Fic de WifesKaulitz. Temporada II

Capítulo 3

— … muy tarde me di cuenta de lo valiosos que son ustedes dos y lloro arrepentida… ojalá pudiera regresar el tiempo para no haberlos separado nunca y dejarlos crecer juntos.

— Mami. — con el dorso de mi mano limpié las lagrimas que comenzaban a caer sin querer. Vi a Tom salir del baño y acercarse a mí, frunció el ceño mientras limpiaba mis lagrimas.

— No llores, bebé. Mami te ama a ti y a tu hermano. Te juro que si hay la posibilidad iremos a visitarlos, ¿está bien?

— Sí. — sollocé. — Te amo también.

— Un beso, mi vida, para ti y para Tom. — asentí con la cabeza aunque no pueda verme y finalicé la llamada, abracé el cuerpo húmedo de mi novio con ganas mientras cerraba los ojos dejando que las lagrimas salgan.

— ¿Cómo está?

— Bien, dice que nos ama y que si es posible vendrá a visitarnos.

— Ay. — levantó mi cabeza para que mire sus bonitos ojos, plantó un beso que terminó en una mordida de mi labio inferior y sonrió.

Lo miré tentado, me pareció muy sexy lo que hizo. Se me endureció el pene en cuestión de segundos, también me hizo olvidar el sentimiento que me causó hablar con mamá.

Estaba fogoso.

Volvió a besarme, rodeando mi cintura con sus fuertes manos. Caminamos hasta que mis piernas tocaron la cama y me empujó en ella. Caí acostado con los brazos abiertos mientras lo miraba.

Caminó hasta el escritorio donde estaba la cámara para grabar y la puso en frente de mí. Más cachondo me puse al saber sus intenciones.

— Si vas a llorar que sea porque te estoy rompiendo ese gran trasero con mi pene. — se abrió la toalla, la dejó caer al suelo y me dejó ver su desnudez acompañada con la luna llena que se veía cerca. Palpé un poco mis pantalones que estaban mojados, gemía suave mirándolo tocarse.

Quité todas las prendas de mi cuerpo a una velocidad impresionante y yo también me toqué con gusto. Mi pene se encontraba más duro de lo normal.

— En cuatro. — ordenó. Obedecí sin refutar, a mi me encantaba cuando me mandaban o me decían que hacer en la cama porque aquí mandaba él y en la puta relación mandaba yo. — Me vas a sentir sin lubricación, bonito.

Entonces sentí la punta mojada de su miembro adentrarse en mi con facilidad, sentí una molestia que fue reemplazada por placer y gemí con gusto. Sin contenerme, ¿qué importa que los vecinos se enteren de que disfruto de un buen sexo?

Que se muerdan la lengua y callen, joder.

— ¡Ah, mhmm! — se agachó hasta quedar cerca de mi oído.

— Me muero por gemir tu nombre y escucharte gemir el mío.

Mi pene goteaba en cantidades grandes de líquido pre seminal, necesitaba que Tom lo toque para sentirme más excitado de lo que estaba. La punta parecía estar sensible porque cada que se movía mi cuerpo, el golpeaba suave en la cobija y me hacía dar pequeños brincos.

Lo sentía más profundo, casi por chochar mi punto dulce y hacerme venir con ganas.

Tom era el único que lograba hacerme sentir así en lo emocional y sexual.

— ¡Dios, sí! ¡Sigue así!

— ¿Más? — jadeó grave. — ¿Quieres más, BeKa?

Santos cielos.

— ¡Quiero más, mhmm! — yo ya no gemía, yo gritaba por la fuerza de sus penetraciones. Me quemaba un poco el rostro, sentí los ojos ponerse algo húmedos.

Iba a llorar pero de placer esta vez…

— Lo tienes, BeKa. — suspiró manoseando mi trasero como si fuera lo más increíble que ha visto. — Me tienes.

— ¿Todo mío?

— Todo tuyo, mi amor. — jaló mi cabello de forma brusca. Mi espalda se apegó a su pecho pegajoso, su otra mano bajó a tocarme el pene con ganas. — ¿Oíste?

— Sí…

— Wow, me encanta tu cuerpo. Te juro que no me cansaré de hacerte mío. — no sé en donde me tocó pero me hizo salpicar toda la esperma en la cama, espeso y a borbotones. — Oh… — suspiró en mi oído llenándome el interior con su esperma. Caí en la cama relajado, lo ví apagar la cámara y volver hacia mí con una sonrisa tímida. — ¿Estás bien? ¿No te hice daño?

— No. — carcajeé mientras me sentaba en la cama.

— Perdóname, a veces me gana la excitación y hago cosas que no sé si te gustan… en pocas hasta me desconozco.

— Me gustó, estoy muy relajado. — gateé hasta quedar sobre él, me senté en sus piernas y lo besé. — ¿Otro? — hice un «brr» cuando su miembro y el mío chocaron poniendose duros otra vez.

Mientras me miraba a los ojos levantaba mi cuerpo para poder hundir su miembro en mi interior. Recostó su cuerpo en la cama, esta vez era yo el que subía y bajaba penetrandome.

Su mano derecha acariciaba mi pecho, empapandose de sudor, subiendo hasta agarrar mi cuello y apretarlo con suavidad.

— Ahm… — me agaché para morder su barbilla, lamí su mejilla probando su sudor.

Soltó una risita discreta, hizo que me inclinara más para abrir mis nalgas e introducirlo reiteradas veces. Volví a llenar la habitación de gemidos altos que no podía tragar.

El sexo con Tom es lo mejor.

Sus penetraciones profundas me hacían querer volver a acabar rápido, me masturbaba y apretaba la punta de mi polla para no hacerlo.

— Bill. — respiró profundo. — Me excita mucho cogerte así de sucio porque sé que es por mi.

— ¡Ay! — lloriqueé con fuerza, Tom tocó muy profundo que hizo que una sensación recorriera mi espina dorsal y acabara eyaculando nuevamente pero sobre él. — Mierda, sí.

— Joder. — respiraba agitado, al salir de mí toda su esperma causó más bullicio. No tenía ganas de limpiarme a si que solo me acosté en la cama, cerré los ojos y no sabría más del mundo hasta el día de mañana.

&

Me levanté por el sonido del timbre, supuse que era Viviana con el pan. Caminé hasta la puerta y la abrí mientras frotaba mi ojito con la mano, para despertar del todo.

— Buenos días, Bill. Un dólar de pan calientito justo para el desayuno.

— ¿Qué hora es?

— Las siete y media. — sonrió de lado. Recibí el pan e hice que pasara a la sala para darle el dinero. Le pagué tres dólares: un dólar del pan y dos para ella solo porque me cae bien. — Eh, me diste demás.

— Los dos dólares son para ti por traérmelos.

— ¿En serio?

— Sí. — sonreí en medio de un bostezo. — ¿Quieres quedarte a desayunar?

— Me encantaría, Billy. Pero tengo que ir al trabajo.

— Oh, está bien. Gracias por traerlo.

— Por cierto, antes de que me vaya… ¿revisaste el chat del edificio?

— No…

— Leelo, no sabes lo chismosa que es esta gente.

— Está bien. — asintió con una sonrisa y salió de mi casa cerrando la puerta. Me levanté para ir a prepararle a Tom un buen desayuno y que vaya con fuerzas a su trabajo y yo a la Uni. Mientras ponía la caldera fui por mi celular para ver.

Tom salía del baño ya listo mientras reía revisando su teléfono.

— Léelo. — hice lo que me pidió, comencé a leerlo con sueño:

— ¿En serio, Tom? — reí yo también pero de las iras.

— Claro, nadie va a saber que fuimos nosotros.

— Buen punto.

— La próxima hay que tener más cuidado con tus gritos. — le di un codazo en el brazo y me levanté para preparar su desayuno. Era café instantáneo, hice torta de huevo, jugo de naranja del cartón, pancito delicioso que trajo Viviana y un huevo cocido para mí. Comí a toda velocidad porque ya tenía que ir a alistarme para ir a ver mi horario a la universidad.

El móvil de Tom sonó interrumpiendo su desayuno, pidió permiso para contestar y se lo dí.

Que lindo.

— Aló, buenos días… sí, soy yo… perfecto, ahora mismo vamos para allá… gracias que igual tenga un buen día. — colgó y volvió a mi con una sonrisa. — Ve a cambiarte, ya tenemos que ir por nuestro auto.

Ansioso fui a darme una ducha rápida y ponerme lo primero que encontré, tomé todo lo que necesitaría para mis clases y salimos caminando hasta el lugar donde se encontraba el auto ya parqueado con sus respectivas placas y documentos a nombre de Tom.

La chica nos esperaba ahí con una sonrisa para entregarnos la llave.

— Que lo disfrute, nos estaremos mirando cada mes.

— Gracias.

Nos subimos al auto, la clave de este estaba anotada en el control en la parte posterior. Tom lo puso y encendió emocionándonos a los, puso a andar el auto en dirección a su trabajo a velocidad.

El auto corría como si fuera de carreras.

— Te vas a llevar el auto a la universidad para que vean que no eres cualquier tipo becado y te respeten.

— Ay. — relamí mis labios ansioso.

— Yo te estaré llamando para que vayas por mí a la hora de la salida y si puedes para el almuerzo. Ojo, solo si puedes. No quiero que faltes a tus clases por cumplirme, eh.

— Está bien. — rodeé los ojos.

— Bien, uhmm, ¿qué más? — se tornó pensativo. — Como novio y hermano mayor tienes que avisarme si te molestan, no me molestaría irles a partir la cabeza a estos gringos de mierda.

Estallamos en carcajadas los dos mientras estacionaba el auto fuera de su trabajo.

— Te amo y suerte en tus clases.

— Gracias y te amo también. — nos dimos un beso de despedida y se bajó del auto. Como pude me pasé para el asiento del chofer, puse la clave del auto y lo conduje hacia la universidad. Pagué cincuenta centavos por el parqueadero, me bajé de él sintiendo la mirada de los chicos y chicas en mí.

Le puse seguro al auto encargándome de cerrar bien las puertas y me dirigí hacia la secretaría para tomar mi horario.

— Buenos días. — sonreí. — Soy Bill Kaulitz.

— Buen día, Bill. — la chica anotó mi nombre en el sistema y luego imprimió una hoja con mi horario. — Todas tus clases empiezan a partir de las nueve hasta las seis de la tarde, tu hora de almuerzo es de dos a tres y cuarto. Puntualidad en todas tus horas y con eso será suficiente.

— Gracias.

— También vas a recibir una clase extra de español, comienza a las ocho todos los jueves con el profesor Sebastian García.

— ¿Nada más?

— Las llaves de tu casillero. — me dió un par de llaves con un llavero de número «483». Ella sonrió de manera amable y yo también. — Bienvenido.

Seguí hasta encontrar mi primera clase, la Universidad era gigante y me encontraba algo perdido. No había a quien pedirle ayuda. Mientras pasaba los estudiantes me miraban, cuchicheaban y otros me sonreían.

Ahora que lo veo soy un poco más alto que la mayoría de aquí, me hace sentir algo superior.

— ¡Hola! — volteé a ver a la dueña de esa voz, era una chica bajita con lentes redondos, cabello pequeño y se veía muy entusiasmada. — Soy Nahiara, mucho gusto. — estreché su mano con la mía y sonreí. — Pero me puedes decir Nahra.

— Soy Bill.

— ¿Cual es la clase que te toca, Bill? Te puedo ayudar a encontrarla.

— Actuación. — suspiré luego de leer mi hoja.

— Genial, también me toca esa. ¿Vienes becado o de intercambio?

— Uhmm, ¿ambas? — remojé mis labios timido.

— Super. — seguimos caminando un poco más mientras conversábamos. — Vengo becada por mis increíbles notas en la secundaria y bueno… tenía miedo de aplicar.

— ¿En serio?

— Sí. — hizo una mueca. — Aunque extraño a mi familia.

— ¿De donde eres, Nahra?

— Argentina.

— Wow. — fruncí el ceño, tenía un inglés demasiado perfecto. — Pensé que eras de aquí, tu inglés es…

— Desde pequeña recibo clases de inglés.

— Y… ¿Ar… — ¿cómo era que dijo? mhm… Mierda. — Tu país, ¿está lejos de aquí?

— Sí un poco. — me miró mientras acomodaba sus lentes de una forma algo graciosa. — También se nota que no eres de aquí, pareces como colombiano de los finos.

— No. — reí con gracia. — Soy de Alemania.

— ¡Carajo! Mamá tenía razón cuando dijo que encontraría estudiantes de todos lados, maldición. Disculpa mi jodida imprudencia.

— Tranquila. — mordí mi labio inferior tragándome una sonrisa. Llegamos a nuestra clase pero un poco tarde.

Agh.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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