NotasPor recordarles que Bill en esta historia tiene vulva, porfa.

Fic de WifesKaulitz. Temporada I

Capítulo 4

Corrimos un trayecto a su casa hasta llegar. Me sentía pesado por su gran buzo. Entré al baño luego de que saliera él para desvestirme y colocarme una camisa junto con un saco grande que me quedaba como vestido. Envolví mi cabello en una toalla y salí con la ropa para entregarla.

— Te dejé unas medias ahí junto con unos guantes, no me gustaría que te resfríes.

— Gracias. — corrí hasta su cama para ponerme las medias y los guantes. Me abrigué bien entre las colchas para esperar a que viniera mientras veía la ventana. Estaba empañada y sudaba.

«Ahora por culpa de la lluvia, Tom no iba a querer hacer eso conmigo.»

— Toma. — agarré la tacita de leche caliente que me dió. Le di el primer sorbo, descubrí que no era leche pura si no leche de avena. Puso la cerradura en la puerta para volver y acostarse a mi lado. Me abrazó de las piernas. Escondió la cabeza entre las cobijas.

Seguí tomando la avena de a sorbito hasta acabarlo. El calor volvió a mi con esa bebida tan deliciosa.

Deslicé mi cuerpo hasta quedar junto a él. Sonreí al verlo dormido. Tomé el móvil para sacarle una fotito pero no se pudo porque el flash salió y abrió los ojos somnoliento. Me puse nervioso. Lancé el móvil al sofá como unica solución.

— Billy. — talló su ojito al tiempo que se sentaba en la cama, yo repetí su misma acción sacandome su saco por el calor. Me senté sobre él para acariciar sus rastas ya secas y juguetear con ellas.

Acerqué mi rostro con lentitud al suyo y besé su mejilla, bajando por su mandíbula  hasta el cuello. Tom tenía los ojos cerrados, apretaba con sus manos mi cintura. Las bajó hasta mi trasero para apretarlo.

Yo seguía repartiendo besos en su cuello, exploraba su torso por encima de la camisa. Alzó una mano para quitar la toalla de mi cabello y agarrarlo, levantó mi cabeza para besarme en la boca.

Un beso desesperado, competitivo y un tanto posesivo. Me sentía en un torneo de quien besa mejor porque cuando trataba de llevarle la delantera lo hacía de igual forma pero con un toque mucho mejor, placentero y profundo.
Sentía como mi zona palpitaba con tal intensidad, rogaba por ser atendida por un hombre como él. Por inercia me friccionaba contra su entrepierna, tratando de encontrar mi máximo placer.

Me iba a volver loco con tantas sensaciones acumuladas en mi cuerpo.

Tom jadeó contra mi boca antes de separarnos, tomar aire y observar el uno al otro.

— ¿Puedo jugar contigo antes de…?

— Sí.

Recosté mi cuerpo en la cama.

Espero paciente a que Tom se de el lujo de desnudarse ante mi mirada hasta quedar en boxers. Arrugo la cara, veo que tiene una gran longitud y siento arder en mi interior. Remuevo mis caderas deseoso de su atención.

Se acerca a mí, vuelve a atrapar mi boca con un toque adicional en mi entrepierna y gimoteo. Sus dedos exploran debajo de mi camisa mi punto húmedo.

— Ah… — se aleja de mi para sacarme su camisa.

«Estoy expuesto nuevamente para él.»

Reparte besos en ambos pezones, bajando hasta mi abdomen. Mi placer aumenta al sentir su aliento ahí abajo. Sonrie besando mis muslos.

«Me ha tomado el pelo.»

Besos mojados, mordidas suaves e intensas que ponen los vellos de mi cuerpo de punta. Vuelve a subir a la zona íntima en donde tanto deseo que pruebe.
Me revuelvo sudoroso en su cama y suelto un gruñido al sentir como escupe en aquel lugar. La saliva recorre hasta perderse en mis nalgas.

Estaba a punto de rogarle que ponga su boca hasta que lo hizo.

— ¡Dios! — chillé desde lo más profundo.

Estoy en el puto cielo.

Tom da lamidas constantes en mi intimidad. Apretó mis pezones duros, incrementando el placer. Inconsciente muevo mis caderas buscando más de su lengua, deseo que profundice. Siento una presión en mi trasero.

Resulta que metió un dedo en mi anito.
Miles de pensamientos se atreven a venir a mi mente pero no los menciono. Me los trago a gemidos fuertes.

— Sí, mhmm… — miro el techo. Muerdo de mi labio inferior. Bajo una mano y tiro de sus rastas para que se pegue. Tengo una necesidad jodida de restregarle mi sexo en la cara y lo hago. — Se siente bien, Tom, ¡ay!

No me importa si lo estoy ahogando, solo quiero llegar hasta donde mi sexo me lo pide. Tom aprieta mis muslos, estoy a punto de ponerme sensible.

— ¡Mhmm! — mis gemidos se vuelven más intensos, desesperantes. — ¡Ah! — suelto su cabeza débil. El calor se me va bajando de a poco pero llegan unas inmensas ganas de orinar. — ¡No, no, no, no, no! — él seguía lamiendo. Yo estaba sintiendo mucha presión. — ¡Quitate!

Se aferra más a mi. Sigo intentando quitarlo de ahí. Mis ojos se llenan de lagrimas desesperantes y la orina se me va enteramente manchando su cama, el rostro y parte de su cuerpo. Vuelvo a caer débil en la cama con el rostro rojo de vergüenza. Me temblaban las piernas.

— ¿Todo bien?

— No… — susurré. — Estoy muy débil, siento mi cuerpo pesado y sin fuerza. — él se rió acostandose a mi lado ~probablemente mojandose también~. Me abrazó e hizo que ponga mi cabeza en su pecho.

Bostecé con sueño.

— Está bien, descansa… fue suficiente por hoy.

— ¿Y el pene? ¿por qué no lo metes?

— Estás cansado, bonito. — asentí con la cabeza para descansar.

&

Desperté luego de tomar una siesta larga como si no hubiera dormido en cuarenta y ocho horas. Miré el techo de la habitación con el rostro fruncido. Esa jodida luz que entraba por la habitación me fastidiaba.

Tanteé el cuerpo de Tom a mi lado pero no se encontraba. En medio de un suspiro me levanté para ir al baño a darme una ducha y eliminar la suciedad de mi cuerpo. Al salir me esperaba un Tom en pijama con una sonrisa y de brazos cruzados.

— ¿Mi ropa?

— Mamá la está lavando, a penas esté te la doy. — asentí volviendo a ponerme la camisa que me prestó ayer. — Imagino que tienes hambre, ¿vamos a desayunar?

— ¿Qué hora es?

— Las ocho de la mañana.

— Bueno…

— ¿Quieres que te preste algo más cómodo?

— Por favor. — salió de la habitación. Segundos después entró con una pijama abrigada y una camisa. Lo recibí mientras lo miraba.

— Oh, ¿quieres que… salga?

— Sí.

— Bien. — salió de la habitación. Sonreí mientras relamía mis labios. Coloqué el pantalón de pijama rojo descaderado y luego la camisa negra que quedaba más arriba de mi ombligo ~tipo pupera~.
No era fan de estas cosas pero me quedaba bien.

— Ya puedes entrar, Tom. — la puerta se abrió y el solo sacó la cabeza.

— Que lindo te queda. — sonreí tímido saliendo para reunirme con él. — Vamos a desayunar, mis papás están aquí.

— Uhm, no…

— ¿Por qué?

— ¿Qué van a decir tus papás de mí? No soy tu novio y…

— Nada. — jaló mi mano hasta el comedor. Tomé asiento junto a Tom. mientras esperaba. — Tranquilo. — susurró.

— Buenos días. — saludé a penas sentí unos pasos a mi detrás.

— Hola, Bill. — la chica que me entregó el regalo ese día saludó de beso en mejilla conmigo. — Soy Tamara, para los amigos Tammy.

— Mucho gusto.

— Hola, Bill. — esta vez una mujer más grande de cabello rubio natural repitió la acción de Tammy. — ¿Cómo estás?

— Bien…

— Soy Simone y el es mi esposo Jörg. — sonreí abiertamente. Pensé que su familia me rechazaría o algo como por el estilo pero fue bien.

Desayunamos en medio de una platica interesante y risas. También supe un poco más de la vida de Tom junto con el interesante álbum de fotos de pequeño. Su mamá me dejó tomarle un par de fotografias de las que me gustaron.

Tom estaba algo molesto por ello pero no nos importó, en serio se veía muy adorable de más pequeño. Dejé de verlas por la insolente llamada de mi amiga diciendome que mamá ya iba por mí.

— Que gusto tenerte aquí, cariño. — Simone besó mi frente con dulzura mientras sostenía mis manos. — Vuelve otra vez, me encantaría conocerte más, platicar contigo y…

— ¡Una salida de comadres! — añadió Tammy con una sonrisa. Me abrazó con fuerza . — Me caíste bien, espero que podamos ser buenos amigos.

— Gracias a ustedes por recibirme.

— Espera, yo te llevo. — asentí saliendo detrás de Tom hasta el auto. Me subí junto a él para ir hasta la casa mía propia ~llegó porque me obligó a decirle por donde~. No quiso dejarme en la de Mara.
Antes de bajarme me tomó de la mano, puso la otra en mi mejilla y me besó la boca. — ¿Quieres volver a verme hoy?

— Sí, por favor.

— Estaré disponible todo el día. — le di un último beso antes de bajarme del auto y entrar a casa. Mamá sonrió al verme. Me dió un abrazo fuerte que hizo que frunciera el ceño extrañado. Sentí como mi hombro se humedecía de a poco.

— ¿Qué pasa, mamá? — me alejé de ella. Tomé ambas manos para mirarla y hacer que se siente en el sofá. Limpié sus lagrimas con mis dedos y acaricié su cabello. — ¿Ma?

— Bill, tu padre y yo nos vamos a separar.

— ¿Por qué?

— Ese idiota me engañó, Billy.

— Ay, mamá. — me levanté del sofá para caminar y ponerme detrás de ella. — Siempre es la misma historia entre los dos, él te hace eso y luego vuelve como si nada para pedirte disculpas, decirte que no lo hará y un tiempo después pasa esto.

— Te juro que esta vez no será así, voy a separarme de él.

Rodeé los ojos agarrando mis cosas para ir a mi habitación. Me saqué la pijama de Tammy para ponerla a lavar y colocarme una cómoda para mí. Bajé las escaleras para reunirme de nuevo con mamá.
Ella estaba ahí saliendo con algunas maletas hacia un taxi.

Fruncí el ceño bajando a paso lento.

— ¿Te vas?

— Sí, Bill. No puedo con esta vida.

— ¿Y qué hay de mí?

— Sé que vas a poder solo. — un beso en la frente fue lo último que tuve de ella. La vi salir por esa puerta sin parpadear. Me picaban los ojos pero las lagrimas no iban a salir.

«Si era en serio.»

Tampoco es que me doliera tanto, es mi madre, la amo mucho pero casi no pasaba con ella. Es lo mismo con papá. Parecería que viviría solo en una enorme casa.

Suspiré subiendo a mi habitación, le dejé un mensaje de texto pidiéndole a Tom que venga porque estaba triste. No tuve respuesta alguna por lo cual opté en ir a casa de Mara luego de tomar un poco de dinero de mis ahorros. No tenía vicios pero hoy me daba ganas de beber.
Cogí las llaves de la casa, bajé hasta salir de la casa.

Empecé mi rumbo por la calle de siempre.

— ¡Pss! — volteé la cabeza a la otra acera. Tom estaba ahí de pie saludandome. Corrí hasta donde estaba para abrazarle con todas las fuerzas que tenía.

¿Por qué ahora si iba a llorar?

Acarició mi cabello con su mano, de inmediato correspondió mi abrazo. Las lagrimas se iban de mis ojos sin control, ni siquiera veía por donde caminabamos hasta que me pidió las llaves e hizo que entrara y me sentara en el sofá.

— ¿Qué sucede? ¿Quieres hablarlo? — negué con la cabeza mientras me aferraba más a su pecho. Lloré en silencio todo lo que pude entre sus brazos. — Niño bonito, me hace sentir mal que estés así porque no sé la razón, solo espero que pase pronto y sonrías como siempre.

Rebuscó algo en su buzo, parecía que le quitaba la envoltura a algo con dificultad. Soltaba maldiciones al no poder hacerlo y en medio de mi llanto hizo que se me escapara una risita ronca.
Él también rió molesto.

Me separé de él y le arrebaté la paleta para quitarle yo mismo la envoltura sin dañarla.

— Es para tí… te compré esa paleta antes de venir porque apenas la vi pensé en ti, bombón.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 🙂

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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