No puedo dejarte ir 25

Fic de TollWriter. Capítulo 25

By TOM

La casa no era tan grande como nuestra antigua casa, pero era muy hermosa y muy cálida, cosa que me sorprendió de Bill, ya que si no se situaba en un sitio exclusivo, no le gustaba. En cambio, esta se situaba en todo el centro de los Ángeles y, además, esta tenía personas viviendo cerca, otra cosa que tampoco le gustaba mucho.

En fin, después de bajarme y entrar por un portón, vi un hermoso jardín y un pequeño camino de piedras que llegaba a los escalones. Por allí caminé, pero me detuve en seco cuando vi el enorme cartel de «en venta». ¿Bill estaba vendiendo su casa? Pregunta que fue contestada cuando una vecina se acercó al vernos allí.

—¿Vienen a ver la casa?—, nos preguntó asomándose por la cerca.

—No, vengo buscando al dueño.

—¿A Bill?

Asentí, y me sorprendió la forma tan familiar en que lo llamaba.

—Hace como una semana que no ha venido. Esta mañana vino un camión de mudanza y se llevó todo. Ni siquiera se despidió de nosotros. ¿Sabes qué le ocurrió?

—No lo sé.

—Bueno, si lo ves, le dices que lo extrañamos.

Se despidió y entró a su hogar. Miré la casa por última vez y regresé al auto, totalmente abatido. Miraba por la ventana el paisaje cuando íbamos de camino a un lugar que desconocía, porque solo me limité a que Geo decidiera qué pasaría después. No tenía más opción, ya que no sabía donde vivía Axel y los abuelos en Alemania. Sabía que era en Berlín, pero esa ciudad era demasiado grande. Así que mis esperanzas las veía más lejanas, o tal vez no. Tal vez tenía una, y la tenía al frente de la casa de Geo.

—¿Por qué no me lo dijiste?—, le pregunté cuando él me confesó que había limado asperezas con su ex y padre de Lucas.

—Es reciente y yo no sabía que tendría que traerte aquí.

—¿Y él sabe dónde está Bill? Debe saberlo, es su amigo.

—Gustav no lo sabe.

—Qué me lo diga él— Bajé, ignorando el llamado de mi amigo, y me acerqué a Gustav, que bajaba a Lucas del auto y tomaba su bolso escolar.

—¿Dónde está?— La pregunta lo asustó un poco, pero no dijo nada. —Tú debes saber, eres su abogado.

—No lo sé.

—¿Te ha llamado o has sabido de él?

—Me llamó anoche, cuando dormía, y me pidió que buscara sus cosas en su nueva casa.

—¿Solo eso te dijo?

—Solo eso. Me dijo que después me explicaría.

—¿Sabes su dirección en Alemania?

Gustav suspiró.

—Tom, no sé dónde está, y tampoco sé su dirección en Alemania. Tom solo déjalo ir, es su decisión.

—No puedo dejarlo ir, y no lo haré.

—Si él no quiere que lo encuentres, jamás lo harás.

Tragué mi nudo porque sabía que era verdad. No podía hacer más nada. Estaba física y mentalmente cansado. Me giré y busqué en el auto mi bolso de mano, y cerré la puerta para comenzar a caminar hasta la avenida.

—¿A dónde vas? Pensé que te quedarías conmigo.

Geo me alcanzó cuando salía de su propiedad.

—No puedo quedarme. Todo me lo recuerda, y ahora no puedo y ni quiero pensar en Bill.

—¿Entonces qué harás?

—Iré a Canadá.

Geo me abrazó y me pidió que, cuando estuviera con mi familia, llamara para que estuviese tranquilo. Asentí a su pedido y detuve el primer taxi que pasó. Miré hacia atrás cuando el chófer arrancó, y mi amigo aún veía cómo me alejaba, pero Gustav estaba allí, abrazándolo junto con su pequeño Lucas. Sabía que estaría bien.

El vuelo fue rápido y directo, y después de cuatro horas, ya aterrizaba en Canadá para comenzar una nueva vida lejos de él. Era lo que quería, y eso le daría.

&

-Dos años después-

—Será en dos días— me sorprendió el poco tiempo que tenía, pero eran las cláusulas del contrato.

—De acuerdo, tú solo dime dónde y a qué horas, y allí estaré —pronuncié a través del teléfono.

—Bien, gracias por aceptar, Tom. Sabes lo importante que es para Troyen que asistas y poder conocerte en persona.

—También deseo conocerlo en persona.

—Bueno, será en el hotel Amatista, salón Oro, a las nueve de la noche. El hotel está reservado para ti, y un auto de la agencia te recogerá quince minutos antes. Puedes vestir como quieras, Troyen no es de etiquetas.

—Gracias, Devon. Te veré pronto.

—Sí, mañana te envío el tiquete de tu vuelo. Tu transporte estará afuera del aeropuerto y te llevará al hotel. No debes preocuparte por nada más, Tom. Gracias de nuevo, y si tienes alguna duda, me avisas.

—De acuerdo, hasta el viernes.

Colgué el teléfono y lo dejé en mi escritorio. Pasé mis manos por mi cabello. Era demasiado estresante pensar en volver a Los Ángeles después de dos años, pero ya no tenía ninguna otra excusa para darle al representante de Troyen, que por alguna razón pedía a gritos conocer al autor de sus últimas canciones famosas.

Después de «Ángel Baby», le compuse algunas canciones que se hicieron un hit, y por eso obtuve un contrato millonario y de total exclusividad con él. El problema era que tenía que trabajar con Andreas, por ser el que estaba al frente de la agencia de Bill, que también abandonó.

Estos dos años y medio no había sabido nada de él. Tampoco era que estuviera averiguando, porque decidí que jamás lo haría, aunque estuviera muriendo por dentro.

Dicen que cuando no quieres que un día llegue, es cuando llega más rápido de lo normal. Pues así se sucedió. En un abrir y cerrar de ojos, ya estaba en el aeropuerto esperando que anunciaran mi vuelo de regreso a mi hogar. Ya había llegado el día y la sensación de estrés se apoderó de nuevo de mí.

Mi madre me llamó cuando anunciaron el abordaje. Lo hice en total silencio. El vuelo era directo, así que estuve pisando suelo americano dos horas después. Efectivamente, un auto nos esperaba afuera para llevarnos al hotel.

—Me siento como la realeza —dijo mi hermano al subir, haciéndonos reír un momento. Agradecía que mi familia viniera conmigo como apoyo para esta reunión.

Como lo dijo Devon, quince minutos antes de las nueve de la noche, el auto esperaba al frente del hotel para llevarme. Y aún no sabía cómo lucir mi cabello, ya que las rastras había abandonado mi cabeza y solo tenía un greñero. Bueno, así decía mi madre.

—¿Tom, estás listo? —Mi mamá asomó su cabeza en el baño, donde me debatía qué hacer con mi rebelde pelo. Ella vio mi desesperación en mi rostro, negó con diversión, tomó el cepillo y lo pasó suavemente, recogiendo los pelitos rebeldes. Hizo movimientos extraños y, cuando vi el resultado, me agradó lo que veía. Pues mi cabello lucía bien en un moño alto.

Miré mi aspecto había cambiado un poco, pero me veía más maduro.

—Debemos irnos, vamos retrasados —mi madre salió, tomando su cartera donde metió el cepillo. Ya mi padre y Nick estaban listos en el umbral. Apresuramos el paso hasta el ascensor que demoró una eternidad para bajar, pero finalmente estábamos en camino hacia el hotel.

No duró mucho tiempo el recorrido, hasta podíamos venir caminando, pero eran las excentricidades de la agencia. En fin, ya estaba allí, así que tenía que cumplir con lo acordado.

Bajamos y entramos con un miembro del staff que guiaba nuestro camino hasta el salón oro, donde abrió la puerta para dejarnos pasar. Al primero que vi fue a Devon, ya lo conocía cuando viajó a Canadá a concretar el contrato.

—Qué bueno que estén aquí, sean bienvenidos—. Nos guió a una mesa y, después de pedir permiso a mi familia, me llevó para conocer a Troyen.

Caminé detrás de él hasta llegar a la parte donde supuse que estaba tomando fotos, porque los flashes iluminaban cada vez más. Sonreí cuando tomó a una pequeña niña en brazos y dio paso a un costado para dejarme ver a Troyen, que estaba allí posando para las cámaras. Pero mi atención fue a parar a la niña, que desesperada pedía irse con aquel hombre que yo bien conocía, aunque tuviera un cambio muy notorio.

El sonrió y la tomó para cargarla. Las fotos no dejaban de ser tomadas, así que miró a la cámara y fue allí que me vio. Su sonrisa murió al verme frente a él.

—Papi, mira a la cámara —escuché cuando la menor se lo pidió, ya que solo me observaba. Devon me tomó del brazo y me hizo posar junto con ellos. Creo que fueron los segundos más incómodos de mi vida. Podía oler su perfume, su cabello rozaba por mi hombros. Es que de verdad estamos demasiado cerca.

Las fotos cesaron y Bill le entregó a la niña a Devon. Luego, se alejo entre la multitud. La pequeña rubia se volvió hacia él y le susurró: 

—¿Qué tiene papi?— Mi mente se hacía algunas preguntas. ¿Acaso Bill había formado una familia con otro hombre? ¿Acaso esa niña era hija de Devon?

Continúa…

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por TollWriter

Escritora del Fandom

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