Fic TOLL de Lett_kltz

Capítulo 26

Han pasado tres días desde que estoy aquí. Tres en los que no me he atrevido a encender el teléfono ni un solo segundo. La sola idea de ver la pantalla iluminarse con notificaciones, insultos o llamadas de mis padres me provoca una náusea violenta. Apenas he logrado levantarme de la cama para comer lo poco que mi amiga me deja en la mesita, y ni hablar de acercarme a las ventanas. No después de haber ido al médico con Sasha y, mi mente traicionera, me hiciera pensar que todos afuera me juzgaban y señalaban con rencor. Lo único bueno, ese rayo de luz en medio de tanta oscuridad fue cuando el doctor dijo que el bebé estaba bien.

Y aunque no quisiera, necesitaba ir a mi casa por ropa limpia y por algo de dinero que tenía guardado en mi habitación. Calcular bien la hora era importante: a mitad de la tarde, mis padres debían estar en sus trabajos.

Tenía el tiempo justo para entrar, tomar mis cosas y salir antes de que nadie se diera cuenta.

Llevaba puesta la misma ropa y se volvió algo incómodo.

Me encajé el gorro de lana hasta las cejas y me puse los lentes oscuros para ocultar mi rostro.

— Voy contigo, Bill. Ni creas que te voy a dejar ir solo —sentenció Sasha mientras tomaba las llaves de su casa.

La miré por encima de los lentes, suspirando despacio.

— Sasha… de verdad, no sé cómo pagarte todo lo que estás haciendo por mí. Gracias… mil gracias por no dejarme solo.

— No tienes nada que agradecer, eres como mi hermano —respondió con una sonrisa triste, dándome un apretón en el hombro.

El trayecto en taxi fue en silencio y el coche nos dejó justo enfrente de mi casa.

Al ver la fachada, el estómago se me apretó. Solté un suspiro y, tratando de reunir el valor que no tenía, caminé a pasos torpes hacia la entrada.

Saqué la llave de mi bolsillo y, justo cuando estaba por meterla en la cerradura, la puerta se abrió desde adentro.

Me quedé helado… mi corazón dio un vuelco y la sangre se me congeló en las venas. No esperaba para nada que mi madre estuviera ahí.

Ella se me quedó viendo, tenía los ojos rojos, hinchados, y en cuanto me reconoció, una lágrima le rodó por la mejilla. Yo no fui capaz de sostenerle la mirada aunque estuviera con los lentes. Sentí una vergüenza tan aplastante que bajé la cabeza de inmediato, fijando la vista en la punta de mis zapatos.

— Entra —ordenó después de un silencio, con una voz dura que no admitía replicas— Pasa ahora mismo. Tenemos que hablar.

— M-mamá… no —articulé en voz baja, retrocediendo un paso atrás— Solo… solo vine por unas cosas. Ropa y… y me voy, no me quedo.

— ¡Dije que entres a la casa! —gritó, perdiendo por completo el control y poniéndose histérica en un segundo— ¡No me importan tus malditas cosas! ¡Llevas tres días desaparecido como un cobarde mientras la vida de esta familia se cae a pedazos por tu culpa! ¡Entra ahora mismo a dar la cara, descarado!

El escándalo de sus gritos se escuchó por todos lados y, en cuestión de segundos, los pasos de mi padre resonaron acercándose a la entrada. Al verlo aparecer en el marco de la puerta, mi cuerpo entero volvió a petrificarse.

Sin decir una sola palabra, estiró el brazo, me agarró de la muñeca y me jaló hacia el interior.

— ¡Bill, entra a la casa ahora mismo! —ordenó con rudeza.

— ¡Oiga, suéltelo! ¡No lo toque, Bill está mal! —intervino Sasha de inmediato, tratando de meter la mano entre el agarre de mi padre y mi brazo.

Mi padre se giró hacia ella, señalándola con un dedo.

— ¡Sasha, a mí no me vengas a decir qué hacer en mi propia casa! Esto es un asunto únicamente de padres a hijo. Tú eres su amiga y sé bien que lo sabes todo, así que no te metas en esto si no quieres problemas.

Ella abrió la boca, dispuesta a pelearle y sacarme de ahí, pero yo la miré aterrorizado.

— Sasha, vete… por favor, vete —le supliqué, negando para que no intenté nada, temiendo que mi padre también arremetiera contra ella— Por favor… si algo pasa, infórmale todo a Tom… llámalo a él.

Ese nombre fue la gota que derramó el vaso.

— ¡¿Todavía mencionas a ese infeliz?! —bramó mi padre.

De un tirón me metió por completo a la casa y le cerró la puerta en la cara a Sasha de un portazo. No me dio tiempo de reaccionar ya que su mano voló y me propinó una cachetada en el rostro.

El impacto hizo que los lentes salieran volando por el pasillo y rebotaran contra la pared, dejando al descubierto mi rostro.

Mi madre y mi padre me miraron fijamente a la cara. Vieron las marcas, pero no hubo nada. No hubo preocupación, ni un solo “¿qué te pasó?».

Les dio absolutamente igual.

— ¡¿Aún tienes el descaro y la poca vergüenza de pronunciar el nombre de Tom en esta casa?! —me gritó mi padre, sobreponiéndose a mi figura mientras yo me llevaba una mano a la mejilla ardiente— ¡Eres un maldito demente! ¡Nos has puesto en la vergüenza más profunda ante todo el mundo!

— P-papá, por favor… escúchame… —sollocé, tratando de articular una sola palabra, pero las lágrimas me ahogaban la garganta.

— ¡Cállate! —intervino mi madre, acercándose a mí con el rostro entre el asco y el rencor— La culpa es de nosotros por haber sido tan blandos contigo, por haberte dado tantas libertades a lo largo de tu adolescencia sin cuestionarte nada, ¡Mira en la porquería en la que te convertiste!

— ¿Cómo pudiste caer tan bajo? —continuó mi padre, dándome un empujón en el pecho que me hizo tambalear atrás— ¡Meterte con el ESPOSO de tu propia tía! ¡Con la persona que te abrió las puertas, con tu propia sangre! ¿No ves cómo destruiste a Heidi? ¡Ella está completamente deshecha mientras tú andas por la calle como si nada!

— Yo…

— ¡Todo el vecindario lo sabe! —me interrumpió— ¡Las noticias, la prensa, los vecinos… ya ni siquiera podemos levantar la cabeza ni salir a la calle por la vergüenza que nos das! ¡Años de trabajo, de esfuerzo para darte la mejor educación, para que no te falte nada… ¿y así nos pagas?!

— No se en que te has convertido, Bill. No te reconozco, no eres el niño que crié —sollozo mamá, limpiando sus lágrimas.

—Pero te vamos a corregir, así sea a la fuerza… —sentenció mi padre.

Me agarró del brazo y empezó a arrastrarme escaleras arriba.

— ¡No! ¡Papá, por favor! ¡Suéltame, por favor me duele! ¡Perdóname, te lo suplico, escúchame! —gritaba yo, pataleando y tratando de aferrarme al barandal mientras el llanto me ahogaba.

Mi madre venía detrás, recriminándome cada centavo que habían gastado en mí. Llegamos al pasillo superior, mi padre me jaló hasta mi habitación, abrió la puerta y me arrojó hacia el interior.

Caí pesadamente sobre el suelo y por el impacto, las palmas de mis manos rasparon contra el piso y las heridas que apenas estaban cicatrizando se volvieron a abrir, comenzando a sangrar de nuevo.

Un gemido de dolor se me escapó del pecho. Sin embargo, me puse de pie de inmediato, retrocediendo despacio.

— ¡Perdón! ¡Por favor, perdónenme! ¡Déjenme explicarles, se los suplico por lo que más quieran! —rogué con las manos juntas en el pecho.

Mi madre se detuvo en el marco de la puerta. Me miró fijamente a los ojos, con el pecho agitado y los labios temblorosos.

— Ese de ahí… ese que está parado enfrente de mí… no es el hijo que yo crié —dijo con la voz cortada.

Escuchar eso me rompió en mil pedazos y, desesperado, di un paso rápido hacia ella.

— Mamá, no digas eso, soy yo…

Al verme avanzar, la cara se le endureció. Levantó la mano, alzándola en el aire con la clara intención de cruzarme la cara con otra bofetada.

Me encogí por instinto, cerrando los ojos con fuerza y apretando los dientes, esperando el golpe…

Sin embargo, el impacto nunca llegó.

La mano de mi madre se quedó suspendida en el aire, tiritando por la rabia.

— Dame tu teléfono —exigió mi padre, extendiendo la mano.

— N-no… no —balbuceé, dando un paso atrás y escondiendo las manos en mis bolsillos— Mi celular no, por favor…

— ¡Que me des ese maldito teléfono! —rugió, abalanzándose sobre mí.

Me acorraló contra la esquina de la habitación. Intenté cubrirme, pero mi padre me agarró de las muñecas, inmovilizándome contra la pared. Solté un jadeo de dolor mientras él metía la mano a la fuerza en mis bolsillos hasta agarrar el celular.

— ¡No! ¡Papá, no! ¡Devuélvemelo, te lo suplico! —grité, tratando de zafarme, pero mi madre se acercó rápidamente y me sujetó del otro brazo, manteniéndome firme a un lado.

— ¡Quédate quieto de una vez! —me reprendió ella— Esto lo hacemos por tu bien.

Mi padre encendió la pantalla y lo vi deslizar los dedos. Sabía exactamente lo que estaba haciendo: le estaba escribiendo a Tom.

— ¡No le escribas nada! ¡Por favor, no hagas eso, no sabes nada! —supliqué, forcejeando contra el agarre de mi madre— ¡No me hagan esto, se los pido! ¡Mamá suéltame!

Mi padre ignoró mis gritos. Escribió unos segundos y, finalmente, presionó la pantalla con fuerza antes de guardarse el aparato en su bolsillo.

— Listo. Se acabó. Con esto se termina todo. Ese hombre no va a volver a saber de ti en su vida, ni tú de él.

Mi madre agarró mi computadora portátil de la mesa de estudio, desenchufó los cables y se los entregó a mi padre. Ambos caminaron hacia la salida sin volver a mirarme.

— ¡Escúchenme! ¡Tengo que hablar con Tom! ¡Tienen que dejarme hablar con él, por favor! —grité corriendo detrás de ellos, pero antes de que pudiera cruzar el umbral, mi padre me empujó hacia adentro y cerró la puerta.

El sonido metálico de la llave girando en la cerradura resonó, aumentando mi pánico.

— ¡Papá! ¡Abre la puerta! ¡Por favor, déjame salir! —golpeé la madera con los puños abiertos, dejando manchas rojas sobre la pintura— ¡No me pueden dejar encerrado así! ¡Abran, por favor!

Nadie respondió, el silencio fue la única contestación.

Me dejé caer de espaldas contra la puerta, deslizándome hasta el piso, abrazándome las rodillas mientras los sollozos me sacudían el cuerpo, ahogándome en la oscuridad de mi ser…

&

Pasó un día entero y mis padres no abrieron la puerta ni una sola vez. No subieron a dejarme un plato de comida, ni un vaso de agua, ni a preguntar si seguía vivo. La casa parecía una tumba y yo me la pasé hundido en la cama, llorando hasta quedarme seco y sin fuerzas.

De pronto, un escándalo de gritos retumbó desde la planta baja, rompiendo el silencio.

Era una voz alterada, sobresalía un tono agudo, histérico e inconfundible: la voz de Heidi.

— ¡Tengo que hablar con él! ¡No me importa si está encerrado, exijo que me dé la cara ahora mismo! —se escuchaban los alaridos de mi tía.

Me levanté de la cama tambaleándome, corrí hacia la puerta y volví a golpear la madera con la fuerza que me quedaba.

— ¡Abran! ¡Déjenme salir! —grité con la voz afónica.

El ruido de pisadas subiendo apresuradamente por las escaleras me hizo dar tres pasos hacia atrás. El cerrojo giró y la puerta se abrió de par en par dejando ver a mi padre.

Sin decir una sola palabra, me agarró del brazo y me llevó fuera de la habitación.

— Vas a bajar ahora mismo y te vas a disculpar con tu tía por toda la porquería que ocasionaste —me siseó, arrastrándome a tropiezos por el pasillo y bajándome por los escalones.

Al llegar a la sala, ví a mi madre; estaba parada junto al sofá, con los brazos cruzados, y frente a ella se encontraba Heidi. Traía un vestido, los ojos llorosos corridos por su maquillaje.

En cuanto me vió, se giró hacia mí, señalándome con un dedo.

— ¡Mira la porquería que hiciste, Bill! ¡Por tu culpa Tom me pidió el divorcio! ¡Por tu culpa mi matrimonio se fue al carajo! ¿Eso era lo que querías? ¿Ya estás feliz?

— Heidi… —intenté articular, pero ella ni siquiera me dejó continuar.

— ¡Tom desapareció! ¡Nadie sabe dónde está porque se fue a esconder por la vergüenza del escándalo que TÚ provocaste! —continuó gritando, cruzándose de brazos mientras caminaba hacia mí— ¡Arruinaste a una familia entera! ¡Se suponía que eras mi sobrino, que eras de mi propia sangre! ¡Te abrí las puertas en el modelaje, te di un lugar en ese mundo y me apuñalas por la espalda de la forma más asquerosa y rastrera posible!

Se giró hacia mis padres, llevándose una mano al pecho y dejando escapar un sollozo.

— No puedo creerlo… se los juro que no puedo entender cómo mi propio sobrino me pudo hacer algo así —lloriqueó, limpiándose una lágrima del pómulo— Yo lo quería como a un hijo… Le di todo mi apoyo en la moda y esto es un golpe bajo que me destrozó la vida. Mi reputación está por los suelos, ¿y todo por qué? ¿Por qué lo hiciste, Bill? ¿Por qué me odias tanto?

Sentí un ardor de rabia mezclado con asco recorriéndome las venas. Sabía perfectamente lo víbora y manipuladora que era Heidi, y verla montando semejante teatro ridículo frente a mis padres me encendió la sangre.

— ¡Tú sabes que las cosas no son así! —logré responder, dando un paso al frente— ¡Yo jamás…!

— ¡Cállate! ¡Hiciste todo esto por pura envidia! —me interrumpió, alzando la voz para tapar la mía, lanzándome una mirada despectiva— ¡Por envidia, claro que sí! ¡Nunca pudiste soportar que yo fuera una modelo famosa, reconocida internacionalmente, mientras tú no eras más que un principante! ¡Querías lo que yo tenía, querías mi vida, querías a mi esposo porque no podías brillar por ti mismo! ¡Eres un resentido, un parásito que buscó destruirme para quedarse con algo de mi sombra!

— ¡Eso es mentira! —grité, sintiendo que la cabeza me iba a explotar ante semejantes estupideces— ¡Yo no quería tu vida! ¡Él y yo…!

— ¡No me interesa escuchar tus mentiras! —volvió a atajarme, dándose la vuelta hacia mis padres— Por favor… ¿pueden dejarnos solos un momento? Necesito hablar con este chico cara a cara, sin interrupciones.

Mi padre miró a Heidi con compasión y luego se giró hacia mí, clavándome una mirada amenazante.

— Te vas a disculpar con tu tía por cada uno de tus errores. Ni se te ocurra faltarle al respeto —advirtió.

Sin darme opción a replicar, tomó a mi madre del hombro y ambos salieron de la sala, cerrando la puerta corredera tras de sí para dejarnos completamente solos.

En cuanto nos quedamos a solas, el llanto de Heidi desapareció mágicamente. La expresión de dolor y angustia de su rostro se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos, siendo reemplazada por una sonrisa cínica.

La miré fijamente con los puños apretados, ella me miró de arriba abajo, se cruzó de brazos, ladeó la cabeza y dejó escapar un suspiro burlón.

— Ay, Bill… de verdad siento tanta lástima por ti —soltó con una vocecita suave, fingiendo lástima— Mírate nada más. Mírate la cara… hecho una lástima, pobrecito… de verdad, qué pena me das.

El dolor, el cansancio y el terror acumulado de los últimos días explotaron dentro de mi pecho. No pude más.

— ¡La única envidiosa aquí eres tú! —exploté, gritándole a la cara con la voz llena de rabia— ¡Tú y solo tú! ¡Llevas años arrastrando tu veneno contra mí, siempre soltando tus comentarios de mierda sobre mi cuerpo, sobre mi ropa, sobre cómo hablaba, incluso cuando solo era un niño! ¡Nunca pudiste soportar que alguien más en esta familia tuviera algo de atención! ¡Alguien tenía que bajarte de esa puta nube en la que vives creyendo que eres la reina del mundo!

Ella ni siquiera se inmutó. No dio ni un paso atrás. Al contrario, soltó una risita baja, negando lentamente con la cabeza mientras me miraba como si estuviera viendo a un perro rabioso e insignificante.

— No… No, mi amor, eso no es cierto —respondió con calma, utilizando una voz pausada— Estás confundido. Te sientes mal, estás frustrado y por eso necesitas volcar todo tu resentimiento sobre mí. Es una reacción típica de alguien tan inmaduro, un mecanismo de defensa patético para no aceptar lo verdaderamente miserable que eres. Pero no te culpo… la culpa la tienen tus padres por hacerte creer que eras especial cuando no eres más que un caprichoso.

Dio dos pasos lentos hacia mí, taconeando sobre el piso, hasta quedar a escasos centímetros.

— Pero dime algo, Bill… —continuó, arqueando una ceja— Después de todo este circo… ¿de verdad crees que ganaste? ¿En serio crees que te quedaste con Tom? —soltó una carcajada— Por favor… Eres solo un mocoso estúpido que se cree que se ha comido el mundo solo porque un hombre maduro le puso la mano encima —se burló, mirándome de arriba abajo— Mírate, eres un ingenuo. Crees que estás viviendo un cuento de hadas, ¿verdad? Crees que esto es una historia de amor donde el príncipe va a venir a rescatar a la princesita… Supongamos que pasa, Bill. Supongamos que Tom viene mágicamente por ti, que limpia tu nombre y te saca de esta casa… ¿Qué mierda va a pasar después? ¿Van a tener una vida feliz y normal? ¿Qué carajos tienes tú para ofrecerle a un hombre como él?

Se acercó a mi oído, bajando la voz a susurros.

— Tarde o temprano, Tom se va a aburrir de ti. Ay, Bill, Bill… eres tan tonto, tan patético. Por favor, los hombres son así: cuando no les das lo que quieren, cuando te pones difícil o cuando dejan de escuchar lo que desean, te desechan. Te tiran a la basura. Hay un dicho muy cierto en este mundo, mi vida: a alguien no lo cambian por algo mejor, lo cambian por algo más fácil. Y eso es exactamente lo que fuiste tú: el juguete fácil, el entretenimiento rápido. Ahora vas a pasar a ser un simple segundo plato, la sombra que se usa un rato y luego se olvida.

Me quedé rígido, apretando la mandíbula mientras las lágrimas de rabia amenazaban con salir. Quería gritarle, quería callarle la boca, pero las palabras se me atascaban en el pecho.

— ¿En serio le creíste cada una de sus palabritas? —siguió, disfrutando cada segundo de mi parálisis— Déjame adivinar… ¿Te dijo que contigo se sentía libre? ¿Te dijo que contigo no tenía que fingir ser alguien que no era?

Mi aliento se cortó… el aire se me congeló en los pulmones.

Intenté no pensar en eso, intentar que sus palabras no me afecten, pero me era imposible.

Heidi lo notó. Vio el destello de duda en mis ojos y su sonrisa se volvió aún más ancha.

— Con el tiempo, cuando ya no puedas darle esa ‘libertad’ que tanto requiere, te va a dejar —volvió a hablar después de un largo silencio— Porque dime una cosa… Si me engañó a mí, que fui su esposa, que estuve a su lado… ¿Qué mierda te asegura a ti que no te va a hacer exactamente lo mismo? Si fue capaz de traicionarme a mí con mi propio sobrino, ¿de verdad eres tan imbécil para creer que a ti te va a ser fiel? Solo eres el capricho del momento, Bill. Y cuando el capricho se apague, te vas a quedar exactamente como estás ahora: solo y con la vida hecha pedazos.

Negué repetidas veces, traté de decir algo, pero me detuvo.

— Es que la verdad dolió, ¿cierto, precioso? Tan ingenuo, tan patético… De verdad creíste que eras especial. Pensaste que Tom te amaba, que eras su ‘gran salvador’, cuando en realidad solo fuiste una diversión para quitarse el estrés. Un muchachito fácil que se regaló a la primera de cambio. Das lástima, Bill, das un asco profundo…

La cabeza me retumbó. Sin pensarlo un solo segundo, solté un alarido de rabia y me abalancé sobre ella. Le encajé los dedos en la cabellera rubia y le jalé el cabello con todas las fuerzas de mi cuerpo, haciéndole dar un brinco hacia atrás.

— ¡CÁLLATE! ¡CÁLLATE DE UNA VEZ, MALDITA BRUJA! —grité fuera de mí, tironeándole la cabeza hacia abajo mientras la rabia me nublaba por completo la vista.

— ¡AAAAAHHH! ¡SUÉLTAME, MALDITO ENFERMO! ¡AYUDA! ¡JÖRG, AYUDA, ME ESTÁ MATANDO! —chilló Heidi de inmediato, retorciéndose y tratando de zafarse entre manotazos, haciendo un escándalo grande.

Yo no la soltaba. Le jalaba el pelo con saña, descargando en ese tirón todo el odio, la impotencia y la rabia que llevaba guardados.

La puerta de la cocina se abrió de golpe y mis padres entraron corriendo, histéricos al escuchar el alboroto.

— ¡¿PERO QUÉ DEMONIOS PASA AQUÍ?! —gruñó mi padre.

Al verme encima de Heidi, se abalanzó sobre mí y me sujetó por los hombros, jalándome hacia atrás hasta lograr despegar mis dedos de su cabello. Me empujó contra la pared, dejándome jadeando y con el pecho agitado.

— ¡Está loco! ¡Está completamente desquiciado! —sollozó ella, fingiendo una voz entrecortada y asustada mientras se abrazaba a sí misma— J-Jörg… yo solo estaba intentando hablar con él… de la manera más tranquila y paciente del mundo. Estaba tratando de entenderlo, de tenderle una mano… ¡y de la nada se volvió loco y se me fue encima! ¡Miren lo que me hizo!

Mi padre la miró con compasión y corrió a ponerle un brazo sobre los hombros para consolarla, mientras me clavaba a mí una mirada severa.

— Jörg… por favor, sácame de aquí… no lo soporto más —siguió lloriqueando, apoyando la cabeza en el pecho de su hermano, jugando la carta de la hermana menor destrozada ante el único que podía defenderla— Me duele el alma… mi propio sobrino atacándome después de todo lo que me quitó…

Mi padre apretó la mandíbula. Soltó a Heidi despacio y caminó hacia mí.

— En serio no puedo creer la clase de monstruo que engendré… —siseó, pasándose una mano por la cara— Tu tía es la víctima de todo lo que has ocasionado ¡Y aún así tienes el descaro de atacarla en mi propia casa!

Antes de que pudiera reaccionar, me agarró del hombro y me obligó a caminar hacia ella, dándome un empujón hacia abajo. Mis rodillas chocaron contra el suelo, haciéndome soltar un quejido de dolor.

Me quedé ahí, hincado, reducido a la nada, completamente humillado en el centro de la sala, justo a los pies de Heidi.

— Te vas a disculpar con tu tía ahora mismo —ordenó, parándose a mí lado, cruzado de brazos— ¡Pídele perdón!

Me quedé con la cabeza agachada, fijando la mirada en el piso. El nudo en la garganta no me dejaba respirar y las lágrimas me caían a chorros, mojándome las mejillas.

— ¡Que le pidas perdón, maldita sea! —reiteró con un grito histérico.

Apreté los puños contra mis muslos. Tragué saliva con dificultad, sintiendo el sabor amargo de la derrota. Me sentía tan pequeño entre ellos dos ya aunque no quisiera, tuve que hacerlo.

— P-perdón… —musité sin levantar la vista.

A través del rabillo del ojo, entre la maraña de cabello que me cubría el rostro, pude ver la parte inferior del vestido de Heidi. Y luego vi su rostro. La vi inclinarse un poco hacia abajo: la muy cínica me estaba mirando con una sonrisa, disfrutando cada segundo de verme reducido a un perro arrodillado a sus pies.

— No… no sé si pueda perdonarte algo así, Bill… —dijo en voz alta, cambiando su expresión en un segundo y soltando un nuevo sollozo para que mi padre la escuchara— Esto es demasiado para mí… no puedo más.

Se dio la vuelta apresuradamente, tomó su bolso de la mesa y caminó hacia la salida fingiendo que se ahogaba en el llanto.

— ¡Heidi, espera! ¡Por favor, tranquilízate! —exclamó mi padre, corriendo detrás de ella— ¡Voy a acompañar a tu tía al auto, no te muevas de ahí! —me amenazó, señalandome con el dedo antes de salir.

La puerta se cerró tras ellos y sus voces se fueron apagando lentamente en la distancia.

Me quedé ahí, llorando en silencio. La rabia me quemaba por dentro, un veneno amargo que me hacía temblar las manos.

— ¿Por qué lo hiciste, Bill? —la voz de mi madre resonó desde la esquina de la sala.

Levanté la vista despacio. Ella me miraba con los brazos cruzados, con una mezcla de decepción y cansancio en el rostro.

— Fue una venganza… ¿De acuerdo? ¡Fue por pura venganza! —exploté otra vez, apretando los dientes— ¡Heidi me ha estado jodiéndome la vida desde que era un niño! ¡Siempre criticándome, humillándome, tratándome como una basura delante de todos! ¡Tú lo sabes perfectamente, mamá! ¡Tú estuviste ahí y nunca dijiste nada!

Mi madre soltó un suspiro largo y pesado, sobándose el puente de la nariz mientras negaba con la cabeza.

— Esta no era la manera de hacer las cosas, Bill… —dijo con una voz baja, cargada de una severidad— Buscar venganza no soluciona nada, solo destruye todo a su paso. Sí, acepto que tu tía a veces se ha portado mal contigo, que ha tenido comentarios fuera de lugar… pero eso no te daba el derecho de actuar de una forma tan ruin. Ahora, por tu inmadurez y tu despecho, has destruido a una familia entera. Mira el desastre que provocaste. Nada de lo que hiciste se justifica.

Tragué saliva, sintiendo un vacío en el estómago. Antes de que pudiera responderle, la puerta principal se abrió y mi padre entró a la casa, respirando agitado y con el rostro de nuevo endurecido.

Caminó directo hacia mí para sujetarme del brazo y regresarme al encierro de mi habitación, pero el pánico de volver a quedar atrapado me dio un impulso de desesperación.

— ¡Espéra! ¡Por favor, escúchenme antes de encerrarme! —grité, tratando de zafarme con todas mis fuerzas, buscando la mirada de ambos— ¡Ustedes no entienden nada de lo que pasó! —trague saliva, pensando si contarles lo otro…— Hay un chico… él me grabó sin mi consentimiento! ¡Las fotos y los vídeos que están en internet los subió él para arruinarme también! ¡Mírenme la cara! ¡Él me hizo esto! Solo quiero su ayuda… por favor.

El silencio cayó. Me quedé mirándolos con el corazón desbocado, esperando ver alguna reacción.

Pero no hubo nada.

Mi padre soltó una risa seca, mientras mi madre simplemente desvió la mirada.

— Por favor, Bill… no seas ridículo. ¿Ahora te vas a inventar una historia de agresión para lavarte las manos? ¿En serio crees que somos tan idiotas para creerte semejante estupidez? Estás desesperado por salir bien librado de este escándalo y no sabes ni qué mentira inventar.

Me quedé incrédulo… me estaban viendo la cara, las manos, y aun así preferían pensar que me lo había inventado todo.

Estuve a punto de gritarles la verdad. La palabra estuvo a punto de salir de mi boca. Quería decírselos, quería gritarles que dentro de mí estaba creciendo el hijo de Tom, pero justo cuando iba a abrir la boca, los volví a mirar.

Miré la frialdad en los ojos de mi padre y la dureza en la cara de mi madre. Si no me creían lo de Rodrigo, ¿qué le harían a mi bebé? El miedo a que intentaran obligarme a interrumpirlo, a que me llevaran a una clínica a la fuerza o que me hicieran daño para quitármelo me llegó.

No podía correr ese riesgo, tenía que proteger a mi hijo como fuera.

Me tragué las palabras, apretando los labios hasta hacérmelos sangrar. Mi padre me sujetó con más fuerza del brazo, arrastrándome hacia las escaleras sin que yo tuviera más fuerzas para oponer resistencia. Subimos los escalones a tropiezos hasta llegar a mi cuarto, me empujó hacia el interior de la habitación y, antes de cerrar la puerta, se detuvo en el umbral.

— Ya tengo una solución para todo esto…

Continúa…

Gracias a ustedes por leer y no olviden dejar su amor en los comentarios 😉

por Lett_Kltz

Escritora del Fandom

Un comentario en «Older 26»
  1. ¿Por qué les gusta escribir tanto sufrimiento?. Mi bebé se retorció en mi estómago de la angustia, ¡Y ni siquiera tengo un bebé en mi estómago! 😂😂 😭😭😭😭. Cómo vas a arreglar esto Letty?. Los papás de Bill para mi son unos monstruos ahora. Y quiero que haya justicia completa para Bill, sobretodo justicia a favor de Bill contra la bruja de Heidi, es de lo peor en este fic 🤮🤬. Y compensa nuestro sufrimiento con escenas super Hot entre Tom y Bill 😈…. Pleaseeee 😭😭😭🙏🙏🙏.

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