Fic de WifesKaulitz. Temporada I

Capítulo 7

— ¿Terminamos? — cuestionó Tom a mi detrás.

— Como sea, Bill. — siguió caminando. — Déjame tranquilo, fuiste un lindo conmigo pero con eso ahí te hace ver horrible.

— Tampoco lo trates así. — saltó Tom en mi defensa. Zadiel comenzó a reir con ganas mientras negaba con la cabeza. Se acercó un poco más a Tom para decirle:

— Me comprenderás cuando veas lo que vi, adiós. — siguió como si nada. Mi rostro estaba furioso.

¡Lo odio!

¡Lo odio!

¡LO ODIO!

— Respira, joder. Pareces una olla de presión a punto de explotar. — centré mis ojos en Tom ahora avergonzado. Él mantenía una expresión seria. Jaló de mi muñeca para apresurarme y caminar hasta la parte de atrás en donde no había nada, recordé cuando estuvo a punto de golpearme. — A ver, explícame… ¿cómo es eso de que «terminamos»? — hizo énfasis en la palabra y yo suspiré sentandome en el césped. — Bill.

— ¿Qué te importa?

— Solo te estoy preguntando, ¡no es para que respondas así! — pateó el césped histérico. Suspiré mirandolo desde abajo ~y no con el pene en la boca~.

Bueno, siendo honesto creo que merece saberlo.

— Zadiel es mi compañero de clase y ahora ex novio, le mostré como a ti mi entrepierna y se asustó… — suspiré por segunda vez. — Me tachó de raro y salió corriendo. Desde ese día no hemos vuelto a hablar. Es todo… ahora dime, ¿para qué me buscas?

— ¿Seguro? — arqueó una ceja con desconfianza. Le jalé de la basta del pantalón para que se siente junto a mí. Se arrimó a la pared y deslizó su cuerpo hasta quedar sentado a mi lado. Tomé la iniciativa de plantar un beso en su mejilla.

Tom se sonrojó de inmediato.

— Segurísimo.

— Bueno, niño bonito. Te creo.

Esta vez el sonrojado fui yo.

— Quiero… mhmm… — tomó mi mano para entrelazarla con la suya. — Hoy en la noche habrá una expoferia importante en donde vamos todos los amigos con su respectiva pareja, esta vez no me gustaría ir solo.

— ¿Quieres que vaya contigo? — asintió con la cabeza. — Pero yo…

— Por favor… — interrumpió. — Quieren conocer a la persona que se está robando mi concentración en los partidos. — se me cortó la respiración, el corazón me latió agitado, desesperado, loco ante lo que escucharon mis oídos. Soy la persona que se está robando su jodida concentración y me encanta saberlo. Exhalo todo el aire de mis pulmones, aprieto su mano con fuerza mirando esos hermosos ojos cafés. Hago un recorrido exacto de su rostro para guardarlo en una pequeña parte de mi cerebro para recordarlo cada que no esté con él. Me avalanzo a su cuerpo, rodeo su cuello con ambos brazos y devoro su boca con la mía. Es solo una danza entre los belfos de ambos, nada sexual, nada profundo.
Solo único y especial.

— ¿A qué hora vas por mí? — hablé en un susurro y sonreí.

— Siete y media, ¿está bien?

— Perfecto. — nos dimos varios picos en la boca con los ojos cerrados. Al sonar el timbre pude levantarme con voluntad propia al mismo tiempo que él. Joder… ~si por mi fuera lo besaría seis horas seguidas sin cansarme~.

— Ve a clases, niño bonito. — me regala una nalgueada antes de avanzar cada uno a sus respectivas aulas.

Las clases transcurrieron rápido, algunas divertidas y otras aburridas.

A la salida estaba por irme pero luego vi el grupo de amigos nuevos que hice y corrí a colarme con ellos mientras contaba el dinero que tenía.

¿Cien euros eran suficientes para hacerle el ramo de carritos a Tom?

No, creo que no.

Quiero que su ramo sea el mejor de todos.

Saqué el móvil para hacerle una llamada a mi papa a ver si me daba unos doscientos si quiera.

— Estoy yendo a tu colegio, llego en quince segundos.

— Ya te vi. — sonreí de lado.

— ¿A dónde vas?

— A pedirle dinero a mi papá. — corrí hasta el auto a la parte donde estaba bajada la ventana. Le di un beso en la frente con amor. — Hola, pa. ¿Sabías que eres el padre más guapo que he visto?

— ¿Desde cuando? — sonrió también.

— Desde hoy.

— ¿Qué necesitas, Bill?

— Dinero… voy a hacerle un detalle a un amigo.

— ¿Amigo? ¿seguro?

— Sí… — Gordon se echó a reír divertido mientras sacaba su billetera para darme trescientos euros.

— Hazle un buen regalo a tu amigo… entre comillas. — tragué saliva medio sonrojado.

— ¡Ya nos vamos, Bill!

— Cuídate, hijo. No llegues tarde a casa. — asentí con la cabeza y salí corriendo hasta reunirme con ellos. Pasamos por varios locales de ropa masculina, miraba las camisas y las gorras colgadas.

¿De qué color no tenía Tom sus gorras y sus camisas?

Suspiré estresado.

— Alan, dime un color.

— Mhmm… ¿rojo?

— Okay, gracias. — asintió.

Entramos el gran local de juguetes, todos corrieron a la sección donde se encontraban los carritos. Yo vi justo el lado por donde iba una caja enorme de autos de todos los colores y para colmo solo había una. Definitivamente la agarré haciendome el loco y corriendo a pagar. Hice que lo enfunden en papel negro y lo encargué para ir por más.

— Se acabaron todos, Bill. — Paco rodó los ojos. — ¿Pudiste comprar algo?

— Sí…

— Yo no, ¿me acompañas a otra juguetería a ver? — asentí. Le pedí a la chica el encargo y salimos a buscar otra juguetería. Al entrar habían más carros de bonitos modelos a los cuales igual compré sin importarme si están repetidos o no. Luego fuimos a comprar una pistola de silicona, palillos, cartulina, marcadores platinados, adornitos. También llevé a Paco a comprar una camisa y una gorra «LA» para mi regalo y estabamos listos dirigiendonos a la casa de Dominik a armar los regalos. — Por la gorra y la camisa gigante no hace falta que adivine, ¿verdad?

— No le digas a nadie…

— Es un secreto. — sonrió de lado. Todos tomamos un lugar en pareja. Yo estaba con Paco armando el gigantesco ramo de carritos. Para llevarlo iba a ser todo un esfuerzo a si que llamaría a papá para que venga por mí.

Le hice unos adornitos baratos con los marcadores con resultados estupendos.
Al final le puse la camisa que venía en la fundita y la gorra que estaba en la caja para ver como quedaba y por poco me desmayo.

«Ni a Zadiel le he echo estos regalos.»

Que Tom valore al Bill detallista.

Joder.

— Me encanta tu creatividad. — admiró Alan a mi detrás junto con mi amigo. Agradecí con una sonrisa optimista mientras recogía los desperdicios.

— ¿Le puedo toma una foto?

— Sí…

Mientras lo fotografiaban me dediqué a escribirle unas palabritas en un papelito blanco:

«𝐏𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐥 𝐢𝐝𝐢𝐨𝐭𝐚 𝐥𝐢𝐧𝐝𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐯𝐢𝐯𝐞 𝐞𝐧 𝐦𝐢𝐬 𝐩𝐞𝐧𝐬𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬.»

— 𝐁𝐢𝐥𝐥.

&

Esto es una puta locura.

— Bill, ¿puedes darnos tu número telefonico? Vamos a agregarte a nuestro grupo de chat para saber como te fue a ti con tu chico al igual que los demás. — recibí su móvil para anotar mi número en sus contactos y le devolví. Pronto me llegó la notificación del grupo «Besties❤️✨» a mi chat y sonreí.

Esto es lo que siempre deseé.

— ¡Suerte muchachos!

&

Estaba listo para salir con Tom desde hace ~exactamente~ una hora. Miraba el reloj con ansias a que marque la hora indicada y pueda salir corriendo a recibirlo entre mis brazos. Movía el pie en el sofá con desesperación.

¿Por qué el tiempo pasa tan lento?

— Esto es increíble, hijo. ¿De dónde sacaste toda esa colección de carros? No sabes como moría yo por uno de esos.

— Deja ahí, no le vayas a arruinar el regalo a Tom.

— Ah… — comenzó a reir dejando de lado el ramo en su lugar para acercarse. — El susodicho se llama Tom, eh.

— Mhmm… ¿no? — mordí mi labio inferior sintiendo que la cagué feo. No estaba mal que lo sepa pero es que Tom solo es como mi amigo con derecho y ya…

«Creo.»

— A tu ramo le faltan dulces. — caminó a la alacena y sacó una funda de gomitas que las puso al lado del ramo. — Joder, ¿es que acaso tengo que enseñarte a hacer buenos detalles?

Carcajeé con ganas mientras negaba con la cabeza.

— Si yo era el rey de las chicas en el colegio. — reí más. — ¡En serio! Ahora porque estoy algo gordito y bigotudo no me hacen caso pero en mi juventud… ¡Dios! ¡Yo era el mejor!

— ¿Así enamoraste a mamá?

— Con mucho más, Bill. — respiró hondo sentándose en el sofá. — Los tratos, el respeto… detalles… todo. Tu madre era una diosa ante mis ojos y ahora solo amargada, peliona, gruñona y mandona. ¿Por qué es así? — me encogí de hombros manteniendo una sonrisa.

El timbre sonó poniendome alerta. Salí corriendo hasta abrir la puerta y ahí estaba Tom. Me tiré a abrazarlo emocionado, respirando su olor. También admirando que estaba usando el primer detalle que le dí para hacer de las mías con él.

Al separarme pude besarlo de piquito hasta hacerle entrar a la casa.

— Hola, Tom. — me escandalicé por completo al olvidar la presencia de mi padre aquí. — Soy Gordon. — sonrió. — Que hermoso estilo.

— Gracias. — expresó un Tom tímido. Papá lo invitó a sentarse para charlar un rato en lo que iba por su regalo. Me distraje escuchando como ambos congeniaron bien que reían con ganas como si se conocieran de toda la vida.

— ¡Bill!

— ¡Ya! — saqué la cabeza. — Tom, ven un momento. — a penas lo vi levantarse, tomé el ramo y la funda de gomitas hasta que Tom se acerque hasta donde estoy y me vea. Frunció el ceño con una sonrisa ladina.

— ¿Y eso?

— Son para tí.

— Carajo. — sacó su móvil y abrió la aplicación de la cámara. — Dame tu mejor pose sensual. — solo miré su cámara y Tom relamió sus labios luego de tomarme una foto. — Es una belleza, Bill. — besó mi boca con suavidad. — Al volver me lo llevo, ¿está bien? Es un detalle que no puedo dejar pasar por alto, niño bonito.

Le dió otras fotografías más y luego salimos de la casa hacia el lugar. Antes de irnos, papá nos dió la bendición.
Estaba comportándose como nunca y eso me agradaba.

Mientras caminabamos Tom meneaba nuestras manos con felicidad ~como si fuera un niño pequeño~. Me emocionaba a mi también y no podía ocultarlo más. Planté un beso en el dorso de su mano.

— ¿Cómo sabías que me gustan los hot wheels? ¡Es un juguete de mi infancia frustrada! Mamá nunca me ha querido comprar uno porque dijo que eran carísimos y un desperdicio de dinero.
Recuerdo que lloraba por uno, ¡hasta le robé el suyo a mi primo Georg!

Le sonreí mostrando los dientes.

— Es un secreto. — caminamos un poco más hasta llegar a un callejón el cual tenía un título con letras inmensas «Expoferia». Antes de ingresar Tom me acorraló entre sus brazos para besarme.
Lo abracé de la cintura cerrando los ojos y dejandome llevar por el dulce sabor de sus labios. Hipnotizado por esa danza atrevida entre los dos le apegué a mi cuerpo. Hice un movimiento de restregarle mi pelvis contra la suya. Robandole un gemido ahogado.

— Te luciste, en serio que sí. — susurró bajando las manos para posicionarlas en mi trasero.

Si seguimos así voy a calentarme.

— Vamos. — se separó de mi para volver a tomar mi mano y adentrarnos al lugar. Nos pusieron un sello como constancia de que hemos ingresado ahí.

Había mucha gente en el lugar y tampoco había donde poner un solo paso. Esto tenía una temática navideña mezclada con San Valentín porque habían muchos juegos, regalos y cosas así para los enamorados.

— ¡Tom! ¡Bill! — ambos volteamos a ver a Samuel quien se acercaba a nosotros con una sonrisa y las manos metidas en los bolsillos. — Ahora que llego puntual a los unicos que he encontrado son a ustedes dos.

— Hola. — saludé al igual que Tom. Seguimos caminando adentrandonos un poquito más al lugar.

— ¿Me esperan aquí un momento?

— Okay…

— ¿A dónde vas? — cuestioné sintiendo un poco de frío en la mano y ahora abrazándome a mi mismo. No me respondió, solo se fue para perderse entre la multitud que estaban ahí.

— Entonces… ¿el mismísimo Bill es el que le roba la concentración a Tom, eh?

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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