

Fic de WifesKaulitz. Temporada I
Capítulo 3
— ¿Te doy asco? ¿No te gusta? ¿piensas que soy anormal? — no respondió. Recogí mi ropa interior del suelo y me la puse apresurado. Me sentía incómodo bajo su mirada ~sobretodo porque mantenía una expresión de idiota traumatizado~. Seguí por las demás prendas hasta estar vestido enteramente.
Tom me miraba con atención en silencio.
— Creo que… me voy. — no me dijo ni sí ni no. Recogí mi mochila, di media vuelta para salir de su casa con el rostro casi cayéndose de la vergüenza.
¿Cómo lo vería a la cara mañana en la escuela?
«Dios.» — tapé mi rostro con ambas manos luego de sentarme en la casita para niños del parque. — «No quiero ni pensarlo.»
«Mejor hago como si nada hubiera pasado y me ligo a uno de sus amigos.» — sonreí mordiendo mi labio inferior.
Salí de la casita corriendo para ir a mi casa. Apenas llegué comencé a investigar desde su perfil a su grupo de amigos.
El nombre de uno de los tipos que me sostuvo de los brazos era Samuel López. Era de cabello chino, labios pronunciados y medio guapo. Seguí investigando. Sonreí al ver que tenía en su perfil «gay».
Entre todos sus amigos el que más resaltaba era Tom, pero por como me fue me fijaría en Samuel. Esta vez haría las cosas bien:
– Amigar.
– Vacilar.
– Besar.
– Noviar.
– Coger.
Fin.
&
Nos encontrábamos en el auditorio del colegio recibiendo una charla sobre las campañas para elegir al consejo estudiantil. Para mi suerte, Samuel estaba sentado a mi lado y más allá Tom ~quien no dejaba de darme miradas disimuladas haciéndome creer importante~.
Saqué uno de los caramelos de menta masticable que me gustaba comer y lo metí en mi boca.
Samuel me miraba de soslayo y yo también.
— ¿Tienes más? — susurró en mi oído. Asentí con la cabeza sacando otro para darle. — Gracias, me hiciste un bien.
Sonreí de lado.
— Soy Bill. — susurré de vuelta mostrandole mi mano.
— Samuel. — colocó la suya sobre la mía y sonreimos. En el transcurso de la charla hablamos como si fueramos los buenos amigos de toda la vida.
«No son tan idiotas, solo hay que saber tratarlos.»
Reimos ~nos regañaron por ello~, bromeabamos con chistes malísimos que nos causaban gracia.
Al salir del auditorio fuimos directamente al receso. Me reuní con Mara en el lugar de siempre esperando a que se despeje el bar para poder comprar.
— ¿Por qué miras mucho a los de tercero?
— No a todos, Mara, solo a uno.
— ¿Quién? — regresó a ver donde los chicos estaban sentados en grupo conversando y riendo fuerte. — ¿Tom? — encogí los hombros restandole importancia.
Bueno sí, en realidad lo miraba a él. Aún me mata la curiosidad de saber lo que piensa.
— Oye, a este paso no vamos a comprar nunca. — cambié de tema levantandome de mi asiento seguido de mi amiga hasta el bar.
— Dile a alguien que nos de comprando. — miré entre toda la multitud de estudiantes amontonados a algún conocido. Sonreí abiertamente al ver a Samuel a un solo paso de comprar.
— Dame tu dinero.
— Lo de siempre. — corrí hasta estar cerca de él y pueda verme. Toqué su brazo para llamar la atención.
— Hola de nuevo, Bill.
— ¿Puedes darme comprando?
— ¿Qué cosa?
— Dos pasteles y dos gelatinas. — le di el dinero y me crucé de brazos sonriente. Mara me miraba con una cara de «me das una puta explicación ahora, Bill».
— Bill. — me acerqué nuevamente a Samuel pero para tomar lo que me dió comprando. — Provecho.
— Gracias, te debo una. — le di la comida a mi amiga y fuimos a sentarnos a nuestro lugar. Volví la mirada a Tom. Me llevé la sorpresa de que estaba mirandome con seriedad, casi me pone a temblar por sentirme intimidado.
— ¿Por qué te mira así?
— No lo sé.
— ¿Ya te lo comiste? — negué con la cabeza. Metí otro pedazo de pastel a mi boca sin muchas ganas. — ¿Por qué? — frunció la boca. — Déjame adivinar, lo viste y resulta que la tiene pequeña.
— ¡No! — ella comenzó a reir a carcajadas ruidosas.
— ¿Entonces?
— Nada, se quedó como idiota mirandome.
— Oh. — mordió su labio con tristeza. — ¿No se te antojan las niñas, Bill? Hay muchas en el aula que mueren por tí.
— No, a mi me gustan los hombres.
— Que gay. — volvió a reir. Seguí comiendo obligado el pastel, ya no entraba en mi pancita. — Oye, no sé si soy yo pero parece que Tom viene aquí. — levanté la cabeza con todos los nervios del mundo. Suspiré varias veces involuntariamente.
— Hola. — saludó de beso en mejilla con Mara y conmigo uno en la boca. Miré a mi compañera con los ojos bien abiertos y también a todos los estudiantes del patio que posiblemente vieron eso.
Joder.
Mi mirada chocó con la de Zadiel en la otra mesa, se hizo el desentendido.
Ya hablaré con él más tarde.
— ¿Podemos hablar? — me levanté de la mesa con mi comida para empezar a caminar por el patio junto a él. — ¿Estás enojado conmigo?
— No.
— ¿Entonces? — levanté y bajé los hombros. — Lo estás. — rió por lo bajo. Por el rumbo que tomamos me di cuenta de que íbamos hasta donde estaba a punto de golpearme ese día. Al llegar me senté en el césped, arrimé mi espalda en la pared y él hizo lo mismo a mi lado. — Hablame, es bonito oír tu voz y me alegra verte sonreir.
— Ya. — fruncí la boca en un intento de una sonrisa.
Él se rió.
— Ayer quería ir a verte a tu casa luego de que te fuiste pero me perdí, no encontraba la calle.
— ¿Para qué?
— Siendo sinceros me quedé sin palabras por lo que vi, luego investigué un poco y me…
— Tom, solo quiero saber si meterías tu pene ahí o no. — interrumpí con seriedad.
— ¿La verdad?
— La verdad. — exigí a punto de querer estallar por tanto misterio.
— Pues sí… — sonrió nervioso. Se rascó la nuca con recelo y sonrojado. Muy tierno. — Me dejaste duro ayer, tuve que recurrir a usar mi mano e imaginarte.
Relamí mis labios feliz.
— No sé si sea adecuado decirlo pero estoy tan encantado contigo que con solo verte yo… — agarró mi muñeca hasta hacer que mi mano toque entre sus pantalones. Con todo el atrevimiento del mundo tanteé su entrepierna dura. Volví a tener esa sensación en la mía. — …tengo una erección.
— Entonces tengamos sexo, Tom.
— Uy. — rió en medio de un suspiro. — ¿Así de directo?
— Sí. — apreté un poco más su entrepierna.
— A ver. — alejó mi mano de sus pantalones. — Te invito a salir esta noche a donde quieras, yo lo pago.
«Tenía iniciativa.»
— Genial, ¿a qué hora?
— Las siete, ¿te parece? — asentí. — Estaré llamandote para la dirección de tu casa e ir a sacarte de ahí con el permiso de tu mami.
Inmediatamente me alarmé.
Mamá no me dejaría salir luego de verle las fachas que tenía.
— No, mejor voy a tu casa a esa hora y salimos de ahí.
— Bueno… — nos levantamos del suelo, mirandonos en silencio. Tomé impulso para besarlo. Puso ambas manos en mi trasero y lo apretó. Sentí toda su dureza en mi parte íntima.
Definitivamente estoy feliz.
&
— Okay, Mara. Cualquier cosa por si llama mi mamá, ¿qué vas a decir?
— Que te quedaste dormido porque estabas cansado y que apenas te despiertes te diré que te comuniques con ella. — asentí feliz. Le di un abrazo y un beso en la mejilla. — Suerte, mi vida. — empecé mi caminata hasta la casa de Tom.
Me había llamado para decirme que ya se encontraba fuera de su casa esperándome para poder irnos.
Quería decirle que dejemos la salida para otro día y que vayamos al grano pero estaría arruinando su buen intento de conseguirme.
En el transcurso iba aplicando un poco de vacelina en mis labios resecos y revisando si mi maquillaje estaba bien o faltaba algo más.
— Me veo perfecto. — murmuré con una sonrisa ladina. Seguí caminando un poco más y llegué a su casa. Se levantó de la gradita para recibirme de un beso seguido de un abrazo.
Siento como si mi cuerpo se conectara con un tomacorriente y chispas empiezan a viajar desde mi cuerpo al suyo y viceversa. Mi cuerpo las recibe bien, como si le gustara el contacto con Tom y se debilita un poco. Dejo sus labios para mirarlo con una sonrisa tímida que esconde mis perversiones. Entrelazamos nuestras manos. Tomamos rumbo hacia la plaza central de la ciudad como un par de… enamorados.
Amo como la gente nos mira. Siento que puedo presumir y decir que Tom es mío de dientes afuera pero entre los dos sabemos que no existe nada más que una amistad a punto de llegar a algo más intimo en esta noche.
Me pregunto: ¿qué va a pasar después de que tengamos sexo?
— Hoy era la encendida de las luces navideñas pero creo que llegamos algo tardecito.
— No importa. — seguimos paseando, mirando las luces, adornos navideños.
Casi no se podía dar un paso porque la gente estaba amontonada y estaban empujando. Me encargué de jalar su mano hasta salir de la multitud. Dimos con varios puestos de comida e inmediatamente me crujió la panza.
— ¿Quieres comer algo, Bill?
— Sí. — miré todos los puestos de comida, había: pizza, hamburguesa, elote con queso, salchipapas, arroz relleno, tacos, manzanas acarameladas, donas, pinchos y muchas cosas más. — ¿Puedo pedir lo que quiera?
— Todo lo que se te antoje, bonito. — sonrojado por el sobrenombre bonito que me dió fui hasta la señora de la pizza. Pedí una personal de pepperoni. Él fue a comprar un pincho de carne y pollo, luego un elote en lo que salía mi pizza. — ¿Quieres probar?
— Ese elote. — lo guió hasta mi boca. Abrí lo que pude para dar un mordisco. Una explosión de mayonesa, queso y queso derretido amarillo invadió mi boca.
— ¿Te gustó? — asentí con la cabeza. Ahora me arrepentí de pedir pizza.
Joder.
— Quince euros. — Tom sostuvo en una sola mano su comida y la otra usó para sacar el dinero. La señora le dió el cambio y yo agarré mi pizza con la bebida. Caminamos hasta una banquita para sentarnos.
— Espera.
— ¿Qué? — con su servilleta extendió la mano para limpiar las comisuras de mis labios. Satisfecho sonrió y besó mi mejilla.
— Estabas manchado.
— Gracias. — seguí comiendo mi pizza en silencio. Su móvil comenzaba a sonar en el bolsillo, miró la pantalla y rechazó la misma con las cejas fruncidas. — ¿Todo bien?
— Hoy tenía que ir con unos amigos a las billas a jugar, les dije que no podía porque estaría ocupado pero siguen insistiendo. Son muy necios.
— Ah, okay…
— Sí. — seguimos en silencio hasta acabar de comer. Tom recogió la basura para ponerla en su lugar y nuevamente comenzamos a caminar. La gente estaba mermando, todo era gracias a las pequeñas gotas de lluvia que empezaban a caer de a poco hasta hacerse intensas.
Me abracé a mi mismo con frío mientras me regañaba por no haber traido un saco.
— Carajo. — me jaló la mano para refugiarnos bajo el techo de un restaurante. Estiró su buzo e hizo que me meta debajo de él para no pasar frío. Estabamos muy cerquita. — Estás helado.
— Un poquito, ¿te molesta?
— No me molesta darte calor. — besó mi frente con mucha dulzura. El corazón me empezaba a latir desesperado. — Si te incomoda te doy mi buzo y ya.
— No, está bien. — me apegué un poquito más a su cuerpo. Recosté mi cabeza en su hombro con los ojos cerrados.
— Cuidado con dormirte aquí, eh. El señor de allá… — miré al único señor que estaba ahí acostado y tapado con unos cartones en la entrada del restaurante.
— ¿Qué pasa con él?
— Roba niños guapos como tú.
Reí mientras me separaba de su hombro para verlo a los ojos. Tom reía de la misma forma.
Tiene un rostro muy hermoso, perfecto y coqueto.
Para no mirar y emocionarme más, como pude volteé para ver el parque mojado. Estaba apareciendo hasta un poco de neblina, en vez de mejorar, empeoraba.
— La lluvia no va a parar nunca.
— Mierda. — gruñí.
— Espera. — obligado tuve que salir de su interior abrigado a uno frío. Se sacó el buzo e hizo que me lo ponga. — A la cuenta de tres vamos a ir corriendo a mi casa, ¿sí?
— Per…
— ¡Tres! — y me jaló para salir corriendo.
Continúa…
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