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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por Analif & MizukyChan
Capítulo 29 (Parte 1)

La noche estrellada era digna de contemplar, pero los gemelos permanecieron viendo hacia el frente tomados de la mano, sólo logrando ver una porción del camino que era iluminado por las luces delanteras. Tom casi no podía creerlo; era demasiado bueno para ser verdad, pero estaba muy entusiasmado por encontrarse fuera de la base.
—¿A dónde nos llevará el jet?—volteó a ver a Bill. —¿Tokio? —hizo una sonrisa burlona. Bill sonrió débilmente y luego volvió a ver hacia la ventana, suspirando de forma desanimada. Tom frunció el ceño, porque esperaba que también estuviera tan entusiasmado como él.
—El jet nos llevará a tu ciudad natal —respondió Bill solemnemente. —Quiero conocer a nuestra madre.
Tom volvió a mirar al frente, su expresión seria. Claro que entendía el deseo de Bill de conocer a su mamá, y no podía siquiera pensar en todo el tiempo en que pudieron estar juntos, y en lo que se perdieron de poder haber crecido juntos como hermanos, sin sentir amargura. Pero lo hecho, hecho está, y lo que quedaba era seguir adelante y disfrutar lo que les quedaba de vida juntos. Tom sintió su corazón apretarse, al pensar en todos esos años en que Bill se sintió muy solo, siempre pensando en él, en su hermano, mientras que él, Tom, siempre tuvo la compañía de su madre. Apretó la mano de Bill. Se lo compensaría a Bill, se aseguraría de que siempre estuviera feliz y empezaría por reunir a Bill con su madre y vivir una vida normal en familia. Tom volvió a mirar a Bill, quien seguía pensativo al observar hacia afuera de su ventana.
—¿Alguna vez te has preguntado por papá? —preguntó Tom.
—Sí, pero no mucho —respondió Bill, sin dejar de mirar la ventana. —No quiero pensar en alguien que le dio la espalda a ti y a mamá cuando estabas tan pequeño.
Tom suspiró, sus ojos mirando abajo. Incluso si se sentía culpable de que Bill descubriera sobre el abandono de su padre por sí mismo, estaba aliviado de que no tendría que contarle esa dolorosa historia.
—Tenemos que planear este encuentro cuidadosamente —dijo, volviendo a un tema más agradable. –Le vendrá como un tremendo shock saber que estás vivo.
—No podrá saber en realidad qué me pasó o dónde he estado —dijo Bill. –Aunque sí podemos decirle que fingieron mi muerte, y que fui parte del tráfico de niños en el mercado negro.
—Batallará mucho para poder aceptar eso —dijo Tom. —Quizás intente matar a alguien. —Los labios de Bill se retorcieron ligeramente. —Supongo que primero debo llamarle, para avisarle que voy de regreso.
—No, no debes —advirtió Bill rápidamente. —Estarán rastreando todas sus llamadas. —Tom se puso algo inquieto, recordando a los agentes que buscaban a su madre.
—¿Cómo lograremos verla? —dijo—. Si nos acercamos a ella, donde sea, nos encontrarán, ¿no es así? —Bill asintió a la pregunta de Tom con silencio. Tom suspiró. Miró la cara culpable de Bill y sintió la necesidad de hacerlo sonreír. Aunque no sabía cómo iban a hacerlo, quería asegurarle que todo estaría bien. Tocó la mejilla de Bill. –No te preocupes, encontraremos alguna forma —le dijo—. Ella te amará instantáneamente, sabes, tal como yo lo hice, y estará más que feliz de ver que estamos juntos. —Bill volteó a ver a su hermano.
—Pero ¿qué si ella piensa que tú y yo juntos, está mal? —insinuó.
—Tendremos que ser cuidadosos —contestó Tom. Agarró la mano de Bill, la llevó a sus labios y la besó. Bill se relajó finalmente y sonrió, y Tom se alegró al verlo.
Tardaron dos horas para llegar al siguiente estado, donde las instalaciones privadas y ocultas se encontraban, pero la noche aún no se tornaba más oscura. Las instalaciones eran elegantes y a la vez modestas y las pocas personas que se encontraban adentro eran refinadas y serviciales, sin embargo, no decían palabra alguna a ellos mientras los asistían a cargar sus maletas y el estuche con la guitarra de Tom. No les pidieron documento alguno, y no pasaron por proceso de aduana, ya que al parecer ni siquiera había algún lugar donde hicieran eso, antes de que los dirigieran hacia el jet privado. Una vez que el jet despegó, Tom se aventuró a preguntar sobre eso. Bill dijo que estas personas pertenecían a una organización de contrabandistas profesionales, quienes se especializaban en armas y personas; algunas de ellas con posiciones que las hacían menos vulnerables a ser detectadas, como personal militar y diplomático. No les importaba quién eras o de dónde venías, mientras ellos permanezcan anónimos y les pagaras la costosa tarifa. Tom entendió por qué habían escogido este método, ya que se arriesgarían a ser expuestos en un aeropuerto ordinario.
Los gemelos durmieron, acurrucados juntos, durante todo el vuelo. Aterrizaron en un terreno baldío, en una pista de aterrizaje clandestina, pero la tripulación del jet siguió asistiéndolos, transportándolos en auto hasta la ciudad capital, a sólo una hora de la ciudad natal de Tom. Dejaron a los gemelos en el centro, cerca de una parada de autobús, pero cuando el autobús que los llevaría arribó, Bill impidió que Tom se subiera. El autobús se fue, siguiendo su ruta. Tom miró a Bill, cuya cara parecía sombría. Pensó que Bill quizás aún no estaba listo para conocer a su mamá.
—Necesito ropa —mencionó Bill. –No tengo nada más que mi uniforme. —Las personas que pasaban se les quedaban viendo con miradas curiosas, pero Tom estaba acostumbrado a que se le quedaran viendo y que hicieran muecas al ver lo que traía puesto, así que no lo había notado. Lo que sí notó era que sus miradas permanecían en su hermano menor, mientras que a Bill parecía no importarle. Tom gruñó al escuchar los comentarios vulgares que recibía su hermano. Se puso enfrene de Bill para cubrirlo.
—Tengo un par de pantalones extra en mi mochila —sugirió. Al juzgar por su expresión, Tom vio que Bill estaba nada entusiasta con tal sugerencia.
—Tengo una mejor idea —dijo Bill y apuntó a una amplia avenida rodeada de tiendas. Tom gimió; odiaba esos lugares. –Vamos, Tomi. —Bill sonrió y jaló a Tom al otro lado de la calle y hacia el muy congestionado mercado ambulante. Los ojos de Bill brillaban al ver todas las tentadoras chucherías de segunda mano. Tom se rascaba la cabeza, molesto por los compradores que caminaban tan lentos, mientras que su hermano curioseaba felizmente por los estantes de ropa vintage.
Tom se mantuvo cerca de él, comportándose como uno de sus guardaespaldas, alejando a cualquiera que se acercara demasiado. Nunca perdió de vista a Bill, excepto cuando pasaron por uno de los estantes que vendían videojuegos, y las palabras ‘Banda de Rock’ acapararon su atención. Bufó en ironía cuando se percató de lo cerca que pudo haber estado de lograr su sueño de tener una carrera musical, ya que la competencia de bandas de rock estaba por llevarse a cabo justo el día siguiente, domingo, pero ya no había nada que pudiera hacer al respecto. Era demasiado tarde, de todos modos. Su banda seguramente sería descalificada por todo el tiempo que ha faltado de la escuela. Sintió como la oportunidad se le iba de las manos, como agua, a través de sus dedos. Suspiró con tristeza.
—Tomi, mira lo que encontré —dijo Bill. Tom volteó a petición de su hermano y jadeó, sonrojándose en el acto. Su hermano sonreía al mostrarle una camisa de malla negra. Los pensamientos que se apoderaron de la mente de Tom eran peor que indecentes, y el efecto de ellos, salvaje. La sangre circuló implacable hacia su entrepierna, ocasionándole una arrasadora erección. Tom rápidamente apartó la mirada, tratando de pensar en cosas que le disgustaban. Suspiró en alivio cuando sintió que su erección se relajaba. Nada antes le había funcionado tan eficientemente como el pensar en el momento horripilante en que besaba los labios del Dr. L.
—¿Y qué tienen de malo los tatuajes? —dijo Bill una vez que dejaron el mercado ambulante. La idea se había quedado en la mente de Bill después de que pasaron por un puesto de tatuajes y piercings, pero Tom se ponía en contra de ellos, diciendo que la tinta permanente en la piel no era buena idea, además, ¿qué tal si desarrollaba una reacción a la tinta? —Pues yo pienso que son hermosos —expresó Bill. —Y si me ocasionan una reacción entonces mejor —declaró—. Cualquier cosa que contamine mi cuerpo humano me ayudará a deshacerme más rápido de aquello que me hace diferente. —Tom aún no estaba de acuerdo con los tatuajes, pero no podía seguir discutiendo sobre eso si Bill quería deshacerse de la parte alienígena de él, solo que no quería que una marca rara cubriera la hermosa piel de Bill. La entrepierna de Tom volvió a animarse con ese pensamiento e hizo una mueca, mirando de nuevo hacia otro lado. Desde que Bill le enseñó esa camisa de malla, el sexo se había adueñado de su mente, y ahora todo lo que dominaba sus pensamientos era sexo. No podía siquiera ver a Bill sin ponerse duro, y de nuevo se puso colorado cuando Bill sugirió que necesitaban buscar un hotel.
Caminaron hasta un hotel cercano, que estaba lejos de ser uno barato, pero a Bill no le preocupaban los gastos, habiéndose preparado para ello de antemano. Arregló todo con el empleado del lobby, enseñándole documentos falsos con osadía, y pagando en efectivo con una seguridad tan calmada que impresionó a Tom, pero claro, no era la primera vez que el menor hacía algo por el estilo; era probablemente sólo parte de su entrenamiento para las misiones en la base.
Tom se distrajo por un desfile de personas que iban pasando, seguidos por los flashes de cámaras y un par de reporteros. Bill volteó a ver cuando escuchó el alboroto.
—¿Qué sucede?
—Creo que es una celebridad —contestó Tom, tratando de mirar sobre las cabezas de las personas para poder ver de quien se trataba. Bill jaló la camisa de Tom.
—Vámonos —le apresuró, su rostro cubierto por su cabello. Tom notó el tono preocupado de su voz. Agarró las maletas y la de su guitarra y siguió a Bill hacia la habitación.
—¿Qué pasó? —le preguntó —¿Reconociste a alguien?
—Reconocí a las cámaras de televisión —contestó Bill.
—Tom tragó. Que estúpidos se verían, tratando de esconderse y exponiendo sus rostros en TV.
Bill les consiguió una suite lujosa, llena de comodidades. Tom dejó las maletas en una silla y su guitarra en el suelo. Bill se quitó las botas y luego la camiseta y pantalón que había puesto sobre su mono-traje. Tom tragó, su entrepierna reanimándose en el instante. Se quedó mirando a su hermano mientras éste desplegaba su ropa nueva sobre las sillas y la mesa comedor. Se había comprado un par de pantalones ajustados, camisetas blanco y negro con dibujos, un par de cinturones adornados con tachones metálicos, una chamarra lustrosa, aunque al parecer era para mujer, y algo de joyería. Los ojos de Tom se fueron directamente a la camisa negra de malla. Bill se quedó unos minutos admirando su ropa nueva, coordinando y acomodando los atuendos en forma diferente, hasta que quedó satisfecho con el resultado.
—Bueno —dijo cuando terminó, mirando a Tom y sonriendo. —Creo que ahora deberíamos… —El corazón de Tom empezó a golpear su pecho. —…llamar al servicio de habitación —terminó Bill, y Tom se desplomó.
Bill agarró el menú del buró de la cama, descolgó el teléfono y ordenó. Tom se sentó en la orilla de la cama, dejando caer los hombros. Bill colgó y se sentó junto a Tom, rozándolo. La piel de Tom se encendió.
—¿Quieres ver una película mientras esperamos? —preguntó Bill, tomando el control de la tele y surfeando los canales.
No, no quiero ver una estúpida película. Tom se pasó las manos por la cara. Te quiero a ti, Bill. Ahora. Arrebató el control de la mano de Bill, y capturó los sorprendidos labios del menor con los suyos. Tom gimió, empujando a Bill sobre la cama, pero Bill se resistió.
—Tengo que ir al baño —dijo Bill. Tom suspiró cuando Bill desapareció detrás de la puerta. Su polla había sido provocada tantas veces que ya le dolía. Se quedó mirando a la puerta del baño, loco por la anticipación de tener a Bill bajo él, sus piernas envueltas a su alrededor mientras embestía su… Tom elevó las cejas, acordándose de un pequeño detalle, y dándose cuenta que realmente no tenía experiencia con sexo anal. Había estado pensando sólo en él todo el tiempo, y se le había olvidado. Seguro lo disfrutaría, pero quería que Bill también lo disfrutara, es más, quería que a Bill lo disfrutara más que todo, porque entonces significaría que querría repetirlo.
Continúa…
En algún punto tendremos el fic completo aquí (Si subimos un capi por mes, entonces el próximo año), pero si quieres descargarlo en PDF, visita nuestra tienda, pinchando «aquí«. Y de ese modo también nos ayudas a mantener esta página online. Ahora, ve por el final del capi 😉