

Fic de WifesKaulitz. Temporada II
Capítulo 7
Hoy me siento mejor que nunca, un nuevo día con una actitud igual.
Salí a hacer compras con Nahra, el baúl del auto estaba repleto de fundas mías y muy pocas suyas.
Eso es lo malo de salir conmigo, quiero todo lo que veo y es algo que no puedo evitar.
A pesar de que en esas fundas no solo hay cosas mías, también algunas que le compré a Tom en sorpresa. Vi unas boinas muy lindas para él a si que no dudé en gastar mi dinero.
Eran boinas, bufandas, gafas, perfume, pañuelos, entre otras cosas más…
Estaba puntual fuera de su trabajo para la hora del almuerzo y en dónde conocería a la famosa Frida que lo hizo llegar tarde ayer. Me cambié de puesto muy amargado a penas los ví salir, reían a carcajadas de no se qué cosa y me molesté.
— Entonces ¿esa es la Frida? — arquea una ceja. No puedo responder porque veo por el espejo del chófer como le abre la puerta tan amablemente para que la señorita se suba a mi auto.
Me molesta la acción porque conmigo no lo hace…
Un punto menos a su favor.
— Billy. — a penas se sube al auto me da un beso y sonrío.
Ahí si que me ha gustado, vamos bien.
— Hola. — saluda mi amiga muy amable. Esta la ignora de una forma que me hace reprender a Tom con la mirada.
Para colmo mal educada la perra esta.
— Hola, Nahra. — mi novio choca los cinco con ella y pronto estaría poniendo a andar el auto. La veo por el retrovisor, no estoy soportando su presencia tan prepotente, abusiva y altanera.
Si pudiera le diría que se baje de una vez de mi carro porque no soporto a las tipas como ella, todas grillas. Luego, recuerdo que lo comparto con Tom y se me pasa. Tengo que aguantar lo suficiente.
Llegamos a un parqueadero, todos bajamos para ir a comprar algo rápido e ir por el centro comercial buscando ropa para Tom. Agradecía mucho que Nahra vaya con esa tal Frida más adelante de nosotros, me gustan los momentos privados con mi chico.
— Le comenté a Frida que iremos a la fiesta de tu universidad y quiere saber si puede unirse a nosotros hoy… nada más para conocer.
— No. — me detengo y lo miro con enojo. — Yo te invité solo a ti, no a nadie más.
— Bueno, bebé. — sonríe tan tranquilo ante mi cara enojada. Aprieta mi mejilla y me besa la boca con la intención de quitar la salsa de tomate que dejé en la comisura de mis labios. — Pero no te enojes.
— A parte de que se sube a nuestro auto, ¡y no saluda! ¿quien se cree que es, eh?
— No tenías que decirlo, tu rostro lo dice todo. — bota la basura en su lugar para luego volver hacia mi. — Tampoco me gustó. — frunce la boca retomando el rumbo mientras agarra mi comida y entrelazamos nuestras manos en el transcurso. — Lo primero que pienso que hace agradable a una persona es desde que entra saludando y bueno…
— Ya no hablemos de eso, mejor veamos la ropa. — asiento entrando a un local. Lo primero que a Tom le gustó fue un pantalón oscuro ancho, una camisa negra junto con un chaleco. Seguimos por un local de zapatos deportivos y se compró unos del mismo color, muy bonitos.
El último detalle que le faltaba era la gorra y ya estábamos completos.
El lugar en el que nos reunimos para volver era en la heladería de McDonald’s. Tom obviamente compró un helado para mí con el único propósito de consentir mi gustos de niño.
Por eso lo amaba…
— ¿Qué planes tienes?
— Me quedaré con Nahra en casa para empezar a arreglarnos desde ya. — me emocioné tanto que me haya abierto la puerta pero luego me puse rabioso que lo haya echo de nuevo para que se suba esa Frida.
Con Nahra no pasaba nada porque es mi amiga de confianza.
— ¿Puedo llevarme el auto? — asiento no muy convencido. — Okay, ¿cómo le haremos para encontrarnos?
— Nosotros nos adelantamos a la Uni, tu ve directo allá.
— Está bien, me alisto aquí en el trabajo y voy…. — mientras conduce me pongo a buscar el perfume que tanto me encantaba que use. Lo ve claro en dónde lo dejo y me sonríe tiernamente.
— Pero vas, no tardes, ¿oíste? — asiente con la cabeza.
.
By TOM
Lo dice claro en una forma de «si vas a dejar a la perra de tu amiga te doy el divorcio, te dejo en la calle y te regresas a Alemania. Te joderé la vida hasta que no puedas más y cuando recapacites, volvemos…»
Ya lo conocía muy bien.
Al llegar a casa le ayudo a bajar todas las fundas de compras, menos las mías para que pueda arreglarse junto a Nahra.
— No llegues tarde. — rodeo su cintura un poco triste. Odio que las horas de almuerzo a su lado sean muy cortas.
— Tranquilo, en el trabajo pienso ducharme. — reí con diversión. Sus ojitos me miran achinados al igual sonriendo. Admiro sus labios con devoción, tengo un impulso impresionante y le muerdo con fuerza.
— ¡No muerdas! ¡agh!
— Mhmm. — calmo con un beso corto y un toque en su nalga. — Debo irme, Billy. Nos vemos en la noche, ponte sexy. — asiente sonrojado.
Volteo para ir hasta donde se encuentra el auto con Frida dentro y me dirijo al trabajo.
— Tu novio me cayó mal. — levanté ambas cejas ofendido.
— Entonces yo también te caigo mal.
— A ver… no me lo tomes a mal pero se ve en serio muy odioso, no entiendo cómo un tipo como tú tan alegre se fijó en semejante amargado.
— Frida, cállate y respeta, ¿si? eres mi amiga y todo pero no voy a tolerar que hables así de Bill, ahí si que me vas a disculpar y si se puso de esa manera es porque cualquier persona cuando va ingresando a cualquier lugar, ingresa saludando y eso no fue lo que hiciste. A mí también me molestó mucho.
— Tss. — se cruza los brazos molesta. Al llegar ambos nos bajamos del auto luego de estar bien estacionado. Cada uno a su lugar para ponerse la ropa mugrosa de aceite de auto y reanudar nuestra actividad.
Lo hacía de mala gana por culpa de ella.
Odio que haya hablado así de Bill.
Mierda.
— ¿Cómo te fue con Frida? ¿te la cogiste? — se me cae una herramienta en el abdomen al escuchar semejante babosada. Salgo de debajo del auto para ver a John con cara de pocos amigos. Me brinda su mano para que me ponga de pie y luego se limpia con un pañuelo.
— No me gusta hablar de estás cosas, John, y no, no cogimos.
— Ah. — levanta las cejas. — Bueno, es que desde que llegó no se despega de ti… creímos que ya y la tiraste.
— Todos aquí saben que no tengo otra intención que no sea ser su amigo.
— ¿Y qué?
— También tengo pareja, John, le respeto y no lo dejaría por alguien… pasajero.
— ¿Qué hicieron entonces? — comenta Roger a mi lado acercándose. Menea su rubia cabellera con sus manos y se arrima en el auto.
— ¿Tengo que responderte? — arqueo una ceja ya comenzando a ponerme jodidamente molesto.
— Tranquilo, bro. Solo queríamos saber… — no digo nada más. Sigo en mi trabajo de arreglar aquel motor del auto dañado. Me siento presionado bajo la mirada de Frida.
Yo no sé que mierda tienen los tipos de este país, que basuras piensan…
A cada rato miraba la hora para no hacerme tarde a la reunión con Bill.
Aún quiero mi vida.
Concentrado estuve todo lo que quedaba de la tarde hasta que de a poco oscurece. Sonreí triunfante hasta que terminé mi trabajo.
Está vez ví el reloj, tenía media hora para dejar arreglando, darme una ducha y colocarme la ropa.
Si podía llegar en menos de diez minutos.
— Tom. — me paralizo por completo.
No volteo a verla por nada del mundo. — Hablemos…
— No puedo, voy tarde. — abro el auto para dejar la ropa sucia que ocupé y sacar el perfume para culminar con mi vestimenta nueva.
— Disculpa si me expresé mal de tu novio, se siente muy feo estar así contigo sobre todo porque eres mi único amigo.
— Mhmm. — dejo de lago lo que hago, finalmente le doy la cara y pongo ambas manos en sus hombros. — Prefiero mantener la distancia contigo, no quiero malos entendidos, ni alguna otra cosa que dañe mi relación… tanto me costó tenerla para dejarla ir así como así, pues no… si gustas serás mi amiga de lejos porque para llevarnos otra vez así, pues ya no.
Baja la cabeza algo triste.
Es mejor hablar claro desde el inicio…
— Adiós, Frida. — me subo al auto para sacarlo de su estacionamiento.
— Al menos dame el último aventón, ¿no?
— Ve en un taxi… — agarro un billete de veinte para dárselo. Lo recibe de mala gana. No podía desviarme solo para hacerle ese favor si me quedaba cerca ir hasta donde estaba mi novio esperando.
Como un buen acompañante esta noche paso por una floristería, le compro un detalle bonito con una hoja de cartulina, ahí mismo le escribo un:
«𝑸𝒖𝒊𝒆𝒓𝒐 𝒔𝒆𝒓 𝒕𝒖 𝒍𝒖𝒈𝒂𝒓 𝒇𝒂𝒗𝒐𝒓𝒊𝒕𝒐 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒓 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒉𝒂𝒚𝒂𝒔 𝒕𝒆𝒏𝒊𝒅𝒐 𝒖𝒏 𝒎𝒂𝒍 𝒅𝒊́𝒂 𝒐 𝒖𝒏 𝒃𝒖𝒆𝒏 𝒅𝒊́𝒂 ♥»
– 𝑻𝒐𝒎.
.
Y retomaba mi rumbo hasta su universidad. Tuve que dejar el auto un poco lejos porque el parqueadero de esta estaba repleta de autos ingresando.
Iba con tranquilidad por haber llegado puntual. La mirada de todas esas chicas norteamericanas estaba sobre mí. Cuchicheaban y yo solo deseaba que fuera algo bonito.
Me quedé en la puerta de entrada cerca de una ventana para dejar el regalo y comunicarme con Bill.
— ¿Tom?
— Estoy fuera, cariño, ¿puedes salir?
— Voy… — cuelgo la llamada y vuelvo a tomar el regalo ansioso.
Bill no me hace esperar, pues al instante sale a recibirme. Le doy una sonrisa de lado mientras le entrego el regalo. — Tom.
— Hola. — beso su mejilla con dulzura. No puedo verlo pero se que se ha puesto como un tomatito muy lindo. Dedica su tiempo a leer la carta y al culminarla me da un beso grande como agradecimiento.
— Es muy bonito, no me lo esperaba. Gracias.
— Entremos. — propongo entrelazando su mano con la mía. Asiente jalando para guiarme hasta el lugar donde se lleva a cabo la fiesta.
Desde atrás admiro lo lindo que está vestido. Sin disimulo le doy un azote suave en la nalga y me mira con las cejas arqueadas. — Que guapo te pusiste hoy, me encanta.
— Tu también. — rodea mi cuello con sus brazos luego de asentar su regalo en la mesita. Uno mis labios con los suyos de forma lenta.
Hoy estoy más empalagoso de lo normal.
— ¿Quieres bebida?
— No… prefiero no tener ni una gota de alcohol por el momento de conducir. — sonríe mostrando sus dientes.
— Ya… — lo volteo para que su espalda quede pegada a mi pecho. Apoyo el mentón en su hombro y le proporciono un besito en el cuello. — Realmente estoy aburrido aquí.
— ¿Y Nahra? — sigo la vista a dónde apunta su dedito. Ella baila en la pista con un rubio medio alto, súper entretenida. — Ah… ¿quieres bailar?
— ¿Estás loco? — suelto una risa por lo bajo.
— Bill Kaulitz. — mi novio se tensa ante la llegada de una mujer rubia algo mayor. Se aleja de mi al instante y yo lo veo mal encarado. — Se siente mal para presenciar mis clases pero para la fiesta no, ¿qué cosas?
— Ingeniera Klum. — murmura de mala gana. — Buenas noches…
— Nada de buenas, Kaulitz. — toma del vaso que tiene en su mano ahora mirándome a mi. Mantengo el contacto visual aún mal encarado, a mí no va a venir con sus ironías.
A cualquiera le mando derecho a la mierda.
— Heidi Klum, mucho gusto.
— Tom Trümper y referente al mucho gusto no digo lo mismo. — le agarro la mano a Bill para alejarnos de la señora. Tiene unos aires que me dan una maldita molestia y que poco desagradable sería hacer un show porque parece que está algo ebria.
Continúa…
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