Administración: Al fin el fic sale del hiatus. Vamos a darle las gracias a Letty con mucho cariño en los comentarios.

Fic TOLL de Lett_kltz

Capítulo 16

Me quedé totalmente piedra en mi sitio, mirándole con el ceño fruncido y la respiración cortada que incluso creí que se me había olvidado respirar. 

Tom, en cambio, me dió una mirada de arriba abajo, sonrió con suficiencia y cerró la puerta detrás de él con seguro, con esa puta calma que me estaba poniendo nervioso e inquieto en partes iguales. Me alejé disimuladamente hasta que mi espalda chocó con la fría cerámica blanca; aprovechando que Tom seguía mirando a la cerradura como si le debiera algo, con las manos a cada lado de la puerta, respirando pausadamente, como si le hubiera costado alcanzarme. No lo sé.

—¿Vas a orinar? —susurré, con el corazón latiendo en mi oreja. Tom no dijo nada, ni una mierda. Si su intención era ponerme caliente e incómodo… lo estaba logrando— Digo… para salir de una puta vez. No te ofendas, Tom, pero no quiero verte mear. 

Solo escuché su suave risita, mientras se giraba para verme de la forma más sexy posible, con las manos a cada lado de su cadera y las cejas arqueadas. Ni puta idea que pretendía con este juego del galán… que le salía tan jodidamente bien aunque me duela admitirlo. 

Yo no sé cómo es que todo en este hombre grita “sensualidad” y “arráncame la ropa donde y cuando quieras”. Peor aún, desde cuándo he comenzado a verlo así. ¿Desde un principio? Tal vez… no lo sé, no debería desearlo tanto, menos ahora cuando tuvimos una “discusión”, obra mía por supuesto… aunque me joda admitirlo. 

No, no debería. Menos cuando Tom pase a ser un desconocido en cuanto logre mi venganza…

—¿Ahora te da asco verla? No dices eso mientras te estoy follando o me la estás chupando con devoción —alardeó, con mucho orgullo en su voz. 

Rodé los ojos inevitablemente. Una cosa no tenía que ver con la otra, coño. 

—¿Qué es lo que realmente quieres? —fui al grano, ahorrándonos tiempo tanto como a él y a mi. Imitando su gesto de manos en la cadera. 

Tom resopló por la nariz, haciendo un gesto con las manos como si dejara la fiesta en paz y se fue acercando a mi. Su cuerpo cada vez más cerca del mío, hasta que nuestras narices chocaron, compartiendo respiración y nos miramos a los ojos como si fuera una pequeña batalla por ver quien la apartaba primero. 

Y aunque el corazón se me salía de su lugar, me obligue a parecer sereno, con una cara de indiferencia que no engañaba ni a mi abuela. Un pésimo actor, Bill. 

—¿Que acaso no dijiste que podía follarte donde y cuando quisiera? Pues eso quiero. A eso vine…  —pasó una de sus manos por mi mejilla con cuidado, con su aliento cálido chocando en mi cara.  

Levanté las cejas, relajando los brazos a mis costados. 

—¿Yo dije eso? —me hice el desentendido, frunciendo el ceño con una voz suave, aunque claro que lo recordaba a la perfección. Pero no podía evitar que una parte extraña de mi necesitará que Tom me lo restregara en la cara. 

Me estoy volviendo un loco. LOCO. 

Tengo que pensar con la cabeza fría… 

—Si… —asintió, frunciendo los labios— ¿Quieres que te lo recuerde? —susurro, peligrosamente cerca de mis labios.

Me relamí los labios. Él también. 

—Si… —se me escapó una pequeña sonrisa como un niño descubriendo páginas ilegales a sus cortos doce años— No, no, no —mi expresión cambió a una estoica, puse ambas manos en la cerámica mientras negaba desenfrenadamente. Mi pecho seguía subiendo y bajando con más intensidad de la normal. ¿Sufriría un paro cardíaco ahora mismo? Probablemente.

Parecía un conejito asustadizo, acorralado por el lobo, con sus dientes listos para morder, carne fresca a su alcance. Maldito Tom. 

—Yo se que si, Bill. Tu cuerpo dice lo contrario… —y tuvo el descaro de pasar su pulgar por la comisura de mis labios, jugueteando con el inferior— ¿Cómo decías tú? —hizo una mueca, como si se lo pensara de verdad. Carbón en toda la extensión de la palabra; sexy cabrón— Ah, si; déjate llevar. 

Y río, esa maldita risa ronca que mandó cargas eléctricas a mi entrepierna y la puso más dura que el cabello de Heidi. El hijo de puta me estaba poniendo como una perra cachonda y me gustaba… ¡Definitivamente loco! 

—Estabas encima mío, meneándote como una anaconda. Luego te arrastraste hasta mi amiguito —se separó unos milímetros de mi para que mire a su entrepierna ya demasiado abultada— Y me la chupaste como nunca —volvió a pegarse a mí, con su boca jugando con mi oreja, mordiendo, lamiendo, jalando y bajando por mi cuello, dejando rastros de saliva y uno que otro chupetón débil. 

—Para… —tuve que contener un gemido, mordiendome el labio inferior hasta sentir el sabor metálico de la sangre en mi boca. 

Mis manos reaccionaron solas, poniéndolas en su pecho en un intento flojo por querer apartarlo de mí con la poca cordura y sensatez que le quedaba a mi cerebro. Negué, negué una y otra vez, pero mi cuerpo no quería que se alejará de mí, como si fuera mi soporte para no caer al suelo debido a mis pies más flojos que una gelatina. Era inútil. 

Y en ese limbo de: escucha a tu cerebro o dale el gusto a tu cuerpo. Dejarme llevar por la lujuria estaba siendo más resbaloso que mantequilla. 

Solo entonces, Tom paró con los besos, pero solo para agarrarme de las muñecas con cuidado y ponerlas por encima de mi cabeza. 

Tragué saliva como si fuera ácido bajando por mi garganta, lo ví de reojo desde abajo, pasando la lengua por mi labio inferior para quitarme algún exceso extra de sangré. 

—Dime que no quieres esto —me desafío, usando mis palabras en mi contra, incluso parecía disfrutar cada sílaba como si fuera su mejor bocadillo. Sus pupilas estaban dilatadas como si se hubiera metido un buen polvito blanco. 

¿Lo peor? Me quedé callado. Sin decir NADA. Ni fu ni fa. 

—Eso pensé —sonrió ladino, moviendo ese jodido piercing con la punta de su lengua. 

Pero para él, no pareció ser suficiente; en un abrir y cerrar de ojos ya tenía su rodilla presionando con una agonía excitante en mi entrepierna. Cerré los ojos con fuerza, con mi nuca presionando la cerámica detrás mío y mordiéndome la lengua cada vez que Tom la alejaba y volvía a presionar o moverse en círculos tortursos. 

—¿Ahora sabes lo que se siente? 

No respondí, las palabras eran imposibles, solo éramos yo y las jodidas estrellas. No me importaba tener el pantalón manchado, como si me hubiera meado, no por ahora…

Solo me importaba cerrar bien la boca y esperar un buen orgasmo con la rodilla de Tom haciendo un trabajo más que genial ahí abajo. No podía arriesgarme a gritar a los siete mares con tanta gente en la casa de mis abuelos. Esto era muy loco, literalmente estábamos teniendo una sesión de… ¿Sexo? ¡Sexo en la casa de mis abuelos, y en en el bañó, como dos adolescentes urgidos y con las hormonas hasta arriba de las nubes! Si ellos me vieran en esta situación morirían de un infarto; mis padres… ni hablar, me mandaría a un asqueroso internado o peor. El solo imaginar sus reacciones mando otra descarga eléctrica por todo mi cuerpo, pero está no era gustosa, era el miedo recorriendo hasta mis huesos y sistema nervioso. 

Para, Tom… uhm… no, no pares. 

Agradecía que no haya ventanas… 

—Tom… pueden escucharnos. Hay mucha… ah, joder… Mucha gente ahí fuera —trague saliva, mientras mi labio inferior temblaba.

—No van a escucharnos si cierras bien la boca. 

—Pero… —intente razonar. Ni puta idea porqué, si yo quería que me cogiera ahora. 

—Cierra la puta boca —estuve a punto de llegar al cielo, pero Tom me bajo de la nube cuando despegó su rodilla de mi entrepierna y me giró con brusquedad. 

Mi cara chocó contra el mármol frío, el contacto con mi piel me hizo recuperar un poco la cordura. Jadeé, intentando despegarme, pero Tom me agarró de la nuca, impidiendome moverme. 

—Quédate quieto, Bill —gruñó con enojo cuando no pudo desabrochar el cinturón de mi pantalón, provocando otro gemido mío por la sensibilidad de mi entrepierna, el roce con la tela no ayudaba mucho, menos que Tom este toqueteandome como si fuera su juguetito antiestrés— ¿Por qué mejor no me ayudas y te quitas ese pantalón, eh? ¿O prefieres que te amarre de las manos con la toalla? 

¿Qué tenía que hacer ahora? ¿Hacerle caso y demostrar lo desesperado que estaba porque me metiera la verga, o alejarlo de mí de un puñetazo y salir como si nada hubiera pasado? Peor aún, ¿Por qué Tom estaba haciendo todo esto, por lo de antes, por eso? ¿Era una forma rara suya de vengarse de mí acaso? ¡Se supone que tenía que estar enojado.. no sobre excitado y apunto de follarme en el baño! 

¿Y si alguien tocaba a la puerta y escuchaba nuestros “ruidos extraños”? ¿Y si…? 

No tuve tiempo de pensar en mucho más, eche un grito y enseguida me tape la boca con una mano. ¡El muy idiota de Tom me había bajado los pantalones de golpe! El contacto frío con la pared me hizo cerrar los ojos de nuevo, la sensibilidad ahí abajo era el doble, mis manos se hicieron en puños a cada lado de mi cabeza mientras sentía a Tom pegarse a mí espalda todo lo que podía y hacerme sándwich contra la cerámica. 

Todo quedó en silencio entre los dos, ni una palabra, solo nuestras respiraciones descontroladas cómo si hubiéramos corrido kilómetros. 

Mi cabeza decía: aléjate, Bill. Sal corriendo y ten dignidad, pero algo muy en el fondo de mi, algo que ni siquiera sabía que era me decía: al carajo todo, quédate ahí quieto y que tenga lo que tenga que pasar. 

¿A cual escuché? A ese sentimiento que no sabía que era. No sé porqué, pero todo esto me estaba poniendo más caliente que gata en celo, de esas que alzan la cola apenas escuchan la voz de un hombre. Je… pero ni de coña le iba besar en la boca, que no se equivoque. Él ya había besado a la bruja de Heidi hace un rato, no iba a compartir babas con esa y, de solo imaginarlo hizo que casi me de media vuelta al inodoro y botara toda la comida. Wacala.

—Uhm… Tom —jadee, tratando de mirar hacia atrás, pero su mano aún presionando mi nuca me lo impedía. 

—Mierda, quédate quieto, Bill… —me regaño, pero entre todo el alborotó de mi cabeza solo pude escuchar sus propios pantalones siendo desabrochados. 

De todas formas, como era sordo, no lo había escuchado, seguía moviéndome inconscientemente como un gusano, pero no era mi culpa, o tal vez si, por haber comido tanta azúcar del pastel… y es que la cerámica fría me estaba enfriando las piernas y media parte del cuerpo. Si iba a tener sexo en este baño, que al menos mi cuerpo responda y no parezca un cubito de hielo, ¿No? 

—Tom, mierda… la puta cerámica está helada, quítate —volví a intentar, y está vez nuestras caras se encontraron con éxito. Volvimos a compartir respiración y miradas— Así está mucho mejor… —susurré mientras pasaba una mano por su nuca, acariciando el fino cabello y apretando entre mis dedos. 

A Tom pareció gustarle, o excitarle más, no lo sé. Terminó por quitarme los pantalones y botarlos para que no sean un obstáculo en lo que sea que estuviera planeando, cuando finalizó, me agarró y me levanto, sujetando mis piernas. Instintivamente, lo rodeé por las caderas. El cabrón solo estaba en boxers, con un bulto bastante visible y los pantalones hasta las pantorrillas. Tragué saliva, evitando mirar ahí abajo, aunque ya lo había visto millones de veces, pero está vez estaba nervioso… Aún no se me olvida que estamos en el baño de la casa de mis abuelos. 

Tom, viendo mi gesto pensativo, acercó la cara lentamente, intentando besarme, seguro pensando que en algún momento me iba a echar para atrás y él se iba a quedar con las ganas o muy seguramente, tener que quedarse un rato en el baño con la compañía de su mano. Nada de eso.. pero miré a otro lado, esquivando su beso. 

—¿Qué pasa? —preguntó con irritación, mientras fruncía el entrecejo y apoyaba mi espalda contra la cerámica. 

—No… —negué. 

—¿”No” qué, Bill? 

—La has besado —lo mire de reojo un segundo, apoyando mis manos en su pecho. 

—¿Qué? 

—A Heidi… —suspire, que tonto es cuando se lo propone ¿A quien más entonces?— ¿Crees que te voy a besar después de que le hayas metido la lengua a ella? 

Tom soltó una pequeña risa nasal, rodando los ojos y negando repetidas veces. 

—Ahmm, ya… Entiendo —acepto y, después de un momento, sus ojos volvieron a ese tono lascivo, atacando mi cuello. 

&

Ha pasado una semana desde el cumpleaños de mi abuelo. Todo ha ido… de maravilla, normal y bastante tranquilo. ¿Lo único malo? Haber vuelto al cole; las seis horas de clases eran insufribles y los profesores ni se diga, parecía que no se los cogían por las noches por las malas caras que nos ponían, además de las tareas, porque claro, piensan que no tenemos vida propia y ya nos cargan con la mierda esa ¡Y apenas empezamos el ciclo escolar! Tenía que levantarme a las putas sies, un suplicio, parecía más un muerto que un estudiante vivo y consciente… 

Y lo importante, se preguntarán, “¿Que pasó entre tú y Tom ese día?” Arreglamos esa pequeña “discusión” a nuestra manera. Después de un buen polvo en el baño, (y que milagrosamente nadie nos haya descubierto) salimos con normalidad, yo de primero, viendo a los alrededores y asegurando que no nos agarren con las manos en la masa. Me fui para afuera y todo siguió tan normal como siempre, la fiesta continuó con más risas y algunos tragos que, lamentablemente, no me dejaron probar. Así que como todo había estado aburrido para un chico de diecisiete como yo, tuve que entretenerme hablando con Brian. Aunque… A Tom no pareció gustarle, o eso pude notar, porque cada vez que reíamos a carcajadas limpias, él estaba ahí; mirándonos con una expresión ensombrecedora que me dió miedo, no voy a mentir. Y cuando le pregunté por eso mucho después, él prefirió ahorrarse sus comentarios y hacer como que no le había importado, o así me lo dió a entender. Bueno, quien sabe, no se que es lo que pasa por su cabeza y no me voy a preocupar en averiguarlo. Lo importante es que estuviera de mi lado y que no se vaya a los brazos de su esposa. Plan que, por cierto, ha funcionado; Tom no había pisado su casa, seguía quedándose en su departamento en el centro de la ciudad y sobre todo: a mi completa disposición. Vamos, no es mi culpa que yo sea el que le gusta, que me prefiera a mí… bueno, tal vez sí sea, pero buahg… 

Otro punto para mí. 

—Joven Kaulitz, ¿la tarea? —la voz curiosa de la maestra rompió la burbuja en la que estaba, sacándome de mi ensimismamiento. Parpadeé un par de veces, recuperando la consciencia antes de mirarla con una pequeña sonrisa. 

—Eh, mañana…

Ella negó, pasando de mi asiento para recoger los deberes de los que sí habían cumplido (aunque habían sido como cinco, la otra mitad estaba tan en la luna como yo). Con las pocas hojas en manos, fue hasta su escritorio y las dejó de un golpe, intentando que resuenen en la madera, pero como eran inexistentes, solo logró verse ridícula. 

—Muchos están flojeando —suspiro pesadamente, mirándonos a todos en la clase, tratando de exterminarnos— Deberían aprovechar y no cargarse tantas cosas encima. Tienen hasta mañana, no más, pero ojo —nos señaló— Sólo será por la mitad de la nota. 

—Que amargada —me susurró Sasha al oído, luego de estar escribiendo en su cuaderno. 

—Si… lleva con esa actitud desde el primer día, no me imagino como será por el resto del año —le murmuré también, haciendo un garabato cualquiera en mi cuaderno para no escuchar a la maestra y su sermón. 

—Eh, no todos tenemos la suerte de que nos coja un hombre como el tuyo —se rió suavecito, dejando de escribir para darme un pequeño empujón con su pie por debajo de la mesa— Deberías ser más empático con nosotros los pobres. 

Rodé los ojos, dándole otro empujón también. 

—Tú no tienes mucho de qué quejarte, considerando que sigues viendo el chico ese de ojos verdes —le recordé. 

Ella entonces dejó el bolígrafo y me miró acusatoriamente. 

—¿Qué? ¿O acaso miento? —la miré de reojo, pasándome una mano por el cuello. 

—No… —admitió al final, volviendo a mirar al frente— ¿Sabes? Deberíamos buscarle un poco de diversión a la profesora —la señaló discretamente: ella seguía hablando, gesticulando con las manos y quejándose de que éramos la clase más irresponsable, pero era un fondo ruidoso para nosotros— Alguien que la pueda aguantarla y quitarle el estrés que trae encima, pobrecita, yo me volvería loca. 

No pude evitar reírme entre dientes. 

—¡Cállate! —le grité bajito solo para que ella me escuchará— O te va a escuchar y nos mandará más deberes. Y si eso pasa, te haré hacer mis tareas también. 

—Uhs… ya. 

Y como una salvación, el timbre de fin de clases resonó por todo el lugar, dejándonos con un peso menos de encima. Era nuestra última clase y por fin podríamos irnos a donde nos apeteciera, porque ahora, volver a casa temprano no era una opción precisamente. Sasha guardó sus cosas en tiempo récord, al igual que toda la clase, otros más descarados incluso ya salían del aula sin importarles si la maestra nos dió el permiso o no. 

—Vámonos, que si sigo escuchando sus reclamos se me va a explotar la cabeza —dijo, poniéndose la mochila en el hombro, mirándome expectante para que me apresurará— ¡Una tortuga lo haría más rápido! 

—¡Ya, ya! —la paré, guardando lo último y poniéndome de pie de mi asiento— Que impaciente… 

—Hay que aprovechar cada segundo o se nos va —se encogió de hombros, mientras salíamos del curso.

Los pasillos, como siempre; abarrotados de estudiantes igual de ansiosos por irse de este manicomio llamado colegio. Podía sentir las malditas manos de todos sobre mi culo a medida que nos abríamos pasó, los jalones de cabello o las pisadas en mis botas, malditas cucarachas. Algunos nos empujaban, recibiendo tan solo miradas secas como respuesta y más empujones de nuestra parte. Al salir, pudimos respirar aire con mayor facilidad, arreglando nuestra ropa algo arrugada y fuera de lugar. 

—Bien, ¿A dónde vamos? —pregunto, cuando nos alejamos unos metros del portón de salida. 

—Pensé que tenías un plan —dije, poniéndome de cuclillas para limpiar las marcas de zapatos que le habían dejado a mis botas con un pequeño pedazo de papel que saque del lateral de mi mochila. 

—Los mejores planes salen del momento, Bill —dijo con un tontito de obviedad, causando que levante una ceja. 

—Aja… solo di que no tienes ni idea de a dónde ir, planes salidos de la nada —me burlé, apartando los mechones de cabello que caían en cortina sobre mi cara. 

Ella se quedó callada. Luego me tocó la espalda con la punta del pie para que mirara algo. Pero… ugh, no podía, las malditas huellas no salían ¿Qué pisaban o por dónde diablos caminaban para que sus suelas dejen marcas? Parecía que estaba amasando pan con todas mis fuerzas en vez de limpiar. 

—Oye… 

—¿Qué? —respondí sin interés, más concentrado en lo mío. 

—Si quieres evitar a tu ex loco, es mejor que te pongas de pie y empieces a caminar conmigo, pero rápido. 

—¿Qué? —volví a repetir, no le había entendido ni una sola palabra de lo rápido que había hablado— Habla más despacio… —me quejé, negando con la cabeza. 

—Que sordo… dije: si quieres evitar a tu ex loco, es mejor que muevas ese culo pero ya —volvió a repetir, más lento está vez, chasqueando los dedos con impaciencia. 

Deje de batallar con las marcas en mis botas para mirar frente a mí, pero solo me encontré con esa moto que conocía a la perfección, con su molestó dueño a un lado, recargado en el asiento con tranquilidad, tan campante como siempre. Tuve que entrecerrar los ojos y frotarlos, esperando que sea una ilusión de mi cabeza, pero cuando la imagen nunca se distorsionó, se me fueron las esperanzas. 

Rodrigo… tanto tiempo, y ojalá hubiera seguido desaparecido por mucho más, ¿Que hacía aquí, reapareciendo de la nada? Solté un suspiro largo y bajo, bajando la cabeza con resignación. Uno… dos… tres… cuatro… respira Bill, respira. 

Tal vez está aquí por otra persona, es probable. 

—Vámonos… —solté al final, poniéndome de pie y mirando a Sasha como si quisiera que me teletransportara al otro lado del planeta mágicamente. 

Ella miró atrás mío y luego negó, agarrándome del brazo como si fuera mi candado, seguro para asegurarse de que, si el loco de Rodrigo se nos acercaba, ella me tendría bien sujetado para evitar que me llevará a otro lado. 

—Oye, no quiero que se te explote aún más la cabeza, pero mira quién más está allá —señaló con el mentón al otro extremo de la calle, le seguí la mirada y… oh, carajo. 

Esto tenía que ser la peor jugada del destino. El muy maldito volvía a juntar a Tom y Rodrigo en el mismo lugar ¿en serio? ¿Justo hoy? No podía ser… no sé, ¿otro día donde ellos no coincidieran? Trágame tierra, llévame al núcleo de la tierra si quieres, acepto.

Shasha y yo nos miramos fijamente, comunicándonos telepáticamente. 

“¡¿Qué mierdas hago ahora?!” 

“¡No sea bruto, ve con Tom!” 

Si… Tom era la opción más segura ahora. Él estaba ahí, esperándome desde… ni idea, pero no iba a hacerlo esperar más, me despedí de Sasha con un gesto de mano antes de echarme a correr hasta el auto de Tom y subirme al asiento de copiloto como alma que lleva el diablo. 

—Hola… —saludé con la voz más calmada que pude sacar de dentro de mí, pero algo sorprendido cuando mi cerebro procesó al cien por ciento que Tom estaba aquí. 

Él miraba por donde había venido corriendo, con el entrecejo levemente fruncido… Yo también ví a dónde miraba. Rodrigo se había acercado a Sasha y tenían una conversación mientras el idiota ese señalaba el coche donde nos encontrábamos. 

—¿Ese no es el tipo que…? —preguntó Tom, pero no le dejé terminar. Me subí a sus piernas de un arrancón y le besé con ganas, agarrándolo de las mejillas para que no se me escapara. Agradecía que vino en el auto que tenía las ventanas polarizadas, no se podía ver nada del exterior excepto negro. Él no tardó en responder, llevando una de sus manos a mi nuca para profundizar el beso. 

—Yo también te extrañe… —murmuré con dificultad, alejándome un poco mientras un hilito de saliva se estiraba entre sus labios y los míos antes de romperse. 

Tom no insistió con el tema, en cambio; sonrió con satisfacción y puso ambas manos en mis muslos, acariciando suavemente bajo mi atenta mirada.

—¿Me extrañaste? —sonrió con chulería, jactándose muy seguramente de eso. 

Puse los ojos en blanco, pero terminé ladeando la cabeza de un lado a otro como si dudara. 

—No sé… tal vez sí, tal vez no… —sonreí y luego reí— Oye… uhm, ¿Qué haces aquí? —murmure dudoso, esperando que no se lo tomara mal. 

—Solo vine a verte y… pasar a comer algo ¿Que te parece? —propuso, aún con esa sonrisita en sus labios.

Asentí, relamiéndome los labios, bajando de encima de él y acomodándome en el asiento, era buena idea y, sinceramente, mi estómago rugía por un poco de comida. Al mirar disimuladamente donde estaban Rodrigo y Sasha, no los encontré. Seguro se lo había llevado para evitar que haga una idiotez.

—Si… vamos —respondí después de unos segundos en dónde el silencio se había apoderado de nosotros. Tom hizo un gesto afirmativo y prendió el coche, el rugido del motor llenando el ambiente antes de arrancar y alejarnos del campus. 

No pregunte a dónde me iba a llevar, la conversación fue a otros temas menos importantes, conmigo quejándome hasta de los porteros del instituto y los miles de deberes que ya tenía atrasados, Tom intentó regañarme, diciendo que debería ser puntual con esas cosas, pero no me lo tomé en serio, no tanto. Al final, tuve que desviarme de ese tema para que no siguiera con lo mismo. 

—¿Es aquí? —pregunté cuando detuvo el auto frente a un local mediano, pero muy lindo.

—Si, te va gustar, ya vine aquí antes —dijo, dándome una sonrisa antes de abrir la puerta del coche y salir, planchándose el elegante traje que siempre cargaba. 

Hice lo mismo, caminando detrás suyo y viendo mejor la fachada del lugar. Al entrar, fuimos a una mesa vacía al fondo del lugar, donde nadie podía escucharnos ni interrumpir nada, lejos de la vista de los demás. Nos sentamos uno frente al otro, viendo el menú que lo dejaban en la mesa. Ni siquiera sabía qué pedir, todo se veía rico, pero también caro, los precios eran sorprendentemente exagerados para un simple filete con un poco de verduras, pero como yo no iba a gastar ni un solo centavo, ¿Que importaba? 

Entre tantos platillos, pedí… Bueno, no sabía ni que había pedido, pero tenía carne y buena pinta, así que tenía que estar rico o solo iba a fingir comerla. Tom pidió algo raro, acompañado de una copa de vino, porque claro, si no tiene vino no es Tom. Después de estar esperando en silencio, porque a decir verdad, no sabía que carajos decir para iniciar una conversación, hasta que el mesero trajo nuestro pedido. 

—Se ve bien… —el aroma me golpeó fuerte, haciendo gruñir suavemente a mi estómago. 

Tom le dió la razón a mis palabras, antes de agarrar los cubiertos y empezar a comer. Todo… seguía en silencio entre los dos, ¿Que estaba pasando? ¿Estaba enfadado? ¿Le había pasado algo? ¿Nuevos problemas con Heidi o… con la empresa? 

—¿Qué pasa? —me atreví a preguntar, mientras cortaba la carne distraídamente, mirándolo por debajo de las pestañas sin mover la cabeza. 

Tom soltó un suspiro largo, dejando sus cubiertos de lado para mirarme. 

—Estoy pensando. 

Levanté la cabeza para mirarlo también, con una pequeña mueca, tragando lo que tenía en la boca. 

—¿En qué? 

Tom dudó, pasándose la mano por el cuello incómodo. 

—Nada… —negó, volviendo a lo suyo como si nada 

Ah, no. A mí no me iba a hacer eso. Ya lo había mencionado y no me iba a dejar con la duda. Me aclaré la garganta, dándole una mirada que no aceptaba un “nada” por respuesta. 

Tom exhaló pesadamente, pasando una mano por la barba antes de decir: 

—Ehm… pues, tengo este fin de semana libre —se encogió de hombros. 

—¿Y? ¿Qué con eso? —entrecerré los ojos. 

—Pues… pensaba que iba a ser una buena idea pasarla a tu lado en… otro lado —dijo, dejando que sonara tan ambiguo como le apeteciera. 

—¿Otro lado? ¿Dónde? —me incliné hacia adelante cruzándome de brazos sobre la mesa, más interesado. 

Tom se pasó la lengua por los dientes, pensativo. 

—Dónde tú quieras —comentó al final— Incluso si deseas ir al otro lado del planeta, no hay problema. Aunque… ya has iniciado con el instituto, supongo que no tienes tiempo y, después de todo, no ha sido una buena idea.

Me quedé perplejo, con la boca semi abierta. 

¿Qué diablos importaban las malditas clases ahora? Está oportunidad de conocer el país de mis sueños no la dejaría pasar, dijo: dónde TÚ quieras. Iba a tener un precio, y no hablo del dinero… pero qué va, eso no importaba. Ya me imaginaba entre las calles de París, admirando con fascinación hasta las alcantarillas todas sucias, pero, sobre todo; frente a la Torre Eiffel, feliz como un pez en el agua. 

—¡No, no, no! —le interrumpí— Yo.. ehm.. si tengo tiempo, no lo dudes —dije con confianza, pero ansioso. 

Tom levantó una ceja. 

—¿Seguro? —cuestiono con sospecha—  ¿Y qué les dirás a tus padres? 

—No te preocupes, me inventaré algo. 

En mi mente, ya maquinaba las millones de mentiras que les iba a decir para que me dejarán. Limpiaría toda la casa, haría el aseo hasta en las piedras del jardín de ser necesario. 

—Bueno, entonces te llamo…

Ahí me cayó el veinte, seguía sin tener teléfono después del robo. Me ahorré una mueca y me aclaré la garganta. 

—Aún no he reunido suficiente dinero para comprarme uno nuevo… —al parecer, a Tom también se le había olvidado, aunque no entiendo cómo, si estos días estuvimos casi incomunicados. 

—Ah, claro… 

—Te llamaré desde el teléfono de una de mis amigas, no te preocupes. 

—Estaré atento. 

Y el tema terminó ahí, pero yo seguía sin poder quitármelo de la cabeza de lo emocionado que estaba, aunque no lo demostré directamente frente a él, pero dentro mío había una gran fiesta. 

París… la ciudad del amor. 

Continúa…

Al fin, estoy tan feliz porque las anti-toll no lograron su objetivo y Lety ha vuelto. Gracias a ustedes por leer y no olviden dejar su amor en los comentarios 😉

por Lett_Kltz

Escritora del Fandom

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