
Notas de DirtyMind: Es el inicio de la parte 2 de la historia, donde la ciencia ficción y el misterio comienzan a desenvolverse; también llamada ‘la historia de Bill’

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por Analif & MizukyChan
Capítulo 14
Los agentes le sacaron del auto tomándole de un brazo. Tom ni siquiera intentó correr; un enorme número de hombres en traje les esperaban. El hombre rubio y el de piel oscura le guiaron dentro de un pequeño edificio y pasaron por varias puertas que les llevaron nuevamente afuera. Tom vio una pista de aviones y un jet privado con las turbinas encendidas, listo para despegar. Vio que estaba siendo llevado en esa dirección.
—Esperen, ¿adónde me llevan? —preguntó, jalando su brazo. El rubio tiró de él aún más fuerte.
—Ya te dijimos, a nuestra base subunidad. Sucede que está en un lugar un poco remoto e inaccesible en auto —Empujaron a Tom hasta meterlo al jet y después lo llevaron a un asiento—. Quédate quieto y disfruta el viaje —le dijo el hombre rubio, abrochándole el cinturón.
Los hombres se sentaron en los asientos delante del suyo. Después de un momento, el avión despegó.
—¿Quieres una bebida? ¿Quizá un bocadillo? —preguntó el hombre de piel oscura. Tom le ignoró. Sus ojos estaban enfocados en la pequeña ventana mirando las nubes pasar—. Como quieras, es un viaje largo.
Los tipos empezaron a comer cacahuates. La azafata les trajo champagne y la dejó en una mesita al centro. A pesar de que Tom no pidió nada, le dejó una coca cola.
Los hombres le veían con sonrisas arrogantes. Empezaron a hablar sobre él, como si no estuviera presente.
—Diablos; sí que son gemelos idénticos —La mirada del tipo negro le veía, como si no lo creyera.
—Ya sé —dijo el rubio—. Yo aún estoy conmocionado.
—Debieron haberse llevado a los dos. Ahora tendríamos un par —se burló el otro.
—También es muy lindo —notó el rubio—, pero ese atuendo de matón me molesta.
—No podemos evitar cuando los adolescentes se descarrilan —respondió el otro—. Sin embargo, su tono de piel no es tan pálida como la del otro.
—Y el lunar está en la mejilla.
—Y tiene la nariz ligeramente curvada.
—Creo que también es menos alto.
—¿Él ya lo sabe, que me tienen con ustedes? —Tom decidió interrumpirles después de molestarse con sus comentarios.
—No lo sabemos. No hay forma en que lo contactemos —respondió el de piel oscura. Tom le miró.
—¿Entonces, cómo saben que vendrá?
—Bueno, una vez que se de cuenta que no estás, de inmediato ligará tu desaparición con nosotros. —Las manos de Tom se doblaron en puños de furia reprimida, culpándose por una vez más ser la causa de la captura de su hermano.
—¿Cuál es el punto de volar hasta tan lejos? —resopló.
—Lo queremos de vuelta en la base. Además, él mismo ya ha viajado la misma distancia para encontrarse contigo. No debería ser tan difícil regresar.
—¿Qué? —Tom estaba perplejo.
—Algo muy extraordinario si lo piensas —empezó el rubio—. De todos los lugares en el mundo a los que podría haber ido, terminó en tu escuela.
—¿Así que fue intencional? ¿Qué, como si fuese atraído a ese lugar? ¿Es eso lo que estás diciendo? —dijo el hombre de piel oscura.
—En su caso, diría que sí. En definitiva no es una coincidencia —respondió el rubio—. Debió haber seguido su intuición. ¿Recuerdas esas veces que nos fastidiaba acerca de su ‘parte perdida’? Siempre pensé que era producto de su imaginación.
El hombre negro alzó una ceja y sus ojos se cerraron en un gesto de aceptación.
—Eso parece cierto, ahora que lo mencionas —respondió.
—¿De qué están hablando? —saltó Tom, no habiendo entendido la conversación.
—El vínculo entre gemelos —respondió el hombre rubio con simpleza—. Enigma interesante, me atrevo a decir. —Hizo un gesto de asombro, abriendo mucho los ojos a propósito, y después se llevó otro par de cacahuates a la boca.
Tom bufó, escéptico. —Se están burlando de mí —dijo. Él mismo encontraba esa suposición un poco falsa.
—Para nada —dijo el rubio—. Es una conexión única e innegable. Estoy seguro de que tu hermano de alguna forma sabía que existías.
—Eso es estúpido —insistió Tom—. No sé dónde diablos está él, ¿cómo es que él podría saber dónde estoy yo?
—Bueno, porque a diferencia de ti, él tiene una intuición muy desarrollada, pero no necesito entrar en detalles —dijo el hombre rubio—, así que lo dejaremos hasta ahí.
Tom resopló, porque justo apenas iba a preguntar a qué se refería.
—Bueno, yo aún no estoy completamente convencido —dijo el tipo negro—. He escuchado acerca de gemelos sintiendo el dolor del otro, o que sienten cuando uno está asustado o triste, incluso cuando están separados por kilómetros. Él nunca mencionó algo como eso. De verdad, ni una vez se quejó de sentir algo raro. ¿Cómo explicas eso si es que de algún modo estaba consciente de la existencia de su hermano?
—A lo mejor no funciona siempre para ambos, pero ¿quién sabe? —dijo el rubio encogiéndose de hombros, sacudiéndose las migajas de cacahuate de su corbata—. ¿Por qué me lo preguntas? Pregúntale a él, quien es un gemelo —Con su cabeza señaló a Tom.
—¿Qué dices, Tom? ¿Es verdad o no has sentido nada por el estilo? —Preguntó el hombre de piel oscura con honesta curiosidad.
Tom apretó los labios en una delgada línea. Miró hacia las nubes que pasaban a su lado y no dijo nada por el resto del vuelo.
Después de unas cuantas horas el avión descendió en un pedazo de terreno desolado. El área estaba completamente desierta, sin ningún tipo de construcción salvo por una pequeña, centelleante estructura que se levantaba a lo lejos en el horizonte. Inmediatamente al salir del jet sintió el árido viento contra su rostro y el quemante calor en su piel. Sus ojos se achinaron por la luminosidad del lugar. Intentó enfocarlos en la distante estructura, notando algo como una grieta en el suelo a su lado. Los hombres guiaron a Tom a una minivan. Mientras avanzaban, las dimensiones de la estructura se evidenciaron.
La minivan pasó por una cerca eléctrica, fuertemente custodiada por soldados armados. Había camionetas patrullando con luces girando y dos helicópteros negros descansaban en áreas de descenso. Lo que creyó que era una grieta era de hecho un enorme cañón que rodeaba toda el área. Tom se maravilló hasta quedar mudo, intentando asimilar todo lo posible mientras observaba.
Cuando salió de la minivan, vio el impecable edificio frente a él. Era cuadrado, de más o menos tres pisos de alto y no tenía ventanas que pudiera ver; el centelleo que había visto era por los paneles solares en el techo. Fue guiado a través de unos portones de hierro de apariencia impenetrable y entraron al edificio.
Tom escuchó al hombre rubio notificar su llegada en su radio trasmisor portátil. Entraron a uno de los elevadores más grandes que jamás haya visto. El número de pisos sobrepasaba por mucho las posibilidades del edificio. Fue entonces que Tom se dio cuenta que no subían, sino que iban hacia abajo. Cuando salieron del elevador, se maravilló por lo que vio. El área lucía en parte como una recepción; increíblemente espaciosa, con pisos de mármol blanco tan relucientes que parecían espejos. El interior era ultramoderno, incluso futurista, y mientras observaba todo el equipo alrededor, era obvio que sus presupuestos eran más que generosos.
Toda la gente que caminaba por ahí portaba uniformes. Algunos batas blancas, otros uniformes militares y otros, overoles. La luz del día se esparcía por casi cada esquina del interior a través de largos paneles transparentes que también permitían una mirada más de cerca de la pared opuesta del cañón.
Cabezas se giraban a verle, dándole extrañas miradas mientras caminaba por el pasillo. Cuando entraron a otra sección, llena con computadoras y maquinaria avanzada, un hombre de cabello cano que portaba una bata blanca y gafas, les encontró.
—Ah, con que es él —dijo con un ligero acento. Miró el rostro de Tom, inspeccionándole—. Vaya que hay un obvio parecido —observó sus ropas y su cabello con ojos curiosos—, aunque estilos divergentes —Le sonrió con calidez—. Bienvenido, Tom. Soy el Dr. Lawrence. Espero que pronto podamos conocernos mejor. Si cooperas amablemente con nosotros, haremos tu estadía aquí lo más placentera posible.
—Estoy siendo retenido en contra de mi voluntad, ¿cómo puede ser eso placentero? —espetó Tom.
El Dr. Lawrence ladeó la cabeza. —Cierto. Bueno, igual esperamos que cooperes —dijo. Tom resopló—. Llévenlo a la habitación de Princesa —instruyó el Doctor. Los hombres que le custodiaban lo guiaron nuevamente a los pasillos.
Tom fue llevado a través de un estrecho corredor que tenía una puerta al final. Los hombres se detuvieron ante la puerta e ingresaron un código de seguridad en la llave maestra. La puerta se abrió a una nueva área que tenía tres enormes pantallas de alta definición, una en cada pared, y que proyectaban diferentes secciones de la superficie; Tom podía ver claramente los portones de hierro por donde había llegado. Había tres personas, las únicas que hasta el momento portaban ropa de civil, sentadas frente a grandes escritorios con computadoras exóticas y con sospechosos audífonos y micrófonos sobre sus cabezas. Uno de ellos era un chico joven, probablemente de su edad. Su atuendo era algo más excéntrico que el de Tom, observó, como si hubiera mezclado varios estilos en uno, sin poner atención a los nada combinados patrones o colores; su cabello estaba decolorado a un rubio platinado que lastimaba los ojos. El joven entrecerró los ojos al ver a Tom pasar.
El escritorio de ese chico estaba orientado a una pared de cristal, y a través de él Tom pudo ver una habitación con televisión de alta definición, una mesa de centro, un escritorio con computadora y un sofá. Había un par de libreros llenos de libros al lado de una alacena de madera. Tom fue llevado frente a una puerta de metal, muy parecida a las del elevador. De hecho se abría justo como la de un elevador. Tom fue empujado dentro de la habitación.
La puerta se cerró, atrapándole dentro. Tom miró los paneles, vio que no era un espejo de una sola vista como los de las salas de observación, sino cristal común; podía ver claramente a los hombres y al chico rubio platinado mirándole del otro lado.
—¿Qué están viendo, bastardos cabrones?
—A ti, rapero idiota —una voz llenó la habitación, asustando a Tom. Vio al chico rubio platinado mirándole, inclinándose sobre un delgado micrófono.
—Qué lindo —respondió Tom cínico—. ¿Así que estarán de mirones y me escucharán todo el tiempo?
—No eres la gran cosa. Además, son órdenes. No tenemos elección —dijo el chico. Tom bufó.
Miró alrededor de la habitación. Estaba excesivamente limpia. Había una consola PlayStation junto a la televisión, y bajo de ella en una mesita, vio varias cajas de DVDs. Entonces notó la cama.
—¿Qué? —jadeó. Lo que pensó que era un pequeño piso elevado, era de hecho la cama. La escalera era increíblemente larga, casi como una escalera de camión de bomberos. ¿Por qué la cama está tan alta, maldición? Tan sólo saber que tenía que subir le daba flojera, pero quería recostarse y descansar.
Tom dejó caer su mochila, se quitó los tenis y la gorra y comenzó a escalar la escalera de madera. Contó los escalones, exactamente quince. Totalmente inútil, pensó al llegar al último, pero entonces notó que estaba completamente fuera de la vista del panel de cristal. Ah, ahora entiendo. Creo que es el único lugar que ofrece algo de privacidad. Se dejó caer en la cama, con su rostro aterrizando en la almohada.
—Oh Dios mío —jadeó saltando sobre sus rodillas para observar la almohada. Estaba suavemente impregnada con el aroma de Bill. Tom la levantó y la aplastó sobre su rostro, llenando sus pulmones con el olor. Gimió en la almohada, abrazándola con fuerza. Su entrepierna punzaba de forma placentera y sintió unas increíbles ganas de pajearse. Miró alrededor, vio que no había cámaras y se asomó por el borde de madera hacia el panel de cristal. No podía ver a nadie y no había nadie que pudiera verle a través de la madera, así que solo necesitaba mantenerse en silencio.
Se desabrochó los pantalones y metió su mano, tocando su endurecido miembro. Comenzó a acariciar lentamente, ahogando sus gemidos de éxtasis contra la almohada. Pensamientos sobre su hermano le invadieron la mente, pero en lugar de sentirse horrorizado por ellos, se excitó aún más; su polla comenzó a vibrar en su mano. Su respiración se volvió errática mientras se tocaba con mayor fervor. El rostro de Bill estaba claro en su mente.
Tom recordaba sus labios, deseaba estarlos besando. Aspiró profundamente, sofocándose a sí mismo con la almohada. Se imaginó a los dos abrazados de forma íntima, besándose con abandono; las suaves manos de Bill acariciando su cuerpo desnudo, deslizándose hacia su entrepierna. Apretó los ojos, sintiendo sus testículos endurecerse y sus músculos tensarse cuando el orgasmo lo alcanzó. Chorros de espera explotaron en su mano. Colapsó sobre la cama, jadeando por aliento mientras soltaba la almohada. Sollozó, dándose cuenta de lo que acababa de hacer, percatándose de que aún sabiendo que eran hermanos, no había diferencia. El amor que sentía por su gemelo no era adecuado entre hermanos, y la necesidad que sentía por Bill era apabullante. Tom suspiró, maldiciendo su pésima suerte.
Continúa…
Chan, chan, chan, Tom está en una base extremadamente tecnológica, pero ¿qué relación tiene con Bill? ¿Por qué todos están tan seguros que Bill volverá cuando se entere que tienen a Tom? ¿Serán realmente los buenos? No se pierdan la continuación y comenten.
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No me dan buena espina pero confío en esos idiotas, claramente Billito va a llegar ahí , veremos qué pasa después solo espero que no le hagan nada a ninguno .
WOW todo un enigma el cómo fue Bill a dar ahí.
Obviamente irá por su Tommy.
La güera maricona de Andreas ya hizo su debut jajaja y le dice. Tom que «no es la gran cosa»? 🤔😑 Pues solo espero que en este fic no termines tirándole el calzón a Tomatito como acostumbras! 😑Porque él es de Bill 😈