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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por Analif & MizukyChan

Capítulo 21

No lo entiendo —dijo Cody—, se sigue viendo como un rapero.

Tom tocaba la guitarra, sentado frente a Bill en el sofá sin prestarle atención a los comentarios de los operadores acerca de su uniforme. Sintió alivio cuando se lo puso. A pesar de que la tela era la misma, no era el mismo traje que le había ofrecido primero la dama de la limpieza. El Doctor Lawrence había considerado proveerle con un uniforme que era al menos tres tallas más grande y convenientemente hecho en dos piezas unidas por una pequeña tira de velcro en la cintura. A Tom le gustaba sentir su cuerpo libre. El interior de la prenda era muy suave e incluso fresco contra su piel. Se suponía que los internos traían puesto su uniforme todo el día por lo que debían de ser cómodos. Pero algo que no podía dejar de lado era su gorra y su bandana; sin embargo, eligió sus accesorios blancos para que combinaran.

Es una linda melodía —dijo Bill abrazando sus rodillas mientras escuchaba a su hermano tocar.

Sí —suspiró Tom—. Planeaba terminarla para la competencia de bandas de rock, pero supongo que ese idiota Durk ganará ahora por default.

Bill bajó la mirada y apretó los labios. Tom dejó de tocar.

No te sientas mal —dijo—. No es gran cosa.

Pero es lo que tú querías —dijo Bill—. Siento mucho haberlo arruinado.

Bill, prefiero tocar para ti —afirmó Tom y se sonrojó ante sus palabras, regresando su mirada a la guitarra. Le dio un vistazo nervioso a su hermano y lo encontró mirando con atención sus manos mientras tocaba.

¿Por qué no cantas? —preguntó el menor.

Todavía no he escrito la letra —respondió Tom—. No encuentro inspiración.

Pero es una canción muy buena. Necesita letra.

¿Por qué no lo intentas tú?

¿Yo? ¿En serio? —El rostro de Bill se iluminó.

Claro —dijo Tom—. Leí tu cuaderno completo. Usas palabras muy profundas y fuertes para describir tus pensamientos. Tenías razón cuando dijiste que podrían ser buenas canciones.

Bueno, de acuerdo. Lo intentaré.

La puerta se abrió de repente y un grupo de soldados, seguidos por el Dr. Lawrence, entraron. Los operadores y los gemelos se asustaron.

Uno de los internos tuvo un presentimiento: algún tipo de disturbio en el Laboratorio Nacional de Los Álamos —alertó el científico—. Hoy, al caer la noche. Estimamos un robo potencial.

¿Otra vez? —saltó Lars con tono cínico.

Los tipos del laboratorio se están volviendo descuidados —resopló Cody.

El satélite espía muestra tropas militares extranjeras rodeando las instalaciones. Este robo podría no tener como objetivo los documentos clasificados del lugar, sino sus isótopos radioactivos. Hay cientos de civiles en las instalaciones —dijo el Dr. Lawrence, serio.

Alistaremos los aeroplanos —dijo Cody, en un tono más serio que Tom no había creído que pudiera salir del hombre. Los operadores se giraron hacia las pantallas de sus computadoras y comenzaron a murmurar códigos. El Dr. Lawrence se volvió hacia Bill.

Te necesitamos —dijo. Bill miró a Tom.

No quiero dejar a mi hermano —espetó.

Entonces también vendrá.

&

Bill estuvo inquietamente silencioso todo el recorrido en el elevador mientras que el Dr. Lawrence posaba con una expresión más relajada, discutiendo y delineando los puntos estratégicos importantes de su misión al equipo de seguridad. A pesar de que la premonición de los internos nivel uno tenía el 50% de probabilidad de ser verdadera, el personal de la base se preparaba y hacía todo tipo de precauciones necesarias por si sucedía lo contrario. —Siempre es mejor pensar en el peor escenario posible —remarcó el científico—. En este caso, asuntos graves o imprevistos que no se deben tomar a la ligera. Haremos conclusiones más precisas cuando nos acerquemos al complejo de seguridad.

Una vez salieron a la superficie, fueron golpeados por las ráfagas de calor que las hélices del helicóptero generaban en fuertes corrientes de aire. Bill y Tom fueron ayudados para entrar a la cabina de la nave.  Había cuatro soldados armados y cuatro internos en mono-trajes negros dentro. Los soldados les indicaron a los gemelos sus asientos y les abrocharon sus cinturones de seguridad.

Todos los híbridos asegurados. —Escuchó Tom la voz del piloto en sus audífonos. La puerta de la cabina se cerró y el helicóptero comenzó a levantarse en el aire. Observó a los internos, incluyendo al tipo robusto y al asiático que habían encontrado en el jardín. Ninguno parecía ofendido por el término ‘híbrido’, que para Tom era degradante, sino que mantenían sus rostros neutros al devolverle la mirada. Probablemente para ellos el término era bueno, ya que los consideraba más que humanos. Al de rastas no le agradaron las miradas que obtuvo de ellos; no podía decir si los internos estaban asombrados o impresionados con su existencia, pero era obvio que comparaban sus facciones con las de Bill, y eso lo hacía sentirse como un fenómeno.

Olfateó el aire de la cabina, que olía como durazno combinado con cuero, si es que podía poner el aroma en palabras. No era desagradable, pero mareaba después de un tiempo. Al principio pensó que era una pobre elección de aromatizante, pero después de varias inhalaciones se dio cuenta que el aroma venía del interno sentado a su lado. Tom se movió más cerca de Bill, sonriendo cuando la esencia floral de su hermano le llegó.

Los soldados cargaban varios portafolios plateados que posaron en medio de los internos. Los abrieron y Tom vio varios cinturones metálicos. Todos los internos, excepto Bill, tomaron uno y comenzaron a desabrochar sus trajes y ponerse los cinturones sobre sus pechos desnudos, en lugar de sus cinturas, y ajustaban las hebillas en el centro. Se volvían a cerrar sus trajes. Bill vio a Tom fruncir el ceño.

Son los gietris —explicó con una sonrisa. Otro portafolio plateado algo más pequeño fue colocado frente a Bill. El menor lo abrió y Tom vio que contenía un cilindro color negro brillante.

¿Qué es eso? —preguntó.

Una muñequera. Pruébatela —sugirió el interno robusto con una sonrisa de lado, retándole. Los otros internos rieron. Tom bufó, tomó la muñequera y se la puso.

No, Tom —dijo Bill. Tom miró el accesorio. Se veía bien, de hecho, y contrario a su apariencia pesada, era muy ligero. De repente la cabina se volvió borrosa y sintió como si el aire a su alrededor estuviera cambiando. No podía sentir su mano. Inmediatamente, Bill le quitó la muñequera y Tom pudo respirar normalmente.

¿Qué sucedió? —preguntó—. ¡Mi brazo entero se durmió! —Agitó el brazo intentando ‘despertarlo’ y se estremeció ante la hormigueante sensación cuando lo consiguió.

Los humanos son rechazados —dijo el tipo asiático—. Si no te identifica como suyo, te rechaza.

Obviamente, no está hecho para que nosotros, los humanos, lo usemos —espetó Bill, acentuando el hecho de que seguían siendo humanos. Juzgando por sus expresiones, era evidente que los otros internos no estaban de acuerdo.

Ese es un sincrotrón magnético de bolsillo —mencionó el interno robusto—. Los humanos siguen utilizando máquinas del tamaño de canchas de fútbol. Primitivo, ¿no?

No, fósil —respondió otro interno. Todos rieron, pero por supuesto, Tom no entendió la broma.

Bien, es otra de sus mierdas alienígenas —resopló—. ¿Qué es lo que hace? ¿Te convierte en Magneto? —Los internos se carcajearon. Bill suspiró y se colocó la muñequera en su brazo derecho. El accesorio hizo un sonido metálico cuando se ajustó perfectamente y otro como si estuviera desabrochando varias capas, convirtiendo la muñequera en algo como un brazalete de picos. Y entonces el brazalete extendió correas negras hasta la palma de la mano y cubrieron tres de sus dedos, formando varios anillos por toda la extensión, antes de llegar al final y cubrir por completo las yemas de los dedos. Bill sonrió cuando vio el rostro completamente desencajado de Tom.

Préstame esos —le dijo a un soldado, señalando su pecho. Las cejas del soldado se alzaron en sorpresa; miró a sus compañeros, quienes rápidamente abrieron mucho los ojos y luego hizo un gesto sumiso antes de extender sus binoculares—. Gracias.

Bill posó los binoculares encima del portafolio plateado y acercó su mano derecha. El extraño guante comenzó a emitir un suave zumbido. Tom observó a su hermano, concentrado. Lo que sea que estaba haciendo, parecía agotador. No sabía qué esperar de los binoculares, pero su boca se abrió por la impresión cuando los vio desaparecer lentamente, de arriba abajo, como si fueran lentamente borrados con algún pincel invisible, y luego remplazados con una brillante luz que rápidamente desaparecía. Bill movió su mano lentamente a un lado, y los binoculares desaparecieron en la misma dirección, poco a poco, desde una esquina hasta la otra sin dejar rastro. Cuando Bill terminó, alejó su mano y el guante negro volvió a convertirse en una muñequera. El dueño de los binoculares bufó, quejándose. Tom pasó su mano por el ahora vacío espacio sobre el portafolio plateado, como para asegurarse.

Puta madre —murmuró. Bill sonrió—. Si no supiera lo que es, diría que fue un muy buen truco, pero no creo que haya lugar en este sitio para los escépticos. ¿Cómo es eso posible?

Es un simple proceso de aniquilación —dijo el interno asiático—, exceptuando el ¡bum! —Hizo un gesto de explosión con sus manos.

La vieja violación CP. —Los internos sonrieron altivos.

Tom se les quedó viendo. —Bien —dijo y calló. No iba a revelar su ignorancia, porque claro, no tenía ni puta idea de lo que era eso.

En otras palabras, no tienen idea —resopló Bill. Tom sonrió antes los rostros enfadados de los internos—. No hay razón para intentar descubrir cómo es que funcionan estas cosas —continuó— viendo que violan todas las leyes de la naturaleza. Creemos que este brazalete es algún tipo de acelerador de partículas, que hace colisionar los átomos unos con otros, o que quizá es un aparato de conjugación de la carga de las partículas, que cambia la carga de las partículas del objetivo; pero sea lo que sea, suponemos que las partículas de carga contraria chocan y se deshacen, liberando energía, en este caso en forma de luz inofensiva.

Nos gusta llamarle Borrador —dijo el interno robusto—. Un borrador, ¿entiendes? —Los internos rieron. Tom entrecerró los ojos.

¿Planean usar todas estas cosas con los tipos malos o qué?

Más bien, contra las cosas malas —dijo el chico asiático. Tom frunció el ceño.

Sólo si son estrictamente necesarias —señaló Bill con aire sombrío—, lo que espero no sea. Los objetos más grandes y complejos consumen mucha de mi energía.

¿Qué tipo de cosas mal…? —El estómago de Tom saltó ante una súbita turbulencia. Se tensó aferrándose a su asiento.

El viaje había sido corto, pero el sol comenzaba a ponerse. El helicóptero volaba bajo sobre cañones profundos y luego descendió a poca distancia de varios edificios que Tom supuso eran su destino final. Cuando salieron, vio a un par de camionetas negras con vidrios polarizados esperando, así como a un enorme grupo de soldados militares. El Dr. Lawrence fue auxiliado al bajar de otro helicóptero y Tom vio a los dos agentes, Nick y Roger, y al chico rubio, Andreas, bajar con él.

De acuerdo, malas noticias —comenzó el científico—. Los soldados ya están aquí, veinte en total, moviéndose entre los empleados —anunció—. Pero las buenas noticias son que llegamos a buena hora. Ellos todavía tienen que cercar al director y al personal asociado para tener acceso a los almacenes. Se dirigen al edificio central mientras hablamos. —Los internos y Bill respiraron aliviados—. Sin embargo, también hemos descubierto que son miembros de la inteligencia. —Los internos gruñeron, volviéndose a tensar. Bill suspiró.

¿Qué significa eso? —le preguntó Tom en voz baja.

Que vienen de una organización secreta, como nosotros —respondió Bill.

¿El enemigo? —jadeó Tom. Bill se encogió de hombros.

¿Quién sabe? Hay muchos como nosotros. A veces trabajamos juntos, en ocasiones no. Peleamos o tenemos alianzas amistosas —suspiró—. Pero preferimos no entrar en guerra entre nosotros, ya que nuestra tecnología es semejante y puede ser fácilmente combatida por la otra parte.

Entonces el encuentro está igualado —asumió Tom. Bill asintió.

Tenemos que hacer lo que podamos para mantenernos fuera de detecciones.

¿Tienes que irte? —preguntó Tom, visiblemente angustiado—. Quiero decir, ¿ya no tienes que usar esa cosa, verdad? —Señaló la muñequera.

Puede ser que no necesite usarlo, pero puede ser que el lugar esté plagado de las más inaccesibles barreras y si ese es el caso, tendrá que ser nuestro reemplazo como Llave Maestra —respondió el interno asiático.

Oh, claro —masculló Tom, sarcástico, ante el incoherente comentario.

Si nos encontramos con algún sofisticado sistema de seguridad física, tendré que usar esto para abrirnos camino —explicó Bill y ahora Tom comprendió. O sea que, en lugar de buscar algún artilugio o código para abrir cerradoras, las desaparecían para pasar. Malditos alienígenas y su maldita mierda.

Le dieron a Bill y a los otros internos, trajes de vestir y batas blancas que comenzaron a colocarse sobre sus ropas, terminando con colocar credenciales de identificación sobre sus pechos. Andreas, los agentes y el Dr. Lawrence entraron a una enorme camioneta negra. Bill tomó una mano de Tom mientras él y el resto de los internos entraban al otro vehículo.

Las camionetas llegaron a la entrada del complejo rodeada por cercas altas, y entraron a varias calles, girando de manera ocasional y avanzando entre los edificios. El complejo era enorme, vio Tom, y rodeado de majestuosos jardines.

Al pasar por uno de los edificios, vio un gran número de personas marchando con enormes letreros sobre sus cabezas.

¿Sobre qué están protestando? —preguntó Tom.

Son activistas anti-nucleares y de desmantelamiento —respondió uno de los internos. Tom tragó en seco, mirando los edificios. Oh, rayos, ¿qué es este lugar?

Los vehículos pronto entraron a una zona menos accesible del complejo, donde las medidas de seguridad incrementaban. Llegaron a varios puntos con barreras automáticas, que subían y bajaban, varias veces por sí solas hasta que ellos llegaron. Por fin, se detuvieron cerca de un edificio alto que resaltaba de los demás por su distintiva arquitectura. Los soldados comenzaron a hablar con los internos, dándoles pequeños aparatos de comunicación que rápidamente colocaron en sus oídos. Las puertas de la camioneta se abrieron y Tom vio a los agentes y al Dr. Lawrence esperando afuera. Los internos salieron.

Bill mantuvo un fuerte agarre a la mano de Tom. Le dio un último apretón antes de soltarle. Los latidos del corazón del de rastas incrementaron su velocidad y sintió un nudo en su estómago. Miró el rostro de Bill, que parecía relajado. No tenía idea de qué tan peligrosa era la misión, pero Tom sabía que Bill estaba asustado; podía asociar el nudo en su estómago como un reflejo del miedo de Bill.

Inicializando —dijo el Dr. Lawrence. Todos los internos fueron rodeados por luz, incluyendo Bill. Tom vio que sus rostros se iban enfocando como caras de otros hombres. Los gietris habían sido activados, y junto con sus trajes sastre y sus batas blancas, los internos ahora parecían científicos importantes—. Tienen una hora para terminar —les recordó el Dr. Lawrence. Los internos asintieron y rápidamente se dirigieron a la entrada del edificio—. Ven conmigo, Tom. —Tom vaciló al no querer perder de vista la figura de su hermano, hasta que ésta desapareció en el edificio.

El Dr. Lawrence le guió a la otra camioneta. Cuando entraron, vio que había más espacio que en la otra y que estaba mejor equipada en audio y video de vigilancia y lo que parecían ser radares computarizados. Entre todos esos objetos de espionaje estaba sentado el chico rubio, Andreas, con una pequeña laptop frente a sí. Tan concentrado estaba en lo que sea que viera en su computadora, que no notó a Tom o al Dr. Lawrence cuando entraron. Nick y Roger saludaron a Tom.

Puedes sentarte aquí —señaló el Dr. Lawrence a una pequeña silla junto a los agentes, cerca de los monitores que mostraban el interior del edificio así como planos de todos los pisos y pasillos. Tom miró a Andreas, todavía inmerso en desarmar el sistema de seguridad del edificio. La atención de Tom se enfocó en un monitor que tenía varios nombres, o nombres clave, con barras rojas a su lado.

Midori (en japonés significa ‘verde’ – se conoce como un licor de color verde y claro)

Snook   (N.T. Socarrón en inglés)

Princesa

Hoofer (N.T. Bailarín profesional, en inglés)

Colt (N.T. Potro, en inglés)

Esa pantalla nos informa la ‘vitalidad’ de los internos —explicó el Dr. Lawrence—. ¿Conoces las barras de vida en los juegos de video? —Tom asintió—. Es lo mismo. Sus niveles de energía bajan lentamente. Cuando llegan a este punto —posó un dedo sobre la línea vertical que estaba cerca de los nombres clave—, tienen dificultades para respirar. —Tom tragó en seco—. Pero no te preocupes, todos están bien entrenados. Regresarán antes de que se termine su hora.

Rastreo visual alcanzado —masculló Andreas justo cuando las figuras de los cinco internos aparecieron en los monitores. Andreas comenzó a dar direcciones, señalando las posiciones de cámaras de seguridad y guardias armados para que los internos les evadieran. Puertas se abrían por sí solas mientras avanzaban entre el complicado laberinto de pasillos y habitaciones, muy similares a los de la base. Tom se preguntó si de verdad era necesario tener estructuras tan ridículamente enredadas.

Los internos lograron moverse entre el personal gracias a sus cubiertas. Tom veía la hazaña entera, como si fuera una película, donde los tipos malos eran atrapados sin trabajo, desmayados y atados uno por uno. Algunos de los internos tenían habilidades para las artes marciales y rápidamente jalaban a Bill fuera del peligro y le escudaban de los malos al pelear. Tom veía las barras de vida en las pantallas de vez en cuando. Las barras rojas ya estaban casi a la mitad. Sólo la de Bill permanecía completamente llena y brillante.

La misión corrió sin problemas. El último enemigo cayó. Tan meticulosas y cautelosas eran las maniobras de los internos que los empleados no percibieron ni un signo extraño. Los tipos malos ni siquiera llegaron a la oficina del director.

¡Perfecto! —gritó Nick, victorioso. Roger aplaudió. El Dr. Lawrence suspiró aliviado.

Tráelos de regreso, Andreas —dijo. Tom volvió a mirar la barra de Bill, todavía llena y sonrió, pero frunció el ceño cuando vio la de Midori rápidamente decreciendo.

Hey, ¿eso no es…? —El monitor comenzó a emitir una alarma.

¡No! —gritó Andreas—. ¡No! ¡Aguanta, Midori! —Los agentes y el Dr. Lawrence giraron hasta la pantalla de ‘vitalidad’, notando que la energía de Midori estaba cerca del final. El científico apretó un botón cerca de los monitores y las voces de los internos resonaron en la camioneta.

Ya no puedo sostenerlo —jadeaba Midori.

No pierdas la imagen —dijo otro interno—. Sabrán que estamos aquí.

Midori, sólo un par de minutos más —dijo el Dr. Lawrence, preocupado—. No desactives el gietri hasta que estén fuera del edificio. Es una orden.

No puedo —jadeó Midori—. Me va a matar.

¡No! —gritó Andreas. La barra de Midori se apagó de la pantalla. Su respiración desaparecía—. ¡Hijo de puta! —maldijo Andreas.

¡Silencio, Andreas! —riñó el Dr. Lawrence con un gesto de la mano. Todos se congelaron, mirando las pantallas como anticipando algo. Tom notó una gota de sudor deslizándose de las sienes del doctor.

¿Qué diablos está pasando? —Estaba desesperado por una explicación.

Desactivar el gietri puede causar un fallo en la red de seguridad del complejo y si lo detectan, sabrán que es un intruso y bloquearán nuestras fuentes de comunicación e imagen desde el edificio —respondió el Dr. Lawrence. Y como si esa fuera una señal, todas las pantallas comenzaron a mostrar interferencia; las imágenes disminuyeron y luego desaparecieron.

¡No! ¡No! —gritó Andreas— ¡Princesa! —gritó en su micrófono— ¿Me copias? ¡Princesa! —Cuando no recibió respuesta, golpeó el escritorio— ¡Puta madre!

Hemos detectado una brecha de seguridad. La alarma silenciosa ha sido activada. Cambio. —Una voz emitió desde el radio de Roger.

¡Ugh! Esos idiotas —gruñó el agente.

¡Páneles infrarrojos, ahora! —ordenó el Dr. Lawrence. Andreas presionó un botón y tres páneles que estaban juntos bajaron de una esquina de la camioneta. Todos los contornos humanos en el edificio se manifestaron con coloridos niveles de temperatura. Tom vio un grupo de humanos que parecían cargar enormes armas correr a la entrada del edificio.

Maldición —saltó Nick—. Parece que son francotiradores.

¡Mierda! —Roger tomó su radio transmisor—. Alerta a los refuerzos de que hay patrullas de seguridad acercándose.

Entendido —regresó la voz de radio.

¿Dónde están? —preguntó el Dr. Lawrence, aprensivo.

¡Ahí! —Andreas señaló a un grupo de cinco humanos en uno de los pisos superiores, corriendo juntos e intentando decidir hacia dónde ir—. No saben qué camino tomar —notó Andreas. Tom pudo distinguir la delgada figura de su hermano entre el grupo. Su corazón estaba acelerado, pero su propio miedo se sobreponía al de Bill. El grupo de hombres armados que había entrado al edificio parecía tener una clara idea de dónde estaban los internos, porque subían las escaleras y atravesaban lugares directamente hasta ellos.

¿Qué están haciendo? Deben correr —gritó Roger. Las figuras de los internos por fin comenzaron a moverse, pero para el horror de todos, se dirigían a los hombres armados. Los ojos de Tom permanecieron fijos al contorno de su hermano mientras se movía más y más cerca de la armada amenaza. Estaba negando con la cabeza, ni siquiera quería imaginar lo que podría pasar—. Oh, Dios mío, los van a matar —vociferó Roger en shock. El cuerpo de Tom se congeló cuando el más oscuro sentimiento de terror le encerró.

& Continuará &

Nooooo, no puede morir Bill ahora que se ha reencontrado con su gemelo. ¿Qué opinan ustedes? ¿Quieren seguir leyendo? ¡AAAAHHH!

por Analif

Traductora del Fandom

Un comentario en «Nexus 21»
  1. Ahhh la que va a morir soy yo por la angustia 😧
    Tommie usa tus super poderes de gemelo para avisarle a Bill del peligro. Ahhh siento que su vínculo telepatía/empatía los salvará 🙏🏻😰

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