

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por Analif & MizukyChan
Capítulo 7
El aire en la habitación se había vuelto pesado. Sudor cubría completamente su cuerpo. Se mantuvo enfocado, moviendo las caderas a un ritmo constante, gimiendo mientras el placer inundaba poco a poco su entrepierna.
—Oh Dios, hmmm… Tom —Sus gritos de placer retumbaban en sus oídos, su cuerpo respondía temblando enviándole casi a la cima. Bajó el ritmo, quería durar más tiempo—. No, más rápido, más rápido —le imploró ella. No le hizo caso pero si empezó a penetrarla más a fondo, retrasando a propósito cada embestida para hacerla gritar cada vez que alcanzaba su parte más sensible.
—¡Tom! —gritó la chica sorprendida—. Eso es… si, si, sigue haciendo eso.
Continuó hasta que no pudo mantener más el paso. Sus jadeos aumentaron y sus músculos empezaron a doler; sus embestidas se volvieron erráticas. Salió para ponerla boca arriba. Ella lo hizo empujando sus caderas con anticipación, separando más las piernas para poder envolverlas sobre su cintura, sabiendo que él también estaba cerca, que ya no pararía hasta alcanzar el orgasmo.
Volvió a entrar y comenzó a empujar cada vez más rápido. Los ojos de la chica se pusieron en blanco mientras se ahogaba de placer. Tom gruñó mientras se corría, sus músculos se contraían en violentos espasmos. Ella gritó cuando alcanzó el clímax.
Tom la soltó y se dejó caer a su lado en la cama, su pecho subía y bajaba con fuerza.
—Dios, Tom —dijo Cindy mientras intentaba recuperar el aliento—. No creo haberte sentido tan brusco antes.
Tom se cubrió los ojos con un brazo. No le gustaba lo que eso implicaba. Sólo se ponía rudo en el sexo cuando quería descargarse por algo.
—No me estoy quejando —agregó Cindy—. Fue increíble —lo miró abatida. Tom se había ofrecido a llevarla a casa ese viernes después de la escuela. Habían hecho una parada rápida en su motel de siempre, a medio camino de la casa de Cindy. Ella había esperado que fuera una cita más sexo, pero no podía quejarse. Mientras Tom quisiera tener sexo con ella, Cindy aprovecharía esa oportunidad aunque no tuviera ningún compromiso a largo plazo.
Tom exhaló y se frotó los ojos. Se había esforzado para durar y ahora estaba completamente agotado. Estaba satisfecho, pero el furor del momento rápidamente se estaba acabando. Una vez que acabó, el remordimiento lo golpeó como un ladrillo y soltó un quejido. El remordimiento que lo acompañó todo el día desde su encuentro con Bill en el pasillo, junto a la máquina de bebidas, y que lo había golpeado a un más en la cara al final de clases cuando vio que había pasado con honores el examen de álgebra. ¿Por qué no podía simplemente olvidarlo?
Con un movimiento repentino, que asustó a Cindy, se levantó de la cama, se quitó el condón y comenzó a vestirse. Cindy suspiró, levantándose para vestirse también.
Tom dejó a Cindy en su casa y le dio un suave beso en los labios antes de partir.
Al conducir, luchaba por mantenerse adelante, por no pensar en nada mientras veía la carretera. Era inútil. No podía dejar de sentir esa molesta presión, justo en el centro de su pecho. Necesitaba hacer algo para remediarlo, necesitaba paz y sabía cómo conseguirla, sabía la respuesta. Maldición, Bill, maldijo, pisando los frenos. Se desvió de la ruta que lo llevaba a casa.
Un tono gracioso sonó de su teléfono. Lo sacó de su bolsillo y vio que era Georg.
—¿Si? —respondió.
—¿Dónde diablos estás? Estamos esperando aquí. ¿Sigues con ella?
—No.
—¿Entonces qué esperas para venir a tu casa?
—Estaré ahí, sólo tengo que hacer algo primero. Sigan sin mí en lo que llego.
—Apúrate, ¿sí? —dijo Georg.
—Sí, lo haré.
Tom dejó su auto en el estacionamiento cercano a la biblioteca. Aún era temprano, pero la biblioteca estaba repleta de personas yendo y viniendo, casi como un centro comercial. Se dirigió a la sección de estudio de Bill. Estaba llena, con ningún espacio vacío en alguna de las mesas. Bill no estaba ahí. Tom fue al auditorio. Estaba completamente oscuro y vacío. Caminó por la biblioteca, buscando en áreas desconocidas pero no lo encontró. ¿Será que solo viene de noche?
—Oh mi Dios, ewww. No, prefiero esperar a que se vaya —Tom se giró a la estudiante que caminaba a su lado.
—Uh, disculpa, no pude evitar escucharte. ¿De quién hablabas?
—Oh perdón, creo que hablé en voz alta. Me refería al chico que está allá atrás en el backstage de audiovisual —respondió la chica, señalando algo tras ella—. ¿Por qué? ¿Lo conoces?
—Sí, creo, si es de quien estamos hablando. ¿Es feo?
—Bueno sí, muy desafortunado en cómo se ve —dijo la chica en tono neutro.
—Es él —dijo Tom sonriendo.
—¿Qué es él de ti?
—Un amigo.
—No sabía que tuviera amigos —dijo la chica—. Mucho menos amigos guapos —Tom le sonrió—. Ustedes sí que son opuestos. No quiero ser grosera ni nada, pero ¿no te preocupa que te haga ver mal juntarte con él?
—Sabes, nunca lo había pensado —dijo Tom, fingiendo interés, pensando que ella era una idiota—, porque eso me importa una mierda —agregó—. Y sólo para que lo sepas, verte mal no sólo aplica a con quién te juntas. A veces sólo necesitas hablar.
La chica se ruborizó avergonzada.
—Gracias por tu ayuda —dijo antes de dirigirse al área de audiovisual.
El lugar lucía como una tienda de discos, pero con filas de computadoras cerca de los estantes. Su atención se desvió a un letrero colorido estilo Hollywood que decía “Backstage”. Tom se asomó por los ventanales del lugar y vio que era pequeño, con una sola mesa con cuatro sillas en el centro y un par de sofás reclinables más atrás. Los estantes que rodeaban la habitación estaban llenos de discos y DVDs de reciente lanzamiento. Había una televisión de alta definición colgando del techo que proyectaba una película de acción de Vin Diesel y un par de audífonos estaban acomodados en la pared. A pesar de que apenas había encontrado su existencia, a Tom le gustó el lugar. Era la mejor área de la biblioteca, por mucho. Un letrero en la entrada indicaba que costaba cinco dólares pasar; el cupo era limitado a cuatro o cinco personas y se restringía el uso a dos horas por estudiante.
Tom pagó la cuota y pasó por la puerta, pero se quedó parado ahí, hipnotizado. Veía el perfil del solitario chico sentado en la mesa con unos audífonos sobre sus oídos mientras tomaba notas, comiendo lentamente botanas que había infiltrado en su mochila.
Bill se congeló, el dulce en su mano se detuvo a medio camino a su boca. Tom se tensó. ¿Sabe que estoy aquí? No había terminado de pensar eso cuando Bill se giró y sus ojos se abrieron a más no poder cuando vio a Tom. Cerró su cuaderno y se quitó los audífonos. El estómago de Tom se apretó. Entró por completo a la habitación y avanzó con pasos cortos. Su corazón se aceleró y sus manos comenzaron a sudar. ¿Por qué? No lo entiendo. Se molestó al percibir las reacciones de su cuerpo, pesando que era algo fuera de este mundo; su corazón parecía tener una mente aparte.
Jaló la silla al lado de Bill y se sentó. Bill no le había quitado la mirada de encima. Tom mantuvo los ojos al frente, incapaz de verle, incapaz de formar palabras. Bill apartó la mirada, pero tampoco emitió una sola palabra.
Se mantuvieron en silencio, uno al lado del otro, nerviosos. Tom no estaba seguro cómo, pero a través de palabras no dichas sabía lo que Bill quería decir. Creo que me estoy perdiendo a mí mismo. No sé por qué diablos me siento así cuando estoy contigo. Cerró los ojos, disfrutando el místico sentimiento de tranquilidad que lo invadía cuando estaba con Bill. Me está volviendo loco. Sé que no me atraes, aunque mi corazón diga lo contrario, pero eso no explica por qué quiero estar cerca de ti. ¿Por qué, Bill? Tom le miró, pero ahora Bill era quien no podía verle. Jugaba con el dulce entre sus dedos.
—Siento la forma en que te traté —dijo Tom finalmente, rompiendo el silencio.
—Yo fui el que no debió avergonzarte frente a tus amigos —dijo Bill.
—No —gimió Tom—. Tú no me avergonzaste… No fue eso —Hubo un momento de incómodo silencio.
—Me alegra que estés aquí —sonrió Bill—. Temí que ya no quisieras volver a verme.
Tom intentó sonreír, pero su consciencia se lo impedía. Antes de haber sido llamado a la oficina del director, había ido al departamento de becas para pedir un cambio de trabajo. No sabría si su solicitud sería aceptada hasta el lunes por la mañana, pero incluso si lo era, ahora tendría que explicarles su cambio de parecer y esperar que no se molestaran.
—¿Quieres? —Bill le ofreció su bolsa de dulces de colores. Tom se iluminó. Skittles. Le encantaban.
—Gracias —Tomó un par de dulces rojos—. ¿Qué estás escuchando? —señaló los audífonos.
—Oh. Green Day.
—¿Te gusta Green Day? —Bill asintió—. ¿Qué más te gusta?
—También me gusta Coldplay, David Bowie. Personalmente amo a Nena.
—¿Nena? ¿La de los… “Globos Rojos”?
—Sip.
—Okaaaaay —se burló Tom. Bill entrecerró los ojos.
—¿Oh? ¿Y tú qué escuchas?
Tom encontró curioso cómo Bill agitaba la bolsa de Skittles, igual que él había hecho, intentando encontrar un color en particular. Después de tomar sus dulces, Bill le extendió la bolsa y Tom la agitó hasta encontrar los rojos.
—Escucho una gran variedad, pero hip-hop principalmente —respondió Tom orgulloso, metiendo los Skittles a su boca y masticando—. Amo a Samy Deluxe —agregó.
—Ah. Eso explica la ropa… y el cabello.
—Claro que no. Este ha sido mi estilo desde que era un niño.
—Okaaaaay —Bill copió su tono burlón.
—¡Hablo en serio! —Protestó Tom—. La gente encuentra gracioso que toque rock a pesar de mi aspecto. Toco en una banda, por cierto.
—Sí, lo sé.
Tom levantó las cejas, sorprendido. —¿En serio?
Bill bajó la cabeza tímidamente. —Sí, bueno, es que eres algo famoso en la escuela.
Tom se tragó un par de Skittles apenas masticados, sintiéndolos raspar su garganta mientras pasaban. En definitiva, le gusto. Apuesto a que investigó sobre mí. A pesar de que no era la primera vez que alguien del mismo sexo gustaba de Tom, era la primera vez que se sentía incómodo en lugar de indiferente por saberlo.
—Creo que es maravilloso que puedas crear música —continuó Bill, recargando la cabeza en una mano—. Yo siempre he sentido que la música forma parte de mi vida, aunque nunca he tenido clases y tampoco toco algún instrumento. Pero a veces, cuando quiero expresar mis sentimientos, los escribo. Creo que podrían ser canciones.
—¿Escribes canciones?
—Bueno, no realmente. Sólo son ideas al azar, sueños, percepciones. Me gusta como suenan cuando las escribo.
—¿Tienes algo que puedas mostrarme? —preguntó Tom, honestamente interesado.
—Oh… um… —Bill miró su cuaderno y después apartó la mirada, nervioso.
¿No me digas que escribió algo acerca de mí? Tom observó el cuaderno. La curiosidad ganó a la prudencia y tomó el objeto de manos de Bill, pero se distrajo cuando su celular sonó. Bill le arrebató el cuaderno.
—¿Si? —respondió Tom, mirando cómo Bill guardaba el cuaderno en su mochila.
Maldición.
—¿Dónde estás? ¿Ya se te olvidó? ¡El concierto es mañana! —El regaño de Georg era muy ruidoso. Tom se estremeció.
—Ya estoy en camino —Tom le colgó antes de que Georg protestara. La verdad si se le había olvidado.
—Imagino que tienes que ir a ¿practicar? —asumió Bill después de escuchar la conversación.
—Sí, er… vamos a tocar mañana en la noche, en el gimnasio.
—¡Vaya, genial! —dijo Bill.
—Así que si asistes, supongo que te veré ahí —sonrió Tom, levantándose de su asiento.
—Uh, si, supongo —dijo Bill, pero sus ojos apartaron la mirada. Tom frunció el ceño.
—Irás, ¿verdad? —remarcó al ver la dudosa respuesta de Bill.
—No… no lo sé —admitió Bill. Tom podía ver que estaba nervioso, a pesar de que su voz no lo daba a notar. Había aprendido que las manos de Bill jugueteaban con cualquier cosa que tuviera a su alcance cuando se ponía nervioso. Justo ahora jugaba con los hijos sueltos de sus mangas.
—¿A qué te refieres con que no sabes?
—Bueno es que no me gustan los lugares llenos de gente, ¿sabes? —Bill se encogió de hombros.
—¿No irás a verme tocar? —Tom se sorprendió al escucharse a sí mismo. Había hablado más fuerte de lo que pretendía. Y aún peor, era obvio que se sentía rechazado ante la idea de que Bill no fuera a verle. ¿Acaso los sentimientos que tenía Bill por él eran tan débiles?
—Créeme, me encantaría ir a verte —dijo Bill—. Sólo que no lo creo conveniente.
—¿No es conveniente? ¿Para quién? —Cuando Bill cerró los ojos culpable, Tom se sintió estúpido. Estaba actuando como una esposa con reproches.
—Normalmente no salgo —intentó explicar Bill—. Es muy arriesgado.
—¿Arriesgado?
—Uh… si… porque no puedo alejarme de los problemas. Soy un imán para los bullies* —Eso era cierto, pero Tom sabía que ahora mismo era una excusa. ¿Por qué está mintiendo?
—Puedo arreglar un asiento cerca del escenario, lejos de la multitud.
—Gracias, pero no me gustaría molestarte.
—No es molestia.
Bill suspiró. —Eres muy amable, Tom, pero… Es sólo que…
—De acuerdo, entiendo —interrumpió Tom—. Pero me hubiera gustado que nos vieras tocar.
—A mí también, créeme.
—Bueno pues, te veré luego.
—Adiós Tom. Buena suerte en tu concierto.
Tom le dio un último vistazo antes de irse. No podía entender por qué Bill le había rechazado, por qué no podía ir. Suponía que tenía sus razones, además de esa mierda de “muy arriesgado”. Sea lo que fuere era más grande que su voluntad para ir a verle tocar. De verdad no debería molestarse, tal vez era mejor que Bill no fuera. Si a Bill le gustaba Tom, Tom no debería darle esperanzas, porque al final sólo lo desilusionaría, reflexionó, pero al mismo tiempo estaba intentando ignorar con todas sus fuerzas ese jaloncito en su pecho que le decía que no era Bill quien terminaría desilusionado.
Continúa…
Nota: la palabra bullies, se refiere a los abusivos, a los que hacen bullying.
No se vayan sin comentar. Gracias por la visita.
Aww me da penita Bill que no puede ir a ver a su Tomatito 😢
Y Tom me da risa jajaja quiere pero no quiere pero le da tristeza que Bill no lo vaya a ver y que su admiración no fuera tan fuerte como para vencer su miedo a los bullies 🤦🏻♀️