No puedo dejarte ir 34

Fic de TollWriter. Capítulo 34

By BILL

Cuando por fin Gustav y Georg se fueron, cerré la puerta y me giré para encontrar a Tom leyendo los papeles de nuestro no divorcio con una expresión indescifrable. Suspiré profundamente y me acerqué a él.

—¿Qué piensas? ¿Estás bien con todo esto o comenzamos de nuevo con nuestro divorcio? Haré lo que tú quieras —le dije.

—No me importa —me sonrió y lo tomé por las mejillas para besarlo con ansias de volver a hacerlo mío, pero mi pequeña chismosa venía bajando torpemente y muy despacio. Nos separamos cuando estuvo del todo abajo y mi querido esposo la tomó en brazos para ir de nuevo a la cocina y poder desayunar a gusto.

Antes de que supiéramos de nuestro no divorcio, tenía en mente pedirle matrimonio de nuevo. La primera vez, él me lo pidió; ahora me tocaba a mí, y estaba ansioso por que llegara el día. Había decidido que después del cumpleaños de Mia, lo invitaría a cenar y allí le diría.

Aunque seguía con mi idea de la propuesta, nuestras respectivas ocupaciones me lo impidieron. Mientras que él, desde aquí, coordinaba algunas cosas en Vancouver, yo decidí volver a dirigir mi agencia; eso era lo único que me faltaba para comenzar a volver a mi vida normal.

Mi pequeña Mia, en las mañanas, iba al preescolar, y Tom se encargaba de recogerla en las tardes y, de paso, nos invitaba a cenar. Luego, de nuevo, hacía nuestra casa a ver televisión o darnos un chapuzón en la piscina. Parecía una rutina aburrida, pero me hacía feliz compartir mis momentos con mis personas favoritas, incluyendo a mi hermano, que le faltaba muy poco para irse a Canadá.

El mes pasó muy rápido y ya mi hermano hacía maletas, pues en dos días se iría a comenzar su nueva vida junto con su novio. Lo iba a extrañar, pero estaba feliz por él.

—Ya está todo listo, solo me falta ir a Vancouver —dijo Tom mientras entraba en mi oficina con total confianza. Las prohibiciones habían quedado en el pasado. La primera vez que lo hizo, estaba temeroso; duró un minuto de pie sin decir nada. Yo solo le tendí mi mano y lo hice sentar en mi silla para subirme en su regazo.

—Oh, ¿te irás a Vancouver? —le pregunté mientras deslizaba la silla y me levantaba para ir al sofá donde se había sentado junto con Mia—. ¿Por cuánto tiempo?

—No sé —me respondió mientras tomaba mis manos para mirarme fijamente—. Quiero que vengas conmigo, quiero que mi familia conozca a Mía.

—Mándales una foto —bromeé, porque no sabía cómo podría presentarme con su familia después de lo que había pasado.

—Bill, sabes a lo que me refiero. Quiero decirles que volveré a Los Ángeles.

—Entiendo tu punto, pero la última vez que vi a tu familia, me comporté como un idiota, y tengo la completa seguridad de que no seré bienvenido —le informé.

—Eso no lo sabes… pero si no quieres ir, no te obligaré —me dijo mientras me daba un pequeño beso, y yo me sentí aliviado.

—¿En serio? Gracias, porque no sabría cómo lidiar con… —comencé a decir, pero de nuevo me interrumpió.

—Pero Mía sí viene conmigo —murmuró mientras pegaba su espalda de lleno al sofá y sonreía de lado.

—Oh no… —comencé a decir, pero de nuevo me interrumpió.

—¿Oh no qué? Tengo los mismos derechos que tú, ¿o no? Así que puedo sacarla del país.

—Pero… —comencé a decir.

—No te estoy obligando a ir, Mía quiere ir, ¿cierto, princesa? —le preguntó a mi hija, y la muy traviesa dijo frenéticamente que sí. —Puedes venir… claro, si quieres —sonrió satisfecho, porque sabía perfectamente que no dejaría a mi pequeña irse y separarme de ella.

—Muy bien jugado, bebé —traté de levantarme, pero me lo impidió. Lo miré, y se veía confundido.

—Repítelo 

Fruncí el ceño, extrañado. —¿Ah?

—Me acabas de llamar bebé

Casi muero de ternura, sonrió con sus mejillas sonrojadas y a punto de llorar.

—Bebé, eso eres para mí —le confirme.

—Te amo —me respondió mientras mordía mis labios. —Prepárate, nos iremos con Axel 

Negué con la cabeza, suspirando.

—Espero tener un asiento en primera clase —dije refunfuñando, caminando de nuevo hacia mi escritorio.

—Obvio que sí —me respondió riendo bajito.

&

Los dos días se fueron demasiado rápido y ya estábamos en el avión. Bueno, Tom y Mia estaban sentados plenamente en sus sillas de primera clase, y yo, con la cabeza literalmente metida en el inodoro en ese pequeño baño, botando mi desayuno, aunque ya no tenía nada que botar porque ya lo había echo en toda la noche.

La azafata tocó mi puerta y me entregó una botella de agua con algunos medicamentos. Le agradecí con una sonrisa y la cerré de nuevo para tomarlos. Me cepillé la boca y salí para sentarme en mi asiento, que Tom ya lo había reclinado para mí.

—¿Te sientes bien, cariño? —me preguntó al ver mi aspecto, seguramente estaba pálido y ojeroso. Asentí con la cabeza y me preparé para el despegue.

—Haber, princesa, necesito que te coloques estas diademas y escuches la canción. Vas a sentir un pequeño sacudón, pero es normal —le escuché decir a Tom desde su asiento.

—De acuerdo, papi —la observé mientras me colocaba los míos y escuchaba una rara canción. Tom le tomó la manito a mi hija, que apenas sintió la vibración por ir mirando la tablet, se asustó un poco al despegue, pero le dije que era normal, que ya pasaría, que se concentrara en la canción.

Finalmente, despegó del todo, y yo de nuevo iba al baño. No debí comer la comida del McDonald’s que habíamos ido la noche anterior, y mucho menos probar la del avión. Unos toques me hicieron abrir la puerta, y Tom entró con otra botella de agua.

—Gracias —dije.

—¿Te vas a enfermar? —me preguntó.

—Debe ser el estrés por ver a tus padres, además de la hamburguesa doble que me comí ayer 

—Ya te dije que no pienses tanto. Mi familia te aceptará. Claro, debes demostrar que has cambiado 

—Haré mi esfuerzo —dije, y volvió la arcada por mi garganta. Me incliné en el inodoro mientras que Tom sujetaba mi cabello para no ensuciarlo.

Después de ir dos veces más al baño, por fin aterrizamos en el aeropuerto de Vancouver. Hice mi mejor esfuerzo por mantenerme despierto, pero las energías se me estaban agotando. Tom junto con Axel tuvieron que ir por las maletas. Mi testarudo hermano se trajo consigo mucho equipaje y sobrepasaba el límite de carga, por eso tuvo que mandar unas en otro vuelo.

Cuando los vi venir con los carritos, me levanté y tomé a Mia en brazos para salir de ese bullicioso lugar.

—¡Ya está aquí! —chilló mi hermano y corrió hasta las puertas donde Nick venía entrado con un saco de pulgas que seguramente era Pumba. Mientras esos dos se abrazaban, Tom chifló para que Pumba viniera con nosotros. Mi pequeña me hizo que la bajara para acariciar el pelaje escaso del chucho.

—¿Él es Pumba, papi? —preguntó.

Tom asintió a la pregunta, sonriéndole con dulzura.

—Es muy lindo —chilló mi princesa, mientras yo puse los ojos en blanco.

—Bueno, vamos, necesito descansar —mi diva salió a relucir porque ya estaba desesperado entre ese montón de personas. Afortunadamente, Tom asintió, y por fin subimos al auto de Nick. El trayecto fue sencillo y rápido, donde pude descansar un poco, pero al abrir los ojos, allí estaba la imponente casa. Me incorporé cuando sus padres salieron para recibirnos. Mi esposo tomó a Mia y esperó que yo bajase. Lo hice tan despacio, llevándome un regañó de Tom. No sé cuántas veces tomé y solté aire cuando caminaba hasta la entrada, pero juraría que estaba hiperventilando.

—Mama, papá, ella es Mia —escuché a Tom hablar, y la risita tímida de mi hija. Su madre la llenó de mimos y besos, y su padre dijo que era idéntica a su hijo.

—Y él es Axel, mi novio —mi cuñado presentó a mi hermano, y yo solo pensaba que era mi turno para que me gritaran o peor aún, para que me echaran de su casa.

Tom me tomó de la cintura, haciéndome sobresaltar por lo ensimismado que estaba.

—Y ya conocen a mi esposo, Bill —dijo mientras me acercaba aún más.

—¿Esposo? —dijeron en total sincronía y con un poco de molestia.

—Es una historia larga —Tom restó importancia a nuestro no divorcio.

—Bill, saluda —susurró para que dijera algo, pero mi ansiedad fue más grande. Solo pude sentir alivio cuando Tom me tomó en brazos y me llevó a su casa. Cerré los ojos y vi total oscuridad. Me había desmayado.

Continúa…

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por TollWriter

Escritora del Fandom

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