

Fic Toll de ZenTortugaHua
EXTRA 3: Bill
Era uno de esos días en los que la lluvia caía sin parar en Stuttgart, de esos que llegan de repente y se quedan toda la tarde.
Yo estaba en el sofá, abrigado con una manta, las piernas recogidas, observando a Tom en la alfombra con Tommy.
Era ver a dos niños jugando entre ellos.
Tommy estaba boca arriba, con los brazos y piernas moviéndose solos, pateando al aire como el bebé de nueve meses que era.
Su padre estaba frente a él, sentado con las piernas cruzadas, inclinado hacia adelante con los codos en las rodillas.
—Oye— Llamó a Tommy, medio riendo.— Para. Para un momento.
Tommy no paró; seguía pateando.
Tom le ofreció el dedo. Nuestro tomatito lo agarró de inmediato con el puño cerrado, ejerciendo esa fuerza pequeña.
—Tiene fuerza— Murmuró, aunque no hizo nada por soltarse.
—Es tu hijo después de todo— Dije desde el sofá.
—Nuestro— Aclaró sin mirarme, todavía con el dedo atrapado en el puño de Tommy.
Intentó sacar el dedo con cuidado. Pero Tommy apretó más.
—Está bien— Dijo Tom resignado.— Ganas tú.
Tommy soltó una especie de sonido satisfecho que parecía una risa. Tom lo miró un segundo.
—Eso no fue gracioso.
Liberó su dedo finalmente, y lo tomó con cuidado por debajo de los brazos, levantándolo de la alfombra con suavidad.
Tommy quedó frente a él, en el aire, mirándolo como si le hubiera molestado haber sido levantado.
Tom lo elevó despacio. Tommy abrió los ojos un poco más.
Lo bajó y lo volvió a subir.
Con repetir lo mismo, Tommy sonrió.
Una sonrisita sin dientes, completamente entregada, de todo el cuerpo, con las piernitas pateando el aire de pura emoción.
Paró de hacerlo. Y sonrió también.
Pequeño, como él lo hacía.
Lo volvió a elevar, más despacio, saboreando la reacción de Tommy.
—Tom— Le llamé suavemente.
Se detuvo y me miró sin quitar esa sonrisa.
—Te está sonriendo.
—Lo hace…
Lo repitió una vez más. Y otra. Dejando que Tommy se riera cada vez, sin aburrirse.
—Es igual a ti— Solté sin pensar.
Me volvió a mirar ladeando un poco la cabeza.
—¿A mí?
—Sí. Es tu retrato.
Regresó a Tommy, quien no paraba de sonreír pese a que ya no lo elevaba. Lo evaluó menos de cinco segundos.
—Pobre— Dijo al final.
Lo miré un momento, sin entender por qué decía eso.
—No digas eso.
—Lo digo en serio.
—Lo digo en serio yo también— Respondí.— Que es igual a ti. No es un insulto, Tom.
Él no respondió. Pero tampoco lo negó.
De un momento a otro, Tommy dejó de mirar a Tom y giró la cabeza hacia mí con esa urgencia pequeña repentina que usaba después de estar un rato considerable con su padre.
Después llegó el llanto.
—Te busca— Habló Tom al segundo.
Me lo entregó con cuidado. Tommy se acomodó contra mi pecho de inmediato, buscando con la boca, con esa insistencia hambrienta que me hacía sonreír siempre aunque fuera la décima vez en el día.
Me acomodé de nuevo bajo la manta y le di lo que buscaba.
Se prendió enseguida, y el llanto desapareció tan rápido como había llegado.
Tom se sentó a mi lado en el sofá, y se quedó en silencio mirando hacia la ventana.
La lluvia seguía cayendo pareja y tranquila, y Tommy se quedó dormido contra mi pecho. Su puñito cerrado agarrado en la tela de mi ropa.
De repente, sentí los labios de Tom en mi sien.
Dejé de observar a Tommy y levanté la vista hacia él.
Me miraba, con esos ojos oscuros que a veces me costaba sostener.
Se acercó. Nuestras narices se tocaron.
Cerré los ojos. Moví mi nariz contra la suya, despacio, sin pensar en hacerlo, simplemente haciéndolo.
Y Tom hizo lo mismo.
Abrí los ojos, sorprendido sin saber muy bien por qué todavía me sorprendía.
Él también los había cerrado. Y como si sintiera que lo estaba mirando los abrió.
Y por un instante, me recordó a cuando tenía doce años.
A la forma en la que me miraba, con una intensidad callada que yo nunca supe cómo sostener del todo.
Esa misma mirada seguía ahí.
Solo que ya no era la de un niño.
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