
Notas de Analif: Sip, a empezar de nuevo con esta traducción; mi favorita del mundo mundial. Espero la disfruten ;D

PRÓLOGO
Débiles gemidos de placer resonaban en sus oídos. Luchó por abrir los ojos pero su visión estaba borrosa. El lateral de su cabeza que había recibido el golpe le punzaba con un dolor desconocido y se esforzó por levantar la mitad de su cuerpo del suelo, parpadeando hasta que pudo concentrarse.
Vio que las manos de los asaltantes estaban por todo el cuerpo de su amigo, sus labios besando su cuello y su desnudo pecho a través de su playera rasgada; sus alientos llenos de deseo. El dolor en su cuerpo lo mantenía impotente y sólo podía mirar la incomprensible escena desarrollándose frente a sus ojos. Una ola de náuseas lo abrumó. Saboreó amargura en su boca.
—Déjenlo ir —gruñó.
Uno de los asaltantes, un alto, pelinegro hombre, giró en su dirección haciendo un gesto después de descubrir que el de rastas había recuperado la conciencia. Lo miró fríamente.
—Nunca creí que te relacionarías con uno de ellos, —dijo el hombre pelinegro a su víctima mientras miraba la maltratada figura del rubio de rastas que había hablado antes —. ¿Qué le viste?, —gruñó, tomando la mandíbula de la aterrorizada víctima, forzando su rostro a mirarlo.
¿Qué? Gritó la mente del confundido chico rastudo. Eso era lo que la gente normalmente le preguntaba acerca de su amigo. Y esas miradas antipáticas que había visto incontables veces siempre se dirigían a su amigo, no a él. Quizá la lesión en su cabeza era peor de lo que creía y ahora mismo estaba alucinando; algún tipo de realidad distorsionada.
Se estremeció cuando vio a su atacante estampar sus labios con los de su víctima. No era que se sintiera asqueado por ver a dos hombres besándose, pero el que alguien quisiera besar a su amigo de desafortunada apariencia estaba fuera de su comprensión. Y los tres bastardos actuaban como si no pudieran tener suficiente de él.
—Bastardos enfermos, —dijo en voz alta. Logró empujarse hasta poder sentarse, recargándose contra la pared de concreto.
—Mírenlo, le da asco. —El hombre estalló en carcajadas. El chico de rastas frunció el ceño y la víctima comenzó a removerse en el agarre de los hombres, pero ellos rápidamente lo sometieron con más fuerza.
—Tranquilo, no vas a ir a ningún lado, —el pelinegro le dijo al chico cautivo—. Nos tomó mucho tiempo finalmente encontrarte, pequeño y tonto demonio, ¿pero de verdad pensaste que este, —miró al chico de arriba abajo—, disfraz funcionaría? —La boca del chico se apretó en una línea, sus ojos entrecerrándose—. Tal vez olvidaste que no solamente puedes ser captado por los ojos. —El hombre se inclinó sobre el tembloroso chico y lo olfateó, después exhaló sonoramente, liberando también un sonido de placer—. Todavía podemos olerte.
—Todavía podemos sentirte, —el hombre a su lado agregó. Tenía un rostro cuadrado, cabello castaño corto, y una barba mal rasurada. Cerró los ojos y sus manos tocaron el cabello de su víctima. Se veía como si estuviera deslizando sus dedos a través de mechones de cabello que no estaban ahí—. Se siente igual a cómo lo recordaba, —suspiró, abriendo los ojos.
—Y claro, todavía podemos escucharte, —el tercer atacante dijo. Este último era el de menor estatura, pero también se cernía sobre el joven. Tenía ondulado cabello del color de la tierra—. Uno nunca puede olvidar el sonido de tu voz una vez que la ha escuchado. Dinos, ¿has cantado alguna vez para tu humano amigo aquí presente? —Señaló al chico de rastas, cuyo rostro era de extrema confusión y desconcierto. ¿De qué diablos están hablando? ¿Han perdido la cordura? ¿Son fugitivos de algún hospital psiquiátrico?
—Obviamente no, —le respondió el tipo castaño a su colega—. No estaría haciendo ese gesto.
—Oh, pero pone esa cara porque piensa que su amigo es feo, —el tipo pelinegro, quien el de rastas identificaba como el líder, dijo. El líder miró al chico rodeado de ellos tres—. Tengo que admitirlo, de verdad te ves feo. ¿De dónde diablos sacaste el modelo? ¿De una ficha policial? —se burló el hombre. Y después besaba al chico de nuevo, suavemente, luego con pasión, forzando a sus labios a abrirse y empujando su lengua dentro de la boca del más joven. El chico gruñó en protesta, sus extremidades reviviendo y tratando de liberarse. Después de lo que pareció una eternidad para el joven, el líder lo liberó y ambos jadearon por la falta de aire.
—No sabes con quién te has juntado, —el líder miró al de rastas—, ¿o sí, Tom? —El estudiante abrió mucho los ojos cuando escuchó su nombre ser pronunciado por el extraño. ¿Cómo es que saben mi nombre? ¿Quién demonios son estos tipos? —¿Por qué no le muestras el verdadero tú? —le dijo el líder al chico atrapado. El feo joven comenzó a sacudir su cabeza negativamente, mientras trataba de reunir toda la fuerza que podía en vano.
—Oh, sí, por favor, —dijo el tipo castaño.
—No, —la víctima respondió con voz temblorosa. El líder posó un beso en la nariz del jovencito.
—Sé un buen chico y muéstrale a tu amigo. Es tu amigo, ¿no es cierto? Y los amigos no deben mentirse ente ellos, ¿verdad, Tom?
Tom no respondió, sólo miró el pálido rostro de su amigo. Creía que los hombres estaban locos, pero en lo más profundo de su mente dudaba de su propia resolución. Además del miedo, la expresión en el rostro de su amigo era claramente la de alguien que había sido atrapado con las manos en la masa, ¿pero de qué, exactamente? Sea lo que fuere, era obvio que los tres extraños atacantes lo sabían. ¿Qué es lo que le ocultaba su amigo? La referencia como ‘humano’ que los hombres habían hecho de su persona confundía sus pensamientos; la palabra ‘disfraz’ se le había impregnado distintivamente de todos los sin sentidos que los tipos habían dicho; y otra de las incongruentes cosas que no había fallado en notar durante todo ese violento ataque —aparte de la codicia por su nada atractivo amigo—era cómo trataban a la víctima. Lo tocaban como si temieran romperlo mientras que a él lo habían golpeado sin pensar. Y las caricias que le propiciaban eran casi piadosas. ¿Qué asaltante trataba a su víctima de esa manera?
—Sabemos que debe ser agotador mantener la ilusión por tanto tiempo, —dijo el líder calmando al chico en sus manos—. Debe ser casi doloroso ahora. ¿Entonces por qué no te das un descanso? Además, no hay necesidad de seguir con ello. Ya te atrapamos. —El chico seguía sin responder.
—Tan sólo quítale el maldito gietri y destrúyelo, —el hombre castaño habló con desesperación—. ¿Dónde está? —sus manos recorrieron el cuerpo del adolescente. El líder lo detuvo.
—No lo encontrarás en él, —dijo.
—¿Qué quieres decir? ¿Dónde está, entonces?
El líder miró lascivamente al chico. —Beso francés. —El joven lo miró frunciendo el ceño.
—¿Qué? —preguntó el castaño de nuevo.
—Tiene una perforación en la lengua, —explicó el líder—. Apuesto a que puso su gietri ahí.
—Muchacho inteligente, —dijo el tipo más bajo—. ¿Cómo vamos a destruirlo?
El líder se esforzó en poner un poco más de presión en la mandíbula del joven, quien la había apretado instantáneamente, y cuando la presión se volvió insoportable, cerró los ojos y gimió. El líder lo liberó inmediatamente. Los otros hombres maldijeron.
—Esperemos. De todos modos, no será capaz de mantenerlo por mucho tiempo. Sabe que podría matarlo, —dijo el tipo de cabello café.
—O —comenzó el líder—, podríamos intentar otra táctica. Escucha, amor, —se dirigió al joven, inclinándole amablemente la cabeza. El chico seguía evitando su mirada— si quitas tú mismo esta desagradable imagen dejaremos a tu amigo en paz… y vivo. —Con esa última palabra, el chico miró directamente a los ojos del líder y pudo notar ahí la veracidad de sus palabras. Miró después a Tom; vio los rastros de sangre seca en su rostro. Asintió, dándose por vencido—. Buen chico, —dijo el líder. Los otros tipos sonrieron triunfantes.
El chico cerró los ojos. El otro joven de rastas comenzó a levantarse lentamente, usando la pared como soporte, sus ojos nunca apartándose del rostro de su amigo. Lo vio, su amigo de apariencia tan desafortunada, de repente convertirse en miles de diminutos puntos multicolores que parpadeaban y gradualmente empalidecían. Era como un tipo de holograma disolviéndose de la piel que la ropa no cubría, revelando la verdadera identidad que escondía. Se frotó los ojos y volvió a mirar atentamente. Su boca se abrió, en shock. Bajo la falsa apariencia o lo que sea que fuera, de un poco agraciado joven, estaba una persona tan hermosa que robaba el aliento. Era alguien casi etéreo, como aquellos seres que se describían en los cuentos de hadas. La piel era suave y blanca, y el cabello que le caía hasta los hombros era negro como la noche. La verdadera forma de su amigo lo miró directamente, oscuros ojos brillando como dos piedras preciosas, y la expresión en su rostro era tan compungida que le dolió el corazón. Todo este tiempo, había estado con…
—Dios mío, —respiró por fin.
El líder se tocó el pecho en el lado del corazón. —Mi corazón se detuvo, —dijo—. Nunca me acostumbraré a tu angelical belleza. —Posó pequeños besos por todo el rostro de su amigo, quien rápidamente se alejó del toque, ojos cerrados y labios curvados con evidente repugnancia.
—Debemos irnos, —aconsejó el hombre castaño. —Todavía nos están buscando, y tenemos Trans-cuatro sobre nuestros talones. —Tom fue arrancado de su sorprendido estado. Se iban y se llevaban a su amigo.
—Sí, pero llegamos a él primero, ¿o no? —dijo el líder con aire de suficiencia. ¿Él? Los ojos de Tom lo engañaban. La primera impresión que tuvo de la nueva apariencia de su amigo fue que parecía una chica. Le dio otro vistazo a su cuerpo. El pecho plano era delgado y de apariencia delicada, pero carecía de pechos.
Un chico. Tom jadeó. El líder lo escuchó. —No te preocupes, mantendremos nuestra palabra, no te haremos daño, —dijo—. Oh, y no es necesario que mantengas el secreto, nadie te creerá. —Envolvió al hermoso chico entre sus brazos y los tres hombres comenzaron a alejarse. El atractivo joven peleaba contra el hombre que lo cargaba. El agarre del tipo cedió, permitiéndole al muchacho mirar sobre su hombro. Los ojos del joven rebosaban de lágrimas miraba la figura de Tom más atrás.
—¡Tom! —lo llamó, su voz rompiéndose, una mano levantándose como si lo fuera a alcanzar. La garganta de Tom se apretó en un nudo—. ¡Tom! —su amigo sollozó una última vez. El nombre lentamente se desvaneció en medio de la noche. Se había ido.
Continúa…
MizukyChan: Y así comienza el rescate, ¿dudas? Probablemente un montón, así que a seguir leyendo.
Que es Bill? No entiendo 🫠 he leído varias veces este y nada jaja ayuda
Es que al inicio es todo un misterio, sólo sigue leyendo y comprenderás la situación 😉