
Fic de WifesKaulitz. Temporada II
Capítulo 4
El profesor me hizo hacer una esúpida presentación frente a todos los estudiantes. Me daban muchos nervios que hasta se me olvido como me llamaba y de donde era. La mirada de todos me hacía sentir medio intimidado.
— Soy… Bill Kaulitz, vengo de Alemania, tengo veinte años y… ¿ya? — el profesor rió divertido e hizo que me siente en mi lugar luego de esa agradable presentación.
— Bienvenido Bill y bienvenidos a todos los estudiantes de intercambio, becados y no becados a la Universidad Estatal de California. Para nosotros es un gusto tenerlos estudiando aquí con nosotros…
¡Pss!
Regresé a ver atrás porque me cayó un papelito en la mesa, un tipo rubio me saludó con la mano mientras me sonreía. Le devolví la sonrisa y el saludo, luego volteé a ver para abrir el papelito.
«Soy Jaeden Smith y mi número es…»
Agregame.
Guardé el papel en mi cartuchera, mordí mi labio inferior nervioso. Un millón de preguntas surgieron en mi mente y casi me da un ataque.
Es que… agh.
Voy a ser claro conmigo mismo, yo vine aquí para estudiar y hacer AMIGOS no para conseguir novio porque con el que tengo es suficiente y lo amo. Sí.
La clase con el profesor Soria pasó bien para ser mi primera clase del día, es entretenido, hace chistes malos que si me dan risa y no puedo contenerme.
— Creo que me agrada el profesor, es muy divertido. — comenta Nahra a mi lado. — Aunque a veces así son al inicio y luego ya todos son unos boludos hijos de puta.
— ¿Bo qué?
— Disculpa. — rió nerviosa. — A veces se me va…
— No, es una palabra interesante. ¿Puedes repetir?
— Uhm… ¿boludos hijos de puta? — relamí mis labios mientras miraba el techo. En mi mente podía hablarlo a la perfección.
— Me gusta el halago que le diste al profe de actuación, Nahra. — saqué mi cuaderno de apuntes con un boligrafo para que lo anote.
— ¡No, Bill!
— ¿Qué? — reí confundido.
— Es que no le di un halago, ¡le dije un insulto!
— Carajo. — suspiré. — Suena tan bien, igual… escribelo. Yo puedo entender cuando hablan español pero me cuesta pronunciarlo, es el idioma más dificil que he encontrado. — mi nueva amiga reía a carcajadas mientras anotaba lo que le pedí.
Si diosito quiere cuando me encuentre en una situación de pelea voy a insultar en todos los idiomas mezclados y voy a sentirme malvado.
Muajajajaja.
— Toma. — me entregó mi cuaderno junto con el boligrafo, trataba de leer pero no pude. Se fundía mi cabeza tratando de hacerlo. — Te anoté algunos insultos que usamos ahí para cuando puedas hablar español.
— Gracias, Nahra.
— ¿Tú estarías dispuesto a enseñarme el Alemán?
— Claro, es fácil. — ella sonrió motivada y yo también. Sentía que Nahra sería mi amiga a la que le faltaría un tornillo y sería arriesgada como Laila. Ella nunca me decía que no y siempre terminaba por hacer locuras conmigo.
Como la extrañaba.
— Nahra, ¿me permites un momento? Tengo que hacer una llamada. — ella asintió y yo me levanté de mi asiento para salir al baño. Marqué el número de Laila y sonreí cuando me contestó.
— Te acordaste de mí, perro. Como estás en los Yunaites con gringos rubios de ojo bueno te olvidas de esta pobre indigente.
— Dramática. — reí. — Te extraño mucho, Laila.
— Yo también, bebé, yo también. — suspiró. — Pero ahora vas a matarme.
— ¿Qué hiciste, lela? — me senté en la taza del baño para hablar más a gusto.
— Anoche salí con Hannah a bailar, regresamos tan borrachas a mi casa e hicimos cosas que dije: wow, Hanny es un haz para las tijeras y creo que me enamoré de sus dedos y su boquita bonita.
— Laila. — quería reirme por lo escandalizado que me puso. — Deja a mi hija en paz, ¿no ves que Hannah es nuestra hija junto con Tom?
— Perdón, suegro, pero… estoy ligando con tu hija. Me importa un carajo si apruebas nuestro amor de tijeras o no.
— Lo que me mantiene tranquilo es que eres muy madura y hablarás la cosas con claridad, ¿verdad?
Hubo un silencio a través de la línea.
— Lo tomaré como un sí. — suspiré. — ¿Está contigo?
— Sí, duerme como un angelito. Es muy linda.
— Ojalá pudiera estar ahí para aconsejarlas a las dos, no saben como las extraño y no llevo ni un mes aquí.
— ¡Mentira! Por estar con Tom ahí no te acuerdas, sucio.
— Bueno, también te amo. Te cuidas, Lela, y cuida a mi hija también.
— Eso siempre. — sonreí y colgué la llamada. Me levanté para salir del baño, me miré al espejo más sonriente que nunca. Estaba a punto de salir pero Smith entraba al baño con una sonrisa que me hizo retroceder.
Uh.
— Hola, Bill.
— Hola. — le mostré la mejor de mis sonrisas y salí, por un momento pensé lo peor. Al llegar a mi aula me senté nuevamente junto a Nahra y le di toda mi atención al docente.
&
— Billy, ¿si puedes almorzar conmigo? — miré el reloj de mi móvil antes de responderle, recién eran las dos y salía junto a Nahra porque me dió penita que se quede sola.
— Sí, cariño. — le quité el seguro al auto e hice que se suba ella a mi lado y yo en el del chofer. — ¿Quieres que vaya por ti?
— La pregunta sobra.
— Espérame. — colgué la llama, encendí el auto y lo puse a andar.
— ¿Tienes pareja, Bill?
— Sí.
— Oh, — agachó la cabeza. — ¿Cómo se conocieron?
— ¿Si te digo la verdad me juzgarías, Nahra?
— ¿Eres gay? — asentí con la cabeza. — Bueno, no es tan malo. Yo soy bisexual, tenía un novio y una novia al mismo tiempo, los amaba a los dos por igual.
— Wow. — levanté las cejas sorprendido.
— ¿Qué tan malo puede ser?
— Mi pareja es mi… hermano gemelo. — me sentí tímido al decirle eso por su silencio, mejor no le hubiera dicho nada.
— ¿Sabes que es lo que pienso? — negué con la cabeza. — Que no vas a tener problema al momento de tener relaciones sexuales, como ambos son hombres pueden coger sin problema y como quieran.
— ¿No te parece raro?
— No. — puso su mano sobre la mía a modo de apoyo. — Amor es amor.
— Me agradas, Nahra. — apreté su mano que estaba sobre la mía luego de estacionar el auto fuera de su trabajo. Tom salía con la ropa de esta mañana, ni se le notaba que ha trabajado. Sonreía como idiota al verlo.
Mi amiga tal vez se dió cuenta porque se bajó para subirse en los asientos de atrás, yo me pasé al que estaba ella para que Tom condujera.
Al subirse me dió un beso en la boca y luego de separarlos volteó a ver a los asientos de atrás con sorpresa.
— Hola, amiga.
— Hola, soy Nahiara. — ambos estrecharon sus manos. — Mucho gusto.
— Soy Tom, el gusto es mío. — puso a andar el auto adentrándose más al centro de la ciudad. Mi amiga me miraba a mi y luego a Tom, me estaba poniendo muy nervioso. — ¿Qué tal tu primer día, Billy?
— Bien… Nahra me va a enseñar a hablar español Argentino y yo le enseñaré a hablar Alemán, ¿no te parece bien?
— Excelente porque te emociona, así podrías enseñarme a mí.
— Hoy le dije a Bill una grosería referente al profesor y tu novio creyó que era un halago, Tom.
Me sonrojé a más no poder.
— Es que pensé que era un halago, no es mi culpa. — Tom y Nahra se reían de mi con ganas. Al llegar a un restaurante, Tom estacionó bien el auto y nos bajamos para entrar.
— Oigan… este es un lugar carísimo, no puedo pagarlo. ¿Qué les parece si yo como unos tacos de cincuenta centavos de a la vuelta? No cuento con mucho…
— No pasa nada. — le dije abrazándola e invitándola a sentarse con nosotros. — Te invito, ¿está bien?
— Ay, Bill. — con vergüenza se sentó junto a nosotros. Pedimos tres almuerzos completos. La mesera nos atendió muy amablemente que si tuviera una calificación le daría sus estrellas completas.
Reimos mientras comíamos, bromeábamos, supimos más de la vida de Nahra y ella de la nuestra. Estar con ella se siente estar en el mismo ambiente que estar con Laila, eso si… cada quien tenía lo suyo.
Al terminar regresamos al trabajo de Tom, odiaba cuando se iba porque lo extrañaba con demasía. Se fue diciéndole a mi amiga un «que bonito comer contigo». Nahra sonrió con timidez y pronto nosotros volvimos a la universidad.
Teníamos veinte minutos libres que no sabíamos como pasarlos. La mejor forma segun Nahra era retocándome las uñas con los esmaltes que llevé en la mochila para casos de emergencia.
— Tom no se parece en nada a tí.
— Lo sé. — agité la mano mientras soplaba. — Es lo mejor.
— A mi me encantan ustedes dos, sentí unas vibras relajadas en la forma que se tratan, se miran, se besan, rien y creeme que los admiro mucho. Eso es amor de verdad.
— Eso que pasamos por muchas cosas que no me gusta recordar.
— Debe ser, la mayoría de los padres siempre suelen ponerse sus moños, marginados de porquería.
— Sí…
Luego de un rato, el timbre sonó, nos levantamos y fuimos a recibir nuestras ultimas clases del día. Le daría toda mi atención porque comenzaba a sentirme cansado y ya quería ir a casa.
Necesitaba a Tom.
&
Salí casi corriendo cuando mis clases terminaron, fui directo al trabajo de Tom para esperarlo luego de dejar a Nahra en su casa. Vivía algo lejos de la universidad, por poco y se pierde de su casa también.
Me puse a revisar mi onlyfans, no he publicado contenido para mis seguidores por estar de enamorado.
Puagh.
Como faltaba cuarenta y cinco minutos los aprovecharía para grabar en el auto.
Me pasé a los asientos de atrás, encendí el foquito del techo para que se me vea en la cámara del móvil y empecé a tocar logrando así una erección.
Bajé los pantalones hasta las rodillas, me excitaba que pudieran verme. Lo hacía jodidamente excitante.
Imaginaba a Tom conmigo aquí mirándome mientras me tocaba pensando en él.
Joder…
— Mhmm. — escupí en mi mano y deslicé la saliva con ganas en el tronco de mi polla. Cerré los ojos masturbándome con ganas. Necesitaba más de una inspiración.
Algo más que iba a añadir a mi lista de útiles sería una bala vibradora con bluetooth para estos casos así, maldición.
— Ay. — metí dos dedos a mi boca, los cuales llevaría a mi entrada y aumentaría mi placer. Estaban comenzando a empañarse las ventanas, ya no podía detenerme.
Quería llegar.
Lo necesitaba.
Le necesitaba a él, sus caricias, besos…
— Tom. — susurré mordiéndome el labio inferior, mis manos ya se movían rápido por si solas en ambas partes. Funcionaba lo que necesitaba… — ¡Ah! — corté el video y de inmediato lo subí. Me limpié con la chaqueta para no dejar evidencia y sonreí con satisfacción.
Estaba a punto de quedarme dormido pero la música en mi móvil me levantó con pereza.
— ¿Qué?
— Billy, ya salí. Ven por mí.
— Estoy fuera, Tom. — abrí las ventanas del auto para que se vaya el calor, ¿o era yo? — Desde hace rato.
— Oh, ya te vi. — colgó la llamada, lo vi acercarse a paso rápido al auto y subirse a la parte del chofer. Me acerqué para darle un beso y volví a acostarme en los asientos de atrás. — ¿Sueño?
— Mucho, vamos rápido a casa.
— Que genio. — rió mientras ponia a andar el auto hasta el edificio. Lo bueno es que tenía un garage y el auto no se quedaría dispuesto a cualquier peligro. Me bajé del auto, entrelacé su mano con la mía y fuimos hasta nuestro piso.
Caminé hasta la cama, me quité la ropa enteramente para ponerme una de sus camisas grandes y dormir con absoluta libertad.
— ¿No tienes hambre?
— Tom.
— ¿Sí? — me besó en la frente luego de sonreírme.
— ¿Puedes comprar unas crepas con chocolate, helado y fruta picada? Se me antojó. — mi novio entrecerró los ojos con desconfianza, lo miré con timidez porque tal vez puede decirme que no o algo por el estilo.
— ¿Antojos?
— Ujum
— ¿No estás embarazado?
Continúa…
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