
Notas: Es que se mueren con este capítulo. Den las gracias a Analif por traducirlo y a DirtyMind por la corrección.

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por Analif & MizukyChan
Capítulo 25
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El cuerpo entero de Tom se sentía placenteramente fresco, incluso relajado, y un tipo de presión desconocida se había liberado de su cabeza, dejándole con una profunda paz mental que nunca antes había experimentado. Su mirada se enfocó en el Dr. Lawrence al tiempo que una suave melodía surgía a su alrededor.
“…when I lose myself I think of you…”
Tom se giró hacia el guardia a su lado y se encogió. El hombre le miró de regreso, frunciendo el ceño. Sus labios no se movían. Tom miró al Dr. Lawrence, cuyos labios también estaban quietos mirándole atentamente.
“…just me and you…”
Rápidamente puso una expresión neutral en su rostro después de la sorpresa inicial al reconocer la voz de Bill dentro de su cabeza.
—Y bien, Tom. ¿Sientes algo diferente? —preguntó el científico.
—No —mintió, poniendo un gesto serio y convincente.
—¿No? —La decepción del Dr. Lawrence era evidente, y eso hizo a Tom sentirse maliciosamente alegre—. ¿Quieres decir que no escuchas nada?
“…I know I have to find you now…”
—No —respondió Tom.
—Extraño —dijo el doctor—. Estaba seguro que funcionaría. Está despierto, su mente está tan inquieta como siempre; debe estar reflexionando sobre algo.
“…¡Oh, mierda, mi uña!”
Tom tosió para ocultar su risa. —¿Sorprendido de que su gran teoría falló?
—Terriblemente decepcionado, sí —dijo el Dr. Lawrence, una mano yendo a su barbilla mientras pensaba—. Podría ser las ligeras modificaciones ambientales en tu ADN que disminuyeron tu rango de compatibilidad.
“Ah, ¿cuándo se astilló mi esmalte de uñas? Uh, se ve horrible”
Tom respiró lentamente, luchando por mantenerse estoico. —¿Qué habría hecho si hubiese funcionado? ¿Construir un ejército de gemelos? ¿Usarlos para pelear contra sus enemigos?
“Ups, así que ahí es donde fue mi manicura”
—Un ejército de gemelos sería absurdo física y económicamente hablando. Dudo que podamos encontrar más gemelos genéticamente compatibles e incluso una milicia de sus clones sería un desperdicio considerando el tiempo y los recursos necesarios para obtener una onza del implante. Estas pruebas fueron ejecutadas tan sólo por el bien del conocimiento humano, de hecho.
“Es todo, no más guitarra para mí si es que con ello se arruinan mis uñas”
La mandíbula de Tom se abrió pero rápidamente la cerró y dijo: —Sí, claro. Lo hizo para satisfacer sus asquerosos intereses —espetó—. Ahora que las pruebas terminaron deseo irme.
El Dr. Lawrence suspiró. —Supongo. Siento profundamente el susto innecesario. Pueden dejarlo ir —dijo a los guardias. Liberaron a Tom. Una vez fuera de la habitación, poco tardó para comenzar a correr de regreso al dormitorio de Bill.
“Me pregunto si Tomi entiende mis canciones… ¡Oh! ¡Ya viene!”
Tom sonrió; las habilidades de Bill nunca fallaban en sorprenderle. Demonios, le fascinaba ser parte de todo ese prodigioso vínculo. El hecho de que pudiera escuchar los pensamientos de Bill le sobrepasaba. Quizá esa cosa alienígena no era tan mala. Quizá debería hacérselo saber a Bill, porque estaba, a pesar de todo, invadiendo su privacidad, pero entonces su hermano probablemente comenzaría a guardar sus pensamientos y él no deseaba eso. ¿Pero qué tal si hubiera sido al revés? ¿Y si Bill descubriera que sentía más que amor de hermanos por él? El corazón de Tom se aceleró de tan sólo pensarlo.
Entró al cuarto de vigilancia y vio su guitarra en el sofá de la habitación, aparentemente en la misma posición en que la había dejado, pero notó los diminutos restos de esmalte negro en las cuerdas. Bill estaba en su escritorio, fingiendo escribir algo. Cuando Tom entró al dormitorio, Bill levantó la mirada de forma inocente como si no hubiera notado su llegada cuando desde un principio sabía que vendría. Tom no pudo evitar sonreír, su corazón martilleando como loco. Cada día estaba más enamorado, más fascinado con la belleza de su hermano. Si tan sólo pudiera decirle lo que sentía…
“Oh Dios, esa mirada. ¿Por qué pone esa mirada?” Bill apartó su mirada. “¡Maldita sea, somos hermanos!”
Tom se detuvo a medio paso, su sonrisa desvaneciéndose.
“No puedo soportarlo. Me hace querer…”
Los costados de su cabeza se apretaron justo cuando los pensamientos de Bill cesaron de sonar en su cabeza. Se sintió enfermo, una vez experimentando la sensación de que su corazón estaba siendo aplastado. Se sostuvo de la pared como soporte.
—¿Tom? —Bill estaba a su lado en un parpadeo—. ¿Estás bien? Te ves pálido.
—Yo… olvidé algo —dijo—. Regresaré por él.
—Voy contigo —dijo Bill.
—No, no te molestes. —Tom se alejó de sus manos—. Abran la puerta —ordenó a los operadores.
—No podemos; órdenes superiores. ¡Hey! —Cody saltó cuando la puerta metálica se abrió. Tom salió corriendo—. Si alguien pregunta, señalaré culpables, Andreas.
La puerta hacia el corredor se abrió tan pronto Tom llegó a ella. Dejó el cuarto de vigilancia justo cuando la primera lágrima rodaba por su rostro. Respiró profundo, sus propios pensamientos atormentándole más y más. Dios, ¿qué iba a decir? ¿Vomitar?
Los miembros del personal que estaban en los pasillos le miraron confundidos mientras lloraba, con la mirada baja. El rostro de Tom se levantó cuando escuchó la voz del Dr. Lawrence. El doctor caminaba junto a otros tipos de batas blancas muy cerca de Tom. Resopló y corrió hasta él.
—Cabrón —gritó. El científico y los otros se giraron, sorprendidos. Cuando Tom intentó golpear al Dr. Lawrence, los otros científicos le pararon con rapidez.
—Está bien, suéltenlo —dijo el doctor, mirando el rostro de Tom rojo de coraje. Los de batas blancas le miraron, perplejos.
—¿Está seguro?
—Sí —respondió el Dr. Lawrence. Soltaron a Tom y el de rastas se alejó de su agarre—. Ahora déjenos —dijo el doctor a sus colegas. Los científicos fruncieron el ceño pero obedecieron. La mirada furiosa de Tom nunca dejó la del doctor. El científico sonrió—. Leíste sus pensamientos, ¿verdad?
—¡Maldito cabrón! —Tom se acercó para golpearle pero el doctor le esquivó.
—Por mucho que me emociona confirmar que habías mentido, estoy mucho más preocupado. Supongo que no te agradó. —Tom sollozó, incapaz de luchar contra las lágrimas. El Dr. Lawrence frunció el ceño—. No comprendo —dijo—. Creí que estarías contento.
—Me arruinó —espetó Tom—. Habría estado mejor si nunca hubiera sabido lo que piensa.
—¿Cómo? ¿Te importaría explicarme?
Tom apretó los labios, resoplando frustrado. Se giró cuando sus mejillas se tiñeron de vergüenza.
—Ven conmigo —dijo el doctor, tomándole del brazo. Tom se zafó de su agarre—. Está bien, tan sólo iremos a un lugar privado para hablar—. Volvió a tomarle del brazo y le forzó hacia su oficina. Los muebles eran modernos, pero la habitación era austera. El escritorio tenía numerosos botones y su protector de pantalla en la computadora mostraba un montón de fotografías de todos los internos. El Dr. Lawrence le guió a una silla y después se sentó en su propio asiento.
—Muy bien —dijo—, por favor dime lo que te provoca estar tan enojado y triste al mismo tiempo.
Los ojos de Tom continuaron indignados. Como si pudiera hablar sobre ello y con la última persona con la que quisiera tratar su dilema.
—No pretendo saber qué es lo que te acongoja —comenzó el doctor—, a pesar de que creo tener una fuerte noción sobre el asunto. —Tom bufó.
—No me diga, ¿también es psicólogo?
—No, meramente un científico. Todos los descubrimientos científicos comienzan con observación, lo que estimo es una de mis mejores habilidades, y con ello saco conclusiones.
—¿Y qué concluyó? —se burló Tom.
—Que estás enamorado de tu hermano. —El estómago de Tom cayó en horror, completamente tomado por sorpresa ante la directa e inesperada respuesta—. ¿Estoy en lo correcto?
Mierda, cómo odio a este hombre. —Apuesto a que eso fue muy difícil de descubrir, viendo que todo el mundo en este lugar está enamorado de él —dijo con cinismo, intentando evadir una respuesta directa.
—Oh, pero ciertamente tu caso es diferente —respondió el doctor—. Todo mundo está maravillado por su apariencia, por su olor, y no hay duda que están atraídos sexualmente, pero no es como si esperaran ser amados por él, ni se entristecen por ser rechazados. Tú pareces reaccionar con un sentimiento más profundo, que va más allá de lo permitido entre hermanos.
Tom se cruzó de brazos dándose cuenta que era inútil negarlo. Ni siquiera podía mirar al científico a los ojos el tiempo suficiente para construir una mentira creíble. —No sabía que era mi hermano —intentó excusarse—. ¿Y qué? Ahora estoy jodido.
El Dr. Lawrence sonrió con simpatía. —Bueno, si te hace sentir mejor diré que probablemente no podías evitarlo. Es posible que estuvieras afectado por una condición llamada atracción sexual genética, que algunos psicólogos consideran puede suceder en la mitad de los casos de niños adoptados quienes son reunidos sin saber con un hermano o parientes cercanos cuando son adultos. Al conocerse por primera vez, se enamoran y sienten la fuerte necesidad de intimidad, quizá por apresurarse en conocerse mejor y recuperar todos esos años perdidos. Esos sentimientos pueden ocurrir con individuos del mismo sexo también, no necesariamente homosexuales.
Tom se quedó sin palabras, haciendo una mueca. —¿Lo dice en serio?
—Es un hecho real —respondió el doctor—. Aunque algo controversial, me atrevo a decir.
—¿Se supone que eso me hará sentir mejor por desear a mi propio hermano?
El Dr. Lawrence se encogió de hombros. —Pues, ¿por qué no? Tiene lógica científica. Pero bueno, hay quienes dicen que ese término fue creado como justificación para aberrantes y pecaminosos deseos y como un permiso para cometer incesto.
—Oh, vaya, gracias —resopló Tom—. Ahora sí me siento mejor —masculló sarcástico.
El Dr. Lawrence sonrió. —No me puedes culpar por intentarlo. Como sea, después de investigar en el tema decidí que sería apropiado darte una habitación para ti solo, creyendo que te estaba haciendo un bien, pero luego creí que también era algo inoportuno de mi parte el comenzar a desarrollar una consciencia. Hagas lo que hagas, en ese aspecto, es tu asunto. Después usé esta excusa como un método de persuasión, siento decirlo.
—Sí, bueno, lo que sea; sigo estando jodido —dijo Tom, más incómodo—. Él sabía que tenía un hermano, mientras que yo me enamoré incluso antes de saber cómo lucía.
—¿Disculpa?
—Siempre usaba el gietri, con la imagen del tipo más feo que he visto.
—Sí, lo sé, pero eso no era siquiera una persona. Tu hermano cortó fotografías de diferentes personas y después las acomodó antes de escanearlas y grabar la imagen final en el gietri. Creo que el gietri lo hizo verse guapo, de hecho. Pero regresando; ¿dijiste que te enamoraste de tu hermano antes de saber cómo lucía realmente?
—Sí —dijo Tom—. Estaba seriamente atraído por él, incluso aunque no me gustaba cómo se veía. Y de verdad me gustaba su compañía. —Le sorprendía lo rápido que podía revelar sus sentimientos a la persona en que menos podía confiar, pero hablando de ello ahora le hacía sentirse mejor, aunque fuera para aliviar un poco la presión en su pecho.
—Curioso —dijo Dr. Lawrence—. No hay duda de por qué encuentras su compañía agradable o sentirte inevitablemente atraído por él; ustedes son almas gemelas. Creo que puedo entender si creen que están enamorados.
—Usted, de entre toda la gente, entiende —le interrumpió Tom.
—Por supuesto que no puedo decir como si yo fuera tú —agregó el científico rápidamente—. Lo que digo es que quizá están confundidos. El amor está unido a una enorme variedad de reacciones y experiencias humanas. Yo, por ejemplo, sólo supe que estaba enamorado hasta la primera vez que una chica no quiso salir conmigo y me dolió.
Tom entrecerró los ojos, por un momento reflexionando. Tenía sentido hasta el punto en que Bill se había revelado como sí mismo, porque ahí fue cuando, sin esfuerzo, supo que estaba enamorado, pero la primera vez que alguien rechazó una invitación y le dolió fue cuando Bill no podía ir a verlo tocar con su banda en el gimnasio. Excepto que ahí seguía siendo positivamente feo. Tom cerró los ojos, disgustado, y comenzó a removerse en el asiento.
El Dr. Lawrence estuvo inclinado a observar la meditación culpable de Tom y se dio cuenta que eso incrementaba la incomodidad de Tom. —¿Entonces sí te enamoraste? —dijo, asombrado, y Tom deseó tener su gorra para poder esconder su rostro porque el doctor insistía en agregarle leña al fuego—. ¿A pesar de su desagradable cubierta? —Tom dejó salir un jadeo, pero su silencio le hacía más culpable—. Vaya, qué corazón tan poderoso tienes, Tom —observó—. Eso o los atrayentes poderes de tu hermano son más grandes de lo que pensé. —Tom bufó. El Dr. Lawrence sonrió—. Creo que esto muestra la extensión de mi conocimiento de lo que se refiere al amor. Sé que todos los sentidos juegan un rol importante al enamorarse, pero creo que sigue habiendo un mínimo nivel de atracción física envuelta, o que al menos no te sientas repelido por como luce.
—Eso fue lo que más me desconcertó —concedió Tom, todavía avergonzado al mirar al doctor a los ojos, exponiendo sus sentimientos como si necesitara confesarlos—. Tanto que no pude dejar de pensar en él. Era como si no me reconociera a mí mismo, como si mi cuerpo tuviera voluntad propia. Nunca me habían gustado los chicos, mucho menos un chico feo, pero mi corazón comenzaba a martillear cuando estaba cerca de él, mi estómago se revolvía, y mis manos comenzaban a sudar. Me ruboricé más de una vez ante su fea presencia. —El Dr. Lawrence parpadeó, por un momento perplejo, y después soltó una risita—. ¿Cree que es gracioso? —espetó Tom.
—Muy entretenido. Me pregunto… No podías ver a tu hermano y aunque él sí, desde el inicio. —El científico arrastró las palabras mientras sus ojos se paseaban por todas las esquinas—. Podría ser que tú no vieras la diferencia.
—¿De qué?
—Eres un émpata, Tom, —estableció el doctor, mirándolo directo a los ojos—. Especialmente cuando se refiere a las emociones que expone tu hermano cuando está particularmente vulnerable. Creo que estabas experimentando un eco de su estado nervioso.
Las cejas de Tom se levantaron en sorpresa, impresionado ante su propia habilidad. Nunca lo había pensado de ese modo. Todo eso significaba que Bill estaba nervioso en su presencia. Tom se ahogó con su propia saliva.
—Espere, ¿quiere decir que él se enamoró de mi?
—Bueno, no es tan difícil de imaginarlo.
—Pero… pero… —tartamudeó, deteniendo su propia emoción—. Sus pensamientos…
—Oh, bien. ¿Crees que puedes contarme ahora? ¿Qué fue lo que él pensó que te deprimió tanto?
—Pues, lo miré en cierta forma que, usted sabe, y él se puso… incómodo.
—Naturalmente; fue criado con los mismos principios morales que tú.
—Le disgustaba porque somos hermanos —suspiró Tom.
—¿En serio? ¿Pensó eso?
—No palabra por palabra, pero estaba implícito. Me alegro de que el efecto terminó antes de que escuchara algo más.
—Ya veo. ¿Podría ser que hicieras una asunción errónea?
—No, no lo creo.
—Quizá se siente avergonzado, incluso asustado —meditó el doctor—. Ahora que lo pienso, el día que le pedí dibujar una figura, lo vi en la mañana en la biblioteca escolar hundido en un libro. A veces elige temas poco comunes y pesados para mantener su mente apartada de pensamientos que le molesten. A menudo le ofrecía pequeños baratijas porque nunca fallan en alegrarle. Creí que era raro que no estuviera contigo dado que todos los días lo veía colgado de ti.
Tom bajó la mirada sintiendo un poco de culpa. Supuso que tenía que ver con la noche en que se había alejado a propósito del contacto de Bill.
—Bueno pues, creo que la única forma de estar seguros es que regreses y hables con él —mencionó el científico.
El estómago de Tom se revolvió ante la idea. Gruñó, escondiendo el rostro tras sus manos. —Mira, antes de cualquier cosa me tiene que responder algo: ¿está seguro de que está enamorado de mí?
—Teóricamente.
—¿Qué tipo de respuesta es esa? —espetó Tom, descubriéndose el rostro—. ¿Está o no está seguro?
—Lo que quiero decir es que, al igual que con toda teoría, existe la posibilidad, aunque sea mínima, de que pueda ser probada como errónea.
—Joder, ¿está jugando conmigo? —soltó Tom—. ¿Después de todo lo que dijo? —El Dr. Lawrence hizo un gesto de suave—. ¡Ni hablar! No puedo hacerlo. No puedo ir y preguntarle… espere, ya sé. No le preguntaré nada. Tan sólo leeré sus pensamientos. ¿Me puede dar más?
El Dr. Lawrence levantó las cejas. —¿Te refieres a la asquerosa mierda?
—Sí. Tiene que darme más. —Tom le miró suplicando con los ojos. El doctor suspiro. Dio una orden y otro portafolio plateado fue pronto traído a su presencia. El científico ajustó el implante en la pistola de inyección.
—Sólo para que lo sepas, esto nos está costando una fortuna —dijo.
—Y aún así no pagará por lo que le hizo a mi familia —respondió Tom. El Dr. Lawrence expuso el cuello de Tom.
—Supongo que tienes razón —dijo, y disparó.
Tom se frotó el cuello, sintiendo el abrasador líquido fusionarse con su cuerpo y el instante en que la frescura emergió y su mente se abrió. Se apresuró a la puerta y la abrió, pero se detuvo un momento, dándole una segunda mirada al Dr. Lawrence.
—Gracias —dijo, pero supo que ese simple acto expresaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.
El Dr. Lawrence sonrió afectuoso. —De nada. No pierdas el tiempo —dijo antes de que Tom dejara su oficina.
& Continuará &
Chan, chan, chan. ¿Qué opinan ustedes? ¿Bill está enamorado de Tom o no? No se vayan sin dejar su opinión.