
Fic de TollWriter. Capítulo 35
By BILL

La risa de mi pequeña a la distancia fue lo que me despertó de mi pequeño descanso. Estaba cansado y muy adolorido. Tanteé a mi lado, pero no sentí mi teléfono, solo el vacío frío de mi colchón. ¿Frío? Oh, ahora que lo pensaba, hacía demasiado frío en Los Ángeles. ¿Los Ángeles? Oh no, yo no estaba en Los Ángeles. ¡Rayos! Me levanté de golpe, sentándome en esa cómoda cama, mirando por primera vez esa habitación llena de instrumentos típicos de Tom.
Mi cabeza dolía y tenía mucha hambre. Así fue que los recuerdos vinieron a mi mente: lo del viaje, lo de las idas al baño y hasta la vergonzosa desmayada frente a mis suegros. ¡Rayos! Deben de estar pensando que soy un tonto debilucho.
—Deja de murmurar —la voz de Tom se escuchó cuando entró a la habitación con una bandeja de comida. La colocó en mi regazo y besó mi frente—. ¿Cómo te sientes?
—Muero de hambre —lo primero que tomé fue mi café humeante.
—Ayer te saltaste la cena y hoy el desayuno —dijo Tom.
—Espera… ¿cuánto tiempo he dormido?
—Desde que te desmayaste hasta ahora, que son las tres de la tarde.
—Casi un día dormido —murmuré, tomando la ensalada y devorándola con gusto.
—Debiste despertarme, bebé —dije.
—Cariño, estabas pálido y ojeroso, además de que habías vomitado en todo el viaje. Debías descansar un poco —respondió Tom.
—¿Dónde están tus padres?
—Están en la cocina, haciendo la cena.
—¿Y Mia? ¿Y Axel?
—Están todos en la cocina.
—Entonces, vamos. Terminaré de comer allá —tomé la bandeja para levantarme, pero mi cabeza daba vueltas y tuve que sentarme de nuevo.
—¿No quieres ir a un médico? —indagó Tom, tocando mi frente.
—No… quiero hablar con tus padres.
—Cariño, no puedes ni mantenerte en pie —me quitó la bandeja y me hizo meter de nuevo bajo las sábanas—. Cuando esté la comida, vendré por ti. Mientras tanto, descansa.
Asentí a su pedido y lo vi marcharse, cerrando la puerta donde había un enorme calendario que llamó mi atención por tener un bonito 13 de octubre. Recordé que era el cumpleaños de Jimin; tendría que llamarlo después. Reí por recordar cómo mi loco psicólogo me decía que su cumpleaños era este día, pero había otra cosa que me inquietaba. No sabía qué era. Me removí en la cama, mirando el techo. Entonces fue que até cabos. Me senté de golpe en la cama y miré de nuevo la fecha. En mi mente, hice cuentas una y otra vez, pero estaba más que claro: tenía un retraso.
A duras penas pude descansar, pero decidí bajar y pedir que me llevaran a una farmacia. Tenía que sacarme la duda; tenía que saber si estaba embarazado. Bajé despacio por aquellas escaleras hasta la planta baja. Sin embargo, no había nadie; la casa se sentía silenciosa. Miré por la ventana y ya era de noche. Así que decidí salir. Vi mi abrigo en el perchero y lo tomé para revisar si tenía mi cartera. Cuando la hallé en mi bolsillo, me coloqué el abrigo para luego abrir la puerta y salir. No sé dónde iría, pero por algún sitio tenía que haber una farmacia.
—¿Vas a salir? —la voz me hizo pegar un bote del susto. Me giré y allí estaba mi suegra, regando las flores de su jardín. —¿Ya te sientes mejor? —me preguntó, cerrando la manguera para acercarse a mí.
—Me siento mejor, y quise bajar, pero no hallé a Mia y a Tom
—Están en el parque. Mia quería que Pumba saliera un rato, y Tom la llevó —explicó.
—¿Está muy lejos? —pregunté.
—Un poco, pero es mejor que los esperes aquí .
—Necesito ir a una farmacia. ¿Hay una cerca?
—Oh —me dijo con una sonrisa. Me tomó las manos y me hizo sentar en unas sillas.
—¿Cuánto tiempo tienes? —susurró, mientras que yo quedaba de piedra por su pregunta.
—Yo no… —comencé a decir.
—Bill pasé por dos embarazos y se reconocer los síntomas, y tú los tienes todos —
—Tengo un retraso —admití finalmente.
—¿De cuánto tiempo?
—Calculo que quince días o más
—Está bien —me hizo levantar, y entramos de nuevo en la casa. Subimos las escaleras y me guió hasta su habitación. Sacó de su baño un enorme bolso y buscó hasta hallar varias pruebas de embarazo. Me las tendió y me señaló el baño.
Con mis nervios de punta, entre cerrando la puerta, me senté en el inodoro y, con mi pulso tembloroso, me las realicé todas. Esperé el tiempo preciso y, después, las miré. Las dos rayitas se marcaban perfectamente en cada una de ellas. Me tapé la boca y sollocé. No sé por qué lo hice; tenía mis sentimientos encontrados. La puerta se abrió, y Simone entró. Tomó las pruebas y las vio cada una. Sonrió al terminar, pero al ver mi rostro de angustia, abrió sus brazos, y me refugié en ellos. Estaba asustado y ansioso.
En el abrazo, lloré, reí, volví a llorar, volví a reír, y Simone nunca me soltó. Caminamos hasta la cama y nos sentamos. Ya había cesado mis lágrimas, pero aún tenía miedo.
—¿Es un bebé no deseado? —Se escuchaba tan mal. Jamás un hijo de Tom y mío sería no deseado.
—No, mi bebé y todos los bebés míos con Tom son deseado. Solo tengo miedo de su reacción. No sé si él piensa lo mismo que yo o si está listo para un bebé. Él conoció a Mia ya de dos años. Un bebé recién nacido quita tiempo y es muy cansado.
Simone limpió mis lágrimas y me hizo colocar mi cabeza en su regazo.
—Mi hijo estará feliz
La miré y me sonrió, mostrando su apoyo. Era el momento perfecto para disculparme por haber actuado como un tonto. Sin embargo, Simone intervino diciendo que todo estaba olvidado.
Mi suegra se quedó conmigo, acariciando mi cabello hasta que me dormí.
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Las voces en susurros me levantaron. Me removí perezosamente hasta hallar a los culpables. Mi hija y mi esposo estaban con un cuaderno, leyendo algo escrito. Me quedé mirando su interacción. Sin duda, Tom era un buen padre. Tenía la seguridad de que se alegraría por este bebé.
Inconscientemente, me acaricié el vientre, y mis movimientos lo notaron. Mi Mia chilló y se subió a la cama junto a mí para acomodarse entre mis brazos, mientras que Tom se acomodó del otro lado, quedando a mi espalda. Su mano, sin saberlo, acarició mi vientre, y no pude evitar soltar unas lágrimas.
—¿Qué tienes, pa? —Mia habló con su lenguaje extraño, pero que yo entendía a la perfección.
—Nada
—¿Por qué estás llorando? —preguntó de nuevo, y Tom me giró para verme de frente.
—¿Qué pasa, Bill? ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo? —indagó preocupado.
—Es que…
—¿Quieres ir al médico? Puedo llevarte… —intentó levantarse, pero lo detuve.
—No, bueno, si necesitaré más adelante un médico, pero por ahora solo quiero que estés aquí —lo hice tumbar de nuevo junto a mí.
Tomé su mano y la coloqué en mi vientre. Tomé la manita de Mía y la coloqué también allí, entrelazadas las tres.
—¿Bill? —me llamó Tom al ver que no decía nada.
Tomé aire y lo dije:
—Estoy embarazado.
El agarre de Tom se intensificó a la vez que su abrazo se hizo más fuerte. Besó mi hombro suavemente y me susurró:
—Gracias.
Continúa…
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