Final Alternativo

Administración: Y aquí está lo prometido por la autora, un final alternativo. Espero lo disfruten y recuerden contar en los comentarios ¿qué final te gustó más?

Fic de WifesKaulitz. Temporada II

Final Alternativo

No me preocupa tanto porque ya en los Ángeles, sin contacto con ella yo ya iba a poder empezar de verdad con él Tom de siempre.

Que nadie me culpe por no poder irme de su lado…

Soy un fiel creyente a las oportunidades y si dice que va a cambiar yo le voy a creer porque es de palabra, lo demuestra, me gusta…

No lo pienso mucho.
Me doy un baño rápido, maquillaje un poco más oscuro, el smoking blanco con camisa negra y estaba saliendo con las flores en manos para el lugar de la recepción.

— Dios, que guapo. — Laila llora emocionada.

— Falta esto. — Hannah pone un velo blanco en mi cabello para hacerlo ver más extraordinario. — Tienes toda mi bendición, precioso.

— Gracias. — ambas me toman de los brazos para caminar en medio. Voy sonriendo a los pocos invitados presentes en mi locuras hasta tener a Tom frente.

Toma mi mano y la entrelaza con la mía luego de darle un beso en el dorso. Se ve muy apuesto, tierno, caballeroso. El smoking le sienta bien, puedo decir que ahora más que nunca no lo quiero dejar ir.

El hombre da por inicio la boda y solo puedo llorar todo el tiempo de emoción…

No esperaba nunca llegar hasta estos extremos con el amor de mi vida. Lo siento tan puro, tan sincero. Agradecía al mundo entero ~a pesar de ser prohibido~.

Finalmente era mío.

— …¿aceptas a Bill Wieger como tú esposo para amarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe? — sonríe tomando el anillo. Lo coloca en mi dedo antes de responder emocionado:

— Acepto.

Era mi turno.

Me temblaban las piernas, todo…

— Bill, ¿Aceptas a Tom Kaulitz como tú esposo para amarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe? — también le sonreí en un mar de lágrimas. Puse el anillo en su dedo, ese mismo que para mí significaba todo en este instante y respondí:

— Sí, acepto.

— Lo que hoy he unido, que no lo separe ninguno… los declaro esposos, ya pueden besarse. — tengo la iniciativa de atraerlo entre mis brazos como si lo fuera a hacer caer. Tom levanta el velo muy entusiasmado. Le sonrío de lado para besar sus labios con ganas.
Mis conocidos aplauden de emoción y vuelvo a dejarlo en su postura normal.

— ¡Que vivan los novios! — chilla Laila sin contener su emoción.

— ¡Que vivan! — responden los demás con las mismas ganas.

— ¡Wooo!

— Primero quiero lanzar el ramo, eh, y luego si ya entramos a un rato de convivencia. — todos ~sin excepción~ se formaron detrás de mí. Tom iniciaba la cuenta desde tres en reversa y al escuchar el último número lo lanzo.

— ¡AAAAAAAAA! ¡Me caso, me caso, AAAA! — regreso a ver. Resulta que lo atrapó Hannah y era mi mejor amiga la que gritaba como loca.

Lo siguiente que quedaba la pasamos bebiendo en la sala de la casa entre nosotros, una pequeña comida, risas por aquí y risas por allá. Tanto que me olvidé que la zorra mayor no había asistido y era mejor así.

Además, ¿por qué tendría que venir?

Ni cara tenía que tener para presentarse.

— ¿Ya quieres saber dónde va a ser la luna de miel? — miro el rostro de mi esposo en picardía. Rodeo el cuello con ambas manos.

Pegué los labios sabor a vino fino con entusiasmo, prácticamente lo estaba comiendo con la boca.
Estaba en un modo bastante dominante con él.

— ¿Dónde?

— Italia, Bill. Di todo mi jodido sueldo para pasar una hermosa luna de miel y visitar los mejores lugares con la persona que amo.

— Oh, — remojo mis labios. — ¿Cómo?

— El papá de Georg nos prestó un avión pequeño para los dos, en mi curiosidad lo aprendí a pilotear, solo hay que recoger las maletas.

— ¿Qué esperas? ¡vámonos!

Emocionado le jalo para subir corriendo por las escaleras hasta la habitación donde se encontraban nuestras cosas. Lo bueno es que saqué pocas para arreglarme.
Sin más las vuelvo a meter en su lugar.

Le pido al señor encargado de la limpieza que me ayude bajando junto con las respectivas de Tom y nos quedamos a solas en la habitación.

— Es el momento. — nos miramos un momento antes de entrelazar nuestras manos y bajar para despedirnos de cada uno de los chicos que nos acompañaron. Le pedí a Laila qué se encargara de mi casa hasta cuándo decida irse y ya luego estábamos subiendo al avión.

— ¡Cuida bien a mis gatos, eh!

— ¡Cómo si fueran mis hijos! — responde Laila con emoción pero no podía con la carita peluda de ambos mirándome con tristeza. Sin más me bajé del avión para arrebatar a mis bebés de sus manos.

— No, mejor me los llevo. No estaré tranquilo. — subo corriendo con ellos y les pongo en un lugar seguro antes de volver a sentarme con Tom a su lado.

— ¿Listo?

— Listo. — nos abrochamos los respectivos cinturones de seguridad. Tom como si fuera todo un experto enciende los propulsores y todo lo que debe para poner a correr el avión hasta alzar vuelo.

Veo todo el paisaje desde arriba mientras sonrío.

— ¿Qué más sabes hacer a parte de pilotear? Me encanta la idea de un marido polifuncional.

— Todo lo que quieras. — pongo mi mano sobre su muslo mientras acaricio. Me siento demasiado emocionado con la idea de llegar a Italia.

En el transcurso del viaje fui descansando porque era demasiado largo, como si fuéramos de polo a polo recorriendo todo el mundo.

A lapsos me despertaba para hacerle compañía y lo alentaba con besos, abrazos, también con un poco de dulces que llevaba en mi bolso.
A los gatos los liberé un momento y me dejaron una horrible sorpresa sobre una de las maletas.

El olor de inmediato cambió, por poco y me vomito.

Tom se burlaba a carcajadas de las expresiones que hacía mientras limpiaba aquel desastre pero valía la pena porque al volver no pisaría Alemania. Iría directamente a los Angeles y empezaría otra vez.

Ya éramos cuatro al toque.

— ¿Cuánto falta?

— Un par de horas, cielo. Mantén la calma. — asiento volviendo a ponerme en posición de descanso.
Moría de calor.

— Bueno, esperaré…

— ¿Ahora sí quieres tener hijos? — tosí sin control mientras se echaba a reír a carcajadas de mi reacción. — ¡Ya! ¡era broma! ¡Ya tienes hijos! — no podía responderle porque me estaba ahogando. Cómo pudo me dió tres palmadas en la espalda y ya por fin pude calmar. — Dios, como te pones.

— ¡No quiero!

— ¿Y yo si?

— ¡Parece!

— Solo quiero molestarte.

— Prefiero ver mi casa llena de gatitos, Tom.

— Lo sé… sé que amas mucho los animales. — sonrío sonrojado dándole un beso en la mejilla.

Ya el resto de lo que quedó en el vuelo continué durmiendo que ni cuenta me di de que ya habíamos aterrizado y que Tom ya estaba devolviendo el avión en su lugar. Desperté por el ruido de las maletas siendo metidas en un auto grande junto con mis animales.

— Vamos. — bajé del avión con su ayuda y subo al auto a su lado. Conducía las calles perfectamente como si ya hubiera conocido el lugar.
Dejé de lado esos pensamientos para dedicar mi tiempo a sacar fotos de los lugares más hermosos por los que pasábamos.

Quiero vivir aquí.

— Creo que no volvería nunca a los Ángeles, Tom.

— Pero debemos hacerlo… — seguía por los espacios verdes. — Bueno, ya llegamos. — estacionó fuera de un enorme hotel con un servicio excelente.

Tenía miedo que rechacen los gatos y no fue así, pidieron un par de areneras con cositas para su comida.
En lo que Tom hablaba con una persona yo los liberaba en la habitación ~después de asegurarme que las ventanas estén cerradas~ para que los niños respiren aire puro.

Joder.

Yo también lo necesitaba.

Necesitaba descanso un momento a pesar de haber dormido todo el viaje.

— Listo, ya hay quien nos cuide a los bebés. —  entra diciendo luego de cerrar la puerta. Se tira sobre mí y puedo rodear su cintura con las piernas. — Estoy… molido. — reparte besos en mi cuello poco a poco para lograr calentarme. — Pero para ti no, eh.

— ¿A dónde vamos a ir, Tom?

— Visitaremos algunos lugares, Bill. — emocionado desprendo la ropa de Tom y viceversa. Me carga entre sus brazos para ir a la bañera. Mi corazón latió con mucha fuerza al ver el hermoso decorado de pétalos de rosas rojas, velas aromatizantes, vino y una hermosa vista a una cascada del hotel. — Señor Kaulitz, póngase cómodo mientras me ve hacerle un baile erótico.

— Oh, Dios. — sería un momento agradable para usar la cámara y guardar el momento pero también lo quiero disfrutar.

No espero mucho para meterme a la bañera, servir una copa y ver atento.
Apaga las luces para ser reemplazada con una de color rojo y suena una música muy seductora.

Me erizó la piel al instante.

Tom meneaba sus caderas al ritmo sensual de la música, recorría su piel con ambas manos y me daba un poco de risa la forma en la que azotaba su trasero.

— ¡Ah!

— Me siento muy caliente, tanto que dejaría que me quites la virginidad.

— Ven.

— No. — ríe por lo bajo.

— Entonces déjame morderte.

— ¿Ah, si?

— Si… quiero morderte el culito. — se acerca para que lo haga pero luego se aleja. Me quejo inconforme dando un manotazo en el agua. — ¡Oye!, si quería morder.

Termina con un movimiento muy sensual y se para en frente de mi dejando su pene a la altura. Puedo darle un beso en la punta con una sonrisa que muestra mis dientes.

— ¿Te excité? — otro beso más abajo de la punta y suspira. — Ay, dime qué sí.

— Puedes hacerlo mejor, hombre sexy.

— Mierda… solo por eso no hay sexo. — exploto en risas mientras se sienta en frente de mí. Le sirvo bebida y chocamos las copas sin dejar de mirarnos. — Por nuestra felicidad, Bill. Que nadie nos arruine.

— Por nuestra felicidad, Tom. Porque a pesar de que nos quisieron separar nos dimos una oportunidad real y sé que vamos a ser mejores… hay que demostrarles a todos que pudimos ser.

— Salud.

— Salud, cariño. – chocamos para después cruzar los brazos. Yo tomé de su copa y él de la mía.

&

— ¡Noo! — no podía contener la risa nerviosa mientras Tom me incitaba a subirme en la canoa para dar un paseo. Me negaba, siento que esa cosa podría voltear y hacer que me caiga.

— Vamos, no va a pasar nada, el señor nos va a llevar. — con los ojos cerrados me impulso hacia su cuerpo. Tambaleamos por un rato hasta que caímos. Agradecía que sea dentro de la canoa y no fuera.

No soportaría la humillación.

El chico ponía a andar esa cosa y Tom me abrazaba con fuerza contándome algunas cosas de la ciudad.
Le escuchaba con toda la atención del mundo.

Seguía hasta que íbamos saliendo y entrabamos a un bonito lugar donde solo habían montañas.
Nuestro recorrido terminó en un lugar donde estaban algunas lanchas. Tom alquiló una para poder conducirla hasta ver un lugar solitario. Era una roca gigante con una cueva.

Nuestra parada fue ahí.

— ¿A qué rato sacaste todas esas cosas que no lo ví? — me extiende un par de canastas que dejo en el lugar donde hay sombrita y lo ayudo a cuadrar bien la lancha para que no se vaya.

— Es cuestión de… saber cómo sorprender a tu pareja, Billy.

— Maldición. — mientras el arregla las cosas yo me dedico a observar el paisaje. El agua es de un color azul muy precioso. Saco las chanclas y doy unos pasos hasta que sumergí mis pies en el agua. Se sentía en un modo relajado.

— Listo, ¿puedes venir? — voy corriendo de nuevo a juntarme con él y me lanzó hasta su cuerpo. Caemos en la arena. Hago uno nuestros belfos.
Tom acaricia mis nalgas por debajo de la tela del bañador poniéndome muy caliente al instante. — ¿Quieres coger aquí?

— ¿Por qué no?

— Oh, Billy es un pervertido. — le doy un manotazo. — ¡Dios! ¡que agresivo!

— Ajá…

— Lo haremos, pero antes quiero unas palabras… siento que aún hay tensión entre los dos. — de pronto hay un momento de seriedad que me hace sentarme a su lado y escuchar con atención. — No quiero que las cosas cambien, reconozco que estuvo mal todo lo que hice pero mira… al final saliste ganando tú, estoy contigo, te amo, es sincero. No mentía cada vez que te decía que te amaba y lo demostraba. Me enamoraste de una forma que ni yo mismo lo creo, quizás sea poco esto que te digo pero con el tiempo lo voy a demostrar.

— Te creo y lo sabes. — suspiro con pesadez. — Estaba muy asustado, lo admito… pero como tú dices… el tiempo lo dirá.

Acaricia mi mejilla en silencio, solo puedo sonreír ante su contacto en mi piel… aún quedan las chispas entre los dos.

A modo de querer reconciliarme con el empiezo a sacarme la ropa, ¿que mejor idea que el sexo al aire libre?
Llenos de arena, aire fresco, no sé…

— Oye, me encanta tu cuerpo con el fondo tan precioso pero no quiero que te vean, me da celos…

— Hazme el amor, vamos… — interrumpo. — Te deseo. — sin esperar nada se sube sobre mi cuerpo. Brinda besos en el cuello. Me encargo de quitarle lo necesario de la pantaloneta que trae puesto. Nos frotamos ambas erecciones, gemimos con moderación. Muerde en una parte de mi cuello erizando mi piel. — Joder…

En mi caso meto las manos por debajo de la franelilla, aruño su espalda sin tanta presión. Observo el cielo, el mar. Están siendo testigos de lo que ambos sentimos, de la manera más hermosa en la que nos entregamos.

Tom aloca mis sentidos con solo una minúscula caricia.

— Mhmm… — esta vez estoy bocabajo. Su miembro se alinea perfectamente a mis entrañas. Lo hace con toda la calma del mundo, nada comparado a las veces que nos entregamos. Me besa por dónde puede mientras yo hago puño en la arena liberando mi excitación.

Era todo lo que deseaba.

Yo era todo lo que él necesitaba.

Éramos uno solo…

F I N

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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