
Fic de TollWriter
Capítulo Final
Carta de Bill
Me prometí que nunca te daría otra carta, sin embargo, creo que es necesario por esta ocasión. Sabes de antemano que no soy bueno con las palabras bonitas, pero creo que he demostrado en estos años lo mucho que me importas y lo que estoy dispuesto hacer por nuestra familia.
Tom verte con nuestra hija y que ella sea feliz a tu lado es uno de los motivos que tuve para jugármela contigo. Sé que pasamos momentos difíciles que han quedado en el pasado y que jamás se volverán a repetir. Eso es algo que te prometí y lo estoy cumpliendo, porque tenerte a ti y a nuestra familia es lo más sagrado e importante para mí.
—Bill, te demoras —la voz de mi suegra me hizo levantar de mi silla, donde estaba plasmado mis letras.
—Dame cinco minutos, Simone, ya bajo —expresé, volviendo a tomar el bolígrafo.
Quién podría imaginar que yo, una persona que no deseaba tener hijos, ahora tenga a mis bebés. Recuerdo cuando te confesé que serías papá por segunda vez; no dejaste de mimarme y de ayudarme en esos tormentosos, caóticos pero increíblemente nueve meses.
Nuestros mellizos vinieron para asegurarme de que el amor verdadero existe, y la prueba de eso está en nuestra familia. No quiero nada más porque ya contigo y los niños lo tengo todo. Obviamente, también a Axel… jeje. Pero de verdad, gracias por escogerme de nuevo a mí, por querer casarte conmigo por segunda vez.
—Papi, ya baja. Te estamos esperando —la voz de mi pequeña Mia es la que escucho esta vez a través de la puerta. Así que abro y la veo entrar con su vestido azul celeste.
Me acerco para tomar el bolígrafo, pero dos torbellinos entran haciendo berrinche porque Chris no quiere darle de su ración de dulces a Charlie. Qué enojada se refugia en mis piernas. La alzo a mi altura y la beso en la frente.
—Tranquilos, pueden quedarse un momento quietos. No los quiero regañar. Ya saben que día es hoy y no queremos dañar este día, ¿cierto? —pregunto.
—Cierto —dijeron a unísono.
Quiero vivir junto a ti todos los momentos bonitos y los que no lo sean tanto. Quiero que pasemos los momentos tristes y dolorosos —que sé que pasarán—, pero quiero vivirlos junto a ti.
Quiero ver contigo a nuestros hijos correr y jugar en nuestro hogar. Quiero estar junto a ti el primer día de la escuela de los chicos y el último de la universidad. Quiero ver cómo proteges de los malos amores a Mía y a Charlie, y también cómo le das consejos a Chris.
Quiero que Max nazca junto a ti, junto a nuestra familia. Todo eso y más quiero vivirlo contigo, porque sé que juntos llegaremos hasta el final.
Te amo, Tom.
—Listo —digo y doblo el papel para guardarlo en mi traje negro hecho a la medida. Conseguir un traje que me quedara bien fue demasiado difícil, y más cuando tengo una panza de cinco meses. Max, mi cuarto hijo, viene saludable y es un buen chico. No me da tantos problemas como lo fueron Charlie y Chris, pero es demasiado agotador.
Tom y yo decidimos que era el último por el bien de mi salud y, claro, por el bien económico. Aunque tenemos un buen estatus, siempre es complicado criar a cuatro bebés. Mia pronto terminará la primaria y, con la secundaria, es más gasto. Aparte de que tiene clases extracurriculares de natación y modelaje. Los mellizos, por su parte, están en preescolar, pero al sufrir TAC, tuvimos que buscar una escuela especializada para tratar a personas con su condición. Aparte de los psicólogos y las clases extraescolares.
Tomé a Charlie en brazos mientras que Mia toma de la manito a su hermano, y así salimos de la habitación, recorriendo los pasillos hasta llegar al gran salón.
—Dios, Bill, dame a Charlie —Simone toma a mi hija y me acaricia la barriga. —No hay que esforzar a Max —me dice con ternura. Yo sonrío cuando me envuelve en sus brazos y siento su calor y su amor. Ese amor de madre que creía que nunca iba a experimentar. Desde el día uno que supe de mi segundo embarazo, Simone estuvo conmigo, me cuidó y me apoyó. Llenó todos los vacíos que tenía. En pocas palabras, Simone curó una parte de mi corazón.
—Estás muy precioso —se aleja un poco y besa mi mejilla.
—Podrías darle esto a Tom —saco la carta y se la entrego. Me mira con una sonrisa cómplice y le dice a Mia que tome a Chris para salir.
—Ya le aviso a Axel —me dice, perdiéndose atrás de las cortinas que dividen el salón. Espero impaciente; tengo meses que no veo a mi hermano. Su carrera está comenzando, pero ya tiene su propio reconocimiento sin mi ayuda y mucho menos de mi agencia. Mi hermano ha forjado su camino él solo, y de eso estoy orgulloso.
La cortina de nuevo se abre y ojeo un poco el salón. Está hermoso y bien decorado. Mi hermano no me deja ver más y cierra la cortina.
—No seas chismoso, Jimin dijo que era sorpresa —se ríe al verme poner los ojos en blanco. Mi testarudo amigo, desde que se ofreció, o mejor dicho, desde que se atribuyó el derecho de arreglar el salón, no me deja participar en nada, diciendo que él tiene mejor gusto que yo.
Jimin y yo nos frecuentamos más seguido, ya no como paciente y médico, sino como dos buenos amigos. Que Jimin y su esposo Yoongi sean parte de mi vida me hace sentir afortunado, afortunado de la vida que he construido en estos cinco años.
—Estás hermoso — me dice mi hermano cuando me acaricia la barriga.
—Sí, como tú no tienes una panza de cinco meses —respondo.
—Aun así te ves hermoso
—Bueno, gracias. Tú también estás hermoso —le digo a Axel, y se ruboriza. Sus ojos tienen lágrimas y frunzo el ceño.
Mi hermano no es tan sensible; tiene mi carácter.
—¿Qué tienes? —le pregunto cuando ya lo veo sollozar.
—Nada. Es que últimamente todo me afecta —toma una servilleta de una de las mesas y se limpia pulcramente para no deshacer su perfecto maquillaje.
—Es que… no quería decirte hasta no estar seguro, pero creo que estoy embarazado —lo dice sollozando y temblando.
Lo abrazo y lo hago sentar para que se calme.
—¿Nick lo sabe? —pregunto.
Él niega a mi pregunta y suspira para calmarse del todo.
—Fue en vacaciones a Las Maldivas. No me tomé las pastillas y no usamos ninguna protección. No me acordaba hasta que me di cuenta que tenía un retraso y me hice varias pruebas de orina, y todas salieron positivas.
—¿Y no te alegras? ¿No quieres tener hijos?
—Mi carrera apenas comienza .
—Eso no es impedimento, Axel. Tu carrera estará allí cuando nazca el bebé. Solo no las descuides. Ahora, con la era digital, es más fácil. Yo te apoyaré, y claro, tienes que decirle a Nick. Él también se alegrará, estoy seguro de eso —le dije.
—Eso lo sé. Yo también estoy feliz —dijo Axel, lo beso en la frente al mismo tiempo que la música empieza a sonar.
Así que no levantamos para ponernos en nuestro sitio. Mi hermano me tiende su brazo y lo tomo. Jimin entra con el ramito de flores y me lo da.
—¿Listo? —preguntó.
Asentimos. Jimin levanta la cortina y lo primero que veo son los flashes. Hago una mueca de desagrado. Seguramente la idea de los fotógrafos es de Jimin. Después hablaré con él, pienso cuando camino lentamente por la alfombra roja.
Estoy tan nervioso que no puedo divisar muy bien los invitados. Solo me concentro en la persona que me espera al final del camino. Mi Tom, mi novio, mi amigo, mi esposo, el padre de mis hijos. El hombre con quien me uniré por segunda vez.
Recuerdo que para lograr estar aquí tuvimos que sacrificar algunas cosas, pero era necesario. Ya que lo estábamos aplazando por mucho tiempo y nuestro deseo era esta segunda boda. Además, teníamos que aprovechar el crucero que zarpaba ese fin de semana.
Llegué junto a Tom, que estaba vestido de blanco, con su cabello suelto y una gran barba que se había dejado crecer para no verse más joven, eso decía él. Pero eso no importaba. A mí solo me importaba él.
Sonreí cuando Axel me entregó y lo miré todo el tiempo mientras escuchaba al juez oficiar la boda. Fue hermosa, no lo digo porque era la mía, pero fue fantástica, y más cuando mis hijos nos rodearon. Tom alzó a los mellizos y tomé a Mia de la mano para salir al comedor donde se realizaría la cena.
Tom y yo tuvimos la opción de que el crucero fuera abordado solo por los invitados, pero queríamos compartir con extraños. Caminando a través de arroz y pétalos que nos lanzaban, llegamos al comedor donde la mayoría de los tripulantes estaban cenando. Nos recibieron con aplausos y tocando sus copas. Tom y yo nos miramos y nos dimos un beso, apaciguando el sonido chirriante de las copas.
Luego de eso, fue un festín de alegrías. Jamás me había divertido tanto. Estar rodeado de mis amigos y familia fue la mejor decisión. El ocaso llegó, y con él, el cansancio. Mi espalda me duele, y la cintura no aguanta más el peso de Max, que también está de fiesta porque no ha dejado de moverse, y más cuando Tom pasa sus manos para acariciarlo.
Mis ojos pesan, pero el sonido de la copa suena otra vez, y parpadeo un poco. Giré en mi asiento porque estoy dando la espalda a la tarima y veo a Tom allí de pie con un micrófono en mano.
—Hola, buenas noches. Primero quiero dar las gracias por sacar un tiempo de sus ocupadas agendas y asistir a esta unión. La primera vez que nos casamos, Bill y yo… fue un desastre —dice sonriendo, y yo asiento desde mi sitio.
—Éramos solos los dos, no invitamos a nadie, solamente a la fiesta y eso a gente que ni siquiera nos agradaba. Por eso fue que decidimos hacerla así, con nuestra familia y amigos, y con personas que también viajan en este hermoso crucero. Gracias a ustedes por compartir nuestra felicidad, a pesar de que nos conocen.
Gracias a los chicos del grupo de baile por preparar la coreografía y bailarla para nosotros. También a mi familia por venir desde Canadá, a mi hermano y a su prometido Axel por venir de París, a Georg y su esposo Gustav, y su hijo Lucas, por venir también. A Jimin y su esposo Yoongi, a Devon y a su pareja.
Tom, por supuesto, omitió el nombre de Andreas. A pesar de que los años hayan pasado, no le perdonó nada, y yo tampoco. Solo lo toleraba porque es muy bueno en su trabajo y es pareja de mi amigo.
A mis hijos, Mia, Chris y Charlie, y también a mi bebé Max, que muy pronto estará con nosotros. Y por último, pero no menos importante, te agradezco a ti, Bill, por esta familia que me diste y por buscar la solución a tus problemas para así recuperar nuestro matrimonio. Te amo y mil veces te elegiría a ti, con tus errores pero también con tus virtudes. Gracias por no dejarme ir.
Termina lanzando un beso desde su sitio, pero yo no lo quiero de esa manera, así que me levanto y me acerco para darle un buen beso, sin importar los presentes y sus aplausos con entusiasmo. Junto nuestras frentes y allí me quedo procesando todo, porque Tom siempre será mi lugar favorito.
F I N
Gracias por la visita. Están invitados a leer el epílogo.