
Fic de WifesKaulitz. Temporada II
Capítulo 8
Para que deje de estar con su mala cara le llevé a un puesto donde estaban vendiendo comida. Le compré una hamburguesa, papas fritas con su respectiva gaseosa.
Para mí solo compré un jugo en bolsa de naranja muy helado porque no tenía mucha hambre.
— Bill.
— ¿Qué? — quedo en silencio mirando su rostro. Me molesta el tono de voz que acaba de usar…
Al parecer se da cuenta, se aclara la garganta y vuelve a hablar. — Mande…
— Deja tu mala cara, por favor… más que una fiesta parece un entierro.
— Y no uno donde me lo esten enterrando a mí. — ambos nos miramos con una sonrisa de oreja a oreja. Pega su silla muy cerca de mí, apoya su mano en mi muslo y miramos al frente. Ninguno dice ni una tan sola palabra.
Luego, esa mano jugueteando sube de a poco hasta mi entrepierna. Se me va un poco la respiración.
— Quiero bailar, Tom.
— Acaba de comer. — murmuro dándole unos sorbos grandes a mi jugo hasta terminar. Meto una de sus papas fritas a mi boca y miro al frente. — E iremos a la pista…
Limpio la gota de sudor imaginaria en mi frente y miro a todos esos estudiantes en el lugar de comidas.
Arqueo una ceja al ver como un par de chicas no quitan la vista de la mesita en la que me encuentro junto a Bill, es bastante… incómodo.
Una de ellas se anima a saludar y solo puedo desviar la vista a mi novio.
Soy un hombre comprometido.
— Vamos. — una vez más tengo la dicha de tomar su mano para caminar entre la multitud de personas hasta llegar a la pista.
Es una música suave la que está sonando ahora. Tomo la cintura de mi pareja mientras que sus manos las enrieda en mi cuello. Bailamos lento.
Las luces del lugar le dan un toque muy romántico que me hace suspirar. Sigo sin creer que esté aquí con él, que seamos uno nuevamente.
En serio no puedo ver a ninguna otra persona que no sea él…
— Te amo. — le doy un beso en la mejilla y al alejarme le sonreí. Es muy tierno ver su carita luego de cada cosa bonita que le digo.
— Te amo también. — mi corazón se acelera de una manera increíble.
Bill me tiene muy mal…
— Mi amor, no quiero arruinar el momento pero adivina quién nos está mirando. — con disimulo volteo lentamente para ver detrás de Bill. Esa señora Klum no despega el ojo de nosotros a pesar de que ya nos dimos cuenta.
— ¿Qué problema tiene contigo? — cuestiono ahora mirándolo a él. — Parece que le caes muy mal.
— Estacioné nuestro auto en el que supuestamente era su lugar, fue una pequeña discusión y para colmo ella es la profe de la clase con la que tenía en el momento que me fui.
— Cariño, que mala suerte la tuya.
— Sí… pero no hablemos de esa señora.
— ¡Bill! — Nahra llega corriendo hacia nosotros, me saluda con un ademán de mano y luego centra su atención en mi chico. — Necesito de urgencia tu ayuda…
— Uhm, estoy bailando con…
— Por favor. — pide suplicante.
— Anda, yo te espero. — animé para que la acompañe. No muy contento se va con su amiga.
Yo aprovecho para ir a sentarme en la mesita dónde milagrosamente seguía el regalito que le hice a Bill. A modo de esperar, abrí el bombón para endulzar.
¿Cuál era el propósito de estás fiestas en las universidades? Se ven super aburridas.
— Hola otra vez, Tom. — dejo escapar el aire con pesadez. Esa señora no se cansa de fastidiar. — ¿Puedo sentarme?
¿Para que le respondo si ya se sentó?
Entonces tengo toda la amabilidad del mundo de recoger el regalo de mi novio, levantarme de esa mesa e irme a otra en dónde no me sienta acosado.
Si no es ella, son las chicas del puesto de comida pero de que tienen que joder, tienen que joder.
Maldición.
Esto no es mi ambiente.
— ¿Todo bien? — asiento con la cabeza y algo más tranquilo.
— ¿Qué le pasó a Nahra?
— Ah. — sonríe con un toque de diversión. — La regla.
— Joder, que bueno que no eres mujer porque con el carácter que tienes, Bill…
— Aún sin serlo te pongo en apuros. — besa la punta de mi nariz con ganas. — ¿Nos vamos? Mañana trabajas y bueno.
— Si tú quieres.
— Okay. — lo veo sacar su teléfono para hacer una llamada. Camina un poco a donde tenga privacidad. Yo decido seguir por otro dulce. — Listo, ya le dije a Nahra que nos vamos y se cuide. — salimos del establecimiento hacia el auto. Hice un corto recorrido para volver a casa.
Al llegar nos instalamos cómodamente, nos acostamos en la cama y como no había sueño decidimos ver una película. Estuve atento a todo lo que pasaba en esta pero dejé de hacerlo porque el que menos tenía sueño ya estaba babeando en mi pecho desnudo.
Apagué la tele para poder dormir mejor.
&
La mañana siguiente me desperté como de costumbre para darme un baño. Esta vez haría yo el desayuno con la intención de que Bill pueda descansar.
El menú de hoy era waffles dulces, leche y frutas.
Simple pero delicioso.
Mientras lo hacía suena mi móvil, lo atiendo luego de limpiar mis manos de grasa.
— ¿Hola?
— Hola, Tom… soy Gordon. — sonrío emocionado por su llamada. — ¿Qué tal todo por ahí?
— Todo muy bien.
— Que bueno, ¿no les hace falta nada? Uhm… ¿dinero, comida o algo así?
— No, no. — digo apenado. — Tenemos cosas de sobra, hasta un auto… no te preocupes.
— ¿Oíste, Simone? Ellos están bien… — escucho decir a Gordon algo lejos.
Hago una mueca graciosa.
Mamá siempre preocupada…
— ¿Podrían llamar más seguido? Es que tu mamá no para de estar preocupada y yo también.
— Intentaremos pero no sería seguro, Bill estudia y yo trabajo, luego llegamos cansados, no tenemos tiempo casi para nada.
— Entiendo.
— Si…
— Perfecto, Tom. Estamos hablando otro día, cuídense. — cuelgo la llamada.
— Buenos días. — saludo a penas los bracitos de Bill rodean mi cintura desde atrás. Sirvo los waffles listos en un plato, le hago un adorno súper bonito y volteo para darle un pico en esa linda boquita.
— Hola. — murmura con sueño. — El olor me atrajo hasta aquí… que rico. — llevo los platos listos al comedor y nos sentamos juntos para dar inicio.
— ¿Cómo durmió el niño más lindo del mundo?
— Bien. — río ante su carita ruborizada. Le como la boca a besos sintiendo todo el amor del mundo. — Mierda, Tom…
— Lo siento, me ganan los impulsos… — Bill también ríe al igual que yo. Une nuestros labios de forma lenta, de una manera dominante le meto la lengua.
Más que cualquier otra cosa, provoca que se me levante una tercera pierna entre los dos. — Basta… — abre los ojos lentamente y me mira. — No… no hay tiempo de hacerlo, mi amor… quizás al almuerzo… o la noche, no sé.
— Joder… te adoro, maldita sea. — entonces me tiro como un gato atacando a su presa y me lo llevo a la sala. Enlazo mi boca a la suya otra vez sin perder tiempo. Bajo mi mano directo a su entrepierna para sobar por dentro de la tela caliente del pantalón de su pijama. Gime en mi boca haciendo a mi pene segregar una cantidad de líquido.
De seguro la punta está lista para meterla en su agujero caliente y disfrutar pero el tiempo…
— Hazme el amor… — súplica debajo de mi cuerpo. Por un momento me detengo a pensar y por poco le hago caso. — Joder, Tom… ¡ya!
— No, bebé. Lo siento.
— Oh. — lo veo sentarse en el sofá muy cachondo.
Si no salgo de ahí en este momento esta casa arderá como un horno en el que él y yo seríamos un par de postres bien sudados.
Recobro mi postura y abanico mi mano para darme aire. La respiración se me corta de a poco y me siento muy tentado a atenderlo.
Sabe que daría mi vida por meterla las veces que me lo pida.
— Ya es tarde. — remoja sus labios de una manera muy sensual. Arregla su cabello de la misma forma, me provoca de una maldita manera tan horny que no voy a aguantar más.
A si que por mi propia voluntad, corto esos pensamientos atrevidos y me pongo serio.
— Te veo al almuerzo, Bill.
— ¿En serio te vas?
No, maldito.
No uses ese tono de niño bueno inocente con ese tono erótico.
Me pones peor.
— Sí…
— Ño. — gruño en el momento en que se pone entusiasmado. Mete abajo de su pantalón la mano logrando ponerme un poco celoso. Aclaro mi garganta. Agarro la tela de mi pantalón listo para masturbarme observando esa escena pero termina riéndose y negando con la cabeza.
— Todo fue un juego, ¿verdad?
— Sí, ahora vete… en serio es tarde.
— Okay. — suspiro muy triste. — Te amo.
— Suerte en tu labor y te amo más. — salgo acalorado para ir hasta el auto a hacer lo de todos los días.
Tenía ganas de hacerme una paja maniática y sacar toda la esperma cargada en mis bolas.
Estos momentos son los que odio por trabajar.
Estaciono el auto en su respectivo lugar. Entro saludando a las personas y voy hasta mi lugar para ponerme ropa de trabajo. En el momento en que miro mis boxers me da el mal porque siguen mojados.
Sin querer le doy un roce que me hace gemir.
— ¿Tom? — regreso a ver a Frida algo sonrojado. Tapo mi entrepierna cuando baja la mirada hacia ella y sonríe de lado en una forma pícara.
Decido seguir vistiendo como si no hubiera pasado nada.
Agarro lo necesario para salir pero ella interrumpe. — ¿En serio?
— Frida, no me pagan por venir a socializar.
— Te ví, ¿por qué te haces el loco?
— No has visto nada… dame permiso. — se hace a un lado sin decirme más y yo salgo para hacer lo mío.
Las cosas aquí empiezan a ponerse medias raras…
o quizás sea yo.
Dejo de pensar en ello para poder concentrarme haciendo lo mío.
Si termino puedo salir antes para ir con mi novio y pasarla bien los dos en casa haciendo…
cosas…
&
Sonrío con satisfacción al terminar.
Voy casi corriendo hasta mi lugar para cambiarme.
Quiero salir de volada…
— Oye. — me tenso por completo.
Respiro estresado y decido darle la cara una vez que ya estoy vestido.
No contaba con que se lanzará a mis labios para besarme.
Estoy estático sin reaccionar…
Soy un árbol…
una estatua….
Bill me va a matar.
— ¡Wow! — se aleja con una sonrisa triunfadora cuando acaba de darme el beso.
Asqueado limpio los restos de la saliva y escupo mirándola con mucho desprecio.
— Serán la nueva pareja del momento. — burla Roger abrazándome por el hombro.
Hago un movimiento súper enojado.
— Mierda, Frida… ¿qué parte de que tengo pareja no entiendes?
— Perdón.
— Ya, Tom. No trates mal a la niña, solo fue un impulso culposo.
— A ver si eso mismo le explicas a mi pareja cuando se entere, idiota. — salgo del taller hasta el auto.
— No debe enterarse. — le escucho decir desde donde estoy.
Arranco hecho una furia, sin medir la velocidad.
Quiero acabar con todo a mi paso.
¿Que mierda va a pensar Bill de mi ahora que se entere?
¿Será lo mejor decirle?
¿ocultarlo?
Mierda, mierda, mierda…
Jamás debí hablar con el jefe para que la contraten porque cuando llegó no lo quiso hacer por el simple echo de que es mujer y las creen poca cosa.
Arriesgué mi trabajo porque la condición que me puso el jefe era que si lo hacía mal nos despediría a ambos y ahora me paga ¿así?
No quiero esta clase de personas en mi vida, esa mismas que no saben respetarse… capaz y no conocen el significado de la palabra respeto.
Doy un golpe en el volante furioso una vez que estoy dentro del parqueadero de la casa que comparto con Bill. A pasos lentos voy hasta llegar a nuestro sitio.
Abro la puerta con cierto temor.
Veo que la casa está limpia pero no hay ningún ruido.
Me sobresalté al escuchar la puerta abrirse y ser cerrada de un azote.
— Bill.
Continúa…
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