen.
— Quédate con tu perra, lame culos. — de paso le quito la llaves del auto. — Vámonos, Nahra. — sale tras de mi para subirse al auto. Lo pongo a andar hasta dejarla en su casa y llegar a la mía. Le prepararé una bonita maleta a Tom Kaulitz para que se vaya de regreso a Alemania, no es nadie sin mi.
Que lo sepa bien.
Busco vuelos urgentes para Leipzig pero no encuentro ninguno que sea para mañana, todos son con una maldita semana de anticipación y me emperra.
Cuando creí haberlo metido todo la saco hasta el pasillo y justo va llegando él con una cara de pocos amigos.
Ahorita me importa una mierda entera.
— Bill, maldición… ¿qué haces?
— Te vas de mi casa.
— No. — frunce el entrecejo. Me arrebata la maleta y la vuelve a meter hasta la sala. Entra dándome un empujón y yo entro seguido de él para enfrentarlo.
Ya no quiero saber nada de él…
— Me vas a escuchar. — agarra mi mano para hacer que me siente en el sofá. Cruzo los brazos y miro hacia un lado. Por el rabillo del ojo veo como se inclina frente a mí, apoyándose en mis rodillas. — No quiero perderte por malos entendidos. — respiro con pesadez. — A ver… esta mañana me vió cambiar de ropa, yo no me había dado cuenta de que estaba ahí hasta que habló. Miró el… problema que causaste entre mis pantalones y desde ahí empezó a joder. No nos hemos besado ninguna otra vez, fue ella la que me agarró por sorpresa haciendo eso hoy.
— Y no hiciste nada. — murmuro aún sin mirarle. — Te quedaste ahí, quieto… además… — me levanto dispuesto a no seguir oyendo. — No pienso tragarme tus mentiras… — entro a la habitación y la cierro de un portazo poniendo el seguro para que no entre.
— Joder…
&
No pegué los ojos toda la noche, me levantaba a cada rato…
¿A dónde va uno cuando le duele el corazón?
Me fijo en el reloj del móvil la hora, son las seis y cincuenta de la mañana, para colmo es domingo.
Quizás deba yo también buscar un trabajo de medio tiempo para los fines de semana en lo que se me da mejor, el dinero es lo de menos porque gano mucho mejor de lo que parece pero ¿cómo? parece que la mayoría son por influencias.
Decido empezar a revisar la página de la universidad para ver si hay tareas, lo mejor es que no encuentro ningúna a si que parece un día de flojear.
Alisto mi laptop, busco una novela interesante.
«Mi corazón es tuyo.» -> lo primero que me recomiendas la basura de internet pero igual le daré la oportunidad.
Salgo de la habitación, lo primero que me fijo es que Tom no está.
Me imagino que debe estar durmiendo en la otra habitación.
Solo por curiosidad voy a sacar la cabeza pero no.
Está intacta, con sus tendidos y todo.
Cómo última opción el baño, al tratar de abrir me estrello con el seguro.
Fijo es que Tom haya dormido en la bañera.
Al tratar de seguir mi rumbo esta se abre dejándolo ver con una franelilla y solo unos boxers.
Se me enchina la piel de inmediato, siento unos escalofríos bastante intensos.
— ¿Vas a entrar?
— No. — finalmente sigo hasta la cocina para sacar un yogurt, galletas y algunos dulces. Hoy no haré ni mierda de desayuno.
Que se lo prepare Frida.
— Dame las llaves del auto, pronto tengo que ir a trabajar. — entro un poco a la habitación y desde donde estoy lanzo las llaves. Estas caen al suelo y vuelvo a encerrarme.
Por más que trataba de darle mi atención a la novela no podía.
Tom y yo enojados.
Tom y esa perra juntos en el trabajo.
Esa sucia aprovechando la situación para seducirlo y…
¡Oh, Dios mío!
¡Nadie le baja el novio a Bill Kaulitz así de fácil!
Conmigo tienen que ponerse a luchar.
Salgo urgente para ir a darme una ducha y ponerme ropa limpia. Mientras voy de un lado a otro me doy cuenta de que las llaves del auto siguen ahí, exactamente dónde cayeron y de ahí no se han movido.
Las agarro yo, las pongo en el bolsillo hasta terminar de arreglar mi rostro y salgo como un alma que lleva el diablo hasta ese taller.
A penas llego pido hablar con Starkey.
Sonrío cuando un castaño alto y guapo me hacen el increíble favor.
Guía mis pasos hasta donde su jefe.
Le voy a aplicar la misma que hizo Andreas con Tom…
— Buenos días.
— Hola. — sonríe de lado. Estrecho su mano con la mía antes de tomar asiento. — ¿Cómo estás?
— Ahí con la mala noticia de uno de sus trabajadores.
— ¿Tom?
— No… con la chica nueva, estem… Frida creo que se llama.
— Ah, bueno. Hoy no vino a trabajar, me comentaron lo sucedido y quería hablar con ella al igual que Tom.
Es un muchacho juicioso, dedicado, tanto que me sorprendió el relajo provocado, menos mal fue al terminar porque en horas de trabajo no lo hubiera permitido.
— El problema aquí es que no sé si su trabajadora viene a laborar o a andar de calienta pollas con sus compañeros. — muerdo mi labio inferior con picardía. — ¿Cómo no va a venir si le descubrí besándose con uno y luego con otro? Es una maldita distracción para sus trabajadores, por ello hasta pueden hacer mal el trabajo, póngase a pensar en la reputación de su taller.
— Ay, no…
— Ponga cartas en el asunto.
— Gracias por informar, estará en la mira y cualquier error, lamentablemente tendré que despedirla.
— Uh. — agacho la cabeza.
— Es triste pero quiero personas trabajadoras.
— Gracias por escuchar mis quejas y lamento todo el momento tan bochornoso ayer, ¿sí?
— No se preocupe, por personas como usted es que uno se da cuenta los errores y mejora cada día. — estrechamos las manos a modo de despedida y salgo de su oficina con una sonrisa de oreja a oreja.
Me fijo en la hora, falta media hora para que Tom salga de trabajar.
Pienso esperarle para irnos juntos obvio si es que quiere, igual no pienso obligarlo.
Sigo enojado.
— Hola de nuevo. — remojo mis labios mirando con coquetería a ese castaño. — ¿Cómo te llamas?
— Bill.
— Mucho gusto, soy John. Déjeme decirle que estoy impresionado por su actitud ayer…
— Ah…
—Sí, en fin. Soy un humilde trabajador con sueldo suficiente para mantenerlo a usted y a una increíble mascota. — sonreí divertido.
Si él supiera cuanto gano yo, no me diría eso.
Lo que gana es poco a diferencia de lo que obtengo y solo haciendo contenido.
Con atención lo veo sacar su móvil, limpiarse las manos con un pañuelo sucio de grasa de auto y tipea algunas cosas que no puedo ver por el sol.
— Mi celular se ve muy aburrido, se vería más entretenido con su número…
Continúa…
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