
Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por Analif & MizukyChan
Capítulo 29 (Parte 2)
Tom caminó por la habitación, buscando algo que pudiera servirle como lubricante, maldiciendo por no haber pensado en eso antes. Se golpeaba la cabeza, tratando de que se le ocurriera algo, cuando notó la maleta de Bill. Corrió a abrirla, sacando varios agentes prometedores de su neceser. ¿Vaselina? No, muy espeso. ¿Loción corporal? No, podría irritar. ¿Gel para pelo? No, muy pegajoso. ¿Desmaquillante de ojos? Hmm, quizás este pueda funcionar. ¡Demonios, está casi vacío! Oh, Dios, ¿qué podré usar?
—La puerta del baño se abrió y Tom arrojó todo de vuelta al neceser. Corrió hacia la cama e hizo como si estuviera viendo televisión. Bill salió del baño y miró a Tom. Tom lo miró de regreso, sin saber qué decir o hacer. Bill pasó a lado de Tom, directo al teléfono.
—Esa orden que acabo de hacer, sí, aún no la traigan. Los llamaré de vuelta. —Colgó y volteó a ver a Tom. Los latidos del corazón de Tom incrementaron cuando Bill empezó a bajar la cremallera de su mono-traje. Bill se inclinó y besó a Tom y Tom lo ayudó a despojarse de su uniforme hasta que estuvo completamente desnudo. Tom se quitó los tenis, la camiseta y se libró de sus pantalones y bóxer con rapidez. Se acostó sobre Bill en la cama.
—Yo… nunca lo he… —dijo Bill con timidez. Tom sonrió.
—Yo tampoco —respondió el mayor. Bill achinó los ojos.
—¿Quieres decir con un chico?
—Y estando enamorado —añadió Tom. Bill sonrió, relajándose con la declaración de Tom. Tom se acomodó sobre Bill, observando su hermoso rostro, y no podía creer su suerte, no podía creer que había sido bendecido con este regalo. Bill ya era parte de él, parte de su alma, pero nada se sentía más perfecto que volverse uno con él.
—Se besaron por un momento, acariciándose y tocándose. Tom acariciaba el pene de Bill, y tentaba la línea de su trasero con la otra mano, decidido a usar su propia saliva como lubricante. Tom sintió a Bill relajarse y dejarse llevar por su insistencia, pero cuando insertó el primer dedo, Bill instintivamente sintió pánico con la penetración. El ardor dentro de Bill hizo que la cabeza de Tom diera vueltas, y se lamió los labios de manera codiciosa, pero se mantuvo paciente, avanzando despacio. Tenía que asegurarse de que Bill amara esto más de lo que él lo estaba haciendo, si era posible.
Tom se fue más profundo, explorando, tentando a Bill al mover su dedo dentro de él. Después de un rato, vio como Bill se había puesto muy cómodo, así que se atrevió a probar límites. Se paró junto a la cama, jalando a Bill hacia la orilla, y puso las piernas de Bill sobre sus hombros para poder tener completa visión de su pequeña entrada. Bill se sonrojó, tratando de bajar sus piernas, pero Tom lo sostuvo.
—Quiero todo lo que eres tú, Bill. Quiero todo. Lo deseo tanto que no puedo describirlo —lo tranquilizó, aunque su voz sonó más calenturienta de lo que esperaba. Bill se volvió sumiso, aunque aún algo tenso, y cerró los ojos. Se retorció, involuntariamente negado entrada a la primera lamida. Tom persistió, lamiendo suavemente, continuamente, empujando su lengua dentro al sentir que el anillo de músculos se relajaba; el sólo movimiento hacía que su polla chorreara las primeras gotas de líquido preseminal. Deslizó su lengua en caricias repetitivas, lamiendo las paredes, hasta que sintió a su polla protestando con tiros dolorosos, urgida por entrar. Lamió sus dedos y prosiguió a estrechar a Bill con uno, y luego dos, hasta que Bill se volvió extasiado, totalmente relajado y cediendo, gimiendo cada vez que Tom introducía sus dedos.
Tom retiro sus dedos, y se posicionó a sí mismo entre los muslos de Bill. Bill tragó nervioso.
—Espera —dijo.
—Oh Dios —gimió Tom. —No puedo. Bill se liberó y se levantó de la cama, luego corrió hacia el baño. —¡Bill! —Tom jadeó, pero se relajó cuando vio que Bill regresaba.
—Kit de intimidad —dijo Bill, pasándole el lubricante a Tom.
—Oh —Tom chilló débilmente, no habiendo pensado en esa posible comodidad del hotel.
Bill de nuevo se recostó en la cama. Tom se colocó una generosa cantidad de lubricante sobre su polla antes de posicionar la punta en la entrada de Bill, mirando directamente los ojos de Bill mientras se empujaba dentro. Bill estaba deliciosamente apretado, y el calor dentro se sentía increíble; Tom casi se perdió a sí mismo, pero se detuvo abruptamente cuando Bill hizo un gesto de dolor al pasar por el esfínter. Esperó a que Bill se ajustara a su anchura, y luego empujó un poco más. Bill gimoteó, jadeó, y apretó sus músculos al sentir que Tom lo penetraba más. Tom gruñó y exhaló cada vez que Bill apretaba sus músculos alrededor de él, moviéndose más lento y forzándose a no venirse. El cuello de Bill brillaba con sudor y su pecho se arqueaba. —Sólo un poco más y estaré completamente dentro —dijo Tom. Bill asintió con la cabeza. Tom empujó despacio, aún más dentro de Bill hasta que sus caderas se tocaron.
Se quedó estático, apreciando cada momento de su significativa unión, antes de empezar a embestir sus caderas, tan gentilmente como podía, y atento a cualquier señal de dolor proveniente de Bill. Bill cerró los ojos y empezó a masturbarse a sí mismo. Tom lo veía cautivo, sin atreverse a parpadear, y empezó a hiperventilar. Bill dejó su polla al volverse maleable, aceptando a Tom fácilmente. Su cara finalmente empezó a demostrar signos de que encontraba la sensación placentera. Tom colocó más lubricante en su polla y volvió a embestir a Bill, incrementando el ritmo hasta que estaba abalanzándose dentro de él, entrando y saliendo sin resistencia.
El cuerpo de Tom se cubrió de sudor, y su respiración se volvió irregular. Perdió el control, su mente y cuerpo concentrados en la intensa sensación, en el acto de hacer el amor, y era como todas aquellas veces que había tenido sexo fueran sólo una sombra de lo que ahora era, y que estaban lejos de haber sido tan satisfactorias.
No pasó mucho tiempo antes de que los gemidos de Bill fueran puramente inducidos por el aumento de placer; sus músculos empezaban a sufrir espasmos intermitentes y se contraían alrededor de Tom. Tom gritó, derrotado por la intensidad de su orgasmo y detuvo su respiración al venirse poderosamente dentro de Bill. Ni siquiera sintió cuando sus piernas cedieron al desplomarse.
—Tomi… —Los ojos de Tom se abrieron. Levantó la cabeza, tocando su sien como para detener el mareo. –Oh, ya estás bien. —Tom miró a Bill, parpadeando, y sus ojos se abrieron grande; pasmado, se sonrojó con la vergüenza de darse cuenta de lo que había pasado.
—¿Cuánto tiempo estuve así? —se quejó.
—Casi un minuto —Bill sonrió. –Me asusté un poco, a decir verdad.
—No sé qué sucedió. Creo que me olvidé de respirar. Yo sólo… quiero decir que eso fue —Tom se sonrojó. —¿Te gusto? —preguntó con urgencia.
—Oh sí.
—¿En serio? ¿No te lastimé?
—No, estuviste perfecto.
—¿Estás diciendo la verdad?
—Sí. Bueno, es decir, sí dolió, un poco al principio. —Bill alejó la mirada algo tímido. —Pero luego fue increíble. Empezó a sentirse tan bien, que me olvidé del dolor. Aún duele, pero no mucho. Puedo tolerarlo. —Tom se relajó, sintiéndose mejor al saber que su esfuerzo valió la pena.
Bill se sentó, cerrando el espacio entre ellos para unir sus labios en un beso. –Te amo —respiró—. Estoy tan feliz de que estés conmigo. Todo lo que me hacía seguir eran mis sueños, y ahora que te tengo estoy tan feliz que no me lo creo.
—Nunca dejaré de estar a tu lado. Tú eres mi vida ahora, Bill. Eres mi hermano, y eres mío. —Los labios de Bill se abrieron al escucharlo. Miró a Tom, entendiendo lo que acababa de decir. Tom bajó la mirada. Lo dijo con todo el sentido de la palabra, pero no pensaba que a Bill le importaría. Parecía que pasaron años en lo que Bill se le quedaba viendo, hasta que una de sus suaves manos levantó la barbilla de Tom para que sus ojos se nivelaran de nuevo y luego se inclinó para besarlo de tal forma que decía que estaba más que de acuerdo con eso. Tom envolvió a Bill en sus brazos y se regocijó en la sensación de sus lenguas frotándose, y sus labios rozándose cada vez que renovaban el beso.
El estómago de Bill gruñó y ambos interrumpieron el beso para reírse. —Tengo mucha hambre —dijo Bill algo avergonzado. Levantó el teléfono y pidió que trajeran la orden que había hecho al servicio a la habitación, luego se dirigió al baño para lavarse.
Los gemelos cenaron en grande hasta quedar repletos, todo el tiempo discutiendo de posibles formas de encontrarse con Simone sin ser capturados. La única opción que parecía menos probable de fracasar, era que de alguna forma hicieran que Simone fuera al supermercado y mientras los agentes esperaban por ella afuera, tomaran un taxi y escaparan con ella a un lugar más seguro, como la cabaña vacacional de la abuela, que estaba algo en las afueras de la ciudad, pero que ofrecía la tranquilidad que necesitaban.
Finalmente los gemelos estuvieron de acuerdo y se acurrucaron juntos en la cama, viendo los primeros minutos de ‘Rápidos y Furiosos’ antes de quedarse dormidos.
Se levantaron tarde, después de mediodía, pero más bien por la descompensación horaria. Ordenaron de nuevo el desayuno al cuarto y después de terminar de comer, tomaron una ducha juntos, enjabonándose el uno al otro. No pasó mucho tiempo para que ambos se pusieran rígidos. Tom anhelaba el placer de estar dentro de Bill, pero no se atrevería a presionarlo; sabía que el ano de Bill probablemente aún estaba resentido. ¿Sonaría demasiado desconsiderado si le pidiera que me la chupara? Tom era el que leía mentes, pero esta vez fue como si Bill pudiera leerlo claramente. Se arrodilló y empezó a chupársela hasta que Tom se volvió loco. Tom libero su carga en la garganta de Bill sin anunciarlo. Jadeó, mirando a Bill algo preocupado. Bill se levantó, mirando a Tom a los ojos con una cara seria, y luego sonriéndole de lado. Levantó su barbilla levemente, y Tom pensó que moría al ver la manzana de Adán de su hermano subir y bajar al mismo tiempo que se escuchaba una sonora deglución.
Los gemelos se vistieron y empacaron el resto de la ropa nueva de Bill y su uniforme dentro de las maletas. Tom decidió bajar primero con las maletas y la guitarra y encargarse de los pagos del servicio a la habitación en el lobby mientras Bill terminaba de arreglar su cabello y retocarse el esmalte de uñas. Dejó sus pertenencias con el botones antes de volver con Bill. Iba a presionar el botón del elevador cuando una mano se aplastó contra su boca y su espina dorsal crujió con el jaloneo de su cintura.
—¿Nos extrañaste, Tom? —Tom sintió pánico, reconociendo a los hombres que lo sujetaron y empezó a forcejear contra los brazos que lo sostenían; sus gritos de auxilio eran ahogados por la mano que cubría su boca. —¡Cállate! —El hombre de pelo negro lo sacudió, apretando la mandíbula de Tom dolorosamente. Tom gimoteó y se calló. Los otros hombres esperaban a que no hubiera moros en la costa, y luego jalonearon a Tom hacia el elevador de servicio. Tom miró sus caras, haciendo una mueca de enojo con el recuerdo de su brutal paliza. El enemigo arrastró a Tom hacia uno de los sótanos, un piso entero con cuartos de conferencia grandes y otros más chicos, pero todos ellos desafortunadamente sin ocupantes. Los hombres jalaron a Tom al pasillo de servicio detrás de los cuartos. El hombre de pelo negro, el líder, Tom recordó, empujó a Tom contra la pared.
—Realmente nos engañaste esa vez —dijo furioso. —¿Quién creería que tenía un hermano, y un hermano gemelo, para variar. Te ves tan diferente, con las rastas y la ropa de matón. —Esposó las manos de Tom detrás de su espalda, y luego lo volteó toscamente para mirarlo. Le quitó el celular y presionó unos dígitos. —Ahora, voy a quitar mi mano de tu boca, y tú vas a llamar a tu cuarto y pedirle a tu hermano que venga a encontrarse contigo aquí, si sabes lo que te conviene. –La negación inmediata de Tom se ahogó en la mano sobre su boca. Negó furiosamente con la cabeza. El líder lo golpeó en el abdomen. Tom gruñó de dolor. —¡No estoy vacilando! —Tom intentó morderlo, pero el hombre apretó aún más sus mejillas. Tom empezó a sentir su cara entumecida por falta de riego sanguíneo. Su corazón palpitaba de miedo, pero no por él mismo, sino por su hermano. Estiró un dedo hacia su reloj y logró presionar el pequeño sensor. —Te lo pediré sólo una vez más. Le vas a llamar ahora. —Tom negó con la cabeza. El hombre lo amenazó con un puño contra su cara.
—¿Tomi? —Los tres hombres se congelaron en sus sitios cuando escucharon la voz provenir por el pasillo de servicio. Tom empezó a forcejar violentamente contra su agarre. ¡No! ¡No! No vengas, Bill.
—Vaya, ¿quién lo diría? Él vino solito hacia nosotros —dijo el líder con sorpresa.
—¿Pero cómo supo dónde estaba? —susurró el hombre de cabello castaño, igual de sorprendido. Tom gruñó desesperadamente, tratando de forzar un grito y ser escuchado. El líder apretó más la mano sobre la boca de Tom.
—¿Tomi? —La voz de Bill se volvía más fuerte conforme se acercaba. ¡No, Bill, no! —¿Tomi, qué estas hacie… —Bill emergió de la esquina y se paralizó, el color dejó su cara al presenciar la escena. Tom sintió el efecto de la adrenalina al liberarse por todo su cuerpo.
—Hola, Hermoso.
& Continuará &
OMFG, aparecieron los malos. ¡¿Qué pasará ahora?! Aaahh, me muero, ¿qué creen que pase? No se vayan sin comentar.