
Fic de TollWriter. Capítulo 12
By BILL
El tic-tac del reloj, que marcaba implacablemente el paso del tiempo, me ponía cada vez más nervioso. Solo podía mirar fijamente la puerta cerrada de la oficina de Gustav, esperando ansiosamente que Tom apareciera en cualquier momento.
No me quedaba otra opción que manipular a Tom para tener un encuentro a solas con él antes de darle el divorcio, pero era solo un último y desesperado intento por recuperarlo. Había agotado todos los recursos y esta era mi última carta para jugar.
Cuando supe que Tom había regresado a trabajar en la escuela, comencé a esperarlo a la salida, pero solo encontraba desprecio o nuevas discusiones.
Entonces decidí visitar a Georg en su dirección, pero resultó ser una mala idea, ya que siempre aparecía ese imbécil y nuestras peleas me dejaban en detención, obligando a Gustav a intervenir y sacarme de problemas en más de una ocasión.
Mi buen amigo me advirtió que no me acercara a esa casa y decidí hacerle caso, sobre todo porque los rumores estaban circulando rápidamente y no quería que alguien grabara un video de mí comportándome de manera imprudente, ya que mi imagen es crucial para mi supervivencia y el éxito de mi agencia, que actualmente se encuentra en el top número uno.
Cuando le propuse a Tom la idea, sabía que era poco probable que aceptara, pero era eso o continuar con un matrimonio que se había vuelto un problema para él.
Mi respiración se cortó cuando lo vi entrar apresuradamente y sentarse en la silla más alejada, esperando que comenzara. Me levanté para mostrarle cómo estaba vestido, de manera informal, como a él le gustaba, y que esa era la forma en que me sentía más natural y auténtico. Como esperaba, me miró un poco, pero su actitud había cambiado y yo no me había dado cuenta, porque solo pensaba en mi propio orgullo. Cuando me senté a su lado, rozando mi pierna con la suya, no me rechazó, pero aún no me miraba a los ojos, así que rompí el silencio incómodo hablando.
—¿Cómo has estado? —le pregunté, intentando ser amable.
—Lo normal —respondió con indiferencia.
—Te he extrañado —dije, esperando una respuesta o al menos un gesto de afecto, pero solo movió su cabeza, sin despegar sus ojos del maldito piso. —¿Qué tengo que hacer, Tom, para que vuelvas a casa? —le pregunté, desesperado por encontrar una solución.
Creo que esas palabras salieron de lo más profundo de mi alma, y él lo sintió así, porque por primera vez puso sus ojos en los míos. Pero aún permanecía callado, así que decidí tomar su mano y acercarme para darle un beso en esa boca que anhelaba besar cada noche en estos meses que estuvimos separados. Me siguió el beso, pero cuando quise profundizar, se alejó, rompiendo el contacto.
Sonreí, porque era una buena señal que no me rechazara del todo. Quizás había una posibilidad de reconectar.
—¿Por qué te alejas? —le pregunté, buscando entender su comportamiento.
—No sé, no quiero lastimarme —respondió, finalmente.
—lo haces alejándote —dije, intentando hacerle ver la verdad.
—No sé qué hacer —admitió, con un tono de derrota.
—Hablemos, intentemos encontrar una solución juntos —le propuse, intentando darle esperanza a ésto. —¿Qué hago? ¿Acaso no éramos felices? Tenemos problemas como cualquier pareja, solo hay que hablar para solucionarlos —dije, intentando razonar.
—No es por eso, Bill —respondió Tom, con un tono cerrado.
—Entonces, ¿qué es? ¿Qué te falta conmigo? Puedo cambiar, puedo mejorar nuestra relación —insistí.
—Y ¿qué hago con lo que vi? —preguntó Tom, con un tono acusador.
—¿De qué hablas? — quise saber.
—En el hospital.
—te recuerdo que me abandonaste me dejaste allí tirado y mira estoy aquí pidiendo recuperar nuestro hogar.—dije con amargura.
—Entonces, ¿debo agradecer? —expresó Tom con tono irónico.
—No… pero eso fue cruel de tu parte — repliqué.
—No quiero seguir hablando, solo estás justificando tu falta —dijo Tom.
—¿Cuál falta? ¡Rayos, Tom! No sé de qué mierdas hablas —estallé, perdiendo la paciencia.
—Solo recuerdas lo que te conviene —me acusó vilmente.
—No sé qué hacer contigo, te estoy dando la oportunidad de volver a tener lo que teníamos antes — insistí.
—Pues no lo quiero. No quiero nada de ti, solo quiero que firmes los papeles del divorcio —respondió Tom, con firmeza.
—No lo haré — me negué.
—¿Es tu última palabra? — preguntó Tom.
—Sí, lo es —afirmé.
—Atente a las consecuencias —me advirtió.
—Mira que miedo me das, mocoso. Tú sin mí no eres nadie — le repliqué, con ironía.
—Eso es lo que crees. ¿Quién está rogando a quién? — me preguntó Tom, con una sonrisa sarcástica.
—Imbécil —le dije, perdiendo la paciencia.
—Me voy… si no firmas por las buenas, lo harás por las malas —expresó Tom, levantándose de la silla.
—¿Es una amenaza? —indagué, levantándome también para quedar frente a él.
—Es una advertencia —respondió Tom, con firmeza, y sin mirar atrás, salió de la habitación, dejando los papeles del divorcio tirados en el piso.
Una nueva sensación se instaló en mi pecho, una sensación que no pude reconocer en ese momento, pero que me había dejado con una sensación de malestar. Después de calmar mi respiración, salí de allí y llamé a Gustav para informarle que no había habido reconciliación y que, mucho menos, iba a aceptar el divorcio.
¡Eso jamás!
Pero estaba muy equivocado, y más cuando la decisión estaría en mis manos.
&
No recuerdo cuánto bebí, pero sé que fue excesivo, dada la cantidad de botellas vacías que había en el piso. Después de ese desastroso encuentro con Tom, fui a mi casa y me refugié en el alcohol, era mi única forma de desahogarme. Tom estaba decidido a seguir adelante con el divorcio y yo sabía que era hora de aceptarlo, pero mi orgullo no me permitía rendirme y hacer lo que realmente debía hacer: dejar ir y seguir adelante con mi vida. Me sentía atrapado en un ciclo de dolor y nostalgia, y el alcohol parecía ser la única forma de escapar.
En un momento de lucidez, me dirigí a mi habitación para tumbarme en la cama, pero tropecé con objetos que había dejado tirados por mi desorden y caí al piso, lastimando mi pierna herida. Me quejé del dolor durante unos minutos, y luego mi vista se fijó en ese objeto amarillo y negro que había olvidado, pero que ahora se convertiría en un instrumento de tortura para mí en los siguientes días. Era un recuerdo de Tom, un recuerdo de los buenos momentos que habíamos compartido, y ahora me parecía una burla cruel.
Me levanté y lo alcé para tirarlo a la basura, pero no pude. Me aferré a él con todas mis fuerzas, sollozando y cayendo derrotado al suelo. Me di cuenta de que extrañaba demasiado a Tom: su alegría, su sonrisa, su determinación, su orden, su voz cantando, su cara enfadada, sus gestos… y sobre todo, extrañaba verlo con ese gorro de abeja puesto.
Me apoyé en el borde de la cama, con el gorro entre mis manos, y lo acerqué a mi nariz para aspirar su esencia. En un momento de desesperación, supliqué a la entidad más sagrada que me concediera la oportunidad de volver a ver a Tom con el gorro. Me sentía abrumado por un mar de emociones encontradas, sin saber cómo escapar de ese laberinto de sentimientos. La ausencia de Tom me parecía insoportable, y el gorro era el único vínculo que me quedaba con él.
Continúa…
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