Fic TOLL de Lett_kltz

Capítulo 23

El éxito de la sesión de fotos de ayer había sido rotundo. Me llamaron temprano para decirme que las marcas estaban fascinadas, las imágenes eran perfectas y, si seguía así, mi salto al mercado seguiría creciendo en cuestión de días. Incluso me confirmó que el desfile dentro de dos días seguía en pie y que esperaban mucho de mí. Me sentí bien con todo aquello, feliz de que las cosas ahora si, estuvieran saliendo bien.

Estaba sentado en clase intentando prestar atención, pero mi mente vagaba. De repente, una punzada de hambre voraz me atacó el estómago; no era un hambre normal, era una sensación física insoportable. Cuando finalmente sonó el timbre, salí casi corriendo junto a Sasha.

— Tengo un hambre que me muero, vamos a comprar algo, lo que sea —le dije, sintiéndome extrañamente desesperado.

Caminamos hacia la cafetería más cercana, pero a mitad de camino, el mundo empezó a girar. El suelo se volvió inestable y las luces del sol del pasillo me cegaron. Un mareo horrible, como si me hubieran golpeado en la nuca, me obligó a frenar en seco. Me agarré a la pared con fuerza, sintiendo cómo el sudor frío me bajaba por la nuca.

— ¡Bill! —Sasha me tomó del brazo, alarmada— ¿Estás bien? Te pusiste pálido de golpe.

— No… —balbuceé, cerrando los ojos para que la náusea se pasara— No estoy bien. Llevo días así, Sasha. Me siento fatal.

Ella me miró con seriedad, chasqueando la lengua.

— Se acabó. Vas a ir a un médico ahora mismo. Si sigues así, no vas a poder ni mantenerte en pie en el desfile, y eso es lo más importante que tienes ahora. Tenemos que descartar cualquier cosa.

Sabía que tenía razón. Saqué mi celular y marqué el número de mamá. No tardo más de un minuto cuando ella contestó.

— ¿Bill, cariño, qué pasó? —preguntó con una voz suave.

— Hola… mamá, iré con Sasha al médico. El malestar de estómago no se me quita y prefiero que me den algo para estar bien para el desfile —le dije, intentando sonar calmado.

— Está bien, cariño. Cuídate mucho y cualquier cosa que pase, me llamas de inmediato —respondió ella preocupada.

— Si mamá, no vemos en la casa…

Colgué y guarde el teléfono, mire a Sasha, mientras ella me hacía unas señales para que saliéramos del campus. Cuando estuvimos afuera, hicimos parar un taxi y llegamos a la clínica más cercana.

El ambiente era frío y aséptico, lo que solo aumentaba mi malestar. Mientras esperábamos, se me antojó un pastel de fresas; era ridículo, pero no podía pensar en otra cosa.

Finalmente, nos llamaron. Entré al consultorio y le expliqué mis síntomas al doctor: el mareo, las náuseas, el cansancio extremo. El doctor, un hombre mayor de aspecto serio, me revisó, me midió la presión y luego se quedó pensando un largo rato.

— Bueno —dijo, mirándonos por encima de sus lentes— Muchos de estos síntomas son recurrentes en pacientes que presentan… un estado de gestación.

Sasha soltó una carcajada nerviosa y yo me uní a ella, pensando que era una broma de pésimo gusto.

Bueno, tenia que serlo, ¿No?

— Doctor, creo que se confundió de expediente —dije, aún riendo— Soy hombre. Seguro es una gastritis o algo que comí mal, solo quiero una pastilla y ya.

El doctor no sonrió. Se mantuvo firme, lo que terminó por borrar mi sonrisa.

— Entiendo la confusión, pero voy a pedir unos análisis. Es necesario…

Sasha y yo nos miramos unos segundos, pero aún así no me negué a hacerme el montón de análisis. Después de eso, nos dejaron en la sala de espera, pasaron como dos horas que se sintieron como una eternidad hasta que él médico volvió a llamarme. Cuando entramos, nos hizo sentar de nuevo, él estaba con una expresión indescifrable.

— Bill —dijo, cruzando las manos sobre la mesa— …Los resultados confirman que estás embarazado. Estás de seis semanas.

El silencio que cayó en la habitación fue absoluto. Sentí que el aire abandonaba mis pulmones, tenía que ser falso.

— ¿Esto es una broma? —pregunté, con la voz temblando— Si es una broma, no tiene ninguna gracia.

— No es una broma —respondió él con calma— Sé que es impactante. Lo que tienes es una condición intersex muy rara. Naciste con una estructura anatómica interna inusual: posees útero y ovarios funcionales, aunque externamente tu desarrollo fue masculino. Es un caso médico extremadamente infrecuente, pero clínicamente posible. Por eso los síntomas: náuseas, mareos, cambios hormonales… tu cuerpo está atravesando un proceso para el cual no estaba «programado» de forma convencional.

Me quedé helado. Mi mente empezó a dar vueltas. Seis semanas… eso coincidía perfectamente con el tiempo en que Tom y yo habíamos estado juntos antes de que yo decidiera “acabarlo todo”.

Aún así… no, no podía creerlo.

— ¡Es una equivocación, tiene que serlo! —exclamé, poniéndome de pie de un salto, con la silla chirriando contra el suelo— ¡Busque bien, doctor! ¡Soy hombre! ¡No puede estar pasando esto!

El hombre, imperturbable, seguía mirándome con una mezcla de seriedad y comprensión ante mi ataque.

— Bill, te entiendo. Tu mente se niega a procesarlo porque va contra todo lo que te han enseñado sobre tu anatomía… pero la medicina no siempre sigue los libros de texto. Tienes una variante intersexual. Durante tu desarrollo, tu cuerpo no terminó de especializarse en una sola dirección. Tienes órganos internos completamente desarrollados y funcionales. Lo que está ocurriendo es real y los análisis no dejan lugar a dudas.

— Pero… —intenté articular, pero Sasha me interrumpió.

— Doctor, espere —dijo, clavando la mirada en el profesional— Tengo mil dudas. ¿Cómo es posible que no haya pasado antes? Bill… Bill ha tenido una vida sexual activa y nunca pasó nada. ¿Por qué ahora? ¿Por qué de repente?

El médico suspiró, recostándose en su silla.

— Buena pregunta. La respuesta es sencilla: desarrollo biológico. Hasta hace muy poco, el útero en tu caso estaba en un estado… digamos, de latencia. Su desarrollo completo y la maduración hormonal necesaria para acoplarse a tu sistema actual ocurrieron recientemente. Tu cuerpo no estaba «listo» para gestar antes; el entorno biológico no era el adecuado. Hace unas semanas, hubo un cambio hormonal importante en ti, probablemente acelerado por tu estilo de vida o factores genéticos, que «encendió» esa capacidad. El útero maduró, se adoptó a tu cuerpo y se volvió receptivo. Es una coincidencia biológica extrema, pero ha ocurrido.

— Y… —Sasha tragó saliva, mirando el expediente— ¿Qué significa esto para él? Es un hombre. Su estructura ósea, su musculatura, todo está diseñado bajo parámetros masculinos. ¿Cómo va a ser esto? ¿Es peligroso?

— Es un embarazo de alto riesgo desde el minuto uno —sentenció sin rodeos— Bill, tu cuerpo no está diseñado para la distensión abdominal clásica de un embarazo. Tendremos que monitorear cada mes el desarrollo, el crecimiento del feto y, sobre todo, cómo reacciona tu estructura muscular. Vas a necesitar suplementos hormonales de inmediato para que tu cuerpo no rechace el embrión. No es que vayas a romperte, pero sí habrá dolores fuertes, mucha presión y, lógicamente, los cambios físicos serán inevitables. No podrás seguir con tu ritmo de vida actual…

— ¿De qué está hablando? —salté yo, con la voz quebrada— ¡Tengo un desfile en dos días! ¡Estoy en la cima de mi carrera! ¡No puedo dejarlo todo!

— Bill, escúchame —dijo el doctor con severidad— Si intentas forzar tu cuerpo, si sigues con el estrés, las dietas extremas o el ejercicio de alto impacto, vas a perder al bebé o, peor aún, vas a poner en riesgo tu propia vida por una hemorragia o un colapso interno. Esto no es negociable.

Sasha me tomó de los hombros, obligándome a mirarla.

— Bill, tienes que respirar —me dijo, aunque ella misma estaba temblando— Doctor, ¿qué hay de los síntomas? El mareo, el asco… ¿va a empeorar?

— Mucho. Las náuseas matutinas y la sensibilidad a los olores van a intensificarse en las próximas semanas.

Me dejé caer en la silla, sintiendo que el suelo se abría bajo mis pies. Todo lo que empezaba a construir se estaba desmoronando antes de empezar con una sola palabra: embarazado.

Tom…

La imagen de Tom vino a mi mente. ¿Qué iba a hacer?

— ¿Bill? —susurró Sasha, tocándome el brazo— ¿Estás conmigo?

— No sé qué hacer —logré decir, con un hilo de voz— No sé ni quién soy ahora…

Salimos de la clínica sintiendo que el aire de la ciudad era distinto, como si todo a mi alrededor hubiera cambiado de color. El médico nos había dado una lista interminable de cuidados y recomendaciones nutricionales, tratando de asegurarse de que entendiera que mi cuerpo estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano. Sasha, sin soltarme el brazo ni un segundo, me guio hasta un parque cercano, donde el silencio era más reconfortante que el bullicio de la calle.

Nos sentamos en una banca de madera bajo la sombra de un roble. Respiré hondo, tratando de que el oxígeno llegara a mi cerebro, que aún intentaba procesar la palabra «bebé» y «embarazo» mezclada con mi nombre.

— Bill… —Sasha rompió el silencio con mucha delicadeza— ¿Vas a hablar con Tom?

La pregunta flotó entre nosotros. Sabía que mentirle, o peor aún, ocultarle esto, sería el principio del fin para nosotros. Estaba harto de los secretos, de las fachadas y de ese juego de espejos en el que me había convertido.

— Sí… tengo que decirle. Él tiene derecho a saber —respondí, sacando mi celular con manos temblorosas.

Marqué su número, con el corazón martillando contra mis costillas. Tom contestó al segundo tono y no supe ni cómo respirar.

— ¿Bill? ¿Está todo bien? —preguntó, su voz sonaba un poco distante, probablemente estaba en medio de alguna gestión de su viaje de negocios.

— Hola, Tom… sí, estoy bien —mentí, aunque mi voz me traicionó con un pequeño temblor— ¿Cómo van las cosas por allá?

— Bien, arreglando unos asuntos de la empresa que se complicaron, pero saldré de esto pronto. ¿Tú cómo estás? ¿Ha pasado algo?

— Tom… ¿cuándo vuelves?

— En una semana, Bill. ¿Por qué?

Tragué saliva, sintiendo que el peso de la noticia me oprimía el pecho.

— Es que… tengo que decirte algo muy importante.

— Dímelo ahora —insistió él, y por un momento imaginé su ceño fruncido al otro lado de la línea.

— No… —bajé la voz, mirando a Sasha, que me observaba con preocupación— No puedo hacerlo por teléfono. Tiene que ser en persona. Cuando regreses, por favor.

Hubo un silencio prolongado antes de que él respondiera.

— Está bien. En persona, entonces. Te veo cuando regrese.

Colgué y guardé el teléfono. Sasha puso una mano sobre mi rodilla, intentando infundirme algo de valor, pero el miedo me carcomía. Sabía que esto era lo correcto, pero el terror de cómo reaccionarían mis padres… Decidí que, por ahora, esto se quedaría entre Sasha, Tom y yo. Nadie más. Teníamos que encontrar la forma de arreglar este desastre.

En ese momento, el teléfono de Sasha vibró. Ella contesto, estuvo así como un minuto y resopló pesadamente.

— ¡Oh, cielos! —dijo ella ya al colgar, luciendo genuinamente estresada— Bill, tengo que irme, mi madre regresó de viaje y dice que me necesita para algo urgente en casa.

— Ve, Sasha, de verdad, no te preocupes —le dije, obligándome a sonreír— Me quedaré un rato aquí, necesito respirar aire fresco. Pediré un taxi luego, ve tranquila.

— ¿Seguro? No me gusta dejarte solo ahora.

— Estoy bien, de verdad. Vete.

Ella dudó, pero terminó yéndose con paso rápido. Me quedé solo, cerré los ojos, recargando la cabeza en el respaldo de la banca, dejando que el viento frío de la tarde golpeara mi rostro. Necesitaba que mis pensamientos dejaran de girar como una centrifugadora. Seis semanas… una condición intersex… un embarazo.

Estaba tan sumido en mi mundo, tratando de encontrar las palabras que le daría a Tom cuando logremos vernos de nuevo, que no escuché los pasos acercándose. Solo cuando el aire a mi lado se movió, abrí los ojos.

Rodrigo estaba sentado a mi lado. Se veía normal, casual, pero su presencia me hizo erizar cada vello de la piel. Mi instinto se disparó, pero me obligué a mantener la calma, aunque mis dedos se clavaron en la tela de mis pantalones.

— ¿Qué haces aquí? —solté, con un tono gélido, alejándome un poco de él en la banca.

Rodrigo no se inmutó. Miró hacia adelante, observando a un grupo de niños jugar en el césped. Pasaron varios segundos de silencio en los que mi respiración se volvió errática.

— Es un parque, Bill —respondió finalmente, girando lentamente la cabeza para mirarme con esa sonrisa torcida que ya tanto odiaba— Es un lugar público. Puedo sentarme donde quiera, ¿o no?

— ¿Por qué sigues aquí? —insistí, sintiendo que el aire se me agotaba de nuevo— Vete, Rodrigo. No tenemos nada de qué hablar.

— Oh, pero creo que sí tenemos mucho de qué hablar —dijo, acercándose apenas unos milímetros más— Tengo guardadas unas cuantas cosas… unas informaciones muy jugosas que sé que te van a interesar… y mucho.

El tono de su voz, esa suficiencia en su mirada, me revolvió el estómago. No tenía cabeza para sus juegos, ni para sus amenazas, ni para él. Estaba al límite de mis fuerzas emocionales y mi cuerpo se sentía como si estuviera a punto de colapsar. Sin decir una palabra más, me puse en pie de un salto, ignorando el mareo que me volvió a golpear, y comencé a caminar lejos de la banca, dándole la espalda.

— ¿En serio no te quieres quedar a escucharme? —preguntó a mis espaldas, chasqueando la lengua con esa burla odiosa— Es una pena. De verdad, te perderías de un entretenimiento de primera clase.

Ignoré sus palabras y me alejé más. Estaba a punto de cruzar el sendero de gravilla cuando escuché su voz otra vez.

— Bueno… supongo que entonces estas fotos tan, pero tan comprometedoras de ti y… ¿Cómo se llamaba ese tipo? Ah, sí, Tom… No te van a interesar. Qué lástima.

Me quedé congelado. El sonido de mis propios pasos se apagó como si me hubieran arrancado la capacidad de moverme. Mis pulmones se quedaron sin oxígeno y sentí un frío mortal recorrer mi columna vertebral. Lentamente, me di la vuelta.

Rodrigo seguía ahí, sentado en la misma banca, con las piernas cruzadas y una expresión de total victoria en su rostro. Me estaba mirando con esos ojos depredadores, disfrutando de mi terror.

— ¿Qué has dicho? No, yo no… —logré articular, con la voz apenas audible.

— Oh, vamos, Bill… no te hagas el loco conmigo —dijo él, soltando una carcajada seca y sin gracia— Sabes perfectamente de lo que estoy hablando. ¿O es que tus nuevas «responsabilidades» te han nublado la memoria, eh?

Me quedé ahí, petrificado, incapaz de articular una defensa. Mis manos temblaban de tal manera que tuve que esconderlas en los bolsillos de mi chaqueta.

— Hazme caso —siguió él, haciendo un gesto con la mano, invitándome a regresar a su lado— Ven aquí. Siéntate. Vamos a tener una «plática», ¿No te parece? Y te aseguro que después de lo que tengo que decirte, vas a querer ser el chico más obediente del mundo.

Sentí una bilis ácida subiendo por mi garganta. Ese hombre no solo sabía algo; estaba jugando conmigo de la forma más sucia posible.

Me arrastré de vuelta a la banca con las piernas temblando. Cada paso se sentía como caminar sobre espinas y, en cuanto me senté a su lado, completamente rígido y sin atreverme a respirar, Rodrigo pasó su brazo por encima de mis hombros, pegándome hacia él con fuerza.

Intenté zafarme de inmediato, pero su agarre se volvió más fuerte.

— Ni se te ocurra moverte, Bill… Sé un buen chico y quédate quieto si no quieres que este parque se convierta en una escena bastante desagradable —murmuró a mi oído, con ese aliento helado que me dio ganas de vomitar.

Con su otra mano, se metió la mano al bolsillo interior de su chaqueta y sacó un sobre blanco. Me lo puso sobre el regazo, lo mire, mientras él me hacía un gesto para que lo abriera, así que, con los dedos temblándome, abrí el sobre y saqué el contenido.

Ahí estaban…

Fotos nítidas, perfectamente encuadradas: yo besando a Tom afuera de la empresa, yo aferrado a su saco rogándole, y nosotros dos en su auto en medio de la noche. En ese momento mi mente recordó: la motocicleta que vi pasar rápido mientras estaba esperando en el auto de Tom era él. Nos había estado siguiendo…

— Bonitas, ¿verdad? —se burló, soltando una risita cínica mientras me acariciaba el hombro— ¿De verdad creíste que no iba a investigar? ¿Pensaste que me ibas a distraer con tus amiguitos mientras te veías a escondidas con él?

Un nudo de angustia me cerró la garganta. Rodrigo se inclinó un poco más hacia mí, bajando la voz a susurros:

— Me pregunto qué pasaría si estas fotitos llegan por «casualidad» a la agencia de modelaje en la que estas… O mejor aún, a todos los medios de comunicación. Tu carrera se iría directo al caño antes de que puedas escalar más arriba.

La rabia, el asco y la impotencia explotaron dentro de mí. Agarré las fotos con ambas manos y las rompí en pedazos con furia, sintiendo cómo las lágrimas de rabia me quemaban los ojos.

— ¡Eres un asco de persona! —le grité en la cara, con la voz temblándome por la furia— ¡Eres un maldito enfermo, un miserable sin vida que solo sabe arruinarle la existencia a los demás! ¡Te odio!

La sonrisa de Rodrigo desapareció al instante. Su rostro se transformó en una máscara de rabia pura. Me agarró del hombro con violencia, clavándome los dedos hasta hacerme daño para que no me moviera ni un centímetro.

— ¿Yo soy un asco de persona? —dijo apretando los dientes, encarándome a centímetros de mi rostro— Tal vez lo sea, Bill, ¡Pero tú no eres absolutamente nada diferente a mí! Mírate… te sientes muy santo, pero te estabas acostando con el esposo de tu propia tía.

El golpe de sus palabras me dejó sin aire. Negué varias veces, pero él no me dió tregua:

— ¿Pensaste en ella? ¿Pensaste en cómo se va a sentir la pobrecita cuando se entere de que su sobrinito le estaba viendo la cara de estúpida con su propio marido? —siguió escupiendo cada palabra con pura maldad— ¿Qué crees que va a decir tu familia cuando les mande estas fotos a sus correos? Van a ver al monstruo que eres. Así que me vas a escuchar muy bien y vas a hacer exactamente lo que te pida si no quieres que destruya tu vida y la de todos a tu alrededor.

— ¡Cállate! ¡Cállate la puta boca! —le grité con la voz completamente desarticulada por la rabia y el llanto— ¡Tú no sabes nada, no sabes nada de lo que pasó! ¡Eres una basura chantajista!

Rodrigo soltó una carcajada seca, apretándome el hombro hasta hacerme un hematoma. Su rostro estaba tan cerca del mío que podía sentir su aliento.

— ¿Que no sé nada? Por favor, Bill. Te conozco perfectamente. Sé de lo que eres capaz. ¿O ya se te olvidó cómo usas a la gente?

— ¡Suéltame! —intenté zafarme, pero él me sacudió con fuerza.

— Mírate, te crees muy elegante, muy cotizado en las fotos, pero por dentro no eres más que una zorra regalada —escupió con desprecio— ¿O me vas a negar que te encanta revolcarte con quien te dé un poco de atención? Antes de Tom usabas a los imbéciles del colegio, los pisoteabas, te entregabas a cualquiera para sentirte deseado y luego los tirabas como basura. Siempre has sido una puta, Bill. La diferencia es que ahora te metiste en la cama del esposo de la hermana de tu padre. ¿Te das cuenta de lo asqueroso que es eso?

— ¡Cállate, te dije que te calles! —solté un manotazo torpe hacia su cara, pero él me atrapó la muñeca en el aire.

— ¡A mí no me vas a alzar la mano! —me siseó, clavando sus dedos en mis huesos— No tienes la moral para mirarme desde arriba. Eres una basura egoísta. ¿Qué va a pasar cuando tu mamá vea las fotos? ¿Qué va a decir tu papá cuando se entere de que su hijo destruyó el matrimonio de su hermana? Los vas a matar de la vergüenza. Todo el mundo va a saber la clase de prostituta barata que eres.

— ¡Déjame en paz, Rodrigo! ¡Por lo que más quieras, vete de mi vida! —supliqué entre sollozos, sintiendo cómo el estómago se me revolvía del asco y la angustia.

— No me voy a ir a ningún lado —dijo, sonriendo con crueldad al verme completamente quebrado— Porque ahora tú trabajas para mí.

— Prefiero morirme antes de hacer algo por ti.

— No te vas a morir, vas a obedecer —respondió— Porque si no lo haces, esas fotos no solo van a arruinarte a ti. Van a destruir a Tom, a su empresa, a su reputación y a toda tu estúpida familia. ¿Quieres ser el responsable de eso? ¿Quieres ver cómo todo tu mundo se cae a pedazos por tu culpa?

Me quedé rígido, congelado por el terror. El veneno de sus palabras entraba directo a mis venas. Tenía razón. Si esas fotos salían a la luz…

— Ya fue suficiente —dijo de pronto, soltándome la muñeca de golpe como si le diera asco tocarme.

Me encogí en la banca, abrazándome el torso con los brazos.

— Vas a hacer exactamente lo que yo te diga —continuó él, poniéndose de pie despacio y acomodándose el cuello de la chaqueta— Y tu boca va a ser una tumba.

Se inclinó hacia mí y, levantando la mano, empezó a darme toques firmes y humillantes en la sien con el dedo índice, marcando cada palabra:

— Tu. Boca. Va. A. Ser. Una. Tumba. ¿Entendiste? A nadie. Ni a tu amiguita Sasha, ni a tu mamita, y mucho menos a Tom. Si me entero de que le dijiste una sola palabra a alguien, al segundo siguiente las fotos estarán en los correos de toda la prensa de la ciudad.

— Rodrigo… por favor… —murmuré sin fuerzas, mirando las fotos rotas sobre el césped.

— Espera mi llamada… —siguió, ignorando mi súplica con tranquilidad— Y cuando te llame, vas a contestar al primer tono… si eres un buen chico y haces todo lo que te pida sin chistar… tal vez, solo tal vez, considere borrar las fotos originales frente a ti, pero todo depende de qué tan bien te portes.

Se quedó mirándome desde arriba unos segundos, disfrutando de mi humillación. De repente, antes de que pudiera reaccionar, se agachó, me agarró del cabello por la nuca obligándome a echar la cabeza hacia atrás y me estampó un beso brusco en los labios.

Fruncí el entrecejo y luché por apartarme, pero apretó sus dientes contra mis labios con tanta furia que sentí un tirón sordo y el sabor metálico de la sangre llenándome la boca.

Me soltó de golpe. Me dejé caer de lado sobre el banco, jadeando y ahogándome en lágrimas.

— Estate atento al teléfono, Bill —dijo Rodrigo con una sonrisa tranquila y satisfecha, pasándose el pulgar por los labios para limpiarse un rastro de mi sangre.

Se dio la vuelta y caminó a paso lento hacia la salida del parque, perdiéndose entre los árboles como si nada hubiera pasado.

Me quedé solo en la banca. Me pasé el dorso de la mano por la boca con rabia pura, limpiando la sangre y la saliva que me manchaban los labios, sintiendo unas náuseas insoportables revolviéndoseme en el vientre. Estaba atrapado… estaba completamente perdido.

Continúa…

Gracias a ustedes por leer y no olviden dejar su amor en los comentarios 😉

por Lett_Kltz

Escritora del Fandom

3 comentario en “Older 23”
  1. NO MAMES NOOOO 😭 SE VA A IR TODO A LA CHINGADA, CUANDO XFIN TODO ESTABA SALIENDO BIEEEN, CUÁNTOS PROBLEMAS MÁS, CUÁNTOS LETT? PQ ME HACES ESTOOI 😭😭😭😭😢

    1. Lo siento 😭 pero es necesario. Ya no acercamos al final también, así que trataré de escribir hasta el final. Muchas gracias por leer 💞

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