Mi madrastra Prólogo

Administración: Esta es la primera temporada de la serie «Madrastra», vamos a animar a la autora con muchas lecturas y comentarios 😉 Pero antes de leer, no olviden que este es un fic para adultos

Fic TOLL de ZenTortugaHua

Prólogo

Desde que tengo memoria, mis pocos años de vida fueron marcados por recuerdos tristes.

Especialmente desde que mamá murió.

Era muy pequeño, pero recuerdo cómo esa figura materna que tenía se fue desvaneciendo poco a poco, hasta morir frente a mis propios ojos. Y eso no solo fue perder a una persona, fue perder la luz de mi mundo.

Mi padre fue quien más sufrió. Para él, mamá fue el amor de su vida.

Cambió mucho, demasiado, hasta volverse distante conmigo. Se volvió un extraño en nuestra casa. Y yo, ¿qué podía hacer? Era un niño que necesitaba a su papá, no a un fantasma que sólo me ignoraba.

¿Qué culpa tenía yo? Yo también me quedé sin mi madre.

Un año después, cuando tenía doce, mi padre trajo a alguien a casa. A Bill.

Sí, lo recuerdo bien.

Era como ver a un muñeco… un muñeco de verdad. Su piel blanca, nívea, como porcelana. El cabello liso y brillante, color azabache, no muy largo. Siempre vestido de negro, con collares, anillos, uñas pintadas de un negro intenso. Sus ojos avellana brillaban con una luz especial. Y ese lunar justo debajo de sus labios rosados… Imposible de ignorar.

Era… simplemente hermoso. Sexy. Lo suficiente para hacerme perder la cabeza.

Y había algo más:

Era demasiado joven para mi padre.

Bill estaba en plena juventud. Y mi padre… no era precisamente un chaval. Era más que evidente que la diferencia de edad no pasaba desapercibida para nadie, ni siquiera para mí.

¿Qué demonios hacía papá saliendo con alguien tan joven y tan bello como Bill?

Lo admito, antes de conocerlo hablaba mal de él. No le creía nada a papá. Pensaba que era una distracción pasajera, un error, algo que no duraría. Pero tuve que tragarme mis palabras cuando lo vi con mis propios ojos. Sentí por primera vez cómo mi cuerpo reaccionaba ante ese ser. Esa sensación incómoda, mezclada con curiosidad y algo prohibido, me hizo odiarlo y desearlo al mismo tiempo.

Bill se mudó con nosotros. Y los días siguientes tuve que ver cómo la relación de mi padre florecía. Besos, caricias. Mientras yo seguía siendo el niño invisible en medio de esa tormenta de afectos.

A veces, veía momentos muy íntimos entre ellos. Bill se alejaba y se preocupaba por mí sin saber que yo ya estaba ahí, mirando, incapaz de dejar de mirar, con una mezcla de rabia y fascinación.

No hablaba mucho con Bill. A pesar que él me hablaba con tanta dulzura, yo era el distante con ambos, porque no sabía dónde encajar en esa nueva familia que parecía no quererme.

Fue un accidente… O tal vez no. Pero una vez, lo vi vistiéndose mientras papá se bañaba.

Ese día tuve mi primera erección. Y joder, qué vergüenza y qué confusión. Mi mente no sabía si sentir culpa, curiosidad o simplemente adrenalina.

Desde entonces, no paré. Por las noches, abría un poco la puerta de esa habitación, y miraba más de lo debido.

Miraba cómo papá se lo follaba. Mis ojos se agrandaban y brillaban al ver cómo el pene de papá entraba y salía de la entrepierna femenina de Bill.

Nunca había visto algo tan peculiar. Tan imposible de llegar a existir. Pero ahí estaba: Bill era uno de esos casos especiales.

En ese entonces, para mí, el cuerpo de Bill era extraño. Pero me excitaba al mismo tiempo. En especial cuando papá le hacía un oral a su coño.

Disfrutaba verlo. Literalmente era porno gratis. Y al día siguiente ya no podía ver a Bill igual. Ya no era solo la pareja de mi padre. Era algo más complicado, una mezcla de deseo y rechazo que me consumía por dentro.

Quizás fue ese año, no lo recuerdo bien, pero Bill le dio la noticia a papá que estaba embarazado. Lo supuse después de ese día en el que papá le decía a Bill que quería un hijo con él, mientras en la escena mi progenitor regresaba su semen a la vagina de Bill.

Lo que más me sorprendió fue saber que no era solo un bebé; sino dos, gemelos.

Desde entonces, empecé a ver cómo el cuerpo de Bill cambiaba con los meses. Más sexy que nunca.

Cuando los gemelos nacieron, papá me alejó como si fuera una peste. Me rechazó, volvió a ser distante. Esa distancia era un cuchillo clavado en mi pecho, porque al final yo solo quería un poco de su amor.

Bill fue diferente. Seguía siendo el mismo ser dulce; me hablaba, me dejaba cargar a los gemelos y nunca me dejaba de lado. Él nunca cambió solo porque nacieron Nick y Nikki. Bill fue el único que me sostuvo cuando sentía que todo se desmoronaba.

Pero algo en mí se empezó a romper. La rabia creció, como un fuego negro que quemaba todo a su paso.

Me volví un patán, un hijo de puta con Bill. Lo maltrataba con palabras y a veces deseaba pegarle y tirarle todo a la cara.

Caí en la delincuencia, me metí en peleas, me emborrachaba hasta perder el sentido, me drogué para enterrar el dolor que me consumía.

A los dieciocho, ya era el jefe de una pandilla, un tipo temido, y a la vez, roto por dentro.

Bill seguía ahí, soportándome, aguantando mis desplantes y mis puñaladas verbales. Él que era tan dulce, tan paciente, el único que parecía entender que bajo todo ese veneno había un niño perdido y jodido que solo quería un poco de amor.

Pero yo no sabía cómo pedirlo. Y quizás, ni siquiera sabía si lo quería pedir.

Ese odio que me devoraba y que se manifestaba en cada pelea con mi padre, en cada insulto a Bill, en cada noche de excesos, creció con el tiempo.

Y lo más molesto… Cómo él se refería a Bill hacia a mí:

Mi madrastra… Como papá le llamaba.

No, como Thomas Kaulitz le decía…

Continúa… 

Gracias por leer. Te invitamos a comentar 🙂

por ZenTortugaHua

Escritora del Fandom

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