
Administración: Aquí tenemos otro de los famosos fics de wifeskaulitz. Estará protegido por completo, las 2 temporadas, así que disfruten la lectura y dejen su amor a la autora, quien ha autorizado este rescate.

Fic de WifesKaulitz. Temporada I
Capítulo 1
— ¡OH, DIOS MÍO! ¿¡QUÉ ERES, BILL!? — suspiré subiendo los boxers y luego los jeans. Miré a mi enamorado con un rostro serio. El suyo era de desconcierto, asombro, susto, después de ver lo que le mostré entre los pantalones.
— ¿Quieres meter tu pene ahí o no? — le pregunté una segunda vez. Zadiel negó con la cabeza. Volteó para salir corriendo del baño. Posiblemente a divulgar lo que vió. — Idiota.
Rodé los ojos y me miré en el espejo. No hay nada de malo en mí.
Entonces, ¿por qué no quieren hacer lo que les pido?
Bufé mientras salía del baño del colegio. La hora de receso estaba por terminar y no había metido nada en mi estómago. Fui hasta el bar para comprar una gelatina con pastel. Me quedé comiendo en una de las bancas que daba el frente a la cancha de futbol. Como siempre estaban los idiotas de último curso armando relajo y entre ellos, Tom Kaulitz al que odiaba con mi vida entera.
Yo sabía de su existencia pero él no de la mía.
Me caía mal por como viste, por como se ve, como se ríe, como come, cuando juega, cuando me mira y hace como si no me hubiera visto, por su fama de andar con todas y porque sí.
— ¡Cuidado! — sentí como la pelota me dió en la cabeza e hizo que regara mi comida al suelo. Me levanté encabronado con su mierda de pelota hacia él y le di en el pecho.
— ¡Idiota! ¡Devuelveme el dinero que gasté en la puta comida que estropeaste!
— Hey, pequeño. — sonrió de lado tomando la pelota. — No es mi culpa que no sepas escuchar cuando te grité. Mejor ve y recoge la comida del suelo, chanchito.
— Oink.
— Oink.
— Oink. — y reían toda la bola de estúpidos de sus amigos mientras se iban dejándome ahí. La furia recorrió mi cuerpo. Corrí hasta Tom Kaulitz y le di un empujón con todas mis fuerzas provocando que cayera e igual sus amigos se rieran de él.
Lo vi con intenciones de levantarse a mí. Iba a salir corriendo pero me detuvieron sus amigos tomándome de los brazos. Me llevaron hacia la parte trasera del colegio donde no había nada ~ni siquiera cámaras~ para que él pudiera golpearme.
— ¡Tom Kaulitz! — me sentí demasiado aliviado al escuchar a la maestra. Los perros de Tom me soltaron y caí en el césped tranquilo. — A tu aula, ¡ahora!
— Como diga. — iban riéndose de ella a sus espaldas.
— Tú también, Bill. Ve a tu clase. — asentí levantandome con su ayuda. Limpié los pantalones mientras caminaba a mi clase. Al entrar pude ver unicamente a mi enamorado con la cabeza baja. Estaba haciendo el que no me conoce y mejor.
Ojalá encuentre a alguien para hacer lo que tanto deseo.
El comenzar mi sexualidad con un hombre de verdad y no con alguien que apenas me mire me haga sentir mal, como Zadiel porque él hizo eso. De seguro es un niño inexperto y todo lo que me decía era de boca afuera.
Las horas de clase restantes hasta la salida pasé pensando en como sería mi primer encuentro pero el único primer encuentro que se hizo realidad fue con el imbécil de Tom Kaulitz
Nuevamente dos de sus amigos me tomaron de los brazos. Tom sonreía con total malicia, estaba tronando sus dedos listo para dar el primer golpe en mi abdomen.
— ¿No vas a suplicarme perdón? — arqueó una ceja. Negué confundido. Las unicas formas en las que me gustaría suplicar es en la cama a cuatro patas con alguien encima.
Hasta con él podría llegar a hacerlo como última opción.
— ¿En serio?
— Sí.
— ¡Golpéalo rápido, Tom!
— ¡Sí! Hazlo en el rostro para que aprenda para no meterse contigo. — apreté los ojos esperando el golpe en el rostro. No llegó ahí si no en el abdomen dejandome sin respiración. Tosí con desespero. Me quemaba la zona golpeada. Trataba de tomar aire pero no entraba. Los tres idiotas salieron corriendo al verme en ese estado.
Me eché en el suelo y golpeé mi espalda. Eso hizo que se me pase un poco para continuar con mi rumbo a casa como si nada a pasos lentos.
«Maldito seas, Tom Kaulitz.»
Al llegar a casa hice lo de siempre. Meterme a la ducha y ver mi cuerpo. También aquella cosa que tenía entre mis piernas con lindo corte de corazón en la parte del vello pubico. Más arriba adornaba mi tatuaje de estrella.
Estaba encantado como se veía pero no había nadie que lo halague y me hiciera sentir mejor.
— Definitivamente necesito sexo y un novio. — murmuré colocando mi ropa nuevamente. — Uno que no se canse de hacerme feliz.
Dejé escapar el aire de mis pulmones. Posé mi cuerpo en la cama y cerré los ojos. Vagamente recordaba al imbécil de Tom. Con esas fuertes manos, recorriendo parte de mi cuerpo y dejando besos.
Estaba muy cerca del más idiota de todos los de tercero y ahora sabe de mí. Mordí mi labio inferior con fuerza, apreté un poco más los ojos.
— Y si…. ¿me acuesto con él? — tapé mi rostro sonrojado antes de pegar un grito. — ¿Y si no es gay? ¡AAAAAAGGGHHHHH! — reí un poco. — ¿Cómo hago para que Tom Kaulitz se fije en mi, eh?
Destapé mi rostro para correr hacia mi mochila y tomar el móvil para buscar un par de cosas en sus redes sociales.
— Tom Kaulitz bla bla bla bla, diecisiete años, ajá… tercero B… bla bla bla bla. — rodé los ojos porque no decía nada interesante. — Situación sentimental: en una relación… — parpadeé repetidas veces. Dejé el teléfono y volví a pegar un grito en negación. — ¡NOOOOOOOOOO! ¿¡POR QUEEEEEEEEEÉ!? Ya te había tomado en cuenta para mi lista de idiotas con los que me quiero acostar y no cooperas, Tom Kaulitz. — le pegaba picoteos a la foto y le hablaba como si pudiera escucharme.
«Ese rubio idiota acaba de destrozar mi corazón y no mi virginidad.»
— Eres un tonto, Bill. — sonreí mirando las fotos de más niño. Era todo un papacito. Relamí mis labios. — Quieres a Tom solo para una noche, no para toda la vida. — me levanté de la cama euforico. — ¡Sí! — acomodé mi cabello mirandome ahora al espejo. — Bill Trümper va a coquetear con Tom Kaulitz hasta llevarlo a su cama, ¡dios! ¡soy un genio!
&
Antes de llegar a la escuela pasé por el centro comercial comprando una gorra verde con una camisa del mismo color extra grande. Las envolví en una funda de regalo, adicional una tarjeta que tenía un escrito con mi número telefónico y un par de dulces.
— ¡Oye! — corrí con rapidez al verlo entrar a su clase. Frunció el ceño regresandome a ver y me puse algo nervioso.
— ¿Qué quieres, chanchito?
— Toma. — levanté el regalo e hice que lo agarrara con dos de sus dedos. — Es una disculpa por lo de ayer, ¿me perdonas?
Él frunció el ceño algo extrañado, entró con la fundita sin agradecerme y cerró la puerta de su clase en mi rostro. Volteé para irme yo también hasta mi clase.
— ¡Psss! — casi corriendo fui hasta el asiento de mis mejores amigas para platicar. — Todos vimos el regalo que le diste a Tom, eh, ¿qué mosca te picó?
— Ayer quería golpearte. — rodé los ojos y oculté una sonrisa con la palma de mi mano.
— Samara, Delancy… — miré a ambas chicas ansioso. — Voy a coquetear con Tom Kaulitz para llevarlo a mi cama.
— ¿¡En serio!? — exclamó Samara emocionada mientras Delancy se negaba.
— ¿Sigues con eso? — murmuró estresada. — Tienes que entender que tu virginidad se la debes entregar a una persona que te ame, sepa ganarse eso. No con el primer idiota que se te cruce por en frente o te trate bonito.
— No le hagas caso a Delancy, Bill. Tu sigue con eso, disfruta tu sexualidad abiertamente tomando las debidas medidas de seguridad.
— ¿En serio, Samara?
— Sí. — ambas mujeres se miraban a los ojos y luego a mí.
— Chicas. — tomé sus manos con las mías, acariciaba con el pulgar la piel del dorso de las mismas. — Solo quiero hacerlo, necesito… no quiero seguir siendo él único del grupo que no diga nada porque no ha tenido experiencia en eso. Quiero sentir esa sensación que todos hablan cuando lo hacen.
— Insisto en que no hay apuro. — me abrazó con cuidado. — Espera al indicado.
— Ven. — me jaló Samara para ahora abrazarme. — Hazlo, no le des el corazón a nadie y disfruta.
Asentí con una sonrisa separandome de ella y atender a las clases que iniciaban.
&
Me encontraba en casa de Samara luego de llegar de la escuela. Revisaba todo el tiempo el móvil, esperando a que ingrese alguna llamada de Tom y me agradeciera por el regalo pero no.
Perdí enteramente la esperanza de que me llamara.
— ¿Sabes, Bill? Siento que Delancy no quiere que hagas eso con Tom porque también le gusta. No tengo pruebas pero tampoco dudas.
— Que se quede con Tom, no me importa. Solo quiero tenerlo en mi cama y ya. Después de eso no tengo interés alguno.
— Bueno, sabes que te apoyo incondicionalmente. Sea bueno o malo, cariño.
— Gracias, Mara. Te adoro. — asintió con una sonrisa terminando de acomodarme la uña que estaba a punto de romperse.
Mi móvil empezó a vibrar con insistencia a mi lado, tomé la llamada de aquel número desconocido y pegué un grito al reconocer la voz de Tom.
— ¿Hola?
— Hola, Tom.
— ¡Pon en voz alta! — susurró/gritó Mara a mi lado. Obedecí con picardía.
— Bill, ¿no?
— Sí, él mismo.
— Gracias por el detalle, Bill, no era necesario.
— No es nada. — relamí mis labios. Soltó una risita coqueta causandome un escalofrío. — ¿Tienes planes para hoy?
— No, ninguno.
— Te invito a salir, ¿qué dices?
— ¿Ahorita?
— Si quieres… o tu dime cuando puedes y ahí cuadramos.
— Está bien. — volvió a reir de la misma forma. Mara estaba que se reía y casi me hacia reir a mi también. — Puedo ahorita, ¿nos vemos en el parque cerca de la pizzería Hut?
— Perfecto. — colgué. Entre Mara y yo dimos un grito al cielo por ello.
— ¡Ve por ese hombre, tigre! — me dió una nalgueada con suavidad y pronto salí de su casa en dirección al parque. Quedaba algo cerca por lo que no tuve apuro en ir caminando.
Eso sí, estaba nervioso y me sudaban las manos.
— Solo es una salida, solo es una salida, ¡solo es una salida! ¡pff! — me senté en una banca donde pudiera verme.
— Hola. — me tocó del hombro, volteé a verlo con una sonrisa y chocamos los cinco amistosamente. — ¿Qué tal?
— Estoy bien. — sonreí de lado mientras jugaba con mis dedos. — ¿Qué tal tú?
— Bien. — hizo una mueca.
— ¿Seguro?
— Hoy tenía unas clases extra de guitarra pero no hubo asistencia, ¿sabes como me sentí? — negué en medio de una sonrisa tímida. — ¡Mal! Es mi distracción luego del pre universitario, me relaja y hoy no me siento relajado solo por eso.
— ¿Algún día me dejarías verte tocando la guitarra?
— Si quieres ahora mismo. — sonrió de lado. ¡Que hermosos labios tiene! ¡Quiero probar! — Mi casa queda ahí. — apuntó la casita color hueso de dos pisos que daba una vista al parque. Asentí sin pensarlo.
Caminamos hasta estar dentro de su casa.
Ubicación exacta: su enorme habitación.
— ¿Tus papás? — me senté en el escritorio junto a él. Lo veía afinar la guitarra con concentración.
— Trabajando, siempre los veo para almorzar y luego se van hasta la noche.
— Genial.
— ¿Y los tuyos?
— Mamá siempre pasa en casa luego de las doce y papá llega a las ocho de la noche. — asintió dejando de lado su guitarra para mirarme.
— Disculpa por haberte golpeado, ¿sí? Te juro que no fue mi intención.
— ¿Entonces? — arqueé una ceja. — ¿Por qué lo hiciste?
— Soy un tipo al que le gusta encajar con las personas y que haría cualquier babosada por quedar bien.
Eso no era bueno.
— A si que mejor ve diciendome. — me acariciaba con delicadeza la mejilla. Suspiré ante su mirada penetrante. — Exactamente… ¿por qué me mandaste ese regalo?
— ¿La verdad? — pregunté.
— La verdad. — exigió.
Continúa…
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