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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por Analif & MizukyChan
Capítulo 2
—Y bien, ¿cómo te fue en tu primer día de trabajo en la biblioteca?
—Pues…
—¿Conociste a alguien?
—Mmm…
—En serio, ¿qué tipo de chicas esperarías conocer en la biblioteca? Las chicas lindas no van a las bibliotecas.
—Si, si van.
—¿Cómo lo sabes? Nunca has estado en una biblioteca.
—Claro que sí.
—Ir al baño de la biblioteca no cuenta.
Tom se relajó, contento de que sus amigos hubieran desviado la conversación hacia otro lado. Sabía que no sería capaz de hablar sobre Bill sin mencionar su apariencia física. No es como si nunca se hubiera reído a expensas de otros, pero sabía que si se reía de Bill se sentiría mal por ello.
Bill. ¿Será ese su verdadero nombre?
Justo después de presentarse, Bill había regresado a su mesa y se quedó ahí probablemente hasta que la biblioteca cerró. Tom no lo sabría con certeza porque se había marchado antes, pero de vez en cuando miraba hacia la mesa donde Bill se sentaba, concentrado en lo que sea que estaba leyendo.
Incluso mientras regresaba a casa y se quitaba la ropa antes de ir a la cama, la mente de Tom intentaba comprender al feo muchacho. Ni una sola vez había dado indicación de que miraba a Tom. Y Tom se sentía decepcionado, considerando especialmente su vanagloriado ego.
Al principio creyó haber dejado una muy buena impression en Bill, hasta el punto de una experiencia “amor a primera vista”, (no sería la primera vez que alguien del mismo sexo se sintiera atraído por Tom), pero ahora se sentía estúpido. Quizá solo era que Bill nunca había visto a alguien con rastas tan largas como las de Tom.
Se quitó la gorra y la aventó sobre la cama, pero se detuvo un segundo después para mirarla. La volvió a tomar. Al ver el parche que tenía al frente, recordó que Bill había dudado en decirle su nombre. El parche era un billete de un dólar. (N/T: Billete en inglés se dice Bill)
—Coincidencia, —dijo Tom, como lo dice la gente cuando se trata de convencer a sí misma de lo contrario.
Sintió un pequeño golpe en la nuca y despertó de sus pensamientos. —¿Qué tienes?. —Sus amigos le miraban. Tom suponía que había estado pensativo por mucho tiempo.
—Nada, solo pienso en mis tareas —respondió rápidamente.
—Será mejor que incluyas las prácticas con la banda en esas tareas.
—Es la primera en la lista —dijo Tom.
La campana de la escuela sonó. Todos los estudiantes que descansaban en las escaleras de la entrada, lo que incluía a Tom y a sus amigos, recogieron sus cosas y se dirigieron a sus respectivas aulas.
—En mi casa, después de la escuela —dijo Tom. Sus amigos dijeron que sí.
Tom había olvidado todo sobre Bill y el desconcierto que le causaba durante el día en la escuela. Pensar sobre la próxima competencia de bandas de rock mantenía su mente ocupada. Si su banda ganaba, tendrían oportunidad de convertirse en algo más que una banda scolar. Debían encontrar la melodía perfecta para la canción perfecta, que aún faltaba ser escrita. De verdad necesitaba volverse más responsable con sus tareas escolares y con las prácticas diarias.
Hasta que se encontraba cruzando el pequeño parquet frente a la biblioteca para tomar un poco de agua de los bebederos fue que recordó a Bill y el hecho de que debía volver a la biblioteca esa noche. Sintió que el estómago se le contraía. No sabía por qué su cuerpo reaccionaba de esa manera con tan solo pensar en el feo chico.
Una risa cínica que conocía y despreciaba le hizo casi regresar el agua que acababa de tomar. Se limpió la boca y buscó al susodicho. Un chico, solo un año mayor que Tom, se reía junto a sus otros amigos mientras caminaban a un lado. Si había alguien a quien Tom no quería enfrentar en la competencia, ese era estte tipo: Steven Durk. Obviamente no lograba opacar a Tom en apariencia, pero de todas maneras se daba a notar. Su cabello era castaño claro, ligeramente desarreglado y su elección en ropa lo hacía verse un poco grungy; pero era la forma en que se comportaba, siempre riéndose y mostrando una tremenda autoconfianza lo que atraía a la gente. Sin mencionar que era un buen guitarrista y cantante y que además tenía una banda que tocaba ocasionalmente en los eventos de la escuela. Tom se dio la vuelta, decidido, y caminó de vuelta a sus amigos. Todavía tenía unas cuantas horas antes de tener que ir a la biblioteca, y planeaba aprovecharlas lo máximo posible.
&
El sótano a prueba de sonido vibraba con cada cuerda rasgada y con cada tambor que tocaban. Sonaban bien, pero necesitaban sonar aún mejor, pensaba Tom. Necesitaban sonar mejor. Tom tenía una buena voz, pero sentía que no sería suficiente en la competencia. La canción terminó por sexta vez.
—Algo nos falta, —dijo.
—Yo creo que suena bien, sí, pero podría ser mejor, —respondió Gustav, el chico con la gorra de béisbol y baterista de la banda.
—Podríamos trabajar en más riffs, en diferentes arreglos, —el bajista de cabello largo, llamado Georg, sugirió.
—Creo que deberíamos comenzar con la letra , —dijo Tom. —Y después arreglamos la música de complemente.
—La competencia es en dos meses, —dijo Georg. —Deberíamos componer la perfecta melodía y después trabajar en la letra.
—La letra es tan importante como la melodía, —dijo Tom. —Además, es más fácil cuando la música está inspirada por la letra. Necesitamos trabajar con mucho cuidado para poder impresionar a los jueces.
—De acuerdo, —suspiró Georg. Miró el reloj de la pared. —Hey, ¿qué no deberías estar en la biblioteca en… diez minutos? —Tom miró el reloj también. Faltaban diez minutos para las ocho de la noche.
—Oh, mierda. —Se quitó la guitarra y tomó su mochila.
—Juro que te mataré si consigues otra detención por llegar tarde, —le advirtió Gustav mientras Tom subía corriendo las escaleras.
—Ten cuidado, cariño —Simone, su madre, le dijo sin apartar la mirada del televisor. Unos mechones de su cabello se mecieron con el aire cuando Tom corrió tras el sofa donde ella se sentaba.
El auto de Tom dejó marcas de llantas en el pavimento por su apuro en llegar a la biblioteca. Se agarró los enormes pantalones mientras corría con todas sus fuerzas por las escaleras. Fue directo al escritorio de la recepción y pasó su tarjeta en el reloj checador. Después, se la extendió al chico que estaba detrás del escritorio.
—Apenas llegaste, —le dijo el chico—. De acuerdo, puedes ir ahora.
Tom colocó su mano sobre su agitado corazón y exhaló aliviado. Le tomó un minuto recuperar el aliento.
Colocó los libros con tarjetas similares juntos en el carrito. Mientras entraba a la siguiente sección de la biblioteca, sus ojos rápidamente se dirigieron a la mesa donde había visto a Bill por primera vez. Y ahí estaba, sentado solo, seguramente no por elección, en la misma silla, leyendo un libro en exactamente la misma posición. Si no fuera porque su ropa era diferente, parecería que había pasado la noche dentro de la biblioteca.
Tom recogió los libros olvidados en las mesas, acercándose cada vez más a Bill. Esta vez no había libros cerca de él que requirieran la atención de Tom. Empujó el carrito por el pasillo, un par de mesas alejado de Bill y se preguntó si el otro ya le habría notado. Justo en ese momento Bill levantó la vista bruscamente, como si despertara de un estado vegetativo, y comenzó a mirar alrededor como loco hasta que vió a Tom; sus ojos se quedaron fijos en el chico de rastas. Su rostro se puso extasiado, con una enorme sonrisa. ¿Con que estás feliz de verme, eh? Pensó Tom.
Bill agitó la mano para saludarle. Tom miró alrededor, esperando que nadie estuviera viendo, antes de saludarle, o más bien, de agitar su mano a forma de saludo. Hola y adiós. Tom se giró y empujó el carrito. Bill carraspeó. Tom se detuvo y le miró. El chico feo había cerrado el libro y lo había deslizado sobre la mesa lejos de sí, antes de cruzarse de brazos. Oh Dios, quiere que vaya por él.
Tom empujó su carrito hacia la mesa de Bill. ¿Ayer me ignoraste toda la noche y ahora sí estás interesado? Simplemente no te entiendo. Al irse acercando, la boca de Bill se torció en una sonrisa sincera. ¿Por qué sonríes? ¿Por qué estás tan feliz de verme?
Tom se detuvo a su lado. —Hola, Tom, —dijo Bill.
—Hola… Bill, —Tom hizo énfasis en el nombre con un poco de sarcasmo —Bill… —repitió, dando a entender que quería escuchar su apellido. Aparentemente Bill no le entendió.
—Me gusta cómo dices mi nombre, —respondió. Tom enrojeció y rápidamente se giró para ver si nadie más los había escuchado. Afortunadamente nadie les prestaba atención. Incluso si tenía curiosidad por saber si Bill era el nombre real, prefirió ignorarlo. Entre más pronto se alejara del feo chico, mejor. Levantó el libro de Bill y leyó en el lomo Biotecnología.
—Interesante lectura, —resopló. Miró a Bill. —¿Qué eres, un genio o algo así? —Bill dejó de sonreír.
—Estoy obligado a leerlo, —dijo. —Para una tarea.
—Te veías muy entretenido, —le molestó Tom, —para alguien que está siendo obligado.
—Bueno, tienes razón. Es interesante, —dijo Bill. —Pensándolo bien, lo tomaré otra vez. —Tomó el libro rozando la mano de Tom. Tom vió cómo abría de Nuevo el tomo y pasaba de forma brusca por las páginas, obviamente molesto. Miró con sorpresa las manos de Tom. Se veían resecas y callosas, pero se habían sentido como delicada porcelana. La piel de Tom había quedado hormigueando placenteramente después de la breve caricia. Bill se negaba a mirarle.
—Mira, lo siento. No quise ofenderte ni nada, —dijo Tom.
—No me ofendiste, —respondió Bill, con la mirada aún en el libro.
—Bueno pues lo siento, sea lo que sea que haya hecho.
—No hiciste nada, —dijo Bill.
—Pero no me estás mirando, —dijo Tom. ¿Por qué estoy teniendo esta conversación? ¡Qué me importa si está molesto! Sería mejor que lo estuviera para que entonces no me dirigiera la palabra.
Bill suspiró, cambiando el semblante antes de mirar a Tom. —Lo siento. Exageré, —dijo. —Es solo que no quiero que pienses que soy raro o algo así.
—Por supuesto que no, —mintió Tom. Bill volvió a sonreír y el de rastas se sintió culpable. Tom exhaló sonoramente.
—Bueno, será mejor que vuelva al trabajo. No quiero distraerte de tu libro.
—Qué mal, —dijo Bill. —En serio necesito una distracción.
—Ehm… sí, bueno yo también, pero desafortunadamente el deber es primero, —Tom comenzó a alejarse.
—Está bien, —dijo Bill. —Puedo mirarte desde aquí.
Tom trastabilló. Esperaba haber escuchado mal, pero durante el resto de su jornada se dio cuenta de que no era así.
Continúa…
OMG, Tom se siente raro con tanto Bill alrededor jajajaja. Están invitados a seguir con la lectura.