
Notas: Hola, gente bella, tenemos un nuevo capítulo, traducido para ustedes por la misma DirtyMind, así que no olviden comentar al final. Y ahora, ¡a leer!

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por Analif & MizukyChan
Capítulo 27
Administración: Para evitar que esta traducción sea plagiada en Wattpad, o en otra plataforma, la hemos puesto en la tienda, si alguien la sube en algún sitio será castigado por derechos de autor. Si quieres leerla completa y tenerla en PDF, pincha «aquí«
Tom miraba a Bill en completo silencio, creyendo que había escuchado mal. Sólo hasta que Bill empezó a bajar por la escalera se dio cuenta que estaba siendo serio. Así, de pronto, tomó la decisión y no iba a dejar que pasaran más días. Tom no quería quejarse, él también deseaba dejar la base desde el día en que llegó, pero después de todo lo que había visto en la base, la idea le parecía absurda. ¿Cómo es que Bill planeaba hacerlo, y en el mismo día?
—Estoy pensándolo sobre la marcha —su hermano respondió con una sonrisa confiada—. Ahora mismo, estoy pensando que quiero dulces. —Tom frunció el ceño.
—Quiero dulces —Anunció Bill a los operadores.
—No me digas. ¿Y qué más hay de nuevo? —respondió Cody.
—Sabes que esos están restringidos —dijo Lars—. ¿No prefieres mejor algo de fruta? Sin saborizantes artificiales e igual de apetitosas.
—Aburridas —bufó Bill—. Entonces quiero ir al domo.
—Como usted lo ordene, su alteza —accedió Cody con facilidad. Lars rodó los ojos.
Bill tomó la mano de Tom mientras caminaban por los corredores, y por supuesto, fueron fielmente seguidos por los guardaespaldas de Bill. Llegaron al jardín en el domo y se sentaron de nuevo en una de las bancas. La sonrisa de Bill se iluminó cuando acariciaba a uno de los conejillos, aparentando estar en completa calma. Tom se preguntaba qué se le ocurriría a Bill, pero se dio cuenta que ya había comenzado cuando Bill ordenó a uno de los guardias a que le trajeran un par de Starbucks, y luego mandó al otro a correr detrás del conejillo que se le había escapado. Cuando ya no los vigilaban, Bill agarró la mano de Tom y empezó a correr.
Bill se abría camino empujando a la gente fuera de su paso por el corredor, todo el tiempo fingiendo una risa traviesa. Tom vio que las personas sólo rodaban los ojos, asumiendo que Bill estaba en una de las escapadas traviesas que hacía a sus guardias. Bill jaló a Tom detrás de una de las enormes columnas.
—Necesito que hagas que te persigan tan lejos de mí como puedas —dijo.
Tom asintió con la cabeza. —Haré mi mejor esfuerzo, pero probablemente me perderé —le advirtió.
—No te preocupes. Yo puedo encontrarte —respondió Bill y Tom hizo una mueca, sintiéndose estúpido. El repentino alboroto hizo que echaran un vistazo alrededor de la columna. Los guardias de Bill estaban empujando a la gente mientras buscaban a los gemelos—. Ve, ahora —dijo Bill. Tom se salió de su escondite y corrió. Echó una mirada atrás y sonrió al ver que ambos guardias empezaron a seguirlo de inmediato.
Aun después de varias semanas dentro de la base, muy apenas se familiarizó con sus alrededores, así que no tenía ni idea hacia donde se dirigía. Sus tenis rechinaban al doblar rápido de un corredor a otro. Después de algunos minutos de correr sin rumbo, vio un anuncio de escaleras sobre una puerta y se dirigió a ella. El estruendoso eco de las pisadas de los guardias incrementaba al ir subiendo por las escaleras, acercándose más. Tom salió por la puerta más cercana, pero chocó con la espalda de alguien justo al salir, rebotando como una pelota y cayendo al suelo.
—Cuida por dónde caminas, bobo… —Tom reconoció al interno robusto y al Asiático cuando se voltearon. El interno robusto alzó las cejas—. Oh. Hola, gemelo de Princesa —dijo. Le ofreció una mano para ayudar a Tom a ponerse de pie—. Lo siento, no te vi. ¿Te encuentras bien? —Tom estaba algo alarmado, no del todo acostumbrado a verlo demostrar una disposición amigable hacia él.
—Sí, gracias —respondió Tom, e intentó pasarlos, pero los internos se pusieron en su camino sin darse cuenta.
—Omitimos las introducciones antes. Por cierto, me llaman Colt —dijo el interno en forma alegre. —Y este es Midori. —El interno asiático lo saludó con una sonrisa rígida.
—Hola… em… miren, lo siento, pero ahora no puedo hablar. En verdad me tengo que ir —dijo Tom, mirando a la puerta de las escaleras y temiendo que los guardias aparecieran en cualquier segundo.
—No hay problema —dijo Colt. Tom los pasó por en medio y siguió corriendo—. Si necesitas cualquier cosa, no dudes en pedírnoslo. Te debemos una —comentó Colt. Tom volteó a verlo sin dejar de correr.
—En ese caso, les agradecería si me lo pagaran ahora —dijo. Los internos fruncieron el ceño. La puerta de la escalera se abalanzó al emerger los guardias, sus caras retorciéndose de furia cuando vieron a Tom. Se lanzaron hacia él, pero fueron inmediatamente sujetados por los internos.
—Con gusto —dijo Colt. Tom sonrió mientras huía.
Entre más se aventuraba en el piso nuevo, más reconocía que se encontraba en las instalaciones de escuela. Se hizo paso por los salones y de pronto se encontró dentro de la biblioteca. Tal como en la biblioteca de su escuela, los internos estaban sentados en las mesas de estudio, pero se agrupaban con aquellos que traían puesto el mismo color de mono-traje. Tomó un libro al azar, se dirigió a una mesa y se sentó. Los internos miraron a Tom con miradas curiosas. Tom pensó que lo iban a bombardear con preguntas, acerca de quién diablos era, o en qué estaba pensando al sentarse junto a ellos, así que estaba algo confundido al ver que no sucedió. Los internos simplemente volvieron sus miradas a sus estudios.
—Tu cabello es algo extraño, y tu mono-traje te queda grande —fue el único comentario que obtuvo, pero sonaba más como un reproche. Tom abrió su libro, pero su mirada permanecía fija a la entrada de la sección de estudio. Tom sabía que Colt y Midori no podrían detener a los guardias por siempre, así que no se sorprendió cuando finalmente los vio aparecer. Se jaló sus rastas y escondió su cabeza y cara detrás del cuerpo de uno de los internos sentado junto a él.
Los guardias inspeccionaron la sección de estudio de la biblioteca desde la entrada, sin notar algo fuera de lugar, y siguieron su búsqueda en el siguiente cuarto. Tom exhaló en alivio. Escuchó jadeos y voces incitándose entre los internos y se tensó. Las caras de los internos sentados en su mesa se pusieron boquiabiertos, como deslumbrados por algo que estaba detrás de Tom. Tom se volteó para mirar, y sus ojos se deslumbraron cuando vio que Bill se dirigía a su mesa. Realmente asemejaba a la realeza, especialmente con la forma en que todos se le quedaban mirando cuando pasaba, pero Tom estaba más enfocado en la forma en que se movían sus caderas.
Bill apretó la mano de Tom mientras se alejaban de las instalaciones de escuela—. Así que… escondiéndote en la biblioteca —se burló.
—He sabido que es un lugar excelente para esconderse —le sonrió Tom.
Bill se hizo camino por los corredores hasta la enfermería y le dijo a Tom que pretendiera sentirse enfermo. Tom lo hizo, sin preguntas, y la enfermera lo llevó dentro fácilmente. Bill permaneció fuera, escondido de la enfermera. La enfermera empezó a revisar la cavidad oral de Tom y, por el rabillo del ojo, Tom vio a Bill entrar a hurtadillas y arrebatar algo del gabinete.
Después de una rigurosa examinación, la enfermera decidió que no había nada malo con Tom. Tom expresó su alivio y gratitud e intentó marcharse, pero la enfermera lo detuvo en el acto, tomándolo del brazo.
—Te llevaré a la unidad de Vigilancia ahora —dijo. Tom tragó en seco.
—No, está bien. Puedo regresar por mí mismo —dijo, tratando de sonar genuinamente cordial, y al mismo tiempo tratando de zafarse.
—Ya lo veremos —bufó la enfermera, y lo escoltó sin formalidades hacia las habitaciones de Vigilancia. Tom miró de vuelta a la enfermería, pero no vio a Bill por ninguna parte.
Los operadores fruncieron el ceño cuando vieron que Tom regresó sin Bill.
—¿Dónde está Princesa? —Preguntó Lars.
—No lo sé —dijo Tom honestamente—. Supongo que se perdió.
—¿Se perdió? —dijo Cody.
—Está en una de sus diabluras —anunció la enfermera. Los operadores gruñeron.
—¿Creen que deberíamos sonar las alarmas? —Le preguntó Cody a Lars.
—Nah —dijo Lars—. No irá a ningún lado sin su gemelo.
—Ah, es verdad —dijo Cody. —¿Sabes?, tener a los dos juntos quizás no sea una buena idea, después de todo. Con Princesa ya tenemos suficientes problemas, gracias.
—Problemas al cuadrado —acordó Lars.
La enfermera los dejó una vez que Tom se encontró dentro de la habitación de Bill. Tom subió la escalera y se recostó en la cama. Creo que eso no funcionó. Suspiró. Esperó por horas, al parecer, hasta que la puerta del corredor angosto se abrió. Se asomó sobre el barandal y vio a los guardias con unas caras molestas, mientras dirigían a Bill de vuelta a la habitación.
—Sólo quería dulces —se quejó Bill una vez que lo dejaron dentro.
—Si quieres dulces entonces primero compórtate —respondió Lars.
—Me comportaría si primero me dieran dulces —contestó Bill.
—Acabas de ganarte un mes sin dulces —dijo Cody. Bill le enseñó el dedo medio—. Dos meses —Bill bufó y finalmente empezó a subir por la escalera. Su ceño fruncido se desvaneció tan pronto como vio a Tom, y volviéndose una sonrisa complacida. Se acurrucó junto a Tom y acarició su cuello con la nariz. Tom sonrió.
—Siento mucho que no haya funcionado —susurró Tom. Bill sonrió de manera pícara.
—El día aún no termina —dijo, y rodó encima de Tom, montándolo a horcajadas y posicionando su culo justo sobre la entrepierna de Tom. Tom tragó pesado. Bill desabrochó la cremallera de la chamarra de Tom y deslizó sus manos dentro, acariciando su tibia piel y agachándose para depositar pequeños besos melosos en su pecho. Tom se estremeció. Estaba tan abrumado de amor, y tan encendido a la vez, que pensó que no podría soportarlo y moriría justo ahí. Bill lo moldeaba fácilmente como a la boligoma, y se dio cuenta entonces que haría lo que fuera por Bill. No dudaría ni un segundo en matar por él, si se lo pidiera. Se sentó, tomando el rostro de Bill y besándolo arduamente. Bill respondió con igual pasión su beso, tornándose ardiente y bochornoso.
—Bill —jadeó Tom—. Te amo, Bill —dijo, nunca antes había sentido tanta necesidad de revelar esas dos palabras a alguien—. Te amo tanto que me está matando —Las manos de Tom buscaron la cremallera de Bill y la deslizó hacia abajo, exponiendo la piel marfil de su torso. Bill sacó sus brazos de las mangas y Tom lo bañó de besos impacientes a lo largo de su cuello, hombros, y su clavícula, drogándose en su aroma, y al mismo tiempo conociendo cada centímetro del cuerpo esbelto de su hermano con sus manos, tocando y presionando los sensibles pezones con sus dedos y luego succionándolos tiernamente. La respiración de Bill se volvió entrecortada con suspiros alegres.
Tom bajó aún más la cremallera del mono-traje de Bill, exponiendo aún más piel, y metió su mano en los calzoncillos de Bill. Bill cerró los ojos, su cabeza cayendo hacia atrás, apoyándose en sus manos y dejando que Tom hiciera lo que quisiera con él. Tom masajeó las bolas de Bill, y frotaba su miembro. Bill empezó a girar la pelvis hacia la mano de Tom, casi como un recuerdo de la primera noche juntos. Jadeó fuerte y sin cuidado. Los vellos en el cuello de Tom se erigieron.
—Whoo, como que se está poniendo caliente aquí dentro —dijo Cody.
—Sheesh —bufó Lars—. No tienen decencia alguna —Música ruidosa y vibrante empezó sonar de nuevo desde el cuarto de los operadores.
Tom besó el pecho de Bill, y luego su abdomen, lamiendo dentro del pequeño orificio de su ombligo. Bajó por completo los calzoncillos de Bill. Bill se arqueó sobre la cama cuando Tom lo levantó de las caderas. Tom observaba el pene de su hermano, erguido y animado, e impaciente por ser tocado. Tom lo admiró en silencio y lo besó amorosamente, y luego empezó a empaparlo con su lengua, desde la base a la punta, hasta que estuviera cubierto completamente, antes de envolverlo con su boca. Bill jadeó, mordiéndose la mano mientras que Tom lo succionaba, pero aun así sus gemidos ahogados eran altamente intoxicantes.
Tom pudo sentir como los músculos de Bill se tensaban, y cómo rasgaba las sábanas. —Me voy a….ahhh, Tom —jadeó Bill. Tom lo succionó más fuerte—. Tomi —Bill gimoteó. —No puedo contenerlo. ¡Oh!— gritó cuando se sacudió, eyectando dentro de la boca de Tom.
Cuando terminó el orgasmo de Bill, Tom tragó, y luego lo lamió para limpiarlo. Levantó a Bill desde el torso, trayéndolo hacia él y selló sus labios en un beso desesperado.
—Eres mucho más bueno que en mis sueños, y eso es decir mucho —dijo Bill.
—Quiero hacerte todo lo que has soñado que hacemos —dijo Tom—. Incluyendo el atuendo sexy.
—Oh, Dios —se sonrojó Bill. —Eso no estuvo bien, husmear en mis pensamientos —dijo con desaprobación.
—Lo siento, pero fue genial, mientras duró —sonrió Tom—. Mentiría si dijera que no estoy contento ahora por esa horrenda prueba. Odio pensar en qué tanto más habría sufrido, antes de que tú o yo pudiéramos tener el valor de confesar nuestros sentimientos.
—¿En verdad no sospechabas de mí?—preguntó Bill. —No es como si hubiera sido sutil. Sobre todo el día en que regresé la base. Había algo sobre el hecho de que estabas acostado en mi cama…—— El dedo de Bill acarició el contorno de la mandíbula de Tom de manera sugestiva. Tom gimió, volviéndose deseosamente loco; sus ojos rodaron dentro de su cráneo. Sus brazos envolvieron a Bill posesivamente mientras se apoderaba de su boca.
—¿Qué era lo que soñabas, por cierto, cuando te frotabas contra mí? —murmuró mientras lamía el techo de la boca de Bill.
—No estaba soña…, quiero decir…si, estaba soñando contigo —respondió Bill, pero sus ojos rodaron hacia las esquinas superiores y su boca se curveó de manera traviesa. Tom pestañeó, su mandíbula colgándose.
—Eres un pervertido, Bill —dijo, y ambos se rieron. Tom volvió a unir sus labios. Sus lenguas luchaban pausadamente y sin cesar, y no dejaron de besarse hasta que sus labios se entumecieron.
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Tom se sacudió al despertarse por el zumbido de la vibración del celular. Abrió sus ojos adormilados y vio que su celular estaba prendido, vibrando junto a él. Frunció el ceño, preguntándose cómo llegó ahí. Se volteó en la cama para ver a Bill, pero Bill no estaba. Se sentó. Todo estaba oscuro y en completo silencio. La luz proveniente de su celular de nuevo capturó su atención. Lo levantó, frotándose los ojos para adaptarse a la luz y enfocarse en la hora. Era un par de horas después de medianoche. Había un mensaje en espera.
Levántate. Recoge tus cosas. Tom le picó para ver la identidad del que enviaba el mensaje pero estaba escondido. Sus cejas se arrugaron. Empezó a descender por la escalera. El cuarto de Vigilancia estaba sombrío y los tres operadores no se encontraban en sus puestos. Tom agarró su mochila y empacó su ropa y gorras, y luego tomó la libreta de Bill, y la cerró. Notó que su guitarra tampoco estaba. La puerta metálica de repente se abrió, asustándolo. Tom caminó hasta la entrada pero titubeó. ¿Quién está haciendo esto? Su celular empezó a vibrar de nuevo.
¡Muévete, rapero! Tom frunció el ceño. ¿Andreas? Salió de la habitación y se dirigió a la puerta del pasillo angosto. Se abrió por sí sola. Tom se asomó hacia afuera con cautela. Su celular de nuevo vibró.
Ve hacia la derecha. Tom siguió la instrucción. Los pasillos estaban vacíos, pero aun había algunos guardias haciendo guardia. Entendió entonces, que los planes de Bill para escapar de la base se estaban llevando a cabo. ¿Pero en dónde está?
Tom estaba tan nervioso, que brincaba cada vez que su celular vibraba. Deseaba que Bill hubiera mencionado algo sobre su plan, por lo menos. Se topó con una estación de seguridad de mano y retina, pero las puertas se abrieron por sí solas tan pronto se les acercó. Notó que algunos pocos del personal de noche se encontraban en sus puestos, todos pendientes de sus propios asuntos, pero aun así lo notarían incluso si se agachara mientras los pasara. Tom se escondió detrás de una pared y esperó a que su celular vibrara de nuevo y le dijera qué hacer, pero no pasaba nada. La frente de Tom empezó a sudar. ¡Vamos, Andreas! Agitó su celular. ¿Ahora qué hago?
—¿Pero, qué? —Uno de los empleados dijo. Tom se asustó, pero vio que el hombre estaba viendo la pantalla de su computadora y atraía la atención de sus colegas en la estación—. ¿Por qué está bajando un archivo? Juro que no le piqué a nada.
—¿No será intranet? — dijo otro.
—Tiene que ser. Los escudos siempre están activos, pero no puedo identificar el portal de la fuente de origen.
—Probablemente venga de Sistemas Operativos. Pueden estar actualizando los protocolos.
—¿A esta hora?
Tom notó que lo que sea que estaba confundiendo al personal, también los estaba distrayendo, y aprovechó la oportunidad para correr y pasarlos. Su celular recibió un nuevo mensaje.
Cámara de seguridad en el siguiente pasillo. Tom tragó. Se detuvo para echar un vistazo y vio la cámara. Cruza ahora y sigue caminando. Tom se apresuró a cruzar la intersección de pasillos. Su teléfono ahora recibía mensajes sin parar, apuntando nuevas instrucciones y direcciones.
Izquierda. No te detengas hasta que veas el elevador. Tom hizo como se le ordenó, tratando de evitar que sus tenis rechinaran en el suelo, caminando de puntitas en los pisos de mármol. Una vez que alcanzó el elevador, las puertas se abrieron solas. Tom entró en el elevador y exhaló, sintiéndose ligeramente aliviado.
Sus ojos se agrandaron al ver que el Dr. Lawrence giró en la esquina de un pasillo. Jadeó, picando furiosamente al botón de cerrar. El Dr. Lawrence se percató de Tom y su cara se volvió severa. ——Oh, diablos, ya la cagué —dijo Tom—. Mierda, mierda, mierda —aplastaba el botón, pero las puertas no se cerraban. El Dr. Lawrence empezó a correr y el corazón de Tom martillaba en su pecho.
El Dr. Lawrence alcanzó el elevador, sus cejas fruncidas; su cara en una mueca de disgusto.
—Yo… sólo estaba… —Tartamudeó Tom. El Dr. Lawrence lo agarró del cuello, jalándolo brutalmente, y lo besó fuertemente en la boca.
& Continuará &
¡¿Pero qué…?! ¿Lo pillaron? ¿Qué pasará? No se pueden perder la continuación.