Hola, gente bella, otro emocionante capítulo de Nexus para ustedes. Este lo traduje yo, MizukyChan, y fue beteado por DirtyMind, así que no olviden comentar al final. Besos. El hermoso arte nuevo es de Matt 😉

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por Analif & MizukyChan

Capítulo 30

Era fascinante ser testigo de todas y cada una de las emociones expresadas en el hermoso rostro de Bill y en las formas infinitas en las que podía ver sus pensamientos en sus gestos, pero Tom nunca se imaginó lo mucho que su belleza aumentaba cuando se enojaba.

—No lo lastimen —dijo Bill, no, les dio una orden, aunque estaba consciente que estos hombres ya no eran sus guardaespaldas, ni estaban bajo su autoridad.

—Tú vienes con nosotros y te prometemos que no lo lastimaremos —contestó el líder.

Tom se retorció y gruñó, negando con la cabeza. ¡No! No lo hagas, Bill. ¡No lo hagas!

—¿Lo dejarán ir? —Preguntó Bill.

—Por supuesto —dijo el líder—. Es a ti a quien queremos, amor.

El rostro de Bill volvió a cambiar y Tom comenzó a patear violentamente contra el hombre que lo sostenía, cuando reconoció la expresión de rendición. Bill comenzó a dirigirse hacia el enemigo. Tom gruñó y luchó con cada fibra de su ser, de modo que los otros dos hombres tuvieron que ayudar al de cabello negro a sostenerlo.

Cuando Bill estuvo a un brazo de distancia, el líder lo agarró por su delgada cintura y lo tiró contra él. Presionó su cara y labios contra el cuello de Bill, haciendo sonidos al olerlo.

—Mhm, como te extrañé —murmuró—. Imagina nuestro deleite cuando veíamos las noticias y notamos una cara muy familiar entre los transeúntes. —Tom hizo una mueca después de escuchar eso—. No fue un movimiento muy brillante viniendo de ti, amor. Tú te las arreglar para resaltar entre la multitud, incluso a distancia.

—¡Deja ir a mi hermano! —Dijo Bill irritado.

—Lo haremos —dijo el hombre—. Lo soltaremos… en las instalaciones. ¿Sabes? No podíamos estar más contentos de saber que tenías un gemelo. Y ellos estarán igual de felices de tenerlo, ya que servirá a sus propósitos igual de bien y nosotros podremos tenerte a ti sólo para nosotros.

—¡No! —Bill comenzó a luchar, obviamente enojado por haber sido engañado—. ¡Ayúdenme! —gritó. El líder rápidamente cubrió su boca.

—No —le advirtió—. O romperé mi promesa de no lastimarlo.

Bill se le quedó mirando. El hombre soltó su boca y Bill no gritó. Se volvió para mirar a Tom y su rostro estaba completamente angustiado, sus ojos llorosos. Y aunque era hermoso, fue una expresión que Tom odió ver—. Lo siento, Tom —dijo Bill—. Lo siento.

Tom sintió el dolor en su pecho, una respuesta fantasma al sufrimiento de su hermano y que lo llevó a las lágrimas; lágrimas que no venían de un dolor físico. No fue lo que Bill dijo, sino el significado detrás de las palabras. Bill no sentía haber sido capturado; él lamentaba todo, todo desde el principio. Sus palabras estaban llenas de arrepentimiento. Tom negó con la cabeza, porque él no estaba de acuerdo. Él no lamentaba para nada haberlo conocido, para nada que Bill lo buscara, incluso si también lo había puesto en peligro.

El hombre colorín sacó su teléfono.

—Espera —dijo el líder.

—Pero lo tenemos, ellos están esperando nuestra llamada.

—Entonces, los llamas después —respondió el líder—. Estoy cansado de esperar, cansado de todas las malditas interrupciones. Voy a hacer esto ahora.

—¿Qué? ¿Aquí? —Preguntó el hombre de pelo ondulado.

—¿Estás loco? —Preguntó el hombre colorín.

—Tal vez lo estoy. Pero ustedes dos no están lejos de estarlo, de lo contrario tampoco estarían aquí. Tendrán su turno después de que termine. —El líder arrastró a Bill a la habitación más cercana—. Tú —hizo una seña—, ve y asegúrate que nadie venga aquí abajo. —El colorín asintió y dejó a sus camaradas. El de pelo ondulado empujó a Tom en la habitación y le amordazó la boca, luego lo ató a una silla e hizo guardia junto a la puerta.

El líder empujó a Bill sobre la mesa de reuniones. ¡Oh, Dios! Jadeó Tom. Luchó para liberarse de las ataduras.

—No dejes que Tom vea. Por favor, no dejes que Tom vea —fue lo único que Bill pidió. El líder giró hacia su compañero y le hizo un gesto con la cabeza. El hombre de pelo ondulado simplemente giró la silla de Tom contra la pared. Tom escuchó que Bill resoplaba—. ¡No! Sácalo de aquí —suplicó.

—Tú siempre pides demasiado —respondió el líder.

Tom cerró los ojos, atormentado con los sonidos distintivos que inundaban sus oídos, todos representando el mismo acto. No sabía qué era peor, en efecto verlo, o dejar que su mente corriera salvaje con imágenes no deseadas.  

Comenzó con el movimiento de ropas, de como su indefenso hermano era desvestido, luego los gruñidos y la respiración agitada por resistirse, alternada con choques de labios en indiscutibles besos. Cuando se escuchó el desabrochar del cierre, se volvió loco y el tono en voz baja de palabras que lo apuñalaron cruelmente.

—Sabes que esperaba ver esto, pero aun así es desconcertante —admitió el líder—. Eres tan indiferente, Princesa, que aplastas mi ego. No puedo soportar eso, ¿sabes?

Tom apretó los ojos de dolor cuando los gimoteos de Bill comenzaron a mezclarse con gemidos involuntarios de gratificación. Su respiración se volvió entrecortada con la inmensa furia y la lucha inútil con sus ataduras. Se quedó congelado cuando oyó el primer sollozo. No llores. No llores.

—Tranquilo, amor. Sólo relájate y déjate llevar. No tiene que ser una mala experiencia —dijo el líder. Los sollozos de Bill se intensificaron y el dolor que tiñó su voz terminó de matar a Tom.

—No —sollozó—. Ah… Ugh… ¡Ah! ¡Para!

—Deja de moverte o te dolerá más.

Tom gruñó en lo profundo de su garganta. ¡Maldito seas, Andreas! ¿Por qué nos dejaste ir? Presionó su dedo repetidas veces en el sensor de su reloj.

Un ruido agudo emergió de los pantalones del hombre de pelo ondulado. Los inquietantes sonidos a espaldas de Tom se silenciaron. El hombre de pelo ondulado sacó su celular del cinturón y contestó.

—¿Qué? —Jadeó. Volteó hacia el hombre pelinegro—. Mierda, están aquí —dijo—. Supongo que no fuimos los únicos que lo vimos en la tele —El líder maldijo—. Tenemos que movernos.

El hombre desató a Tom de la silla, mientras que el líder ayudó a vestir rápidamente a Bill. Esposó las manos de Bill detrás de su espalda. Los hombres desenfundaron sus armas y tiraron de los gemelos hacia el corredor, arrastrándolos hacia el elevador de servicio.

—¿Crees que sepan que estamos aquí? —Preguntó el hombre de pelo ondulado.

—No importa —respondió el líder—, mientras sepan que los tenemos, no intentarán nada que arriesgue sus vidas. —Miró a Bill. El chico miraba hacia abajo, evitando los ojos de Tom, tratando de ocultar la cara tras su pelo, con clara vergüenza y culpa. El líder sujetó la barbilla de Bill y lo giró hacia su rostro—. No te librarás de mí tan fácilmente esta vez —dijo—. Te tomaré aquí mismo si tengo que hacerlo. —Besó a Bill en la boca, sosteniendo su cabeza cuando Bill quiso retroceder. Las manos de Tom se volvieron puños, pero sólo podía desear poder usarlas. Bill lanzó su bota contra la espinilla del hombre. El líder gritó de dolor, rompiendo el beso. Hizo una mueca a Bill. La bofetada resonó en todo el elevador. El cuello de Bill giró, su cabello negro cubrió como cortina la mejilla lastimada. El líder abrazó a Bill, arrepintiéndose instantáneamente.

—¿Ves lo que me haces hacer? —Dijo—. Deberías evitar enojarme. —Besó la mejilla que su mano había golpeado—. Ya no estás en la base, amor. Ahora haces lo que nosotros decimos —le advirtió.

El elevador se detuvo en uno de los niveles de estacionamientos y los hombres sacaron a Tom primero, poniendo un arma en su cabeza. El hombre de cabello ondulado apuntaba el arma hacia arriba, receloso de cualquier sonido o movimiento mientras avanzaban entre los vehículos. Un auto rechinó en la esquina, se dirigía directamente a ellos y se detuvo justo a sus pies. Los hombres abrieron las puertas, empujando a los gemelos dentro, y entraron en el auto. El hombre pelirrojo pisó el acelerador en el momento que dejaron el hotel y llegaron a la calle.

El coche hizo giros rápidos en las calles, adelantando autos y pasando luces rojas. Se habían alejado del hotel y bajaron la velocidad, casi seguros de que habían huido limpiamente, pero se dieron cuenta que su idea había sido demasiado presuntuosa cuando escucharon una aceleración y chirridos de neumáticos viniendo desde atrás. El conductor hizo una mueca cuando miró por el espejo retrovisor.

—¿Qué demo…? ¿Pueden rastrearnos?

—¡No a nosotros, idiota! ¿Dónde está tu dispositivo de rastreo, Princesa? —Rugió el líder. Tom se inclinó sobre sus manos esposadas, contra el respaldo del asiento para ocultar su reloj.

El líder inspeccionó el colgante de Bill, sus brazaletes y luego sujetó su mandíbula—. Abre la boca. —Bill obedeció, sacando su lengua con el piercing—. Este no es el gietri —el líder arrugó el ceño, mirando la nueva bolita que tenía Bill como piercing, pero igual la desenroscó y se la quitó. Cuando el auto frenó sorpresivamente, hizo que todos se empujaran hacia adelante en sus asientos.   

—¡Mierda! —Maldijo el hombre pelirrojo. Tom gruñó, parpadeando. Vio a otro vehículo que se había cruzado justo frente al de ellos, bloqueando su camino. Rápidamente se movió para retroceder en el asiento y ocultar sus manos, pero fue demasiado tarde.

—Tú, pequeño hijo de puta —rugió el líder. Se lanzó contra el asiento trasero y agarró el reloj de Tom. Tom intentó alejar sus manos. El hombre pelirrojo puso el auto en reversa y tomó otra ruta. Tom luchó con el líder y Bill lo pateó, en un intento de que soltara a su hermano. El hombre pelirrojo continuó haciendo movimientos evasivos, mientras que el de pelo ondulado sacó el arma fuera del coche y comenzó a disparar a sus persecutores. La lucha se detuvo cuando el chofer pisó los frenos y el coche empezó a derrapar fuera de control, deteniéndose abruptamente cuando golpearon la barrera de contención de la autopista. El líder sacó su arma y la deslizó, apuntando a Tom—. Sal.

—No —dijo Bill—. Por favor.

—Hazlo —dijo el líder. Tom se las arregló para abrir la puerta y salió del auto. Los hombres instantáneamente bajaron sus armas y detuvieron su avance. El hombre pelirrojo salió del auto y secuestró el coche de un civil que pasaba. El civil nunca protestó, en lugar de eso, huyó de la escena apenas vio las armas. El líder sacó a Bill del auto y le apuntó en la espalda, guiándolo hacia el otro coche. Bill ya no escondía la cara; sus ojos estaban fijos en Tom. A Tom le dolía la cabeza, pero obligó a su vista a no perder el enfoque, mientras observaba a Bill. Asintió, comprendiendo. Los gemelos se tiraron al suelo al mismo tiempo y la balacera comenzó de inmediato. Los tres secuestradores, bajaron las cabezas, sorprendidos. Se apresuraron a refugiarse dentro del vehículo robado. El auto se alejó, fuera del alcance de las balas.

Los agentes corrieron hacia los gemelos y los ayudaron a ponerse de pie—. Eso fue pensar rápido —dijo uno de ellos. Quitó las esposas de los gemelos y la mordaza de Tom, luego los guió hasta el auto—. Tenemos órdenes de llevarlos a los dos de vuelta.

—Dejamos nuestras cosas en el hotel —mencionó Bill—. Tenemos que recuperarlas.

—Estoy seguro que no hay prisa —respondió uno de los agentes.

—Sí, la hay. Ahí están mis cosas, las más personales y mis pertenencias irremplazables —Bill bufó con sarcasmo. El agente tragó pesado al entender que Bill hablaba de los aparatos alienígenas. Si el agente se preocupó, Tom sabía que no era por lo que los humanos pudieran hacer si terminaban con esos aparatos, sino más bien, qué tendrían que hacer ellos si dichos humanos llegaban a tocarlos.

Volvieron al hotel y uno de los agentes retiró el bolso de Bill, además de la mochila de Tom y la guitarra, pero Bill mencionó que él cargaría su propio bolso, antes de que pudieran ponerlo en el maletero. Cuando el agente miró a Bill con un ceño dudoso, Bill achinó los ojos, indignado. Señaló su cara, cubierta de trazos de delineador corrido. El agente rápidamente, le entregó su bolso.

Durante el viaje, Bill se mantuvo ocupado arreglando su maquillaje, pero cuando el auto casi llegaba a las afueras de la ciudad, comenzó a buscar dentro del bolso, en silencio, pero sin dejar de mirar en el espejo. Tom arrugó el ceño cuando vio que Bill sacó un diamante con forma de piedra de ónice. Bill llevó la piedra a su frente y ésta se transformó, sacando unas cuerdas largas y delgadas a sus lados, formando una tiara que abrazó su cabeza. El conductor lo notó por el espejo retrovisor y apretó los frenos. Los dos agentes se volvieron, tratando de detener a Bill. El pelinegro los miró a los ojos y Tom jadeó cuando vio que los ojos de los dos agentes rodaron hacia atrás, dejándolos blancos. Se deslizaron en sus asientos con los ojos cerrados y la boca abierta.

—¿Qué les hiciste? —Preguntó Tom. Bill rápidamente se quitó la tiara y arrojó la piedra de vuelta a su bolso. Su respiración estaba entrecortada y se tocó el pecho, tratando de recuperar el aliento—. ¿Bill? —Preguntó Tom, preocupado.

—Estoy bien, es que esto consume mucha de mi energía. Nunca la había usado con dos personas al mismo tiempo. Recuérdame nunca volver a hacerlo. Ayúdame a sacarlos. —Los gemelos movieron a los agentes dormidos y los dejaron detrás de una pasarela de la autopista. Volvieron al auto y Tom condujo para alejarlos.

—¿Qué era esa cosa?

—Nosotros sólo la llamamos “la corona” —respondió Bill—. El que la porta puede hacer que otros cumplan sus mandatos, como un monarca. Yo les ordené dormir.

—En serio, eso se vio más bien como que cayeran muertos o algo así —dijo Tom. Miró a Bill, pero el chico seguía evitando su mirada. Tom detuvo el coche, se llenó de ira al recordar por qué estaban ahora en un auto robado—. ¿Por qué, Bill? ¿Por qué hiciste eso? Iban a llevarnos de vuelta a la base.

—No vamos a volver —dijo Bill.

—Vamos a volver. Tú viste que el enemigo escapó. Todavía estás en peligro. No puedo permitir que esto vuelva a pasar. —Tom encendió el auto y dio la vuelta.

—¡No! —Exclamó Bill—. Tomi, por favor.

—Lo siento. No puedo. No puedo dejar de pensar que no pude hacer nada. No pude hacer nada para detenerlo. Quería matarme a mí mismo por sacarte fuera de la base.

—Yo también quería salir de la base. Fue mi culpa —dijo Bill—. Además, él no pudo hacerlo —agregó, como si eso fuera hacer que Tom se sintiera mejor—. Él sólo… me tocó.

—¡Escuché todo, Bill! —Tom estaba furioso—. Todo. ¡Y me volvió loco! —Bill bajó la mirada—. Vamos a volver y eso es todo. —Hubo un minuto de silencio mientras Tom conducía de regreso a la ciudad. Tom gimió. La ira se desvaneció al instante cuando sintió el dolor en su pecho—. Por favor, Bill, no.

—¡No quiero volver! Quiero conocer a mi mamá —Bill sollozó. Nuevas marcas de maquillaje corrido se formaron cuando las lágrimas dejaron sus ojos. Tom no sabía qué más decir, pero no podía oponerse. Ahora se sentía un poco más empático con Andreas, por rendirse a los caprichos imprudentes de Bill—. Si nos rendimos ahora, nunca más tendremos la oportunidad de vivir como una familia. —Bill esnifó.

Tom suspiró. Detuvo el auto y oprimió el botón de su teléfono. Un segundo después, su celular sonó. Tom lo sacó de su bolsillo—. Necesito tu ayuda —dijo Tom—. Sí, estamos bien. Gracias por alertarlos. No, no están con nosotros. Nosotros, uhm… los dejamos. —Tom gruñó cuando empezó el regaño. Andreas estaba furioso, incluso mucho más que Tom porque habían dejado la base, pero más por el hecho de que habían dejado a los agentes que los llevarían de regreso a la base—. Yo sí quería volver —dijo Tom, tratando de calmar a Andreas, pero el rubio seguía discutiendo—. Andreas… espera… escúchame… cállate, ¿quieres? —Tom resopló porque Andreas no paraba. Movió el micrófono del celular cerca de Bill para que el rubio pudiera escuchar sus sollozos y sus sonidos. Volvió a poner el teléfono en su oído y sonrió ante el silencio—. ¿Ahora tengo tu atención?

—Sí —respondió Andreas.

—Quiere conocer a nuestra madre —dijo Tom—. ¿Hay alguna forma en que podamos contactarla, sin que nadie más sepa?

—No es posible —respondió Andreas—. Es un hecho que todo está pinchado y que hay micrófonos ocultos. Eso la pondría en riesgo a ella también.

—Pero tiene que haber una forma para poder verla, ¿verdad?

—Tendrían una mejor oportunidad en un lugar concurrido —sugirió Andreas.

—¿Qué quieres decir?

—“Los activos” son todos operativos de presupuestos encubiertos. Los suyos y los nuestros. No se van a atrever a llamar demasiado la atención o arriesgarse a ser expuestos. —Un lugar lleno de gente. Tom revisó la hora en su reloj, eran casi las 7 PM.

—¿Cómo puedo decirle a ella dónde encontrarnos, sin que ellos nos rastreen?

—No puedes —contestó Andreas—, pero yo podría —ofreció.

—Excelente. Dile a mi madre que vaya al campo de futbol de la escuela, esta noche.

—Afirmativo. Pero es muy posible que la sigan —advirtió Andreas—, así que por favor, sean cuidadosos.

—No tienes que decirlo dos veces —Tom resopló. Después de lo que había pasado, esta vez sería mortalmente cuidadoso.

—Si me necesitas, estoy aquí —dijo Andreas.

—Gracias otra vez, Andreas. Te debo una.

Tom colgó y giró hacia su gemelo—. Tienes razón, Bill. Tienes razón y lo siento. Estaba asustado. Todo lo que estaba pensando era que no podía soportar perderte. Quiero que estemos juntos, siempre. Pero tiene que ser de la forma correcta. Sin importar lo que pase, Bill, te prometo que no voy a rendirme. No voy a renunciar a tu libertad.

—Tom —Bill suspiró. Los gemelos se abrazaron como si no lo hubieran hecho en años. Bill se limpió las lágrimas y Tom volvió a encender el auto.

—Y te prometo, que no importa lo que pase, vas a ver a nuestra madre.

&    Continuará   &

OMG, qué emocionante, ¿no creen? ¿Creen que el plan de Tom resulte y puedan ver a su mamá? Y si logran verla, ¿creen que ella crea que Bill es su hijo, aquel al que dieron por muerto?

por Mizuky

Traductora del fandom

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