
Fic de WifesKaulitz. Temporada II
Capítulo 11
— ¡A ver! — chilla Tom protegiendo a Frida.
Mi rostro se torna de total indignación.
— ¡No te tengo miedo, gringa estúpida!
— Ponte pues. — levanta las mangas del buso que trae puesta y se coloca en pose de pelear. — Y si te metes, cuñado precioso… también tengo para tí.
— Si se supone que las cosas se hablan entre los dos, háganlo ahora y no se pongan con boberías.
— Lo lamento todo, ¿sí? — suspira con pesadez. — Frida solo me ayudó en un mal momento que estaba pasando, fue mi única amiga en mi dolor, ella se disculpó conmigo por haber echo y dicho eso…
— Es que tú no tienes por qué buscarla, fácilmente pudiste esperar a que se le pase la histeria a Bill y hablar.
— Lo sé. — murmura un poco triste. — Jamás tendría otras intenciones y Bill lo sabe…
«No, no lo sé.»
— Bueno, la cosa aquí, Tom… es que mandes a la mierda a tu amiga, no le hables más si es que quieres y te importa tu relación. Igual a ti Bill, te conozco bien. — ahora me siento demasiado regañado. — Haz que se vaya tu amiga porque si le sigo viendo un segundo más le exploto la bonita cara del puñete.
— Yo me voy, pero igual veré todos los días a Tom en el trabajo y nadie va a impedirlo. — se sale de mi casa azotando la puerta. Muerdo mi labio inferior colérico.
Yo si quería que Laila la golpee.
— Lai, hay que darle su espacio a los muchachos e instalaremos en el lugar que alquilamos.
— Sí… para tu triste información Kaulitz, me vas a tener tres meses siguiendo tus pasos.
— Bueno…
— Adiós, bebé. — me da un beso en la mejilla como lo haría una madre sobreprotectora y luego estaba abandonando mi casa junto a Hannah.
Tom y yo nos miramos con vergüenza por haber armado todo este show, ninguno dice nada. Suspiro abrazándome a mi mismo con las piernas algo temblorosas.
— Traje a Frida solo porque sabía que estabas aquí, quería molestarte nada más… no esperaba que Laila estuviera aquí también…
— Yo le llamé porque estaba mal… — miro al suelo. — ¿En serio ibas a irte?
— No… no puedo dejarte solo. Me sentiría una mierda si lo hago, solo somos los dos. — Tom da unos cuantos pasos hacia mí, estamos frente a frente. Miramos nuestros ojos con intensidad y siento que me doblego ante él. — Frida y yo nada que ver, créeme. No te haría eso nunca.
— ¿Me abrazas, Tom? — sin rodeos se acerca a cumplir lo que pedí y apego mi cabeza en su hombro. — Ya no hay que pelear nunca más, promete que cualquier cosa me vas a decir sin importar lo que sea, lo tomaré de la mejor manera.
— Tenía miedo.
— Confía en mí, por favor.
— Sí… — propina un beso suave en mi frente y me aprieta entre sus brazos. — También confía en mí. — asiento con la cabeza un poco nostálgico.
Me ha pegado muy fuerte el que estemos asi de distanciados.
Nunca había llorado por mi gemelo de esa forma…
Al separarme veo en sus ojos una sinceridad bastante pura que no me queda en duda nada de lo que me dice. Toma mi barbilla con su dedo pulgar e índice para unir sus labios a los míos a modo de reconciliación. Apoyo mi mano en su antebrazo para no desmoronarme o perder el equilibrio.
— Quiero ser tuyo para siempre, ¿sabes? no me importaría tener que comprometerme si se trata de tí.
— ¿También casarte conmigo? — hablo por lo bajo y en un tono de broma a lo cual Tom acepta sin pensar. Beso sus labios una vez más sin creer lo que acaba de afirmar.
Quiero dar pequeños saltos de emoción.
— Entonces, — carga mi cuerpo entre sus brazos para llevarme hasta la cama. Hace que me recueste con cuidado y luego él a mi lado. — ¿Te casarías conmigo?
— ¿Es una pregunta o me estás proponiendo de verdad?
— Una pregunta. — aprieta mi mejilla sin hacerme daño. Sonrojado miré al techo.
Aunque es algo imposible, lo haría con gusto…
— Pues sí… creo que haría todo lo posible para que se borre el parentesco que tenemos y nuestro matrimonio sea válido.
— Al final terminarás siendo un Kaulitz. — sonreímos como idiotas. — Joder, precioso… lamento todo el momento muy en serio, realmente debí decirte y no esperar a que pase eso para hablar.
— Shh. — coloco mi dedo índice en sus labios. — Está bien… — subo un poco para que su frente toque la mía. — Está bien. — vuelvo a repetir en un susurro y con los ojos cerrados. — No hay que pensar más en eso, así son las parejas y creo que sin problemas sería muy… aburrido.
— Ah… — se levanta para verme con diversión. — ¿Entonces te gusta pelear?
— Me gusta golpear que es… diferente.
— ¿Por qué no te dejas golpear los cachetes, eh? y no hablo precisamente de los cachetes de tus mejillas. — muerdo todo mi labio inferior con picardía.
— Lamentablemente no puedes… — sonrío de lado. Miro su piercing, lo toco con el pulgar y le robo un beso en la barbilla. — Debes ir a trabajar…
— Lo sé… — frunce la boca con indignación. — Pero ya voy tarde a si que… — se me trepa encima. Observo como se quita la camisa y después afloja el cinturón del pantalón.
Veo y toco con devoción su torso desnudo.
Mierda..
Hoy es una tarde de sexo intenso hasta no poder más…
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[Un tiempo después…]
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— Nahra, ¿crees que dos personas de la misma sangre puedan casarse?
— No, eso es ilegal. — hace piojito en mi cabello con la yema de sus dedos.
— Llevo tiempo pensando en que si lo que hice está bien o no…
— ¿Quieres casarte, Bill? — afirmo demasiado ruborizado. — ¿Tom te lo ha propuesto?
— No, pero lo hablamos.
— ¡Ay! — chilla casi dejándome sordo. — ¡Quiero ser la madrina!
— Escúchame. — miro el árbol que nos tapa del sol imaginando ese momento tan deseado. — Si yo me quito los apellidos de mis padres, saco una nueva cédula aquí, ¿me hagan válido para nuestro matrimonio? Al final de cuentas terminaré siendo un Kaulitz. — repito las mismas palabras que Tom me dijo hace unos meses atrás.
— Es un procedimiento que lleva tiempo, no creo que te lo den de la noche a la mañana.
— Es que ya lo estoy haciendo, Nahra. Hace como cuarenta y cinco días hice papeleos para probar mi suerte, no me han dado una respuesta alguna para que me vaya a presentar para la foto. — juego con los dedos de mis manos algo nervioso. — Encargué a mi abogado de todo lo que implica hasta en propiedades, autos y cuentas… solo espera la copia de cédula y ya estaría todo.
— ¿A cuál apellido decidiste?
— Uhm… Wieger… Bill Wieger.
— Ah, está bien. — me muestra una cálida sonrisa de comprensión. — Pero no me acostumbraré a ese apellido…
— No, no. Solo es para lo que quiero hacer y ya… el punto que deseo darte a entender es que debo borrar cualquier rostro de parentesco con Tom para que se sienta impulsado a pedirme un compromiso.
— ¿Te gustaría que lo aliente a hacerlo?
— Estaría perfecto. — vuelvo a tomar mi postura para sentarme a su lado y dedicarnos a ver la cancha donde estaban practicando para el baile de las cheerleaders.
— Cuenta conmigo. — iba a responderle con un gracias si no fuera por el intruso sonido del móvil en mi bolsillo. Pido permiso para atenderlo y me alejo hasta un lugar considerable en dónde no haya bulla.
— ¿Hola?
— ¿Llamé en mal momento?
— No, ma. — emocionado me siento en una banca para hablar mejor. — ¿Todo está bien?
— Ya llegan las vacaciones de verano, ¿creen que puedan venir a visitarnos, Bill? Necesitamos hablar de urgencia con ustedes.
— ¿Y eso? — levanto las cejas a modo de sorpresa. — ¿Buenas noticias o algo? Porque te siento muy feliz.
— Buenísima, cariño. — escucho como suspira enternecida. — Pero dime, ¿creen poder?
— Sería de acuerdo al trabajo de Tom, de mi parte iría pero no puedo dejarlo.
— Ya hablé con él… si va a tener sus vacaciones pero solo una semana, creo que es suficiente.
— Entonces cuenta con nosotros para estar ahí.
— Gracias, cariño. Te amo. — cuelgo la llamada con una sonrisa bastante extrañada.
— ¡Hey, perra! ¡Llegó tu almuerzo!
— ¡Laila! — regaño desde donde estoy porque la mujer viene con medio cuerpo afuera de la ventana del auto mientras Tom toca el claxon reiteradas veces.
La piel en mi rostro quema de inmediato ~y no porque me avergüenzo de ello si no por la risotada que se me salió~. — ¡Eh! ¡Gringos imbéciles, mirenme!
— ¡Ya! — chillo para que deje el show. Voy acercándome hasta la ventana del chofer para darle un beso a mi enamorado.
— Perdona a mi novia, Bill. Si no hace una pendeja no es ella.
— Lo sé. — comenté recibiendo mi comida y la de Nahra. — Pero no esperaba que vinieran a verme los tres…
— Fue porque fuimos al trabajo de Kaulitz, nos quedaba cerquita y ya era la hora de su almuerzo, entonces lo pasamos recogiendo y estamos aquí.
— Y… — aclaro mi garganta, voy a tratar de sonar indiferente. — ¿Tu amiga sigue trabajando ahí?
— No, le dieron otro trabajo en otro taller del mismo dueño para evitar problemas.
Menos mal…
— ¿Dónde está la Nahra? Quiero saludar. — volteo a ver en la dirección que estaba antes y le hago señas para que se acerque.
Se ve muy lindo que haya podido integrarse a mi grupo de amigas a las que les falta un tornillo. A penas se conocieron las tres, se agradaron al instante.
¿Y como no?
— Dejemos que hablen cosas de chicas y platiquemos tú y yo. — Tom se baja del auto para tomar mi mano. Caminamos hasta sentarnos en la banca de enfrente del auto.
— ¿Comiste?
— Sí, bastante.
— Ah. — abrí mi comida. Era una hamburguesa con papas. Tragué como cinco litros de babas al ver toda esa grasa que se escurría mezclado con salsas. — No pensaba compartir.
— Come tranquilo. — ordena mi cabello alborotado con una mirada muy tierna. — No te lo iba a pedir. — ambos reímos por lo bajo. — El miércoles ya tengo vacaciones, mhmm… semana y media más o menos, Bill. Ya mamá te abrá dicho, ¿no?
— De eso te iba a hablar. — limpio con una servilleta mi boca, primero trago antes de continuar. — Estaba muy feliz, ¿que crees que sea?
— Yo creo que Gordon ya le pidió casarse…
— Solo faltamos los dos.
— Ay. — rasca su nuca demasiado ruborizado. — Sabes que de existir la posibilidad hace rato ya estuviéramos.
— Y si realmente existiera… ¿te casarías o no? — arrebata la servilleta de mi mano para limpiar en la comisura del labio inferior y amansa con un beso en el mismo lugar.
— Sí.
— Bueno, me interesa demasiado saberlo… — le doy otra mordida a mi comida emocionado.
Lo que hacía no era en vano.
— ¡Pss! — ambos regresamos a ver a Laila al mismo tiempo. Quería darle un golpe por tocar el claxon otra vez de manera exagerada. — ¡Vámonos! — saqué ambos dedos medios después de dejar mi comida en la mesa. — ¡Es el que te entra, Bill!
— ¡Y más grueso!
— ¡Shhh! — ríen a carcajadas. Esas estúpidas acaban de hacer sentir muy sonrojado a mi novio hermoso con sus comentarios.
— Nos vemos, ¿está bien? — asiento obediente con la cabeza. A Tom no le molesta darme un beso en los labios llenos de grasa y me gusta. — Traga de una ves. — rodeo los ojos masticando y tragando la comida de mi boca.
Me agarra por sorpresa tomando mi cuello para hacer de un beso profundo, con lengua y mordidita al final.
— ¡AAAAHHHH!
¿Qué voy a hacer con los tres megáfonos que están en el auto?
— Corre, me van a romper las orejas si siguen así.
— Te amo. — como respuesta le doy una nalgueada en el glúteos derecho y lo miro con un rostro muy cachondo.
Ya quiero llegar a la casa para destruirle el pene a sentones.
— ¡Adiós! — ladee una sonrisa al verlo irse con las chicas mientras reían de no se qué cosa. Le entrego su comida a Nahra para volver a nuestro lugar.
En eso vemos como se acerca Leonardo, el capitán del equipo de natación con una flor hacia nosotros.
Nahra empieza a negar con la cabeza, le insulta de todas las maneras posibles en susurros y yo me pongo incómodo.
— Una flor para otra flor. — con total confianza la coloca en mi cabello. Suspiro con pesadez y me saco la flor a penas lo veo irse.
Olvidé totalmente mencionar que desde que me vió así sin el maquillaje no ha parado de molestarme y es por eso que Tom viene a mi universidad a pasar tiempo conmigo y no como lo hacíamos.
Porque lo sabe…
Continúa…
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